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¡ENTRÓ Y NUNCA SALIÓ! EL CASO DE TERESA MOLINA QUE ESTREMECE A NEZAHUALCÓYOTL

¡ENTRÓ Y NUNCA SALIÓ! EL CASO DE TERESA MOLINA QUE ESTREMECE A NEZAHUALCÓYOTL

Mira bien esa maleta negra de ruedas. Una maleta común igual a la que tú guardas en lo alto de tu closet, la que usas para irte de vacaciones. Esta no fue para ningún viaje. Esta maleta estuvo escondida más de 40 días en el closet de una habitación en la calle Pavia número 35, colonia La Perla, municipio de Nesahualcoyotl.

Y lo que había adentro esta noche es lo único que queda de Teresa Guadalupe Molina Hernández, de 55 años. Una mujer que su propio hijo reportó como desaparecida. La misma mujer que todo indica su propio hijo desmembró y metió en esa maleta. Esto es Alerta Noticias. Y lo que vas a escuchar no es lo que te contaron en la pantalla grande.

Vas a escuchar [música] la historia completa, la que cabe en menos de 90 segundos de noticiero, pero que tarda toda una vida en explicarse. Cómo una madre entra a su casa una tarde de abril y termina 40 días después en una maleta a la que ninguna autoridad se atrevió a llegar a tiempo. Pon atención al número porque el número lo es todo en esta historia.

40 días que Teresa estuvo desaparecida, mientras las autoridades buscaban en todas partes, menos en la única casa que importaba. 40 días en que su hijo siguió yendo a la escuela, manejando su carro, gastando su dinero. 40 días en que esa maleta estuvo a la vista de todos y nadie la abrió. Fíjate en la fecha.

Miércoles 10 de junio de 2026. Colonia La Perla en el corazón de Nesahualcoyotl, esa zona que en el estado de México le dicen la perla por algo. Calle Pavia, número 35. Una vivienda de varios niveles con cuartos rentados donde vivían personas tranquilas que juraron no haberse percatado de nada. Hasta ese miércoles, cuando el aire de toda la cuadra empezó a oler a algo que nadie quiere nombrar.

Un olor fétido, denunciaron los vecinos. Un olor que llevaba semanas creciendo detrás de una puerta cerrada. Y dentro de una de las habitaciones en el closet, esa maleta negra con ruedas, la maleta que nadie revisó durante más de un mes. Adentro un cuerpo desmembrado en avanzado estado de descomposición.

La señora Teresa, la mujer de la ficha de búsqueda, la mujer que medio país buscaba sin saber que ya estaba ahí encerrada en su propia propiedad, a unos metros de donde sus inquilinos pagaban la renta cada mes. Quédate con esa imagen porque a esa maleta vamos a volver una y otra vez en esta historia. Esa maleta es la protagonista silenciosa de todo.

Una maleta de viaje, de ruedas, de las que se arrastran por el aeropuerto, comprada para llevar ropa, usada para llevar a una madre. La maleta viajó de la Ciudad de México al Estado de México. La maleta cruzó una alcaldía entera y un municipio entero sin que nadie la detuviera. La maleta entró a un closet y se quedó ahí callada mientras la cuadra entera empezaba a respirar lo que tenía dentro.

Cada vez que en este video escuches la palabra maleta, recuerda que no estamos hablando de equipaje. Estamos hablando del ataúd improvisado de una mujer de 55 años que el 25 de abril todavía caminaba. El principal sospechoso tiene nombre. Fernando Yael, de 22 años, estudiante de la escuela bancaria y comercial, hijo único de Teresa, el joven que un día llegó a la fiscalía a denunciar que su mamá había salido rumbo al centro histórico y no había vuelto.

El joven que lloró la desaparición de su madre frente a las cámaras. El mismo joven que según las investigaciones ya sabía perfectamente dónde estaba el cuerpo, porque él lo había puesto ahí. Eso es lo que los noticieros te dijeron. Te dijeron que apareció una maleta. Te dijeron que había un detenido. Te dijeron que se esperaban peritajes.

Caso cerrado. Siguiente nota. Comerciales. Lo que no te dijeron es lo que pasó dentro de esa casa la madrugada del 25 de abril. Lo que no te dijeron es que un vecino escuchó algo esa noche y lo que dijo ese vecino te va a helar la sangre. Espera, porque a esto vamos a llegar y cuando lleguemos vas a entender por qué esta no es una historia de una desaparición.

Es la historia de un crimen que se planeó con tarjeta bancaria en mano. Retrocede conmigo. Vamos al principio. Teresa Guadalupe Molina Hernández, 55 años. Vivía con su hijo en una casa de la calle Grabados número 286, colonia 20 de noviembre. Alcaldía Venustiano Carranza en la Ciudad de México.

Madre e hijo, los dos solos, hijo único. Y según todos los que los conocían, una relación cercana, cariñosa, unida. Eso es lo que la gente veía por fuera. Porque hay que entender quién era este muchacho. No era un hijo de la calle, no era un chico perdido en las drogas ni metido en problemas con gente peligrosa. Fernando Yael era estudiante de la escuela bancaria y comercial.

Una de las instituciones privadas con más prestigio del país. Un joven con futuro, con carrera, con una madre que lo sostenía. Vivía bajo el mismo techo que ella. Comía lo que ella ponía en la mesa. Manejaba un carro que el dinero de ella pagaba para cualquiera que los viera de lejos. Eran la imagen de una familia que iba bien, una madre trabajadora con propiedades que rentar y un hijo encaminado a una profesión.

Y ese es exactamente el detalle que hace esta historia tan escalofriante, porque no estamos hablando de un monstruo evidente, estamos hablando del muchacho de junto, del que saluda en la escalera, del estudiante aplicado, del hijo modelo. La cara que el horror eligió para esconderse esta vez no es la de un sicario tatuado, es la de un universitario de 22 años con mochila al hombro.

Pero el 25 de abril de 2026 algo se rompió dentro de esa casa. Las investigaciones reconstruyeron lo que pasó horas antes. Una discusión. Madre e hijo discutiendo. El motivo, algo tan pequeño, tan cotidiano, tan brutalmente común que cuesta creerlo. Chats que se filtraron después muestran al joven contándole a un amigo que su madre se había enojado.

¿Por qué? Porque se enteró de faltas en la escuela, porque le negó dinero, porque le negó permisos para salir. Ojo a esto. Una madre que le dice que no a su hijo, un permiso negado, una mesada cortada. Eso es lo que según la línea de investigación está en el origen de todo. No deudas de narco, no un ajuste de cuentas, un berrinche, un no.

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