Había vallas afuera desde antes de que comenzara la sesión con decenas de elementos de seguridad, como si alguien supiera que el día no iba a terminar de forma ordinaria. La sesión de la Comisión Permanente duró más de 3 horas. 3 horas de gritos, insultos y descalificaciones. Legisladores del PRI y el PAN defendiendo a Lili Téz desde la tribuna.
Los de Morena respondiéndoles con porras y consignas. El presidente de la mesa directiva, Gerardo Fernández Noroña, conduciendo la sesión mientras acumulaba tensión minuto a minuto. Al final de esas 3 horas, cuando ya estaban de pie entonando el himno nacional, Alito Moreno se levantó de su lugar, cruzó el salón, llegó hasta la tribuna, llegó hasta donde estaba Noroña y lo que pasó después quedó grabado en docenas de videos desde distintos ángulos.
Con audio claro, sin posibilidad de interpretación alternativa, jalones, gritos, empujones, golpes. Las palabras que Alito Moreno le gritó a Noroña quedaron documentadas. Te parto tu madre, cabrón. Te rompo tu madre. Eres un cabrón. Eso durante el himno nacional, el mismo himno que se supone cantaban para honrar a la patria que momentos antes Alito decía defender contra las acusaciones de traición.
Emiliano González, colaborador cercano de Noroña, terminó con heridas en el cuello y el brazo, collarín, cabestrillo. Así apareció horas después en la conferencia de prensa que los morenistas convocaron, encabezada por Adán Augusto López, el propio Noroña y el diputado Leonel Godoy. Mostraron videos desde adentro del salón de sesiones.
Mostraron la imagen de Emiliano con el collarín. Dijeron que fue una provocación planeada. anunciaron denuncia penal y solicitud de desafuero. A pesar de todo eso, a pesar de los videos, Alito Moreno salió a su propia conferencia de prensa y dijo que el primero que empujó fue Noroña, que él nada más reclamó su derecho a hablar, que Noroña había gritado y ofendido a Lily Téz durante la sesión y que el morenista había amenazado públicamente con fusilar a los opositores que traicionaban a la patria.
La gente que había visto los vídeos supo exactamente lo que valía esa versión. La Fiscalía General de la República abrió investigación. El 5 de septiembre de 2025 convocó a una reconstrucción de los hechos en la propia casona de Cicotencatl. Noroña acudió. Se recreó la agresión.
Los elementos del Ministerio Público habían tomado primeras declaraciones desde la noche misma del 27 de agosto y Alito Moreno siguió en su curul con su fuero, sin consecuencias visibles y Anaya. Esa historia parece menos dramática que los golpes del 27 de agosto, pero en términos de imagen política fue igual de demoledora, quizás más porque fue más fácil de explicar y de recordar.
Ricardo Anaya, el hombre que en 2018 representó la mayor amenaza electoral que tuvo López Obrador, el que encabezó la alianza por México al frente, el que vivió en Europa durante años mientras la FGR lo investigaba por presunto lavado de dinero relacionado con la venta irregular de una bodega industrial en Querétaro, el que regresó a México en 2024 cuando las condiciones políticas cambiaron y tomó la coordinación de los senadores del PAN, como si los años en Europa hubieran sido una pausa académica voluntaria.
El 6 de agosto de 2025, Noroña y Anaya se cruzaron en la comisión permanente y fue algo diferente a los golpes de agosto. Fue este fue algo más irónico, más calculado y con una puntería que dolió más de lo que parece a primera vista. La oposición llegó ese día a pedir que se debatiera la relación de Adán Augusto López con un empresario llamado Hernán Bermúdez.
El tema fue ignorado en la agenda. Anaya protestó. Reclamos. Tono indignado. Todo el despliegue de opositor serio que México necesita. Y Noroña le mandó una cajita de té de pasiflor y tila, literalmente una caja de las que cuestan menos de 50 pesos en cualquier farmacia. Para los nervios, para la ansiedad. Para calmarse. Anaya se indignó, tomó la cajita, la mostró frente a las cámaras y lanzó lo que pretendía ser un golpe político.
Acusó a Noroña de mandar cajas vacías como cuando cargaba cajas vacías en el pasado. Y con eso él solo, sin que nadie se lo pidiera, trajo de vuelta el 2018. El video de las cajas, el escándalo de lavado de dinero, la FGR. los años en Europa. Todo eso lo trajo él, Anaya en un intento de golpear a Noroña con una metáfora que le explotó en la cara.
Noroña le mandó una segunda caja con nota. Le pedía que se la tomara porque estaba muy alterado. En las redes sociales el episodio corrió durante días, memes, compilaciones. El senador, que quería verse como el opositor serio, terminó siendo el protagonista del chiste más comentado de esa semana política. Eso es lo que la gente que sigue la política de cerca empieza a detectar en la mecánica de Noroña.
Cuando el rival ataca, Noroña no defiende, mueve el debate, cambia el terreno y el terreno que escoge siempre es el que le pertenece al contrario, el que el contrario no puede pisar sin hundirse. ¿Recuerdan cuando les pregunté por qué los tres se quedaron sin palabras? La respuesta es más sencilla de lo que parece y más demoledora.
Ninguno de los tres pudo responder a los hechos concretos que Noroña puso sobre la mesa. Y cuando no puedes responder a los hechos, tienes dos opciones. O cambias de tema o subes volumen. Los tres escogieron subir el volumen. Alito subió el volumen con los puñetazos durante el himno. Anaya subió el volumen con la cajita vacía que él mismo convirtió en su propio escándalo.
Lily Tellez subió el volumen con los gritos desde la tribuna con el micrófono ya cortado y los tres perdieron la narrativa de la misma manera. Lily Télez merece más análisis porque el patrón de sus confrontaciones con Noroña no fue un evento de agosto, fue todo el año 2025 y en cada episodio el resultado fue el mismo.
El 4 de noviembre de 2025 hubo otro choque, esta vez por el asesinato de Carlos Manso, presidente municipal de Bueno, alcalde de Uruapan, Michoacán. Lo mataron en un evento público. Una tragedia real, con nombre, con apellido, con viuda y con municipio aterrorizado. Telles y la oposición llegaron al Senado con sombreros que simulaban manchas de sangre.
Imagen visual calculada para generar impacto emocional inmediato. Telles acusó a Shainbaum de indiferencia. dijo que el gobierno no actuó cuando Carlos Manso pidió ayuda. Señaló a los morenistas de tener las manos llenas de sangre de inocentes. Noroña respondió desde un ángulo que Téz anticipó. Trajo a Grecia Quiroz, la viuda del alcalde, no físicamente, sino con sus declaraciones públicas.
Quiro había pedido serenidad ante las cámaras. Había pedido que no usaran la muerte de su esposo para hacer politiquería. Noroña señaló que la oposición ignoraba ese mensaje de la propia viuda para sacar partido electoral. Los llamó carroñeros con esa palabra exacta. Laura Itzel Castillo, presidenta de la mesa directiva, le cortó el micrófono a Telles cuando agotó su tiempo y Telles siguió gritando sin audio.
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Los gritos llegaron a los micrófonos de otros legisladores. Idiota, llora por Carlos Manso. Noroña, no seas imbécil. llorando por allá, haciendo circo mientras a los mexicanos los masacran. [música] Y luego, “Ven aquí a llorar por Carlos Manso Noroña, o te pongo una foto de Alito para que llores de verdad.” El debate que empezó siendo sobre la tragedia de Uruapan terminó siendo sobre el clip de la senadora gritando frente a un micrófono apagado.
Eso es lo que Telles pierde en cada uno de estos choques. Llega con argumentos que tienen peso emocional real, con indignación que muchos mexicanos comparten y termina siendo la imagen del espectáculo. Y el espectáculo borra el argumento. Hay algo más que merece decirse, porque si uno solo se queda con los golpes y los gritos, no ve lo que hay debajo.
El método de Noroña tiene un patrón que viene de años. Telles habla de seguridad. Noroña responde con soberanía. Terreno donde Telles no puede pararse después de haber pedido intervención militar extranjera. Anaya habla de transparencia del gobierno. Noroña responde con las cajas del 2018, terreno que Anaya construyó él mismo durante la campaña presidencial y al que no puede volver sin hundirse.
Alito habla de sus derechos parlamentarios. Noroña responde con los audios de Campeche y los expedientes de la fiscalía. Terreno que Alito no puede pisar sin que vuelvan todos los escándalos de golpe. En cada caso, la carga de la prueba se invirtió y ninguno de los tres supo cómo manejarlo. Ahora viene lo que un análisis honesto no puede dejar fuera.

Días después del enfrentamiento del 27 de agosto, trascendió que Noroña había adquirido una casa evaluada en 12 millones de pesos en Tepostlán, Morelos. Uno de los municipios más exclusivos del país. La gente que puede comprar una casa de 12 millones en Tepostlán no es la gente que vive como vive el pueblo. Y eso es lo que Noroña había dicho durante años, que él era alguien que vive como vive el pueblo.
Alito Moreno lo usó de inmediato, lo llamó corrupto y por una vez en ese periodo la acusación tuvo efecto. Noroña respondió que los bienes estaban declarados, pero el daño de imagen ya estaba hecho. La credibilidad política no se repara con declaraciones patrimoniales, se construye con coherencia y la distancia entre el discurso y la casa de Tepostlán era visible para cualquiera.
Hubo otra consecuencia. El 1 de septiembre de 2025, Morena decidió que Laura Itzel Castillo presidiría el Senado. Noroña quedó fuera del cargo dentro de su propio partido. En el mismo mes que confrontó a tres figuras de oposición, su propio partido lo sacó del puesto más alto que tenía en el recinto legislativo.
¿Ganó o perdió? La respuesta honesta es que depende qué se entiende por ganar en política mexicana. Si ganar es mantener el cargo, Noroña perdió. Si ganar es dejar a tres figuras de oposición con la narrativa rota, con imágenes que recorren las redes semanas después, con expedientes que no se archivan y que vuelven cada vez que se menciona su nombre, la cosa es más complicada.
El 2 de julio de 2025, cuando Noroña se despidió de la presidencia del Senado, solo los senadores de Morena y sus aliados dijeron algo. La oposición guardó silencio total. Ni un aplauso del PRI, ni una palabra del PAN. Ese silencio también es un resultado. Y ahora viene la pregunta que nadie está haciendo en voz alta con suficiente insistencia.
Si Alito Moreno tiene encima esos audios, esa solicitud de desafuero por enriquecimiento ilícito en Campeche, esas acusaciones documentadas de la fiscalía que llevan activas desde 2022, ¿cómo es que sigue siendo el dirigente nacional del PRI? ¿Cómo es que sigue en su curul con fuero intacto? ¿Cómo es que ningún miembro de su propio partido le ha pedido que dé un paso al costado? Hay versiones no confirmadas de forma independiente que circulan entre operadores políticos [música] de distintos partidos. Dicen que Alito
tiene información sobre figuras importantes dentro y fuera del PRI, que los audios ya públicos son solo una porción de lo que existe grabado, que hay conversaciones, acuerdos y transacciones que involucran a personas que hoy se presentan ante las cámaras como políticos impecables. Si eso es verdad, lo que hay detrás del Senado mexicano es una red de información compartida que mantiene equilibrios y el equilibrio funciona mientras nadie activa nada.
Eso conecta directo con lo que Noroña dijo en diciembre de 2025. El desafuero de alito depende de una sola decisión política. Los elementos legales existen. Lo que falta es la voluntad de una persona, una sola decisión, una sola persona entre Alito Moreno y la cárcel. Si eso es cierto y Noroña lo dijo con esas palabras en una transmisión en vivo, entonces lo que hay debajo del Senado va mucho más allá de la polarización política visible.
Las piezas se mueven según quién tiene qué información sobre quién. Y ahí está el detalle que le da otra dimensión a todo lo que pasó en agosto y noviembre de 2025. Noroña confrontó a tres figuras de oposición con sus propios expedientes, pero en México los expedientes no se activan solos. Lo que los activa es la decisión política de alguien y esa decisión, en el caso de Alito, todavía no se tomó, por lo que sabemos, hasta donde se puede saber desde afuera de esas negociaciones que nadie transmite en vivo.
Eso es lo que hace esta historia más oscura de lo que parece en los videos del Senado. Tres figuras de oposición con el discurso roto, un político que los confrontó con sus propios historiales, un partido que luego sacó a ese político del cargo más alto que tenía, unos procesos legales activos desde hace 3 años sin resolución y una persona, según Noroña, que puede cambiar el tablero completo con una sola decisión.
Eso es lo que pasó entre agosto y noviembre de 2025 en el Senado mexicano. Y eso es lo que la mayoría de los análisis no ha puesto junto en un solo lugar. La pregunta que te llevas de este video es una sola. Si los expedientes existen, si los audios existen, si los procesos legales llevan años activos, ¿qué está esperando la justicia mexicana para resolverlos? ¿Y quién es esa persona que según Noroña puede activar el desafuero de Alito Moreno? ¿Y qué está esperando para tomar esa decisión? Eso, lo que hay detrás de ese silencio es la historia
que todavía no se ha contado completa y cuando se cuente va a poner en contexto no solo lo que viste en el Senado ese año, va a explicar cómo funciona el poder en México cuando las cámaras se apagan y los micrófonos ya no transmiten. Ese es el siguiente capítulo y cuando llegue todo lo que pasó en agosto de 2025 va a verse de otra manera.
Pero antes de cerrar, hay algo que quedó pendiente y que no puede quedar sin análisis, porque el espejo de este caso también dice algo sobre el momento político en que vive México. El Senado mexicano en 2025 fue quizás el espacio político más polarizado que ha tenido el país en décadas. No porque hubiera diferencias ideológicas profundas, que siempre las hay, sino porque esas diferencias dejaron de procesarse con argumentos y empezaron a procesarse con decibeles, con golpes, con cajitas de té, con gritos frente a micrófonos apagados. Y esa dinámica,
aunque en los videos se vea como circo, tiene consecuencias reales sobre cómo funciona el Congreso. Porque cuando la tribuna se convierte en escenario de peleas personales, los temas que deberían debatirse ahí quedan desplazados. La gente recuerda los golpes de Alito, recuerda la cajita de Tila, recuerda los gritos de Lily Tellez sin audio y no recuerda qué leyes se votaron esa semana, qué presupuesto se aprobó.
¿Qué reformas entraron en vigor? Eso también le conviene a alguien. Siempre le conviene a alguien. Noroña lo sabe mejor que nadie porque él es producto de esa dinámica y al mismo tiempo la alimenta. Lleva años siendo el político más visible del Senado, no porque haya presentado las iniciativas más importantes del sexenio, sino porque sus confrontaciones generan clips que recorren las redes sociales durante días.
Es el político que la gente busca en YouTube cuando quiere ver a alguien decirle a la oposición lo que mucha gente piensa, pero no puede decir desde una tribuna y eso hay que decirlo, es un arma de doble filo. La visibilidad que le da el conflicto también lo limita porque cuando uno es conocido principalmente por sus peleas, sus argumentos sustantivos quedan en segundo plano.
Cuando Noroña denuncia en diciembre de 2025 que el desafuero de alito depende de una sola decisión política, esa denuncia debería generar un debate serio sobre el estado de la justicia en México, sobre cómo funciona el fuero parlamentario, sobre qué pasa cuando los expedientes duermen durante años sin resolución. Pero lo que genera principalmente es otro clip de Noroña diciendo algo fuerte en vivo.
La denuncia queda sepultada bajo la imagen del personaje y ese es el límite de lo que Noroña pudo hacer en ese periodo. Pudo confrontar a Alito con los audios de Campeche, pudo confrontar a Anaya con las cajas del 2018, pudo confrontar a Lily Téz con sus propias declaraciones en medios extranjeros.
lo hizo y los tres quedaron sin respuesta argumentativa convincente, pero el desafuero de alito sigue dormido y los expedientes de Campeche siguen activos sin resolución y Lili Tellez sigue siendo senadora con base de seguidores intacta y Ricardo Anaya sigue coordinando la bancada del PAN porque en la política mexicana los argumentos, por más demoledores que sean, no cambian nada por sí solos.
Lo que cambia las cosas es quién toma la decisión de activarlos. Y esa decisión, como bien saben Oroña, no depende de los videos ni de las conferencias de prensa, depende de alguien que todavía no se decidió. Y es que hay otro nivel en esta historia que vale la pena señalar. Lily Téz tiene razón en que la violencia en México es un problema real.
Tiene razón en que los presidentes municipales han muerto asesinados. tiene razón en que el asesinato de Carlos Manso en Uruapán fue una tragedia que merece respuesta de gobierno. Lily Tellez comparte una indignación que mucha gente en México siente y eso tendría peso si la forma en que canaliza esa indignación no le explotara en la cara cada vez, porque pedir la intervención del ejército estadounidense no resuelve nada, solo da argumento para desacreditarla.
Y en política, el mensajero que lleva la razón a medias termina destruyendo el mensaje completo. Lo mismo aplica a Anaya. El señalamiento sobre la relación de Adán Augusto López con Hernán Bermúdez podría haber merecido debate serio. Pero cuando llegas al debate con tu propio escándalo, sin resolver cargando encima, no puedes exigirle rendición de cuentas a nadie.
La credibilidad como fiscal moral requiere no tener expedientes propios abiertos y Anaya los tiene. Y Alito, bueno, Alito es el caso más claro de todos. tiene audios publicados con su voz, tiene solicitudes de desafuero activas, tiene una fiscalía estatal que desde hace 3 años dice que hay elementos para procesarlo y sale a decir que todas las acusaciones son infundadas y que ha ganado todos los recursos legales.
Puede que técnicamente tenga razón en lo último. Puede que haya ganado impugnaciones, amparos, recursos judiciales, pero los audios siguen siendo públicos y la gente que los escucha decide sola qué piensa. Eso es lo que Noroña entendió y sus tres rivales no. que en la política de 2025, con redes sociales y transmisiones en vivo y clips [música] que se comparten en segundos, la verdad legal y la percepción pública ya no necesariamente van juntas y quien controla la percepción controla el debate, aunque los expedientes digan otra cosa. El
Senado como espejo del país. Eso es lo que vimos en esas semanas de agosto a noviembre de 2025. Un recinto donde conviven personas con expedientes abiertos y sin consecuencias, donde las denuncias se presentan, pero los procesos no concluyen, donde los golpes físicos ocurren durante el himno nacional y el agresor sigue en su silla, donde los argumentos más contundentes no son suficientes para cambiar nada si la persona con poder de decisión no quiere moverla.
y donde un político que destruye el discurso de tres rivales en pocas semanas termina siendo removido de su cargo por su propio partido. Eso es México en 2025. Eso es lo que el Senado nos mostró. No hay villanos únicos en esta historia. Hay actores con intereses, con historiales, con expedientes que conviene mantener activos, pero no resolver.
Hay equilibrios que se sostienen mientras nadie los rompe. Y hay una persona, una sola, según Noroña, que puede romper uno de esos equilibrios con una decisión. Esa decisión todavía no se tomó cuando terminó 2025. ¿La van a tomar en 2026? ¿Va a haber consecuencias reales para Alito Moreno? ¿Va a poder Lily Tellez reconstruir su credibilidad después de pedir intervención militar extranjera? ¿Va a seguir Ricardo Anaya actuando como si el 2018 no hubiera pasado? Esas preguntas no tienen respuesta todavía y mientras no la tengan, la historia que
te conté hoy va a seguir siendo la historia de un momento en que tres políticos con poder real se enfrentaron a alguien que llegó con sus expedientes abiertos y salieron con la narrativa rota. Lo demás, que los procesos legales se resuelvan, que la justicia llegue donde tiene que llegar, que la percepción pública se corresponda con lo que dicen los expedientes, eso todavía está pendiente y eso es lo que ningún video del Senado, por viral que sea, puede resolver. Yeah.