Panamericanos, plazas olímpicas clasificadas. El organismo que maneja el deporte en México seguía sin pagarle lo prometido. Y entonces Guillermo Pérez Sandoval dijo, “Basta, con estas palabras exactas publicadas y documentadas, me harté de las promesas de la CONADE. Grábate eso un momento. El hombre que rompió 24 años de sequía olímpica dorada para México.
El deportista que más tarde como entrenador llevó a la selección nacional al primer lugar en los Juegos Panamericanos y a tres medallas en el campeonato mundial. Harto, traicionado, ignorado por el mismo sistema [música] que lo usó como trofeo durante años. Lo que nadie te contó con claridad es que en México el oro olímpico no es un pasaporte al futuro, es una fotografía.

Te sacan en la foto, te ponen en la portada del periódico, te construyen [música] un busto en tu ciudad natal, te llama el presidente por teléfono y luego el sistema sigue girando exactamente igual que antes, con las mismas inercias y los mismos favoritismos, sin que la medalla de ese atleta haya construido nada sólido alrededor de él.
Y cuando años después ese mismo deportista, ahora convertido en técnico con la sabiduría de quien vivió el alto rendimiento desde adentro, regresa a intentar construir algo mejor, el sistema lo vuelve a tratar de la misma manera. Promesas largas, cero cumplimiento. Su nombre es Guillermo Pérez Sandoval y lo que le [música] pasó dice más sobre la realidad del deporte mexicano que cualquier discurso oficial, cualquier cifra de inversión presupuestal, cualquier promesa de reforma institucional que hayas escuchado en los últimos 20 años. En los
próximos minutos vas a conocer cuatro cosas que nunca te contaron. Primera, el camino real hacia ese oro de Beijín, los años de anonimato total, los rechazos humillantes de la selección nacional durante 4 años seguidos y la historia de un [música] hombre de Michoacán que tuvo que construir su propio camino porque el sistema no lo quería o simplemente no lo veía.
Segunda, lo que pasó exactamente después de Beijing, cómo el sistema lo usó como trofeo político mientras lo abandonaba técnica y deportivamente al mismo tiempo, y como en apenas 12 meses el héroe nacional pasó a ser un atleta con cuatro competencias internacionales en 2 años, enfrentando un cambio tecnológico fundamental en su deporte sin la preparación adecuada.
Tercera, el selectivo de febrero de 2012, donde todo terminó, la lesión que tuvo que cargar, las cosas políticas internas que él mismo reconoció públicamente como distracción y el momento exacto en que el campeón olímpico vigente perdió su boleto a los Juegos Olímpicos de Londres en condiciones que ningún sistema deportivo serio debería haber permitido.
[música] Cuarta, el regreso como entrenador, los resultados concretos y verificables que entregó, la traición salarial de la CONADE que lo empujó a decir basta. ¿Y dónde está Guillermo Pérez hoy en 2025, mientras el taondo mexicano que él abandonó dos veces no gana medallas olímpicas gastando 174 millones de pesos por ciclo.
Te voy a avisar cuando llegue cada una. Si te vas antes del final, te pierdes lo más importante, entender por qué México produce campeones a pesar de sus instituciones, no gracias a ellas. ¿Y qué le costó eso al taikondo nacional durante más de una década completa? Pero antes necesita saber cómo llegó hasta ahí, porque todo empezó en un pueblo de Michoacán donde un niño de 4 años vio una película de Bruce Lee y decidió que iba a cambiar su vida a patadas.
[música] Tareta en Michoacán. Octubre de 1979. No es Uruapan, que es la ciudad grande de la región la que aparece en los mapas turísticos con las Zararacuas y el aguacate. Taretan es un municipio más pequeño, [música] tierra caliente, donde las mañanas huelen a campo y las familias no tienen dinero para academias deportivas, pero sí tienen el canal de [música] televisión donde se proyectan las películas de artes marciales.
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Guillermo Pérez Sandoval nació el 14 de octubre de 1979 en ese contexto. [música] No en una familia con tradición deportiva de alto rendimiento, no con entrenadores que lo buscaran desde pequeño, no con conexiones en el mundo federativo que le allanaran el camino. Era un niño de Michoacán cuya primera gran pasión deportiva no vino de un entrenador ni de un familiar, sino de una pantalla.
4 años. Esa es la edad que tenía Guillermo Pérez cuando vio una película de Bruce Lee por primera vez. No hay datos precisos sobre cuál fue exactamente. Lo que sí está documentado en múltiples entrevistas del propio Guillermo es que esa imagen, ese hombre pequeño pero devastador en el tatami, se quedó grabada en él de una manera que no se borra.
Empezó a imitar las patadas en el patio de su casa. lanzaba golpes al aire sin ninguna técnica, sin ningún entrenador, sin ningún tatami, [música] solo el instinto de un niño que había encontrado algo que le encendía algo por dentro. A los 5 años, sus padres lo llevaron a practicar taekwondo formalmente en Uruapan instrucción del profesor J.
Jesús Álvarez Silva. Y aquí hay algo que importa destacar porque define el tipo de historia que es esta. Los comienzos no fueron fáciles. Guillermo Pérez no fue un prodigio que arrasó desde el primer día de entrenamiento. Hubo derrotas tempranas, hubo momentos donde lo que lo sostenía en el tatami era más el carácter que la técnica.
El talento estaba ahí, pero el talento solo no basta. El trabajo constante, la voluntad de volver al día siguiente después de perder. Eso es lo que separó a Guillermo Pérez de los miles de niños mexicanos que empiezan en algún deporte y lo dejan cuando el camino se pone difícil. Grábate esto. A los 10 años de edad, Guillermo Pérez ganó su primer torneo estatal en Michoacán, el primer trofeo real.
La primera validación de que lo que estaba haciendo tenía un resultado concreto y medible. Ese triunfo le abrió la puerta para competir a nivel nacional y en esa primera competencia nacional, el niño de Michoacán se fue a casa con la medalla de bronce, no con el oro, con el tercer lugar.
Eso también es parte de la historia. El camino a Beijing empezó con un bronce nacional a los 10 años, no con victorias fáciles ni con caminos despejados. Para 1990, con 11 años, Guillermo se consagró como campeón infantil de México. Ahí empezó a consolidarse en el taondo de manera más seria. El talento ya no era solo potencial, ya se había materializado en resultados, pero el sistema deportivo mexicano no lo estaba identificando todavía como un atleta de proyección olímpica.
Era un campeón infantil estatal y nacional. Y eso era suficiente para seguir entrenando, pero no suficiente para que las puertas grandes se abrieran. 5 años después, en 1995, Guillermo Pérez hizo su primer viaje internacional como atleta. Ota, Canadá. Su primera competencia fuera de México. Tenía 16 años y trajo el segundo lugar.
Subió al podio en su debut internacional. Para cualquier atleta de 16 años, ese es un resultado que habla de que hay algo real. Un año después, [música] 1996, el abierto estadounidense de Tae Condó, una competencia con participantes de más de 60 países. Guillermo Pérez, 17 años, primer lugar, campeón. ganándole a atletas de seis continentes, [música] siendo un adolescente de Michoacán que había empezado a patelar al aire en el patio de su casa imitando a Bruce Lee.
Aquí viene el dato que muy poca gente conoce y que define en profundidad la historia de Guillermo Pérez. Escucha esto. Desde los 16 hasta los 20 años de edad, Guillermo Pérez intentó entrar a la selección nacional de taikwondo 4 años. 4 años llamando a la puerta de la estructura oficial del deporte mexicano. 4 años de intentos y no entró. El sistema no lo incorporaba.
Un atleta que ya estaba ganando torneos internacionales siendo adolescente, que ya había demostrado resultados concretos fuera de México y la selección nacional no abría la puerta. ¿Por qué? Las razones exactas no están documentadas de manera pública, pero el patrón es uno que se repite en el deporte mexicano con una frecuencia que debería ser vergonzosa.
Los atletas de provincia, los que no tienen el apellido correcto, ni el entrenador correcto, ni la conexión institucional correcta, muchas veces tienen que trabajar el doble para que el sistema los vea. [música] Guillermo Pérez era un chico de Michoacán que ganaba torneos, pero eso no era suficiente para que la burocracia deportiva le abriera las puertas.
4 años de rechazo. Para la mayoría de las personas eso es más que suficiente para abandonar cualquier sueño deportivo. Los gastos, el sacrificio de la familia, [música] la pregunta constante de si tiene sentido seguir invirtiendo tiempo y energía en algo que el sistema [música] oficial no reconoce. Para Guillermo Pérez, esos 4 años fueron suficientes para seguir construyendo solo.
En 1999 tomó [música] una decisión que cambió el rumbo de su carrera. Se mudó a Puebla para entrenar con el equipo olímpico de Taondo. Dejó Taretán, dejó Uruapan, dejó Michoacán. se instaló [música] en una ciudad nueva sin las redes familiares y sociales que te sostienen en tu lugar de origen y se entregó a la preparación de tiempo completo con la estructura que había podido encontrar.
Esto habla del tipo de atleta que era Guillermo Pérez. No esperaba que el sistema lo levantara, no esperaba que alguien lo descubriera y le tendiera la mano. Él mismo creaba las condiciones [música] para crecer. identificó dónde estaba el nivel que necesitaba y se fue hasta allá. Los primeros años de la primera década del 2000 fueron de construcción progresiva.
En 2004, Guillermo Pérez viajó a Madrid para participar en el campeonato mundial. Terminó en el noveno lugar. No es el resultado de un campeón. Es el resultado de alguien que está aprendiendo a competir al nivel más alto del mundo, que está midiendo la distancia entre donde está y donde necesita estar.
que está acumulando la experiencia [música] que ningún entrenamiento puede reemplazar. Cada derrota era información. Cada competencia internacional era una lección sobre técnica, sobre ritmo de combate, sobre presión mental, sobre los pequeños detalles que en el taeondo de alto rendimiento determinan si el árbitro levanta tu mano o la del otro.
Piensa en eso un momento. Desde los 5 años hasta los 25, 20 años de trabajo constante, de bronces y platas y novenos lugares, de aprender en cada derrota, de construir sin que el sistema mayor te mirara. Ese fue el camino real de Guillermo Pérez hacia Beijing. Y entonces llegó 2007 y todo cambió. El campeonato mundial de tawondo de 2007 se celebró en Pekín, la misma ciudad, el mismo país, el mismo escenario donde un año después se disputarían los Juegos Olímpicos, [música] como si el destino hubiera decidido que Guillermo Pérez
necesitaba conocer ese lugar antes de conquistarlo. Llegó a la final del campeonato mundial. Su rival fue el español Juan Antonio Ramos, uno de los mejores de su categoría en ese momento. El combate fue cerrado. Guillermo Pérez perdió. Se quedó con La Plata, subcampeón del mundo en la categoría de 58 kg. Grábate esto, es importante.
Subcampeón mundial en 2007 en Pekín. Un año después campeón olímpico en Beijín. El mismo escenario, la misma ciudad. Como si la plata de 2007 hubiera sido el ensayo general de lo que vendría. Ese resultado lo colocó entre los candidatos serios para representar a México en los Juegos Olímpicos de 2008, pero todavía le faltaba ganarse el boleto en territorio nacional.
En diciembre de 2007 fue al torneo preolímpico en Cali, Colombia. Clasificó el boleto para México en la categoría de 58 kg. ganó el cupo para el país, pero el nombre en ese boleto todavía tenía que decidirse en un selectivo interno en Ciudad de México. En abril de 2008, Guillermo Pérez venció en ese selectivo definitivo a tres competidores, Ismael Gómez, Óscar Salazar y Rodolfo Osornio.
los derrotó a todos. Y solo entonces, a los 28 años de edad, después de más de dos décadas de trabajo, tenía en la mano su boleto a los Juegos Olímpicos de Beijing, 28 años, 23 años desde que empezó a practicar tawondo, 4 años de rechazos cuando intentó entrar a la selección, un campeonato mundial de plata y finalmente en abril de 2008 el pasaporte a la cita más importante de su vida deportiva.
El 20 de agosto de 2008 debutó en los Juegos Olímpicos de Beijing en el gimnasio de la Universidad de Ciencia y Tecnología. Su primer combate fue contra el inglés Michael Harvey. Lo venció con punto de oro en un marcador de tres hasta dos. Angustiante, apretado hasta los últimos segundos.
El tipo de combate que define carreras porque en ese momento [música] crucial Guillermo Pérez no se dobló. Cuartos de final, el afgano Rojula Nickpay. Victoria [música] 2 hasta 1. Otro combate cerrado. La semifinal, el tailandés Chuchawal Haulaor, Guillermo Pérez pasó a la final y entonces llegó el momento que todo México vería en televisión, la final [música] olímpica.
Su rival era el dominicano Julis Gabriel Mercedes, conocido en los Juegos Centroamericanos de Cartagena de 2006. [música] Mercedes había terminado primero en esa misma categoría. No era un rival [música] fácil ni un rival desconocido. El combate fue dramático. Cuatro asaltos, un empate uno hasta uno al final del tiempo reglamentario.
Los jueces tuvieron que definir por criterio [música] de superioridad los segundos más largos de la vida de Guillermo Pérez. Toda una carrera comprimida en esa espera. Y entonces el árbitro levantó su mano. Campeón olímpico. Beijing [música] 2008, categoría de 58 kg. Con esa medalla rompió una sequía de 24 años sin que un atleta varonil mexicano viera la bandera nacional en lo más alto del podio desde que Raúl González ganó en marcha de 50 km en Los Ángeles, 1984, 24 años, una generación completa.
Felipe Calderón lo llamó ese mismo día. Le dijo que era un privilegiado por haber logrado su sueño. Le dijo que los mexicanos merecían un triunfo así. Guillermo Pérez Sandoval. El niño de Taretán, que había pateado al aire imitando a Bruce Lee, escuchó al presidente de México decirle que estaba muy orgulloso de él desde el tatami de Beijing.
El país entero se volcó sobre él. Desfiles. El Premio Nacional del Deporte 2007 ya lo tenía, el de [música] 2008 también llegó. El gobierno estatal y federal lo reconoció con premios en especie y en efectivo. Las autoridades municipales de Uruapan le develaron un busto de bronce en su honor en la unidad deportiva Hermanos López Rayón.
Su nombre quedó inscrito en la historia del deporte mexicano como el primer medallista de oro olímpico del país. Era el héroe, la imagen viva del éxito nacional, el trofeo más brillante que el deporte mexicano [música] tenía en ese momento. Y ahí, exactamente en ese momento de máxima celebración, comenzó la historia que nadie te cuenta completa.
Pero eso solo era el principio. Esta es la primera revelación que te prometí. El mismo año de Beijín, 2008, México ganó otro oro en tawondó. María Espinoza también subió al podio dorado. Dos medallistas de oro olímpicos en una misma delegación, en el mismo deporte, en los mismos juegos. Ese fue el pico [música] histórico del tawondo mexicano, el momento de mayor gloria.
Dos campeones olímpicos bajo la dirección del entrenador José Luis Onofre. Una generación dorada que el sistema deportivo mexicano recibió con aplausos, desfiles y discursos de orgullo nacional. Y ahora la pregunta que el sistema nunca se formuló en voz alta. ¿Qué hacemos [música] con esto? ¿Cómo capitalizamos ese momento de gloria? ¿Cómo construimos una estructura que permita que esos dos campeones maximicen su potencial en el siguiente ciclo olímpico y que sirvan como base para la siguiente generación? ¿Qué recursos?
¿Qué calendario de competencias? ¿Qué apoyo técnico [música] especializado necesitan para llegar a Londres 2012 en condiciones de repetir o mejorar esos resultados? [música] Esas son las preguntas que un sistema deportivo serio se hace. Son las preguntas que los países que dominan el medallero olímpico [música] se hacen y responden con programas concretos, con inversión real, con planificación a 4 años.
¿Cuál fue la respuesta del sistema mexicano? Grábate esto. En 2009 y 2010, Guillermo Pérez, el campeón olímpico vigente en su categoría, tuvo apenas cuatro competencias internacionales en 2 años, cuatro eventos en 24 meses. El campeón del mundo, el hombre que acababa de poner a México en el podio más alto del planeta, compitiendo en cuatro torneos internacionales en dos años completos. Cuatro, no 40, no 20, cuatro.
¿Qué significa eso deportivamente? Un atleta de alto rendimiento en tawando necesita competencia constante para mantener su nivel de élite. La competencia hace cosas que el entrenamiento no puede hacer, te expone a estilos que no has visto, te pone en situaciones de presión real que ningún sparring reproduce con exactitud.
te da información sobre tu evolución, sobre lo que funciona y lo que necesita ajuste. Sin competencias regulares, la degradación del rendimiento es inevitable. Cuatro competencias internacionales en 2 años no es un programa de preparación para un ciclo olímpico. Es el mínimo posible. Es darle a un atleta lo suficiente para que no se oxide completamente, pero nada más.
Y había algo más que complicaba la situación de manera específica para Guillermo Pérez en ese periodo. Los petos electrónicos. El tawondo mundial estaba atravesando una transformación tecnológica [música] fundamental. Los petos electrónicos, sensores integrados en el equipo protector del torso, que registraban los impactos con presión suficiente empezaban a implementarse como sistema de puntuación oficial en la competencia internacional.
Era una revolución en la forma en que se punteaban los combates. El sistema tradicional de apreciación de jueces que había existido desde los inicios del taecuondo olímpico empezaba a ser complementado y eventualmente reemplazado [música] por tecnología. Para los atletas que habían construido su técnica durante décadas bajo el sistema tradicional, la adaptación no era automática ni sencilla.
La forma de golpear, la intensidad necesaria para que el sensor registrara el impacto, los ángulos, la coordinación del movimiento, todo tenía variaciones respecto al sistema anterior. Un atleta joven que empezaba con los petos electrónicos desde el principio no [música] tenía ese problema. Pero un atleta de 29 o 30 años que había perfeccionado su técnica durante 25 años bajo el sistema antiguo, necesitaba tiempo, entrenamiento específico [música] y exposición a competencias con la nueva tecnología para hacer esa transición de manera efectiva. ¿Qué
apoyo recibió Guillermo Pérez para navegar esa transición? En agosto de 2009 compitió en el selectivo interno ante el poblano Damián Villa, de apenas 17 años. perdió seis hasta siete. El propio Guillermo reconoció públicamente en ese momento que era la primera competencia oficial que tenía con los petos electrónicos y que le faltaba acoplamiento.
“Hay que seguir trabajando”, dijo. Y tenía razón. Pero el trabajo que necesitaba requería recursos y apoyo que claramente no estaba recibiendo de manera proporcional a su condición de campeón olímpico vigente. Por esa derrota, Guillermo Pérez quedó fuera del equipo para el Campeonato Mundial de Taikwondo de Copenhague Dinamarca en octubre de 2009.
el campeón olímpico vigente en su categoría, excluido del mundial de 2009, porque el sistema lo había puesto a competir con tecnología nueva sin el tiempo de preparación suficiente. Escucha esto, grábate cada detalle de lo que viene. En 2011, la situación llegó a un punto que revela con claridad cristalina cómo trataba el sistema a su campeón más brillante.
Guillermo Pérez tuvo que empezar desde cero y ganarse de nueva cuenta su lugar en la selección nacional. el campeón olímpico de 2008, volviendo a empezar como si Beijing hubiera sido un sueño que no contaba para nada dentro de los procesos selectivos del sistema, como si la medalla de oro no generara ningún capital dentro de la estructura que teóricamente lo representaba.
La lógica que el sistema usaría para justificar esto es simple. Las reglas son iguales para todos. El mérito deportivo se demuestra en competencia, no en títulos pasados. Si quieres estar en la selección, gánate el lugar. Es un argumento que suena justo en abstracto, pero en la práctica, en un sistema donde al mismo tiempo el campeón olímpico vigente solo tuvo cuatro competencias internacionales en 2 años y no recibió un programa específico para adaptarse al cambio tecnológico de los petos electrónicos, ese argumento de igualdad
es, en el mejor de los casos, [música] una ironía. No construiste las condiciones para que el atleta mantuviera su nivel de élite y luego le exiges que demuestre ese nivel como si nada hubiera pasado. Y ahí, en ese contexto, llegó el ciclo de preparación para los Juegos Olímpicos de Londres 2012, el último tramo de la carrera deportiva activa de Guillermo Pérez. Lo peor aún no había llegado.
Esta es la segunda revelación que te prometí. 4 de febrero de 2012. Aguas Calientes, México. [música] El selectivo nacional de tawondo para definir quién representaría a México en los Juegos Olímpicos de Londres, 2012. Guillermo Pérez Sandoval llegó a ese selectivo con tres décadas de taondo en el cuerpo, con la medalla de oro de Beijín colgada en algún lugar de su casa con 32 años de edad y con algo que el sistema sabía pero aparentemente no consideró relevante.
Una contractura muscular que había sufrido durante la última semana de preparación previa al evento. [música] Necesito que prestes mucha atención a lo que viene. En entrevistas documentadas y publicadas por medios deportivos mexicanos, Guillermo Pérez describió su situación en ese selectivo con estas palabras: [música] “Desafortunadamente no tuve el respaldo de la federación y yo en el último selectivo que participé.
En febrero del 2012 tenía una lesión, no se me respetó y me hicieron combatir así. Además, [música] hubo muchas cosas políticas donde me empecé a inmiscuir y no estaba enfocado. Por si fuera poco, se dio el cambio a los petos electrónicos y todo eso llegó a afectar muchísimo mi desempeño en el área y todo eso vino a mermar mi rendimiento dentro de las competencias, sobre todo internas.
Esas son sus palabras textuales documentadas, verificables. El campeón olímpico describiendo con precisión las condiciones en las que enfrentó la prueba definitiva para su continuidad en el deporte. Una lesión no respetada, falta de respaldo institucional, un entorno político que lo desconcentró y la sombra permanente del cambio tecnológico que el sistema nunca gestionó bien para él.
[música] Cuatro factores simultáneos. cuatro variables negativas que se sumaban en el peor momento posible. ¿Era Guillermo Pérez el mismo atleta de Beijing 2008? No, tenían 4 años más. El nivel de los competidores nacionales había crecido, algo que el propio Guillermo había reconocido públicamente después de perder ante Damián Villa en 2009.
La juventud eventualmente le cobra factura a cualquier atleta. Eso es una realidad del deporte. Pero hay una diferencia fundamental entre perder porque el tiempo pasa y el nivel de la competencia sube y perder porque el sistema que debería respaldarte no lo hace. Y tienes que competir lesionado en el combate más importante de tu ciclo deportivo.
Los cuartos de final de ese selectivo del 4 de febrero de 2012 los pasó. [música] Venció a su primer rival. llegó a la ronda semifinal. Ahí se encontró con el veracruzano Luis Aguilar, un atleta joven con energía fresca. El combate se fue empatado durante la mayor parte del tiempo. En los últimos 20 segundos, ambos atacaron con desesperación y en esa explosión final, los 32 años de Guillermo Pérez le cobraron factura contra la juventud de Aguilar.
El marcador final, Aguilar 8, Pérez 6. [música] El Excelor lo documentó así en su edición del 4 de febrero de 2012. El michoacano miró al marcador y se dio cuenta que los números no le favorecían y ahí supo que era el final. Aguilar se acercó para felicitarle. Pérez se retiró la careta y de inmediato se acercó a oficializar su partida del deporte.
[música] Guillermo Pérez declaró ese mismo día, “No pude lograr el resultado que quería, pero sin duda me retiro bien, tranquilo. Entregué todo hasta el final y eso es lo más importante.” Palabras dignas. La dignidad de un campeón que eligió no hacer escándalo en el momento de mayor dolor, que se fue con la cabeza en alto incluso cuando el sistema que lo había usado como imagen durante 4 años no le había dado las [música] condiciones que merecía para competir por última vez en igualdad de condiciones. Piensa en eso
un momento. el campeón olímpico vigente con contractura muscular, sin respaldo de la federación, con cosas políticas que, según sus propias palabras lo desconcentraron, compitiendo en el selectivo definitivo para los Juegos Olímpicos de Londres 2012 en esas condiciones. ¿Cuáles eran esas cosas políticas? Guillermo Pérez no las especificó con nombres y apellidos en las entrevistas disponibles públicamente y aquí hay que ser muy precisos.
Las razones específicas de lo que él llamó cosas políticas no están documentadas con el nivel de detalle que permitiría [música] describirlas como hechos verificados. Lo que sí es verificable es su declaración de que [música] existieron, de que lo afectaron y de que se sumaron a la lesión y la falta de respaldo institucional para crear las condiciones más desfavorables posibles [música] en el momento más importante.
¿Qué son las cosas políticas en el contexto del deporte federado mexicano? Cualquier persona que haya estado cerca de ese mundo sabe de qué habla Guillermo Pérez sin necesidad de que lo deletre. los favoritismos [música] institucionales, las decisiones de entrenadores y directivos que tienen más que ver con relaciones [música] personales y compromisos previos que con el rendimiento deportivo puro, las tensiones entre atletas de distintas regiones y escuelas, [música] las lealtades que se crean alrededor del dinero y los viajes y los beneficios que
el sistema distribuye de manera discrecional. En el taikondo mexicano de esa época, como en muchos deportes organizados en el país, esas dinámicas existían y cualquier atleta que intentara navegar ese entorno sin las alianzas correctas pagaba un precio. Guillermo Pérez pagó ese precio el 4 de febrero de 2012 en Aguascalientes.
[música] Luis Aguilar, el joven veracruzano que lo derrotó en el selectivo, fue el representante de México en la categoría de 58 kg en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Era su debut olímpico, fue eliminado en primera ronda. México no ganó medalla en el taikondo masculino en Londres.
María Espinoza sí repitió en el podio con bronce en la rama femenil. Esa fue la única presea del taikwondo mexicano en Londres 2012. En Beijing 2008, dos oros. En Londres 2012, un bronce femenino y ninguna medalla masculina. El campeón olímpico vigente de la categoría masculina no pudo clasificar porque compitió lesionado en un selectivo que, según sus propias palabras, se desarrolló en un contexto de falta de respaldo institucional y presiones políticas internas.
Eso es lo que pasó documentado con los nombres y las fechas y las declaraciones de los protagonistas. [música] Y lo que vino después reveló que el sistema no había aprendido absolutamente nada. Esta es la tercera revelación que te prometí. Después del retiro, Guillermo Pérez hizo lo que hace cualquier persona que genuinamente ama algo.
Intentó seguir conectado a ello de la manera que todavía podía. Fundó su propia escuela de taikwondo en Uruapan, Michoacán. Se matriculó en la universidad para estudiar administración de empresas. Tomó el control de su vida fuera del alto rendimiento. Construyó algo propio, algo que no dependía de las promesas de ninguna institución.
Durante varios años colaboró con la Federación Mexicana de Taikondo en programas deportivos específicos, entrenando a jóvenes talentos, llevando a sus propios alumnos de la escuela en Uruapan a competencias nacionales como coach. Era una contribución modesta, pero real. Era Guillermo Pérez devolviendo al taikwondo algo de lo que el tawondo le había dado, sin esperar grandes reconocimientos ni grandes pagos, construyendo desde su territorio con lo que tenía.
Grábate esto. El sistema que no lo había respaldado como atleta seguía existiendo. Seguía operando exactamente igual y seguía necesitando resultados que por sí mismo era incapaz de generar de manera consistente. En 2018, 10 años después de Beijing, Guillermo Pérez Sandoval recibió una propuesta concreta de la Federación Mexicana de Taekwondo y la CONADE, convertirse en entrenador de la selección mexicana con miras a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.
El campeón olímpico que había vivido en primera persona todas las deficiencias del sistema, volvía para intentar construir desde adentro lo que el sistema había sido incapaz de construir solo. La propuesta incluía un salario que le permitiera entregarse al 100% al trabajo con la selección. Una condición que cualquier persona con sentido común reconoce como razonable.
Dirigir una selección nacional de alto rendimiento es un trabajo de tiempo completo. Requiere vivir cerca del equipo. Requiere estar disponible de manera constante para los atletas, para el cuerpo médico, para la planificación técnica y táctica. No es compatible con tener otro trabajo o con estar físicamente lejos de los atletas.
Si quieres un entrenador de alto nivel que se entregue por completo, tienes que pagarle por esa entrega completa. Guillermo Pérez se instaló en Ciudad de México con su familia para poder cumplir ese compromiso y entonces comenzó el ciclo que lo empujó a la renuncia. Escucha esto con atención porque cada detalle importa.
La CONADE y la Federación Mexicana de Taekwondó nunca llegaron a un acuerdo definitivo sobre el salario prometido. Meses de negociaciones, meses de lo que Guillermo Pérez llamaría públicamente largas. Largas es la palabra exacta que usó, no retrasos, no complicaciones, largas. La forma coloquial de describir cuando alguien no tiene intención de cumplir, pero tampoco tiene el valor de decirte que no directamente, entonces te va dando aplazamientos indefinidos con la esperanza de que te canses o que al final ya no importe. El organismo le
pedía resultados. Los resultados llegaron y el salario prometido no llegó. ¿Cuáles fueron esos resultados? Aquí está la parte que hace que la historia de Guillermo Pérez como entrenador sea incluso más indignante que su historia como atleta. En el Campeonato Mundial de tawondo de Manchester 2019, la selección mexicana de taikwondo, dirigida por Guillermo Pérez regresó a México con tres medallas mundiales, tres en un campeonato del mundo, que es la segunda competencia más importante en el calendario de cualquier
deporte [música] olímpico después de los propios juegos. En los Juegos Panamericanos de Lima 2019, la delegación mexicana de Taondó con Guillermo Pérez como entrenador ganó el primer lugar por equipos. el primer lugar, no segundo, no tercero, el primero. Y además de eso, en esos mismos Juegos Panamericanos se clasificaron dos plazas olímpicas para los Juegos de Tokio 2020, tres medallas mundiales, primer lugar Panamericano, dos plazas olímpicas clasificadas.
[música] Esos son los resultados que Guillermo Pérez entregó como entrenador de la selección nacional en su primer ciclo al frente del equipo y el salario seguía siendo motivo de largas. La CONADE seguía negociando sin llegar a nada concreto. Guillermo Pérez estaba viviendo en Ciudad de México con su familia, lejos de Uruapan, lejos de su escuela, lejos de su red de apoyo local, trabajando con una selección nacional de alto rendimiento, entregando resultados medibles y verificables en las competencias más importantes del
calendario olímpico. y el organismo gubernamental que maneja el deporte en México [música] no le pagaba lo que le había prometido cuando lo convenció de dejar todo y venir a la capital. En julio de 2020 renunció y cuando lo hizo no guardó nada. “Me harté de las promesas de la CONADE”, declaró en sus redes sociales y en entrevistas que el medio deportivo esto.
com MX documentó y publicó. Fue un convenio con la Federación de Taikondo y la CONADE. para que me dieran un salario acorde a las exigencias que tendría con la selección. Se estuvo negociando con la institución, pero nunca se llegó a nada. Pedían resultados, los cuales dimos. En el Mundial de Manchester 2019 regresamos con [música] tres medallas.
En Juegos Panamericanos Lima 2019 se regresó con el primer lugar por equipos, además de dos plazas para [música] Tokio 2020. Y luego esta frase que resume todo, puras largas me dieron y finalmente opté por esta decisión. Según estábamos tomados como de los deportes prioritarios, pero fue suficiente para aguantar a la CONADE con esta situación. Grábate esto.
Esas son sus palabras textuales [música] publicadas. el campeón olímpico que entregó resultados reales y verificables como entrenador, diciéndole a México en voz alta que el sistema [música] le falló exactamente de la misma manera en que le había fallado como atleta. La primera vez fue como atleta, resultados reales, respaldo institucional insuficiente.
La segunda fue como entrenador. Resultados reales, pago prometido, pero nunca entregado. El mismo patrón, el mismo sistema, el mismo desenlace. Como si en los 12 años que separaron el selectivo de 2012 de la renuncia de 2020, absolutamente nada hubiera cambiado en la estructura que gestiona el deporte mexicano, esta es la cuarta revelación que te prometí.
Para entender completamente lo que la historia de Guillermo Pérez significa, necesitas el contexto de lo que pasó con el tawondo mexicano después de su renuncia en 2020. En el ciclo olímpico que llevó a los Juegos de París 2024, la CONADE invirtió 174,990 y 1,778 [música] pesos en el taikondo mexicano 174 millones de pesos.
De esa cifra 167,598,000 fueron directamente a la Federación Mexicana de Taeondo entre 2021 y 2023. Según documentos que ESPN obtuvo y publicó [música] en agosto de 2024 para poner esa cifra en perspectiva. El taikwondo recibió tres veces el presupuesto que se le otorgó a la Federación de judo en ese mismo periodo, tres veces.
El resultado de esa inversión en los Juegos Olímpicos de París [música] 2024. Daniel Souza fue eliminado por amonestaciones. Carlos Sansores cayó en el combate por la medalla de bronce ante el marfileño Shake Salasis. México no ganó una sola medalla en taikondó en París 2024. Cero preseas, 174 millones de pesos, cero medallas.
ESPN describió la situación con precisión brutal. El dique de medallas que presumía el taondo se secó. Y mientras eso sucedía, Guillermo Pérez Sandoval, el hombre que había producido resultados reales como entrenador con medallas mundiales y primer lugar panamericano, estaba fuera [música] del sistema porque la CONADE no había cumplido su promesa salarial.
¿Cuánto le habría costado al sistema pagarle a Guillermo Pérez el salario que le prometió? No hay una cifra pública exacta, pero en el contexto de 174,000000es de pesos invertidos en un ciclo olímpico completo, la fracción que habría representado un salario digno para el mejor entrenador disponible para esa selección, el único hombre en la historia del tawondo mexicano que había ganado un oro olímpico en esa disciplina es evidentemente menor que el costo de perderlo. Piensa en eso un momento.
174 millones de pesos. cero medallas versus el costo de pagarle correctamente al entrenador que en su primer año al frente de la selección trajo tres medallas mundiales y el primer lugar panamericano y que renunció porque no le pagaron. La aritmética del fracaso del sistema es aterradora en su simpleza. El tawondo mexicano había tenido sus mejores resultados olímpicos en Beijing 2008 bajo la dirección de José Luis Onofre con Guillermo Pérez y María Espinoza como punta de lanza.
Después de eso, el declive fue constante. Londres 2012, [música] un bronce femenino. Río 2016, una plata femenina. Tokio 2020, eliminación en primera ronda en ambas ramas. París 2024. Cero medallas con 174 millones de inversión. La única vez en ese periodo donde hubo un destello de lo que podría ser el futuro fue en 2019, cuando Guillermo Pérez estaba al frente del equipo y fue entonces cuando el sistema eligió no pagarle. Escucha esto.
En una conversación documentada con el gobierno de la CONADE antes de su renuncia, Guillermo Pérez señaló que el problema no era solo el salario, era el reconocimiento. Era la diferencia entre decir que el taikwondo era un deporte prioritario y tratar a las personas que lo hacen posible como si fueran prioritarias.
También los deportistas y entrenadores escuchan constantemente que su disciplina es prioritaria, que hay apoyo, que hay compromiso institucional. Y luego la realidad cotidiana les dice otra cosa, ¿qué le quedó a Guillermo Pérez del sistema después de dos ciclos de abandono? Menos de lo que merecía, pero más de lo que el sistema esperaba darle.
En noviembre de 2025 fue reconocido oficialmente como presidente de la Asociación de Taekwondo del Estado de Michoacán con aval de la Federación Mexicana de Taekwondo. Por primera vez, un campeón olímpico mexicano [música] pasa a dirigir formalmente el desarrollo estructural y técnico del taikwondo en su estado natal.
El nombramiento marca un regreso al ámbito institucional, pero desde una posición diferente, ya no como entrenador contratado que puede ser ignorado o mal pagado, sino como autoridad reconocida en su propio territorio, [música] con capacidad de tomar decisiones sobre el desarrollo de la disciplina en Michoacán. Su escuela en Uruapan sigue funcionando, sus alumnos compiten.
El busto de bronce con su cara sigue en la Unidad Deportiva Hermanos López Rayón. El reconocimiento local existe, genuino y sin las manipulaciones del aparato burocrático nacional. En cierta forma es la única trayectoria coherente que quedaba disponible para Guillermo Pérez después de lo que vivió. Construir desde su tierra, desde el lugar donde todo comenzó con un niño que imitaba a Bruce Lee y hacerlo con la autonomía que el sistema nacional nunca le garantizó.
El deporte lo elevó, el sistema lo desechó dos veces. ¿Cómo llegó hasta ahí? Grábate esto porque es la respuesta más honesta que puedes escuchar hoy sobre el deporte mexicano. La historia de Guillermo Pérez no es la historia clásica de un deportista que se autodestruyó con sus propias decisiones. No hay adicciones documentadas, no hay crímenes, no hay escándalos personales, no hay el tipo de caída dramática que el morvo popular asocia con el declive de un campeón.
Y eso, en cierto sentido, hace su historia más difícil de procesar, porque no te permite señalar un villano fácil ni un momento de quiebre donde el atleta tomó la decisión equivocada. El villano en la historia de Guillermo Pérez es una estructura, una manera de operar, una forma sistemática y repetida de utilizar a los deportistas cuando convienen y de ignorarlos cuando ya no son útiles para la foto oficial.
como atleta activo. Resultados reales entregados, respaldo institucional insuficiente, transición tecnológica gestionada sin los recursos adecuados, selectivo definitivo disputado con lesión en un entorno que, según sus propias palabras, no lo respaldó como entrenador. Resultados reales entregados de nuevo, medallas mundiales, primer lugar panamericano, plazas olímpicas clasificadas y un salario prometido que nunca llegó porque el sistema que pedía esos resultados no estaba dispuesto a pagar por ellos de manera justa. El
patrón es idéntico. La distancia temporal entre los dos ciclos es de una década y el resultado es el mismo. Escucha esto. En el contexto más amplio del taikondo mexicano. La historia de Guillermo Pérez no es una anomalía, es el patrón. En Tokio 2020, atletas olímpicos de múltiples disciplinas declararon públicamente ante la Cámara de Diputados que estaban entrenando con sus propios recursos y sin apoyo de la CONADE.
El clavadista Yahjiro Campo dijo que llevaba un año sin contacto con la institución. Deportistas paralímpicos describieron la ausencia total de coordinación durante la pandemia. El abandono no es un accidente ni una falla puntual, es la norma y la norma tiene un costo específico que se mide en el medallero. México ganó dos oros en taikwondo en Beijing 2008 [música] y no ha vuelto a ganar ningún oro en esa disciplina desde entonces.
Ha pasado 16 años y cuatro ciclos olímpicos sin repetir ese resultado. Cuatro ciclos con inversiones crecientes, [música] con promesas institucionales renovadas, con nuevos planes de alto rendimiento que se presentan con fanfarria y no se ejecutan con recursos reales. Guillermo [música] Pérez estuvo ahí para ver ese deterioro desde adentro como atleta primero y como entrenador después y en dos ocasiones distintas intentó ser parte de la solución, no del problema.
En las dos ocasiones, el sistema le dijo con sus acciones más que con sus palabras, que no estaba [música] dispuesto a tratarlo con la seriedad que su trabajo merecía. Me harté de las promesas de la CONADE. Esa frase debería estar enmarcada en la pared de cada oficina gubernamental que gestiona el deporte en [música] México, no como acusación, sino como recordatorio, como la declaración documentada de lo que un sistema deportivo disfuncional le hace a sus mejores activos humanos.
Guillermo Pérez Sandoval nació el 14 [música] de octubre de 1979 en Taretán, Michoacán. A los 5 años lanzó sus primeras patadas al aire imitando a Bruce Lee. A los 10 ganó su primer torneo estatal. A los 28 [música] se subió al podio más alto de los Juegos Olímpicos de Beijing con el himno nacional sonando para todo un país.
A los 32 se retiró del deporte activo lesionado sin el respaldo que merecía en las condiciones que el sistema eligió darle. A los 38 volvió como entrenador, entregó resultados y se fue harto de promesas incumplidas. A los 46 [música] es presidente de la Asociación de Taekondo de Michoacán, construyendo desde su tierra lo que el sistema nacional nunca supo construir alrededor de él.
Esa es la historia completa. No la fotografía del podio, no los discursos [música] presidenciales, no el busto de bronce, la historia completa, con sus glorias y sus traiciones, con sus medallas y sus promesas incumplidas, [música] con el héroe y con el sistema que no supo qué hacer con él después de que dejó de ser útil [música] como imagen.
El deporte lo elevó y también lo destruyó. No de golpe, no con un escándalo, sino de manera lenta y sistemática, con cada promesa rota y cada respaldo que no [música] llegó cuando más lo necesitaba. Y mientras el taquondo mexicano gastó 174 millones de pesos en París [música] 2024 para ganar cero medallas, Guillermo Pérez Sandoval seguía en Michoacán enseñando a niños a patelar, igual que él hizo a los 5 años cuando todo empezó.
Ese es el precio real del oro de Beijín. Si la historia de Guillermo [música] te enseñó algo que no sabías, si ahora entiendes que detrás de cada medalla olímpica mexicana [música] hay un sistema que te promete apoyo y luego te da largas. Si ahora ves que el problema del deporte en México no es falta de talento, [música] sino falta de estructura real detrás de los que la producen, entonces haz algo por mí.
Dale like a este video, suscríbete al canal, no por mí, por Guillermo, para que su historia completa, no solo la foto del podio que te mostraron en 2008, llegue a más personas que necesitan entender el precio real de la gloria deportiva para que la próxima vez que alguien diga, “México no gana porque no tiene atletas”, alguien más pueda decir, “No. México tiene atletas.
Lo que falla es el sistema que les da la espalda cuando más los necesita. Hay una pregunta que ningún documento [música] oficial, ninguna conferencia de prensa de la CONADE y ningún comunicado de la Federación Mexicana de Taekwondo ha respondido nunca de manera directa. ¿Qué habría pasado si el sistema hubiera tratado a Guillermo Pérez de manera proporcional a lo que aportó? No es una pregunta retórica, es una pregunta con respuestas concretas que pueden estimarse con base en hechos verificados.
Como atleta, si en lugar de cuatro competencias internacionales en dos años hubiera tenido el calendario de competencias que un campeón olímpico vigente merece, si hubiera recibido apoyo específico y planificado para la transición a los petos electrónicos, si hubiera llegado al selectivo de febrero de 2012 sin una contractura muscular que la federación optó por ignorar, no hay garantía de que hubiera ganado medalla en Londres.
El tiempo pasa y los rivales crecen, pero sí hay garantía de que habría llegado al selectivo en las mejores condiciones posibles que el sistema podía darle. Y eso es lo mínimo que le debía un sistema que lo usó como imagen durante 4 años. Como entrenador, los números son más contundentes todavía. En el primer ciclo bajo su dirección, tres medallas mundiales en Manchester 2019, primer lugar panamericano en Lima 2019.
dos plazas olímpicas clasificadas. Si en lugar de recibir largas indefinidas sobre su salario hubiera recibido el pago prometido desde el principio, habría seguido al frente del equipo rumbo a Tokio 2020. No hay manera de saber con certeza si habría producido medallas olímpicas. El deporte no funciona con certezas, pero sí habría llegado a Tokio 2020 con el entrenador que había demostrado los mejores resultados de todo el ciclo post Beijing.
En cambio, la CONAD eligió no pagarle. Y en Tokio 2020, México clasificó solo a dos atletas de ocho posibles en tawando y ambos fueron eliminados en primera ronda. En París 2024, 174 millones de pesos y cero medallas. Grábate esto porque es la síntesis de todo lo que has escuchado hoy. El problema del taondo mexicano no es falta de talento.
Guillermo Pérez existió. María Espinoza existió. Existen jóvenes en Michoacán y en Veracruz y en Puebla que practican taikwondo con la misma voluntad que tenía Guillermo Pérez a los 10 años ganando su primer torneo estatal. El problema es el sistema que recibe ese talento y que sistemáticamente elige no invertir en las personas que lo producen, de manera que se justifique el esfuerzo de esas personas por seguir dentro del sistema.
Cuando el sistema te pide resultados y no te paga el salario prometido. Cuando el sistema te obliga a competir lesionado y luego te echa cuando pierdes. Cuando el sistema te usa como imagen en el podio y te ignora cuando intentas construir algo real con ese conocimiento, eventualmente los mejores se van. Se van y construyen algo propio fuera del sistema o simplemente se rinden y el talento se desperdicia.
El tacondo mexicano ha perdido más de una década de potencial porque en 2008 produjo dos campeones olímpicos y no supo qué hacer con ellos. Uno de esos campeones volvió como entrenador y le demostraron que la lección no había sido aprendida. ¿Puede cambiar eso? La pregunta no tiene respuesta [música] fácil.
Los sistemas burocráticos no cambian por revelación súbita, cambian por presión constante, por demanda pública, por la acumulación de casos documentados que hacen imposible seguir ignorando el patrón. La historia de Guillermo Pérez Sandoval es uno de esos casos documentado con nombres, con fechas, con sus propias palabras.
16 años después de Beijing 2008, el hombre que puso a México en el podio más alto del taondo mundial está en Michoacán enseñando a niños, presidiendo la Asociación Estatal del [música] Deporte que le dio todo, construyendo desde abajo, porque el sistema de arriba lo falló dos veces [música] y el himno nacional sigue sin sonar en el taecuondo olímpico masculino desde Beijín 2008.
Para entender el peso real de lo que Guillermo Pérez logró el 20 de agosto de 2008, [música] necesita saber qué representaba el taikwondo para México antes de esa medalla. El taikwando fue incluido como deporte olímpico de manera permanente a partir de los juegos de Sydney 2000. En esa primera edición oficial, México ya ganó medalla.
Víctor Estrada se colgó el bronce en la rama masculina. 4 años después, en Atenas 2004, la familia Salazar puso a México de nuevo en el podio Óscar e Iridia, dirigidos por su padre Reinaldo Salazar, ambos con medalla. El taikwondo se había consolidado [música] como una de las disciplinas más confiables del deporte mexicano en los Juegos Olímpicos, pero había una deuda pendiente, un pendiente específico que ningún atleta masculino había podido saldar desde 1984.
En los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984, Raúl González ganó el oro en marcha de 50 km. Fue el último hombre mexicano en subir al escalón más alto del podio olímpico. 24 años, cuatro ciclos olímpicos. Cuatro veces la delegación masculina de México compitió sin que ningún atleta varonil pudiera llevar el himno nacional al primer lugar.
Los bronces y las platas eran celebrados y con razón, porque representaban trabajo real y mérito real. Pero el oro era otra cosa. El oro era la prueba de que México podía no solo competir, sino dominar. Y ese oro no llegaba para los hombres desde 1984. Guillermo Pérez Sandoval llegó a Beijing en 2008 sabiendo ese contexto.
No podía [música] ignorarlo. Cualquier atleta mexicano que entrara a esos juegos con posibilidades reales cargaba ese peso histórico. 24 años de una deuda que se acumulaba con cada olimpiada que pasaba sin soldarla. Escucha esto. En el preolímpico de diciembre de 2007 en Cali, cuando Guillermo ganó el boleto para México, su rival en el torneo clasificatorio que determinó quién obtendría el cupo para el país fue Óscar Salazar, el mismo Óscar que había ganado medalla en Atenas.
Lo derrotó y luego en el selectivo de abril de 2008 en Ciudad de México volvió a derrotarlo y a dos competidores más. El boleto fue suyo por mérito puro, en competencia directa contra atletas de alto nivel. ¿Por qué importa ese detalle? Porque establece que Guillermo Pérez no llegó a Beijing por default ni por favor institucional.
Llegó porque fue el mejor en los electivos. Porque cuando puso a los mejores atletas mexicanos de su categoría en frente suyo, los venció. Esa es la base de legitimidad de lo que hizo el 20 de agosto de 2008. El día de los combates en Beijing, el horario no fue amable. Sus peleas arrancaron a las 11 de la mañana, tiempo de Beijing.
La final fue más tarde en el día. Cuatro combates en una jornada, cuatro momentos donde el cansancio acumulado, la presión de millones de mexicanos mirando y la conciencia de que una sola derrota [música] cerraba el ciclo de su vida podrían haberlo roto. No lo rompieron. Venció al inglés Michael Harvey con punto de oro. Tres hasta dos.
Angustiante, pero contundente cuando el árbitro levantó su mano. Cuartos de final contra el afgano Rojula Nikpai, dos hasta un semifinales contra el tailandés Chuchawal Caor. [música] Final contra el dominicano Gabriel Mercedes en un combate que quedó empatado uno hasta uno después de cuatro asaltos y que los jueces resolvieron por criterio de superioridad a favor del mexicano. Piensa en eso.
Cuatro combates en un día, cuatro victorias. La última decidida por jueces y no por marcador en un deporte donde en ese momento la puntuación dependía en parte de la apreciación subjetiva. Cuatro veces Guillermo Pérez pudo perder, cuatro veces no perdió. Cuando el árbitro levantó su mano en la final, Guillermo Pérez corrió hacia donde estaban sus familiares y su equipo, llorando con los brazos en alto.
24 años de deuda olímpica masculina cancelados por un muchacho de Taretán que había empezado a patelar en el patio de su casa imitando a Bruce Lee. El momento fue visto por millones de mexicanos. No es hipérbole decir que el país entero lo sintió. Los Juegos Olímpicos son de esas raras ocasiones en que el deporte trasciende al deporte y se convierte en un espejo de algo más grande.
Y ese 20 de agosto de 2008, Guillermo Pérez le dio a México un espejo en el que el país quería verse reflejado. Capaz de lo mejor. Capaz de superar décadas de frustración. Capaz de ganar en la arena más grande del mundo. Lo que el país no quería ver. Lo que el sistema se encargó de ocultar detrás de los desfiles y los discursos presidenciales era lo que vendría después.
Nadie imaginaba lo que estaba por pasar. ¿Cuántos Guillermo Pérez hay en México? No en el sentido literal de campeones olímpicos, sino en el sentido más amplio y más preocupante. Cuántos atletas con talento real, con resultados demostrables, con la voluntad y el carácter para competir al más alto nivel, han sido procesados por el sistema deportivo mexicano [música] de la misma manera que Guillermo Pérez, usados cuando convenieron y descartados cuando dejaron [música] de ser útiles para la imagen institucional. La respuesta honesta es
que no hay una manera precisa de saberlo. Lo que sí hay son patrones, casos documentados, declaraciones públicas de atletas de múltiples disciplinas que describen experiencias similares [música] a la de Guillermo Pérez con vocabularios distintos, pero con la misma estructura narrativa.
El sistema promete, el atleta entrega, el sistema no cumple. En 2021, atletas olímpicos de múltiples disciplinas se presentaron ante la Cámara de Diputados para denunciar que estaban entrenando para los juegos de Tokio con sus propios recursos, sin apoyo de la CONADE. El clavadista Jajiro Campo dijo que llevaba un año sin contacto con la institución.
Deportistas paralímpicos describieron ausencia total de coordinación. El luchador Brandon Díaz Ramírez señaló que 2014 fue el único año en que su deporte recibió apoyo real y que ese apoyo produjo medallas. El patrón es claro, cuando hay apoyo hay resultados. Cuando no hay apoyo no hay resultados. Y el sistema da y quita el apoyo de maneras que no siempre tienen que ver con el potencial deportivo de la disciplina ni con los resultados que los atletas han demostrado.
En el caso específico del tawando, María Espinoza ganó medalla en Beijing 2008, Londres 2012 y Río 2016. Tres medallas olímpicas consecutivas, una trayectoria que confirma que el talento y la voluntad estaban ahí. Y aún así, el tawondo mexicano no pudo sostener ese nivel más allá de una atleta. No construyó una base, no desarrolló la siguiente generación con la sistematicidad que los resultados de 2008 habrían merecido.
¿Cuánto costó ese abandono? 16 años y contando sin un oro olímpico en taikwondo. 174 millones de pesos en el último ciclo para cero medallas en París 2024. Guillermo Pérez lo intentó dos veces, como [música] atleta y como entrenador. Las dos veces el sistema le demostró que no estaba dispuesto a pagar el precio de lo que prometía.
Grábate esto porque es lo más importante que puedes llevarte de esta historia. El talento en México existe, siempre ha [música] existido. Lo que falla es la estructura que debería capitalizarlo y que en lugar de eso lo agota, [música] lo desmoraliza y eventualmente lo expulsa. Eso es lo que le pasó a Guillermo Pérez Sandoval y esa es la historia que el deporte mexicano no quiere que sepas con todos sus detalles.
Termina esta historia donde empezó. En Michoacán hay un municipio que se llama Taretan, donde nació un niño el 14 de octubre de 1979, que vio a Bruce Lee en una pantalla y decidió que quería moverse así, rápido, preciso, con esa elegancia violenta que hace que las artes marciales parezcan danza cuando las practica alguien que realmente las domina.
Ese niño creció en una tierra donde nadie te regala nada y donde el camino desde el patio de la casa hasta el podio olímpico no tiene atajos. ni escaleras automáticas, solo trabajo, solo la voluntad diaria de volver al tatami, aunque el día anterior hayas perdido. Solo la claridad de saber que lo que estás haciendo vale el sacrificio, aunque el sistema oficial no te lo reconozca durante 4 años seguidos.
Y ese niño llegó al podio más alto del mundo con 28 años después de 23 años de trabajo en el país que él eligió representar y que eligió no respaldarlo con la misma intensidad con la que él eligió defenderlo. Esa es la cosa que el sistema nunca va a poder quitarle. El oro de Beijing es suyo. Nadie puede reescribir el 20 de agosto de 2008.
El himno nacional sonó en Beijín porque Guillermo Pérez Sandoval venció a cuatro rivales en un solo día y porque en la final, cuando el resultado dependía de la apreciación de unos jueces y no de un marcador electrónico, fue él quien pareció superior. No el otro. Ese momento es permanente. Pertenece a la historia del deporte mexicano de una manera que ninguna burocracia puede borrar.
Lo que el sistema sí pudo hacer y lo hizo fue decidir cómo tratar a ese hombre después de ese momento. Y las decisiones que tomó dicen todo lo que necesita saber sobre cómo funciona el deporte institucional en México. Cuatro competencias internacionales en 2 años para el campeón olímpico vigente, selectivo disputado con lesión. Promesas salariales incumplidas, puras largas.
Esa es la traducción práctica del orgullo nacional que el presidente expresó por teléfono El día del Oro. Ese es el precio que el sistema le puso a la gloria que Guillermo Pérez le regaló. Y mientras el taikondo mexicano acumula ciclos olímpicos sin medallas masculinas y gasta [música] 174 millones de pesos para no ganar nada en París 2024, [música] Guillermo Pérez Sandoval está en Michoacán presidiendo la Asociación de Taeondo del Estado, entrenando jóvenes en su escuela en Uruapan.
construyendo desde abajo, desde la tierra, desde el lugar donde todo empezó con un niño de [música] 4 años que lanzaba patadas al aire en el patio de su casa. Si algún día otro michoacano llega al podio olímpico en taikondó, las probabilidades son altas de que el camino que lo llevó hasta ahí haya pasado de alguna manera por la escuela [música] de Guillermo Pérez en Uruapan, no por la CONADE, no por la Federación Mexicana de Taekwondo, por ese hombre que el sistema falló dos veces [música] y que encontró la manera de seguir
construyendo de todas formas. Eso es lo que define a Guillermo Pérez Sandoval más que cualquier medalla, la persistencia, la capacidad de seguir siendo relevante para el deporte que amás, incluso cuando el sistema que supuestamente lo representa te ha demostrado dos veces que no está a la altura de lo que tú sí pudiste dar.
El deporte lo elevó, [música] el sistema lo destruyó, pero Guillermo Pérez Sandoval no se terminó en ese ciclo y esa es la parte de la historia que más importa. M.