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GUILLERMO PÉREZ: el ídolo DESTRUIDO por el sistema… el asqueroso ENGAÑO del taekwondo

Panamericanos, plazas olímpicas clasificadas. El organismo que maneja el deporte en México seguía sin pagarle lo prometido. Y entonces Guillermo Pérez Sandoval dijo, “Basta, con estas palabras exactas publicadas y documentadas, me harté de las promesas de la CONADE. Grábate eso un momento. El hombre que rompió 24 años de sequía olímpica dorada para México.

El deportista que más tarde como entrenador llevó a la selección nacional al primer lugar en los Juegos Panamericanos y a tres medallas en el campeonato mundial. Harto, traicionado, ignorado por el mismo sistema [música] que lo usó como trofeo durante años. Lo que nadie te contó con claridad es que en México el oro olímpico no es un pasaporte al futuro, es una fotografía.

Te sacan en la foto, te ponen en la portada del periódico, te construyen [música] un busto en tu ciudad natal, te llama el presidente por teléfono y luego el sistema sigue girando exactamente igual que antes, con las mismas inercias y los mismos favoritismos, sin que la medalla de ese atleta haya construido nada sólido alrededor de él.

Y cuando años después ese mismo deportista, ahora convertido en técnico con la sabiduría de quien vivió el alto rendimiento desde adentro, regresa a intentar construir algo mejor, el sistema lo vuelve a tratar de la misma manera. Promesas largas, cero cumplimiento. Su nombre es Guillermo Pérez Sandoval y lo que le [música] pasó dice más sobre la realidad del deporte mexicano que cualquier discurso oficial, cualquier cifra de inversión presupuestal, cualquier promesa de reforma institucional que hayas escuchado en los últimos 20 años. En los

próximos minutos vas a conocer cuatro cosas que nunca te contaron. Primera, el camino real hacia ese oro de Beijín, los años de anonimato total, los rechazos humillantes de la selección nacional durante 4 años seguidos y la historia de un [música] hombre de Michoacán que tuvo que construir su propio camino porque el sistema no lo quería o simplemente no lo veía.

Segunda, lo que pasó exactamente después de Beijing, cómo el sistema lo usó como trofeo político mientras lo abandonaba técnica y deportivamente al mismo tiempo, y como en apenas 12 meses el héroe nacional pasó a ser un atleta con cuatro competencias internacionales en 2 años, enfrentando un cambio tecnológico fundamental en su deporte sin la preparación adecuada.

Tercera, el selectivo de febrero de 2012, donde todo terminó, la lesión que tuvo que cargar, las cosas políticas internas que él mismo reconoció públicamente como distracción y el momento exacto en que el campeón olímpico vigente perdió su boleto a los Juegos Olímpicos de Londres en condiciones que ningún sistema deportivo serio debería haber permitido.

[música] Cuarta, el regreso como entrenador, los resultados concretos y verificables que entregó, la traición salarial de la CONADE que lo empujó a decir basta. ¿Y dónde está Guillermo Pérez hoy en 2025, mientras el taondo mexicano que él abandonó dos veces no gana medallas olímpicas gastando 174 millones de pesos por ciclo.

Te voy a avisar cuando llegue cada una. Si te vas antes del final, te pierdes lo más importante, entender por qué México produce campeones a pesar de sus instituciones, no gracias a ellas. ¿Y qué le costó eso al taikondo nacional durante más de una década completa? Pero antes necesita saber cómo llegó hasta ahí, porque todo empezó en un pueblo de Michoacán donde un niño de 4 años vio una película de Bruce Lee y decidió que iba a cambiar su vida a patadas.

[música] Tareta en Michoacán. Octubre de 1979. No es Uruapan, que es la ciudad grande de la región la que aparece en los mapas turísticos con las Zararacuas y el aguacate. Taretan es un municipio más pequeño, [música] tierra caliente, donde las mañanas huelen a campo y las familias no tienen dinero para academias deportivas, pero sí tienen el canal de [música] televisión donde se proyectan las películas de artes marciales.

Guillermo Pérez Sandoval nació el 14 de octubre de 1979 en ese contexto. [música] No en una familia con tradición deportiva de alto rendimiento, no con entrenadores que lo buscaran desde pequeño, no con conexiones en el mundo federativo que le allanaran el camino. Era un niño de Michoacán cuya primera gran pasión deportiva no vino de un entrenador ni de un familiar, sino de una pantalla.

4 años. Esa es la edad que tenía Guillermo Pérez cuando vio una película de Bruce Lee por primera vez. No hay datos precisos sobre cuál fue exactamente. Lo que sí está documentado en múltiples entrevistas del propio Guillermo es que esa imagen, ese hombre pequeño pero devastador en el tatami, se quedó grabada en él de una manera que no se borra.

Empezó a imitar las patadas en el patio de su casa. lanzaba golpes al aire sin ninguna técnica, sin ningún entrenador, sin ningún tatami, [música] solo el instinto de un niño que había encontrado algo que le encendía algo por dentro. A los 5 años, sus padres lo llevaron a practicar taekwondo formalmente en Uruapan instrucción del profesor J.

Jesús Álvarez Silva. Y aquí hay algo que importa destacar porque define el tipo de historia que es esta. Los comienzos no fueron fáciles. Guillermo Pérez no fue un prodigio que arrasó desde el primer día de entrenamiento. Hubo derrotas tempranas, hubo momentos donde lo que lo sostenía en el tatami era más el carácter que la técnica.

El talento estaba ahí, pero el talento solo no basta. El trabajo constante, la voluntad de volver al día siguiente después de perder. Eso es lo que separó a Guillermo Pérez de los miles de niños mexicanos que empiezan en algún deporte y lo dejan cuando el camino se pone difícil. Grábate esto. A los 10 años de edad, Guillermo Pérez ganó su primer torneo estatal en Michoacán, el primer trofeo real.

La primera validación de que lo que estaba haciendo tenía un resultado concreto y medible. Ese triunfo le abrió la puerta para competir a nivel nacional y en esa primera competencia nacional, el niño de Michoacán se fue a casa con la medalla de bronce, no con el oro, con el tercer lugar.

Eso también es parte de la historia. El camino a Beijing empezó con un bronce nacional a los 10 años, no con victorias fáciles ni con caminos despejados. Para 1990, con 11 años, Guillermo se consagró como campeón infantil de México. Ahí empezó a consolidarse en el taondo de manera más seria. El talento ya no era solo potencial, ya se había materializado en resultados, pero el sistema deportivo mexicano no lo estaba identificando todavía como un atleta de proyección olímpica.

Era un campeón infantil estatal y nacional. Y eso era suficiente para seguir entrenando, pero no suficiente para que las puertas grandes se abrieran. 5 años después, en 1995, Guillermo Pérez hizo su primer viaje internacional como atleta. Ota, Canadá. Su primera competencia fuera de México. Tenía 16 años y trajo el segundo lugar.

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