Carly Pierce Stevenson, la madre de la niña, había nacido en Alice Springs, una de las ciudades más grandes de Australia. Desde pequeña estuvo muy unida a su familia materna y creció rodeada de personas que la describían como cariñosa, independiente y llena de energía. Cuando se convirtió en madre siendo todavía muy joven, asumió la responsabilidad con entusiasmo.
Aunque la situación no era sencilla, estaba decidida a sacar adelante a su hija, por lo que pasaban prácticamente todo el tiempo juntas. Las fotografías familiares muestran a una niña sonriente acompañando a Carly en reuniones, salidas y celebraciones. Quienes las conocían hablaban de una relación muy cercana y de una madre completamente entregada al bienestar de su hija.
A pesar de las dificultades económicas, Carly tenía planes para el futuro. Quería encontrar estabilidad laboral, conseguir una vivienda propia y construir una vida segura para la niña. Su familia la apoyaba constantemente y mantenía un contacto frecuente con ella. Por eso resultó tan extraño lo que ocurrió después.
A finales de 2008, Carly anunció que iba a emprender un viaje por Australia. Quería recorrer diferentes lugares, buscar nuevas oportunidades y vivir experiencias distintas junto a su hija. La idea no sorprendió demasiado a quienes la conocían, ya que Carly siempre había tenido un espíritu aventurero y acostumbraba a tomar decisiones impulsivas.
Sin embargo, había un detalle que preocupaba a todos. Durante los meses previos había comenzado una relación con un hombre llamado Daniel Hold. La familia apenas sabía quién era. Algunos lo habían visto en contadas ocasiones y las impresiones no habían sido buenas. Lo describían como una persona reservada, extraña y difícil de conocer, quien nunca parecía cómodo cuando hablaba con otras personas y evitaba responder preguntas sobre su vida.
Aquella sensación de desconfianza hizo que varios familiares expresaran sus preocupaciones a Carly. Incluso le sugirieron que realizara el viaje sola y dejara temporalmente a Candalayáis con familiares, donde estaría segura y estable ella exploraba nuevas posibilidades. Pero Carly rechazó la idea.
Estaba convencida de que podía hacerlo todo junto a su hija. En noviembre de 2008, Carly, Candalis y Daniel comenzaron su viaje y durante las primeras semanas todo pareció normal. Carly seguía comunicándose con familiares y amigos. Las llamadas y mensajes continuaban llegando, aunque con menor frecuencia que antes, lo cual era algo lógico para una persona que estaba viajando por el país.
Sin embargo, poco a poco comenzaron a notar cambios. Las conversaciones se hicieron más breves y los mensajes parecían extraños. Pronto apareció el silencio. Las semanas comenzaron a pasar sin noticias claras de Carly. Los familiares intentaban contactarla y cuando obtenían respuesta, esta solía limitarse a mensajes cortos sin demasiados detalles.
Nada parecido a la joven comunicativa que conocían. La situación se volvió especialmente preocupante durante las fiestas de fin de año. Carly siempre había estado muy unida a su familia y adoraba la Navidad. Sin embargo, aquella vez no llamó para felicitar a nadie ni participó en ninguna celebración familiar.
Para quienes la conocían, aquello era completamente fuera de lo normal. Mientras tanto, la investigación permitió establecer que una de las últimas paradas conocidas del grupo ocurrió en Nuevages del Sur, donde permanecieron unos días con familiares de Daniel. Allí, varios testigos recordaron una fuerte discusión entre la pareja relacionada con problemas económicos.
Carly estaba molesta porque Daniel esperaba que ella contribuyera con gastos que no podía asumir. Aquella pelea fue especialmente importante porque marcó el inicio de los últimos movimientos conocidos de la mujer. Después de la discusión, Daniel decidió salir con ella en automóvil durante la noche para hablar y tranquilizar la situación.

Candalis quedó al cuidado de otras personas. Sin embargo, cuando Daniel regresó al día siguiente, lo hizo solo. Al preguntarle dónde estaba Carly, respondió que ella había decidido marcharse por su cuenta y que no quería continuar la relación. Aseguró que la había dejado en otro lugar y que había elegido seguir adelante sin él. La explicación generó dudas desde el principio.
Resultaba difícil creer que una madre abandonara repentinamente a su hija de 2 años para desaparecer sin volver a comunicarse con nadie. Tras aquella supuesta separación, Candalis permaneció con él. Diversos testimonios indicaron que continuó viajando acompañado por la niña durante varios días. Algunas personas los vieron juntos en distintos lugares y asumieron que se trataba de un padre viajando con su hija.
Nadie tenía motivos para sospechar que algo terrible acababa de ocurrir. Cuando la policía comenzó a revisar registros telefónicos y financieros, descubrió una serie de inconsistencias imposibles de ignorar. El teléfono de Carly siguió registrando actividad durante meses después de su desaparición. Sin embargo, los datos mostraban repetidamente que se encontraba en las mismas ubicaciones que el teléfono de Daniel.
La situación se volvió aún más sospechosa cuando los investigadores analizaron movimientos bancarios realizados en nombre de Carly. Sus cuentas continuaban activas. Había retiros de dinero, solicitudes de ayudas gubernamentales y distintas operaciones financieras. Pero cuando revisaron imágenes de seguridad asociadas a algunas de esas transacciones, Carly nunca aparecía, pero quien sí aparecía una y otra vez era Daniel Hold.
Aquellos hallazgos empezaron a transformar una investigación sobre una niña asesinada en un posible caso mucho más amplio. Todo apuntaba a que alguien había estado utilizando la identidad de Carly durante años para mantener la apariencia de que seguía viva. La pregunta ya no era solamente qué había ocurrido con Candalis, sino también qué había pasado realmente con su madre.
Mientras los investigadores intentaban responder esa cuestión, una antigua investigación sin resolver comenzó a cobrar una importancia inesperada y para entenderlo era necesario retroceder hasta agosto de 2010, 5 años antes de que la maleta de Winarca fuera encontrada. En aquella fecha un grupo de motociclistas recorría el bosque estatal de Belanglo en Nuevages del Sur.
La zona era conocida en toda Australia por haber sido escenario de los crímenes cometidos por un asesino serial llamado Iván Milat, por lo que cualquier hallazgo sospechoso generaba una inmediata preocupación. Durante el recorrido, uno de los motociclistas se separó ligeramente del grupo y observó algo extraño sobresaliendo entre la tierra y la vegetación.
Al acercarse, creyó estar viendo un hueso. Inicialmente pensó que podía tratarse de restos animales, pero horas después decidió regresar al lugar para observar mejor y descubrió más fragmentos óseos dispersos por la zona. Fue entonces cuando avisó a las autoridades. Los equipos forenses acudieron al lugar y confirmaron que los restos pertenecían a una mujer joven.
El cuerpo había permanecido allí durante un largo periodo de tiempo y presentaba indicios de haber sufrido una agresión extremadamente violenta antes de la muerte. Sin documentación, sin objetos identificativos y con un avanzado estado de descomposición, los investigadores se encontraron frente a otro caso en el que ni siquiera sabían quién era la víctima.
Durante los meses siguientes, intentaron reconstruir su identidad por todos los medios posibles. Analizaron la ropa encontrada cerca de los restos, difundieron información en medios de comunicación y recurrieron a especialistas en reconstrucción facial para generar una imagen aproximada de cómo habría sido aquella mujer en vida.
También compararon su ADN con numerosas bases de datos de personas desaparecidas, tanto dentro como fuera de Australia. Sin embargo, ninguno de esos esfuerzos produjo resultados. Con el paso de los años, la víctima permaneció sin identificar y la prensa comenzó a llamarla la Ángel de Belanglo, una apodo que acabaría acompañando el caso durante mucho tiempo.
Mientras tanto, la investigación avanzaba lentamente y las autoridades empezaban a temer que jamás lograrían descubrir quién era aquella mujer ni cómo había llegado hasta aquel bosque. Y aunque los dos casos parecían completamente distintos, los detectives decidieron revisar la posibilidad de una conexión. La policía decidió comparar el ADN de Candaliz con el perfil genético obtenido años atrás de la mujer hallada en Belanglo.
El resultado sorprendió incluso a los investigadores, ya que existía una relación biológica directa entre ambas. A partir de ese momento, todo ocurrió con rapidez. Nuevas pruebas genéticas y registros médicos permitieron confirmar que la mujer encontrada en el bosque era Carly Peerce Stevenson. De un momento a otro, dos investigaciones que habían permanecido separadas durante años quedaron unidas para siempre.
La llamada niña de la maleta de Winarca y la Ángel de Belanglo eran madre e hija. Para la familia de Carly, la noticia fue devastadora. Durante todo ese tiempo habían creído que seguían vivas. Los investigadores comenzaron entonces a revisar en profundidad los movimientos financieros realizados en nombre de Carly después de 2008.
Los resultados fueron alarmantes. Durante varios años se retiraron grandes cantidades de dinero de sus cuentas y se cobraron ayudas gubernamentales utilizando su identidad. Alguien había continuado actuando como si Carly siguiera viva mucho después de su muerte. Aquello explicaba por qué las sospechas iniciales nunca habían derivado en una búsqueda más agresiva.
Cada vez que surgían dudas aparecía una nueva transacción, un nuevo mensaje o algún indicio que parecía demostrar que Carly seguía recorriendo el país. Sin embargo, ahora la policía sabía que eso era imposible. La investigación comenzó a centrarse en Daniel Hold, la persona que más se beneficiaba de aquella situación, y cuanto más examinaban su pasado, más señales de alarma encontraban.
Sin embargo, aunque las sospechas contra Daniel crecían cada día, los investigadores todavía no sabían exactamente cómo habían ocurrido los asesinatos, ni quién había participado en el fraude que mantuvo viva la identidad de Carly durante tantos años. Pronto descubrieron que otra mujer se había presentado como ella en distintos trámites.
Siguiendo ese rastro, llegaron hasta Pmore, una antigua pareja de Daniel. Al principio, Hazel negó tener conocimiento sobre los asesinatos. Reconoció algunos aspectos relacionados con el fraude, pero intentó desvincularse de cualquier responsabilidad mayor. Sin embargo, a medida que los investigadores le mostraban la evidencia acumulada durante años, su versión comenzó a desmoronarse.
Finalmente realizó una confesión que cambió el caso por completo. Hazel admitió que había participado en la utilización fraudulenta de la identidad de Carly. Durante años ayudó a mantener la apariencia de que la joven seguía viva. Se enviaron mensajes a familiares, se realizaron trámites administrativos y se cobraron ayudas económicas utilizando el nombre de una mujer que ya había sido asesinada.
Durante los interrogatorios, Hazel afirmó que años atrás había descubierto algo estremecedor entre las pertenencias de Daniel. Según su relato, encontró una tarjeta de memoria que contenía fotografías del cuerpo de Carly después de su muerte. Las imágenes la dejaron horrorizada y la llevaron a enfrentarse directamente con él.
Fue durante aquella conversación cuando Daniel le confesó lo ocurrido. De acuerdo con esa versión, Carly fue asesinada en diciembre de 2008 en una zona cercana al bosque de Belanglo. Después de una discusión, Daniel la atacó violentamente y acabó con su vida para luego abandonar el cuerpo en el lugar donde permaneció sin identificar durante años.
Tras la muerte de Carly, Candalis permaneció con él durante unos días. Después, la niña también fue asesinada. Su cuerpo fue colocado dentro de una maleta y abandonado junto a una carretera en Guinarca, donde permaneció oculto durante casi 7 años antes de ser descubierto. La colaboración de Hazel resultó especialmente importante porque permitió a la policía comprender cómo se había sostenido durante tanto tiempo el engaño.
Durante años, el hombre y quienes colaboraron con él utilizaron las cuentas bancarias de Carly, cobraron ayudas sociales y aprovecharon el hecho de que muchos familiares todavía creían que la joven seguía viva. Así, en octubre de 2015, Daniel fue arrestado por el asesinato de Carly y poco después también fue acusado por la muerte de Candalis.
El proceso judicial avanzó lentamente durante los años siguientes. Finalmente, en 2018, Daniel decidió declararse culpable. Aquella decisión evitó que la familia tuviera que revivir todos los detalles de la tragedia durante un juicio prolongado, aunque el dolor acumulado durante una década era imposible de borrar.
Durante la sentencia, el tribunal describió los asesinatos como crímenes de extrema gravedad. La Corte consideró especialmente cruel no solo la muerte de Carly y Candalis, sino también los años de engaños que siguieron después. Con todo esto, el juez condenó a Daniel Holdoma a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.
Para los seres queridos de Carly y Candalis, la condena puso fin a una larga búsqueda de respuestas, aunque llegó demasiado tarde para algunos de ellos. Varios familiares murieron antes de conocer la verdad sobre lo que había ocurrido. Durante años vivieron creyendo que Carly seguía en algún lugar del país y que algún día volvería a aparecer.
El caso provocó cambios en los procedimientos relacionados con ayudas sociales y verificación de identidad en Australia. Las autoridades reconocieron que la utilización fraudulenta de la identidad de Carly había pasado desapercibida durante demasiado tiempo y que era necesario reforzar los controles para evitar situaciones similares en el futuro.
Hoy en día, el caso de Carly y su hija sigue siendo recordado como una de las investigaciones más impactantes de Australia, no solo por la brutalidad de los asesinatos, sino porque durante años dos víctimas permanecieron sin nombre, mientras la persona responsable conseguía convencer al mundo de que una de ellas seguía viva. Y bueno, querido espectador, aquí termina la historia criminal del día de hoy.
Me interesaría mucho saber tu opinión, así que te pido que la dejes en los comentarios del video. Siempre con respeto a la víctima y su familia podemos debatir, pero siempre con el respeto que todos merecemos. De nuevo, te recuerdo que te suscribas y dejes un like si mi trabajo es de tu agrado. Buenas noches. Hasta la próxima historia criminal.