Y desde la primera línea marca el tono. Escribió que no le extraña que en la embestida del gobierno de los Estados Unidos contra México se usen las prácticas intervencionistas de siempre, ahora con el pretexto del combate a la migración y al narcoterrorismo. Esa primera frase es importante porque conecta directamente con lo que la propia presidenta venía diciendo desde el domingo anterior.
Recordemos la secuencia. El 31 de mayo, Shane Boomb lanzó su frase “México no es piñata de nadie”. Después insistió en que la ofensiva no la encabeza Trump, sino sectores de la ultraderecha y luego respaldó la reforma que blinda las elecciones frente a la injerencia extranjera. La carta de López Obrador llega justo en ese contexto, como una pieza más del mismo rompecabezas.

No es casualidad, es una intervención calculada para reforzar la narrativa que el movimiento viene construyendo. ¿Qué dice la carta exactamente? Tiene dos partes muy claras. La primera es el respaldo a Shane Baum. López Obrador la describió como eficiente, responsable, prudente y respetuosa, y fue todavía más lejos.
Afirmó que en su opinión ha resultado la mejor presidenta de México de nuestro tiempo. Rechazó de manera atajante la idea de que las tensiones actuales con Washington se expliquen por errores o provocaciones del gobierno mexicano. Al contrario, sostuvo que la presidenta ha manejado la relación con prudencia y con respeto institucional.
En otras palabras, le quitó cualquier responsabilidad a México por el deterioro del vínculo bilateral. La segunda parte es la reflexión sobre Trump y aquí está lo más interesante desde el punto de vista político. López Obrador hizo una distinción entre dos Trumps. Por un lado, el que él conoció durante su mandato, al que describió como un presidente que privilegiaba el diálogo, que reconocía la contribución de los migrantes mexicanos al desarrollo de los Estados Unidos y que gobernaba, según sus palabras, de manera personal,
confiando en su propio juicio. Por el otro lado, el Trump actual, cuyo cambio de actitud lo dejó, según escribió, sorprendido. ¿Y a qué atribuyó ese cambio? A lo que llamó sus falsos amigos y consejeros internos y del exterior, que lo han estado embarcando en aventuras que considera equivocadas. Si esta información te está ayudando a entender el movimiento político de fondo, dale like al video, suscríbete al canal y activa la campana, porque este tipo de análisis no abunda en los espacios que prefieren el escándalo al
contexto. Conviene detenerse en esa estrategia retórica porque es muy hábil. Al separar al Trump bueno del Trump malo, López Obrador hace lo mismo que Shane Baum hizo días antes cuando dijo, “No creo que sea Trump.” Es la misma jugada. No se ataca de frente al presidente estadounidense con quien México tiene que seguir negociando comercio, seguridad y migración, sino que se responsabiliza a un entorno de asesores.
Es una manera de criticar el rumbo de la relación sin cerrar la puerta principal del diálogo. Padre político y presidenta actual, alineados en la misma lectura. Eso no es coincidencia, es coordinación de mensaje. Pero la carta también contiene una advertencia de fondo que no se debe pasar por alto. López Obrador escribió que algunos funcionarios de los Estados Unidos estarían tramando debilitar a Morena y fortalecer a la oposición de derecha en México con la idea, según él, de volver a tener un gobierno subordinado a los intereses de Washington y recordó algo de su propia
experiencia. dijo que durante su mandato le expresó a Trump su desacuerdo con la idea de etiquetar a los cárteles como organizaciones terroristas, porque esa etiqueta, advirtió, podría abrir la puerta a intervenciones extraterritoriales y poner en riesgo la soberanía de otros países. Esa preocupación, que en su momento sonó teórica, hoy está en el centro del debate.
Vale la pena explicar por qué ese punto de la etiqueta terrorista es tan delicado, porque no es un detalle menor. Cuando un gobierno clasifica a un grupo como organización terrorista, se activan en su propia legislación una serie de facultades excepcionales. En el caso estadounidense, esa designación puede abrir la puerta, al menos en el plano legal interno, a operaciones que de otro modo serían difíciles de justificar.
Por eso, López Obrador ya desde su mandato, veía en esa medida un riesgo para la soberanía de México. No se trata solo de palabras, se trata de las consecuencias jurídicas que una etiqueta puede desencadenar. Y es justamente ese temor el que conecta la advertencia de hace años con la tensión que se vive hoy, cuando el tema de las acciones unilaterales ha vuelto a aparecer en el discurso de Washington.
Ahora bien, seamos rigurosos porque este canal no vive de tomar partido. Lo que plantea López Obrador es su interpretación, su lectura política. La afirmación de que funcionarios estadounidenses estarían tramando debilitar a Morena no viene acompañada de pruebas documentales en la carta. Es una valoración igual que lo fue la de la presidenta.
Y del otro lado, la oposición mexicana rechaza por completo esa versión. Sostiene que las presiones de los Estados Unidos responden a problemas reales de seguridad y que el gobierno usa el discurso de la injerencia para victimizarse y para unificar a su base. Las dos lecturas existen y un análisis honesto las pone sobre la mesa sin esconder ninguna.
Pasemos a la reacción de la presidenta, que es donde se cierra el círculo. Este jueves 4 de junio, en su conferencia matutina, Shane Baum leyó la carta y agradeció públicamente el respaldo de López Obrador. Coincidió con los señalamientos sobre la injerencia, aunque aclaró que ella tiene sus propios matices, y soltó una frase que resume su visión del momento.
dijo que se desató una campaña muy fuerte, que por sus elecciones de noviembre quieren usar a México dentro de su retórica y que buscan aliarse con la ultraderecha mexicana de cara a la elección de 2027. Otra vez el mismo hilo conductor. Todo regresa al proceso electoral del año que viene. La presidenta calificó el momento como un tiempo de definiciones y se le notó visiblemente emocionada al hablar del respaldo de quien fue su antecesor y el fundador del movimiento.
Insistió en que la unidad dentro de la cuarta transformación se mantiene firme frente a las presiones externas y ahí está quizá la verdadera función política de la carta. En un momento de atención con Washington, de acusaciones judiciales contra funcionarios y de campañas en redes, la aparición de López Obrador envía un mensaje de cohesión interna.
le dice a la base del movimiento que el liderazgo histórico y el actual están del mismo lado. Conviene también poner las cosas en perspectiva. Esta es la cuarta vez que López Obrador rompe su silencio desde que dejó el cargo. Él mismo se comprometió a retirarse de la vida pública y en general ha cumplido. Por eso, cada una de sus reapariciones genera tanto ruido que haya decidido hacerlo justo ahora.
con una carta dedicada a la relación con los Estados Unidos y al respaldo de la presidenta, dice mucho sobre cómo el movimiento percibe la gravedad del momento. No se sale del retiro por cualquier cosa, se sale cuando se considera que está en juego algo importante y vale la pena notar la diferencia con sus apariciones anteriores, porque ahí está una pista clave.
