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Esto es lo que sucede con Alex Saab en prisión: Sufre, grita y pasa horas aislado

Hay una imagen que no va a salir de tu cabeza. Un hombre de 54 años, vestido con un uniforme marrón de recluso, sentado en una sala de tribunal federal en Miami. No hay guardaespaldas a su lado, no hay asesores susurrándole al oído, no hay aviones privados esperando afuera, hay esposas, hay agentes de la DEA, hay una jueza que lo mira y le dice que no hay fianza posible y hay un silencio en esa sala que pesa más que cualquier condena.

Ese hombre es Alex Saab, el mismo que hace apenas 3 años fue recibido en Caracas como un héroe de la revolución. El mismo que Nicolás Maduro llamó su diplomático, su enviado especial, su hombre en el mundo. El mismo al que Venezuela le pintó murales en las paredes, le dedicó vallas publicitarias, le montó una serie en YouTube.

El mismo por quien se negoció la libertad de 36 personas, el mismo que controló contratos por cientos de millones de dólares mientras Venezuela se moría de hambre. Hoy duerme en una celda federal en Miami y Maduro, el hombre que lo llamó su hermano, duerme en otra celda en Brooklyn, en el Centro de Detención Metropolitano, acusado de narcotráfico y narcoterrorismo, vestido también con uniforme de presidiario.

Dos hombres que creyeron que el poder los haría intocables. Dos hombres que construyeron uno de los aparatos de corrupción más grandes de América Latina. Dos hombres que hoy no pueden hacer una llamada telefónica sin que alguien lo registre. En este video vas a ver exactamente cómo cayeron paso a paso, desde el principio hasta la celda.

Cómo Alex Sa pasó de vender llaveros en Barranquilla a manejar los secretos financieros de una dictadura. ¿Cómo llegó a ser el hombre más valioso del chavismo? ¿Y cómo terminó siendo entregado por sus propios aliados? como si nunca hubiera existido. Hay una frase que su propia gente dijo cuando lo deportaron.

Son asuntos entre Estados Unidos y Alex SA. Esa frase lo resume todo. Quédate porque esta historia va a golpear fuerte. El niño de Barranquilla que aprendió cómo funciona el dinero Barranquilla, Colombia, Costa Caribe, una ciudad caliente, ruidosa y comercial, construida sobre el río Magdalena y la ambición de los que llegaron de lejos a quedarse.

Alex Nin Sab Morán nació ahí el 21 de diciembre de 1971. Su padre Luis Sa era un inmigrante libanés que llegó a Colombia como tantos otros, con las manos vacías y la determinación de quien no tiene otra opción. Luis Sab abrió negocios en la costa. Uno de ellos fue Textiles SA. No era una fortuna, pero era una base. Era la prueba de que en ese país, con el contacto correcto y la palabra precisa, un hombre podía construir algo.

Alex creció mirando eso. Aprendió antes que nada que el dinero no llega solo, llega con relaciones, con acceso, con saber quién tiene el poder y cómo acercarse a él sin que parezca que uno lo está buscando. Cuando era joven vendía llaveros promocionales. Así empezó. No es un detalle menor, es revelador. Los llaveros no son un producto, son un objeto de contacto.

Uno va de puerta en puerta, uno aprende a leer al que abre y al que no abre. Uno aprende a vender no el objeto, sino la sensación. SA aprendió eso desde niño. Después vino el sector textil, luego la construcción, luego las importaciones. Cada paso lo acercó más a Venezuela y más al tipo de negocios donde el riesgo era alto, pero el retorno era astronómico.

Según reportes periodísticos del portal venezolano Armando.info, que investigó su caso durante años. Sabs construyó su red de empresas a través de filiales en varios países usando una arquitectura societaria diseñada para que el dinero se moviera sin dejar rastros claros. Pero todo eso vendría después.

Primero estaba el momento justo y el momento justo llegó con Venezuela. Venezuela, a finales de los años 2000, era un país que tenía demasiado dinero y demasiados contratos que distribuir. Gobierno de Hago Chávez había nacionalizado industrias, expandido programas sociales y creado una demanda masiva de importaciones. Cualquier empresario con los contactos correctos podía conseguir contratos millonarios.

Solo había que saber a quién llamar. ISAB, con sus años de manejar relaciones comerciales en la costa colombiana, sabía exactamente cómo funciona ese tipo de conversación. La primera gran conexión fue Piedad Córdoba, la ex senadora colombiana con décadas de vínculos con la izquierda venezolana. Córdoba habló de SA en varias entrevistas.

Ella fue una de las puertas de entrada al círculo que él necesitaba. No la única, pero sí una de las primeras. En esa época, un joven canciller venezolano se movía entre Bogotá y Caracas, administrando las relaciones entre los dos países. Ese canciller se llamaba Nicolás Maduro y fue en ese periodo donde todo empezó, el primer contrato, el momento en que la puerta se abrió 28 de noviembre de 2011, Bogotá.

En esa fecha, una empresa fundada por SAP con sede en Colombia firmó un contrato con el gobierno venezolano. El acuerdo era para suministrar materiales destinados a la construcción de viviendas prefabricadas dentro del programa que Chávez llamó la gran Misión Vivienda. El contrato fue testificado por los entonces presidentes Juan Manuel Santos y Hugo Chávez y por el canciller venezolano que los acompañaba en la ceremonia oficial.

Ese canciller era Nicolás Maduro. El contrato terminó siendo equivalente a 685 millones de dólares. Para una empresa colombiana que meses antes apenas existía en el radar comercial internacional, esa cifra era algo más que un negocio, era una transformación. El portal armando.info, que más tarde publicaría una de las investigaciones más documentadas sobre el caso, reportó algo que define todo lo que vino después.

SAP recibió del gobierno venezolano aproximadamente 159 millones de dólares para importar materiales de construcción entre 2012 y lo que entregó a cambio tenía un valor de mercado de apenas alrededor de 3 millones dó las casas prometidas no se construyeron, los materiales no llegaron, los hogares de familias venezolanas que esperaban una vivienda siguieron siendo lo mismo que antes.

una promesa en papel, pero Sahab ya tenía el dinero y lo más importante, ya tenía el acceso. Ya había demostrado que podía moverse en esa órbita sin que nadie lo interrumpiera. Para entender lo que esto significa, hay que entender cómo funcionaba Venezuel en ese momento. Bajo el gobierno de Chávez y luego bajo el de Maduro, el estado venezolano era el principal comprador de casi todo, alimentos, medicinas, materiales, tecnología.

La economía dependía de las importaciones porque la industria privada había sido destruida o absorbida. Quien tuviera contratos con el Estado tenía dinero y el dinero en Venezuela no se controlaba como en otros países. El sistema de control de cambio llamado Cadibi y luego el SICAD y el DICOM creó un mecanismo donde las divisas se asignaban de forma discrecional.

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