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Ashraf Pahlavi: La Hermana del Shah que Todos Querían Matar

La pequeña Ashraf, de 8 años no entiende del todo lo que acaba de escuchar, pero lo graba en su memoria, como se graban las lecciones que definen una vida. No llores nunca. No muestres nunca lo que sientes. No confíes nunca en nadie. Tres reglas, tres espadas. Va a vivir con ellas durante los 88 años siguientes.

A los 10 años, Ashraf ya no juega con muñecas. Lee los periódicos europeos que llegan al palacio. Pregunta a los diplomáticos visitantes sobre la política internacional. Observa cómo su padre toma decisiones. Memoriza los nombres de los ministros, de los embajadores, de los generales. Su hermana mayor Shams prefiere los vestidos de París.

Su hermano Mohamad Resa prefiere los aviones. Ella prefiere el poder. Y aquí es donde todo empieza. Por cierto, antes de continuar, una pregunta rápida para ti. ¿Desde dónde nos estás viendo? Cuéntanos en los comentarios. Nos encanta saber desde qué país nos siguen. Desde México, desde Argentina, desde España, desde Colombia, desde Perú, desde donde sea.

Queremos saber quién está al otro lado de la pantalla esta noche escuchando esta historia olvidada. Y ahora volvamos al palacio de Teerán, donde una niña de 12 años está a punto de descubrir el primer secreto que va a marcar su vida para siempre. En 1931, el Shah decide enviar a su hijo varón Mohammad Resa a estudiar a Suiza.

Al internado Le Rosei enrolroye, a orillas del lago alemán, Ashraf Nova, se queda en el palacio y por primera vez los gemelos inseparables se separan durante 5co años enteros. Esos 5 años la transforman. Sin su hermano al lado, sin el único ser humano que la entendía sin hablar, Ashraf se hunde en los libros. Devora las obras de Volter, de Rousseau, de Nietzsche, estudia la historia de los imperios.

se obsesiona con las figuras de mujeres poderosas, Catalina la Grande, Cleopatra, Isabel de Inglaterra y empieza a construir en silencio la arquitectura mental de la persona en la que se va a convertir. Cuando Mohamed Reza regresa de Suiza en 1936, los dos gemelos ya no son los mismos. Él ha conocido Europa. Ella ha conocido la soledad.

Él trae una educación occidental. Ella trae una voluntad de acero, pero el destino no les permite reencontrarse mucho tiempo, porque el Sha, el padre severo, tiene otros planes para Ashraf y estos planes no incluyen dejarla ser libre. Un año después, a los 17 años, la princesa va a descubrir que en el Irán imperial ni siquiera las hijas del shaen matrimonio arreglado. 1937.

Ashraf tiene 17 años. Una tarde su padre la llama a su despacho. El sha de pie junto a la ventana, mirando los jardines del palacio. Le da la espalda, no la mira a los ojos. le dice, “Con la voz plana que usa para los asuntos militares, te vas a casar con Aliam. La boda es dentro de dos meses.” Eso es todo.

Ni una pregunta, ni un permiso, ni una oportunidad de opinar. Alikabam es el hijo de uno de los clanes políticos más antiguos de Irán. Su tío Ahmad Kabam ha sido primer ministro varias veces. El matrimonio no es un acto de amor, es un pacto político. Resasha busca acercarse a los Cabam y su hija es la moneda de cambio.

Ashraf no discute, sabe que sería inútil, pero esa noche en su habitación hace una promesa silenciosa, una promesa que va a cumplir al pie de la letra. Este matrimonio no me va a destruir. Yo voy a destruirlo primero. La boda se celebra con todo el esplendor imperial, los diamantes, los invitados extranjeros, los fotógrafos.

Pero detrás del vestido blanco, Ashraf es una mujer furiosa. Furiosa con su padre, furiosa con su destino, furiosa con un mundo que la obliga a entregar su cuerpo a un hombre que apenas conoce. La vida con Aliam es un desastre desde la primera semana. Él es un playboy. Le gustan las fiestas, los carros rápidos, las mujeres.

No tiene ninguna ambición política, ninguna inteligencia estratégica, ninguna curiosidad intelectual. Para Ashraf, que ha pasado la adolescencia leyendo a Nietzsche, estar casada con ese hombre es una forma de tortura lenta, pero tiene un hijo con él. En 1940 nace Shahram, un niño hermoso al que Ashraf adora desde el primer momento y luego un año después todo se derrumba.

Agosto de 1941, Segunda Guerra Mundial. Las tropas británicas y soviéticas invaden Irán. Temen que Resa Sha se alíe con la Alemania nazi. En 48 horas, el Imperio Persa cae bajo ocupación extranjera. Los aliados obligan al Sha a abdicar. Lo envían al exilio, primero a la isla de Mauricio y después a Johannesburgo, donde va a morir solo 3 años después, sin volver a ver a su familia.

La noticia de la muerte del padre llega a Teerán en 1944. Ashraf tiene 25 años. La familia ni siquiera puede traer el cuerpo de regreso. Los ingleses no lo permiten. El patriarca de la dinastía Palav, el hombre que había fundado un imperio, muere en un país ajeno bajo vigilancia británica, sin un funeral digno.

Ashraf no llora, no en público, pero esa noche escribe en su diario privado, según fragmentos que se conocerán décadas después, una línea que revela toda su filosofía. Un día voy a hacer pagar a los ingleses lo que le hicieron a mi padre. No es una promesa vacía. Y en su lugar ponen en el trono a su hijo, al gemelo de Ashraf, a Mohamad rea Pahlavi.

Con apenas 21 años, Mohamad rea se convierte en Sha de Irán y su hermana gemela de golpe se convierte en algo mucho más peligroso que una simple princesa. Se convierte en la mujer más cercana al trono. En ese momento, Ashraf toma dos decisiones que van a definir el resto de su vida. La primera se divorcia de Alibam, un escándalo monumental en un país musulmán, pero a ella no le importa.

Ya no necesita a nadie que la proteja. La segunda decisión es más silenciosa, más estratégica, más oscura. decide convertirse en los ojos, los oídos y las manos secretas de su hermano Mohamad Resa, el nuevo Shah, es un hombre indeciso, dulce, culto, educado, pero débil. Tiene miedo de los políticos, tiene miedo de los clérigos, tiene miedo a veces hasta de su propia sombra.

No puede gobernar sin alguien que le diga qué hacer y esa persona va a ser su hermana. Desde 1942, Ashraf empieza a recibir en secreto a ministros, a diplomáticos, a agentes extranjeros, en salones privados, sin registro oficial, sin títulos, sin fotos. Ella escucha, ella habla, ella decide y luego le transmite las decisiones a su hermano que las firma.

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