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El Dia Que Mataron A Paco Stanley

Lunes 7 de junio de 1999. En el calendario era solo un día más, pero con el tiempo esa fecha quedaría marcada como una de las más oscuras de la televisión mexicana. Hola amigos, bienvenidos a este su  canal. Hoy les traigo esta historia que no pueden perderse y no quiero enrollarme en mucho bla bla bla.

Así que sin más vamos a lo que te truje Chencha. Parecería un día normal de esos que arrancan sin presagios, sin sobresaltos, sin señales claras de que algo está a punto de romperse para siempre. Paco Stanley  llegó, como tantas otras mañanas, a las instalaciones de TV Azteca, seguro de sí mismo, puntual, con esa presencia que llenaba cualquier foro.

Había que conducir una tras otra su exitoso programa matutino acompañado de Mario Besares,  Jorge Gil, un grupo de músicos, bailarinas y parte del equipo de producción. Entre ellas estaba Paola Durante, una  más dentro del engranaje que hacía girar ese show, que cada mañana arrancaba risas en miles de hogares. El programa transcurrió como siempre.

Bromas, carcajadas,  dobles sentidos, aplausos, cámaras apagándose una a una. Ella es tu mamá y es maestra también, fíjate. O sea, si goleamos no pagamos colegiatura. Está bien. Es una buena, Nada fuera de lo común. El ambiente era relajado, casi festivo. Había terminado la chamba y tocaba  lo de siempre, ir a comer algo antes de seguir con el día.

La caravana se dirigió al  restaurante El Charco de las Ranas, ubicado a unos cuantos minutos de las instalaciones de TV Azteca en el Ajusco. No era un lugar improvisado ni elegido al azar, era el restaurante, el de confianza, el favorito al que acudían  con frecuencia, casi por costumbre, casi como un ritual después del programa.

Eran alrededor de las 11 de la mañana. El sol ya estaba alto, el lugar comenzaba a llenarse y nada indicaba que esa rutina  estaba a punto de convertirse en tragedia. Tomaron asiento alrededor de la mesa. Ahí estaban Paco Stanley, Mario Besares, Jorge Hill, Francisco Stanley Junior, el hijo de Paco y el chóer. Todo parecía fluir con normalidad.

Meseros  yendo y viniendo, platos acomodándose. El murmullo típico de un restaurante en hora pico. Paco como siempre pidió su platillo favorito. Bistec en chile  pasilla, frijoles, totopos y su infaltable agua de tamarindo. Lo mismo de siempre, lo que pedía cuando se sentía cómodo, cuando estaba en territorio conocido.

La plática corría amena. Risas, bromas internas, comentarios sueltos sobre el programa. chascarrillos que solo ellos entendían. Nadie parecía nervioso, nadie miraba el reloj con ansiedad, nadie imaginaba que ese desayuno tan cotidiano sería el último de una historia que estaba a punto de partirse en dos. Porque mientras la mesa se llenaba de platos y carcajadas, afuera el destino ya estaba caminando.

Y aunque en ese momento nadie lo sabía, cada segundo que pasaba los acercaba sin remedio a un punto de no retorno. Sin embargo, no todo fue tan normal como parecía.  Y antes de seguir, déjenme hacerles esta pregunta, porque aquí la cosa ya se puso seria. ¿Ustedes creen que todo lo que se dijo fue la verdad completa o sienten, como muchos, que hay piezas que nunca se acomodaron? Si este caso también les sigue dando vueltas en la cabeza, dejen su comentario, denle like a este video y quédense hasta el final porque lo que

viene no deja a nadie indiferente. Bueno, pero mira, todos cara de aplicado. A ver que levanten la mano los que sacan 10. Con el paso del tiempo y al revisar con lupa cada minuto de esa mañana comenzaron a surgir detalles extraños. Pequeñas grietas en la rutina que en su momento pasaron desapercibidas, pero que después  se volverían incómodamente importantes.

Señor Bear, quisiera volver a a un detalle que no me queda muy claro. Usted y Paco estaban en el baño. Sí. De acuerdo con los registros de ese día y con lo que más tarde se mostraría en la serie ¿Quién lo mató?  Mario Bezares recibió una llamada mientras aún se encontraba sentado a la mesa almorzando con Paco Stanley y el resto del grupo.

No fue una llamada cualquiera. No fue de esas que se contestan ahí mismo entre el ruido de los platos y las bromas. Mario se levantó, se alejó de la mesa, buscó distancia, privacidad. Lo hizo incluso llevando puesta la férula en el brazo, lo cual no pasó desapercibido después. Según la versión que se presenta, la llamada provenía de su esposa Brenda Bezares.

Nadie en la mesa escuchó el contenido de esa conversación. Nadie supo si fue breve o tensa. Solo quedó registrado el gesto levantarse, apartarse y contestar. Un movimiento sencillo, sí, pero que hoy se analiza como si escondiera algo más. Minutos después ocurrió otro episodio que con los años se  volvería motivo de sospecha.

Paco Stanley y Mario Bezares fueron juntos al baño del restaurante. Entraron platicando, relajados, como dos amigos más, en medio del desayuno. Nada fuera de lugar, al menos en apariencia. Sin embargo, según la propia versión de Mario, ahí ocurrió algo que después sería repetido una y otra vez en entrevistas, declaraciones y reconstrucciones.

Mario aseguró que ya dentro del baño estuvieron cotorreando, bromeando, riéndose. Incluso recordó una frase que Paco le habría dicho en tono juguetón como solía hacerlo. Te espero allá afuera, Sorondongo. Mario respondió con la misma ligereza. Sí, señor, voy para allá. Pero entonces vino el detalle que encendió todas las alarmas. Mario no salió de inmediato.

Según su testimonio,  se quedó unos minutos más, 3 minutos, tal vez cuatro. Un lapso breve, pero eterno  cuando se analiza segundo a segundo. Él mismo declaró que se tardó un poco más en el baño, sin especificar demasiado qué hizo en ese tiempo, más allá de lo normal. Quisiera volver a a un detalle que no me queda muy claro.

Usted y Paco estaban en el baño. Sí. Eh, Paco terminó antes, se fue y le dijo, “Te espero afuera.” Sí. Pero subió al coche. Sí, me image. Sí, era costumbre que lo esperara en su coche. Subido ya al coche, me hacían la broma de que de repente se salían como como que me dejaban en el lugar. 3 minutos. 3 minutos que después serían cuestionados, 3 minutos que  muchos considerarían insignificantes y otros decisivos porque Paco salió solo y Mario no estaba a su lado.

Ese pequeño  desfase, ese momento en que ya no estaban juntos, se convertiría con los años en uno de los puntos más oscuros y debatidos de toda la historia. Un espacio de tiempo donde  las versiones chocan, las dudas crecen y el silencio pesa más que cualquier declaración. Y mientras Mario seguía dentro del baño, afuera, sin que nadie lo supiera todavía, el reloj ya estaba  corriendo en contra de todos.

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