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Audrey Hepburn: Comió Bulbos de Flores para No Morir… y Nadie lo Supo

Joseph Ruston no había abandonado a su mujer por otra, no se había arruinado, no había huido por motivos sentimentales. Joseph Ruston se había ido porque se había involucrado en algo mucho más oscuro. Pero esa parte de la historia tendrá que esperar. Mientras tanto, la madre de Audrey, sola con sus tres hijos, toma decisiones rápidas. Manda a Audrey, a un internado en Inglaterra, lejos de Bruselas.

La idea dice, es darle una buena educación inglesa. La realidad es que ella simplemente no sabe cómo criar a una niña triste. Audrey llega al internado con una maleta pequeña y los ojos hinchados. No habla bien inglés. Las otras niñas se ríen de su acento. La llaman la holandesa rara. Ella se encierra en sí misma todavía más.

pasa los recreos sola, sentada en un banco mirando el cielo y aprende algo que la marcará para toda la vida, que la única manera de sobrevivir al dolor es disfrazarlo de elegancia. Pasan 3 años, Audrey tiene casi 10. Aprende a hablar inglés con un acento perfecto. Empieza a tomar clases de ballet.

Se enamora del ballet con una intensidad casi religiosa. Cuando baila, dice ella misma, desaparezco. Cuando baila, no piensa en su padre, no piensa en su madre fría, no piensa en nada. Pero entonces, 1939, Hitler invade Polonia, Inglaterra entra en guerra y la madre de Audrey, convencida de que Holanda neutral, tranquila, civilizada será un refugio seguro, toma una decisión que cambiará la vida de su hija para siempre.

Saca a Audrey, del internado inglés. Se la lleva a Arnem, una ciudad pequeña en el este de Holanda, donde vive parte de la familia Van Himstra. Aquí estaremos a salvo, le dice a Audrey en el tren. Antes de continuar, cuéntanos en los comentarios desde qué ciudad o país nos estás viendo hoy. Nos encanta descubrir hasta dónde llegan estas historias.

El Audrey llega a Arnhem en septiembre de 1939. Tiene 10 años. Le presentan a su abuelo, el varón Arnud Van Hemstra, un anciano de barba blanca y ojos azules. Le presentan a sus tíos, sus primos, sus tías. Hay reuniones familiares grandes donde se sirven sopas espesas y panes calientes.

Audrey, por primera vez en mucho tiempo, sonríe, pero la calma dura poco. 10 de mayo de 1940, las 5:30 de la mañana. Audrey duerme en su habitación de la casa de su abuelo cuando un ruido la despierta. Un ruido que no había oído nunca. Un ruido seco, lejano, repetido, como si alguien estuviera tirando piedras enormes contra el cielo.

Se incorpora en la cama, va a la ventana y ve en el horizonte columnas de humo negro elevándose hacia el cielo gris. Son los alemanes. Han invadido Holanda esa misma mañana. En 5 días el país entero se rendirá. Audrey, con 10 años recién cumplidos, está a punto de pasar los siguientes 5 años de su vida bajo ocupación nazi.

Al principio las cosas no parecen tan terribles. Los soldados alemanes ocupan los edificios oficiales, pero la vida cotidiana sigue. Audrey va a la escuela, sigue tomando clases de ballet porque incluso bajo la ocupación los maestros holandeses dan clases en sótanos, en garajes, en cualquier sitio. Audrey baila como si bailar fuera la única manera de no volverse loca.

Su madre, ella le da una orden estricta, le dice, “No hablamos inglés en público nunca. Tú no eres inglesa, eres holandesa. Te llamas Eda Van Himstra. Audre, obedece. Cambia su nombre, esconde su acento, aprende a desaparecer de nuevo, pero la guerra no se queda quieta. 1942. Audrey tiene 13 años. Una mañana de agosto, mientras desayuna con su madre, llaman a la puerta. Es un mensajero.

Trae una carta oficial. La madre la abre con manos temblorosas, Lee. Y entonces, sin decir nada, deja caer la carta sobre la mesa. Audrey la recoge. Lee, su tío Oto, el hermano de su madre, ha sido fusilado por los nazis. Oto Vanlimburg Stom era abogado, juez, un hombre bueno. Lo arrestaron sin pruebas, lo metieron en un grupo de cinco rehenes y lo ejecutaron en el bosque junto a otros cuatro hombres inocentes como represalia por una acción de la resistencia con la que él no tenía nada que ver.

Audrey leerá esa carta una y otra vez durante días. Ese tío era el hombre que la había llevado a pasear cuando llegó a Holanda, el que le había regalado su primer libro de poesía, el que la hacía reír cuando su madre la regañaba y ahora estaba muerto por nada, por menos que nada. Algo cambia dentro de Audrey ese día, algo que ninguna entrevista posterior nunca conseguirá nombrar del todo.

La niña triste se vuelve además una niña silenciosa y dura por dentro. Una niña que entiende antes que muchas adultas que el mundo es capaz de las cosas más crueles y imaginables. Pasan los meses, la ocupación se vuelve más dura, las raciones de comida disminuyen, la gente empieza a pasar hambre y entonces, según ella misma contaría décadas más tarde, Audrey empieza a hacer algo que casi nadie sabía, algo peligroso.

Empieza a llevar mensajes para la resistencia holandesa. Es una niña delgada, pequeña, de cara dulce. Los soldados alemanes apenas la miran cuando pasa por las calles y eso es exactamente lo que la convierte en una mensajera perfecta. Lleva papeles doblados dentro de sus zapatos de balet. Lleva instrucciones cosidas dentro del de su abrigo.

Camina kilómetros en silencio, con el corazón latiendo a 200 por minuto, mirando hacia adelante para no levantar sospechas. Si la atrapan, la matan. A los 13 años lo sabe. Audrey nunca quiso hablar de esa parte de su vida. Cuando los periodistas le preguntaban, sonreía y cambiaba de tema.

decía, “Hice lo que cualquier niña habría hecho.” Pero los testimonios de quienes la conocieron en Arnem cuentan otra historia. Cuentan que Audrey bailaba en sótanos para recaudar dinero para la resistencia. Cuentan que su familia escondía a un piloto inglés en el desván durante semanas. Cuentan que más de una vez los soldados alemanes registraron su casa y ella tuvo que sentarse en silencio en una silla esperando sin pestañear.

Y entonces llegó el invierno más terrible. 1944, los aliados habían liberado parte del sur de Holanda, pero el norte donde estaba Arnem seguía bajo el control alemán. En septiembre, los británicos intentaron una operación militar gigantesca para liberar Arnem. La llamaron operación Market Garden. Fracasó.

Miles de soldados murieron y la ciudad de Audrey, después de esa batalla quedó destrozada. Los alemanes, furiosos, cortaron los suministros. La gente del norte de Holanda se quedó sin comida. Lo llamaron el hunger winter, el invierno del hambre. Audrey durante esos meses vio cosas que ningún niño debería ver.

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