Hay una imagen que no va a salir de tu cabeza. Un hombre de 54 años, vestido con un uniforme marrón de recluso, sentado en una sala de tribunal federal en Miami. No hay guardaespaldas a su lado, no hay asesores susurrándole al oído, no hay aviones privados esperando afuera, hay esposas, hay agentes de la DEA, hay una jueza que lo mira y le dice que no hay fianza posible y hay un silencio en esa sala que pesa más que cualquier condena.
Ese hombre es Alex Saab, el mismo que hace apenas 3 años fue recibido en Caracas como un héroe de la revolución. El mismo que Nicolás Maduro llamó su diplomático, su enviado especial, su hombre en el mundo. El mismo al que Venezuela le pintó murales en las paredes, le dedicó vallas publicitarias, le montó una serie en YouTube.
El mismo por quien se negoció la libertad de 36 personas, el mismo que controló contratos por cientos de millones de dólares mientras Venezuela se moría de hambre. Hoy duerme en una celda federal en Miami y Maduro, el hombre que lo llamó su hermano, duerme en otra celda en Brooklyn, en el Centro de Detención Metropolitano, acusado de narcotráfico y narcoterrorismo, vestido también con uniforme de presidiario.
Dos hombres que creyeron que el poder los haría intocables. Dos hombres que construyeron uno de los aparatos de corrupción más grandes de América Latina. Dos hombres que hoy no pueden hacer una llamada telefónica sin que alguien lo registre. En este video vas a ver exactamente cómo cayeron paso a paso, desde el principio hasta la celda.
Cómo Alex Sa pasó de vender llaveros en Barranquilla a manejar los secretos financieros de una dictadura. ¿Cómo llegó a ser el hombre más valioso del chavismo? ¿Y cómo terminó siendo entregado por sus propios aliados? como si nunca hubiera existido. Hay una frase que su propia gente dijo cuando lo deportaron.
Son asuntos entre Estados Unidos y Alex SA. Esa frase lo resume todo. Quédate porque esta historia va a golpear fuerte. El niño de Barranquilla que aprendió cómo funciona el dinero Barranquilla, Colombia, Costa Caribe, una ciudad caliente, ruidosa y comercial, construida sobre el río Magdalena y la ambición de los que llegaron de lejos a quedarse.

Alex Nin Sab Morán nació ahí el 21 de diciembre de 1971. Su padre Luis Sa era un inmigrante libanés que llegó a Colombia como tantos otros, con las manos vacías y la determinación de quien no tiene otra opción. Luis Sab abrió negocios en la costa. Uno de ellos fue Textiles SA. No era una fortuna, pero era una base. Era la prueba de que en ese país, con el contacto correcto y la palabra precisa, un hombre podía construir algo.
Alex creció mirando eso. Aprendió antes que nada que el dinero no llega solo, llega con relaciones, con acceso, con saber quién tiene el poder y cómo acercarse a él sin que parezca que uno lo está buscando. Cuando era joven vendía llaveros promocionales. Así empezó. No es un detalle menor, es revelador. Los llaveros no son un producto, son un objeto de contacto.
Uno va de puerta en puerta, uno aprende a leer al que abre y al que no abre. Uno aprende a vender no el objeto, sino la sensación. SA aprendió eso desde niño. Después vino el sector textil, luego la construcción, luego las importaciones. Cada paso lo acercó más a Venezuela y más al tipo de negocios donde el riesgo era alto, pero el retorno era astronómico.
Según reportes periodísticos del portal venezolano Armando.info, que investigó su caso durante años. Sabs construyó su red de empresas a través de filiales en varios países usando una arquitectura societaria diseñada para que el dinero se moviera sin dejar rastros claros. Pero todo eso vendría después.
Primero estaba el momento justo y el momento justo llegó con Venezuela. Venezuela, a finales de los años 2000, era un país que tenía demasiado dinero y demasiados contratos que distribuir. Gobierno de Hago Chávez había nacionalizado industrias, expandido programas sociales y creado una demanda masiva de importaciones. Cualquier empresario con los contactos correctos podía conseguir contratos millonarios.
Solo había que saber a quién llamar. ISAB, con sus años de manejar relaciones comerciales en la costa colombiana, sabía exactamente cómo funciona ese tipo de conversación. La primera gran conexión fue Piedad Córdoba, la ex senadora colombiana con décadas de vínculos con la izquierda venezolana. Córdoba habló de SA en varias entrevistas.
Ella fue una de las puertas de entrada al círculo que él necesitaba. No la única, pero sí una de las primeras. En esa época, un joven canciller venezolano se movía entre Bogotá y Caracas, administrando las relaciones entre los dos países. Ese canciller se llamaba Nicolás Maduro y fue en ese periodo donde todo empezó, el primer contrato, el momento en que la puerta se abrió 28 de noviembre de 2011, Bogotá.
En esa fecha, una empresa fundada por SAP con sede en Colombia firmó un contrato con el gobierno venezolano. El acuerdo era para suministrar materiales destinados a la construcción de viviendas prefabricadas dentro del programa que Chávez llamó la gran Misión Vivienda. El contrato fue testificado por los entonces presidentes Juan Manuel Santos y Hugo Chávez y por el canciller venezolano que los acompañaba en la ceremonia oficial.
Ese canciller era Nicolás Maduro. El contrato terminó siendo equivalente a 685 millones de dólares. Para una empresa colombiana que meses antes apenas existía en el radar comercial internacional, esa cifra era algo más que un negocio, era una transformación. El portal armando.info, que más tarde publicaría una de las investigaciones más documentadas sobre el caso, reportó algo que define todo lo que vino después.
SAP recibió del gobierno venezolano aproximadamente 159 millones de dólares para importar materiales de construcción entre 2012 y lo que entregó a cambio tenía un valor de mercado de apenas alrededor de 3 millones dó las casas prometidas no se construyeron, los materiales no llegaron, los hogares de familias venezolanas que esperaban una vivienda siguieron siendo lo mismo que antes.
una promesa en papel, pero Sahab ya tenía el dinero y lo más importante, ya tenía el acceso. Ya había demostrado que podía moverse en esa órbita sin que nadie lo interrumpiera. Para entender lo que esto significa, hay que entender cómo funcionaba Venezuel en ese momento. Bajo el gobierno de Chávez y luego bajo el de Maduro, el estado venezolano era el principal comprador de casi todo, alimentos, medicinas, materiales, tecnología.
La economía dependía de las importaciones porque la industria privada había sido destruida o absorbida. Quien tuviera contratos con el Estado tenía dinero y el dinero en Venezuela no se controlaba como en otros países. El sistema de control de cambio llamado Cadibi y luego el SICAD y el DICOM creó un mecanismo donde las divisas se asignaban de forma discrecional.
Si alguien con poder te daba acceso al dólar oficial, podías comprar afuera y vender adentro con márgenes de ganancia que en un mercado normal serían imposibles. SAV entendió eso perfectamente y lo usó. Ascenso de contratista operador del hambre. Cuando en 2014 Maduro asumió la presidencia de después de la muerte de Chávez, el país comenzó a derrumbarse de una manera que nadie en el gobierno quería admitir.
La caída del precio del petróleo golpeó con una violencia que el modelo económico no podía absorber. Los anaqueles de los supermercados empezaron a vaciarse. Las colas para comprar arroz, aceite o harina llegaron a durar horas. Las medicinas desaparecieron de los hospitales. Los venezolanos comenzaron a perder peso, no porque quisieran, sino porque no había que comer.
El gobierno creó una respuesta política, no humanitaria. En 2016 lanzaron los Clap comités locales de abastecimiento y producción. La idea era distribuir cajas de alimentos subsidiados directamente en los barrios controladas por el aparato del partido. En la práctica, según investigaciones del Departamento de Justicia de Estados Unidos y del periodismo venezolano, los CLAP se convirtieron en un mecanismo de control social y en una fuente de corrupción extraordinaria.
Los alimentos que llegaban en las cajas Clap eran importados y los contratos para importarlos eran millonarios. Alguien tenía que ganar esos contratos. Alex Sa ganó esos contratos. Junto al empresario colombiano Álvaro Pulido. Saab montó una red de empresas para proveer los paquetes de alimentos. Una de las estructuras clave fue Group Grand Limited, registrada en el extranjero y conectada a SAP y pulido a través de terceros. Según informó Armando.
info, los alimentos importados llegaban a Venezuela con sobreprecios de hasta el 112% sobre su valor real de mercado en México. Leche en polvo que no contenía leche, granos de origen dudoso, productos con fechas de vencimiento manipuladas, todo empaquetado con el logotipo del gobierno venezolano y distribuido como si fuera un acto de justicia social.
La diferencia entre el precio real y el precio cobrado al Estado venezolano se traducía en cientos de millones de dólares que viajaban hacia cuentas en el exterior. Según fiscales estadounidenses, más de 350 millones de dólares fueron desviados a través de este sistema y sus variantes. La denuncia más contundente vino de adentro.
En agosto de 2017, Luisa Ortega Díaz, que hasta entonces había sido la fiscal general de Venezuela, nombrada por el propio chavismo, compareció en público desde el exilio. Había roto con Maduro meses antes, luego de negarse a validar la Asamblea Constituyente. Y en ese acto señaló con nombre y apellido a los operadores de las cajas Club. Mencionó a Sab, mencionó a Pulido y mencionó a un tercero identificado como presumiblemente el presidente Nicolás Maduro.
Era la primera vez que alguien con credenciales institucionales señalaba al jefe de Estado venezolano como partícipe directo. Para Sahab esa denuncia no fue el fin, fue apenas la primera advertencia. El gobierno venezolano salió a defenderlo. Maduro en persona, lo llamó su hombre en misiones sensibles. Se construyó un relato. Sabario corrupto.
Era un enviado especial, un diplomático encargado de conseguir para Venezuela lo que las sanciones internacionales le impedían obtener. Un hombre que sejugaba la vida por el pueblo venezolano. Era un relato útil y durante un tiempo funcionó. El hombre que lo tenía todo para 2019, Alex Sab no era un empresario.
Era algo más difícil de definir y más peligroso de controlar. Tenía acceso directo al Palacio de Miraflores. Podía hacer llamadas que devolvían al instante. Manejaba redes comerciales que cruzaban Venezuela, Colombia, Turquía, México, Irán y Rusia. Según el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que lo sancionó formalmente en julio de 2019, SAP era el principal intermediario financiero del régimen de Maduro.
No era un funcionario con cargo visible, era algo más valioso. Era el hombre que hacía funcionar el sistema cuando las puertas oficiales estaban cerradas. Las sanciones estadounidenses contra Venezuela habían creado un escenario donde el Estado chavista necesitaba alguien que pudiera moverse por canales que no fueran los canales normales.
Alguien que pudiera hablar con proveedores que aceptaran condiciones que un comprador ordinario rechazaría. Alguien que pudiera estructurar transacciones de tal manera que el dinero llegara sin levantar alarmas. Sahab era ese alguien. En julio de 2019, el tesoro lo sancionó oficialmente. La acción fue contundente.
Bloqueó sus activos en jurisdicción estadounidense, prohibió transacciones con él y lo colocó en la lista, especialmente perdan, especialmente signadas por actividades de corrupción relacionadas con Venezuela. El gobierno de Maduro respondió exactamente al revés de lo esperado. Lo nombró enviado especial y representante ante la Unión Africana.
le extendió credenciales diplomáticas y siguió usándolo. En ese momento, SAAB tenía propiedades en varios países. Tenía empresas distribuidas en estructuras societarias que cruzaban Panamá, los Emiratos Árabes Unidos, Suiza y otros territorios. tenía dinero en movimiento en cuentas que los analistas del Departamento del Tesoro tardaron años en rastrear completamente y tenía algo que tal vez valía más que todo eso junto.
Conocía los secretos financieros del chavismo desde adentro. Sabía dónde iba el dinero, sabía quién lo recibía. Sabía qué funcionario había cobrado qué monto. Sabía qué bancos habían procesado, qué transferencias. sabía cosas que si alguna vez llegaban a una corte federal podrían destruir reputaciones, carreras y libertades de personas que aún dormían tranquilas en Caracas.
Eso lo hacía valioso. Eso también lo hacía peligroso. Si esta historia te está impactando, dale like a este video y compártelo. Hay gente que necesita ver esto. Cabo Verde, la isla donde el mundo se cerró. 12 de junio de 2020. Cabo Verde, archipiélago en el Atlántico, frente a la costa de África occidental. Un avión privado con matrícula venezolana despegó de Caracas con destino a Irán. A bordo viajaba Alex SA.
La misión, según el gobierno venezolano, era humanitaria y diplomática. SAAB supuestamente iba a negociar el suministro de combustible y alimentos para Venezuela en medio del bloqueo de sanciones. Era, según Caracas, un viaje oficial de un representante del estado. El avión necesitaba cargar combustible. Hizo escala en el aeropuerto internacional Amilcar Cabral en la isla de Sal, Cabo Verde.
Ahí lo estaban esperando. Interpol había emitido una notificación roja solicitud de Estados Unidos. Cuando el avión aterrizó, las autoridades de Cabo Verde detuvieron a Alex Sab, solo a él. El avión siguió. Sab quedó en tierra. Fue arrestado tres días después de que las autoridades colombianas habían confiscado parte de sus propiedades en Colombia.
El tiempo no era una coincidencia, era el comienzo de una operación coordinada. Lo que vino después fue uno de los procesos legales más complejos que se recuerdan en esa pequeña nación insular. Los abogados de Sabab argumentaron que no podía ser extraditado porque tenía estatus diplomático venezolano, que el proceso violaba su inmunidad, que no había tratado de extradición con Estados Unidos.
Llevaron el caso al Tribunal Constitucional de Cabo Verde, presentaron recursos ante la CDAO, la Comunidad Económica de los Estados África Occidental. Pidieron la intervención del Comité de Derechos Humanos de la ONU. El Comité de Derechos Humanos emitió opiniones pidiendo su liberación, la CDAO también. Nada de eso frenó el proceso.
Durante su detención en Cabo Verde, según informes que circularon en su momento, SAP estuvo en condiciones difíciles. Una celda de aproximadamente 3×3 m, temperaturas elevadas, sin acceso regular a tensión médica, aislamiento que se prolongó durante meses. Fuentes cercanas a su defensa reportaron que su salud se deterioró considerablemente durante ese año y medio de detención.
Caracas montó una campaña sin precedentes. Murales con su cara aparecieron en varios barrios de Venezuela. Vallas publicitarias con la leyenda Free Alex SA llenaron avenidas de Caracas. Una serie de YouTube fue producida para contar su historia como víctima del imperialismo. Maduro apareció en televisión nacional declarando que Sahab era un ciudadano venezolano secuestrado por el gobierno de Estados Unidos.
Funcionarios del chavismo viajaron a Cabo Verde. Presión diplomática, presión mediática, todo el aparato del Estado venezolano puesto al servicio de un empresario colombiano. Esa campaña decía más sobre la importancia de SA que cualquier cifra de los contratos. En septiembre de 2021, el Tribunal Constitucional de Cabo Verde desestimó todos los recursos de la defensa y habilitó la extradición.
En octubre de 2021, SAP fue puesto en un vuelo charter del Departamento de Justicia estadounidense y trasladado a Miami. El hombre que había manejado el corazón financiero del chavismo, llegó a una corte federal con esposas en las muñecas. La primera prisión en Miami, lo que se siente perder el mando.
Cuando Sahab llegó a Miami en octubre de 2021, el contraste era brutal en términos concretos. Meses antes podía hacer una llamada y mover millones. podía decidir qué empresa ganaba un contrato con el Estado venezolano. Podía sentarse frente a ministros, generales y funcionarios que le debían favores y que sabían que él sabía demasiado.
Había viajado en aviones privados por África, Europa, Asia y América Latina. Había tenido acceso a Palacio. Había sido tratado como un actor de primer orden en la política real de Venezuela. Esa que no salen los discursos oficiales, pero que determina todo lo que ocurre debajo de la superficie. Todo eso había sido su vida y de pronto estaba en un centro de detención federal esperando que un juez le dijera que podía y que no podía hacer.
Su primera comparecencia ante la Corte del Distrito Sur de Florida en noviembre de 2021 fue transmitida por videoconferencia. Según reportes de CBS Miami y otros medios que cubrieron la audiencia, Sahab apareció esposado y vestido con un uniforme naranja de recluso. Se reportó que sus piernas temblaban mientras esperaba sentado el inicio de la sesión.
Había más de 350 periodistas, observadores del caso y opositores venezolanos conectados al enlace de Zoom. Se declaró no culpable del cargo negociado con Cabo Verde, conspiración para lavar dinero a través de operaciones vinculadas al programa de viviendas venezolano y al sistema de control cambiario. El cargo era uno solo, pero los investigadores del Departamento de Justicia tenían mucho más preparado, lo que nadie supo completamente en ese momento y que comenzó a filtrarse en años posteriores a través de reportes del Miami Herbal y
otras publicaciones, era que Sahab durante su tiempo en custodia había comenzado a hablar. Según dos exfuncionarios de inteligencia que hablaron con la Associated Press bajo condición de anonimato, SAP cooperó con la DEA mientras construía su caso contra Maduro. Información sobre los mecanismos financieros del chavismo, nombres, cuentas, rutas de dinero, estructuras que no aparecían en ningún registro público.
Si eso era cierto, hacía que el hombre en la celda fuera algo muy diferente a un prisionero ordinario. Era una fuente y las fuentes tienen valor de negociación. El indulto de Biden, el día que pareció que había ganado diciembre de 2023, Washington, el gobierno del presidente Joe Biden anunció un acuerdo de intercambio de prisioneros con el régimen de Maduro.
A cambio de la libertad de 10 ciudadanos estadounidenses detenidos en Venezuela y de 20 presos políticos venezolanos, Estados Unidos iba a liberar a Alex SA, 30 personas. más la normalización parcial del acceso de Chevron al sector petrolero venezolano. Por un hombre, varios funcionarios y analistas de inteligencia que hablaron con medios estadounidenses en ese momento describieron el intercambio como profundamente desequilibrado en términos numéricos, pero señalaron que el valor de SAP para el chavismo no era
sentimental, era estratégico. ISAB llegaba a firmar un acuerdo de cooperación con el Departamento de Justicia y comenzaba a declarar formalmente sobre lo que sabía. Las consecuencias para el entorno de Maduro serían devastadoras. Caracas necesitaba sacarlo de esa mesa. El 20 de diciembre de 2023, un avión aterrizó en Caracas.
Nicolás Maduro esperaba en el palacio de Miraflores y cuando Alex Saab bajó de ese avión, Maduro lo abrazó frente a las cámaras con la misma energía de alguien que recupera algo que creía perdido para siempre. El gobierno venezolano emitió un comunicado. En él se refería a Sahab como nuestro diplomático, injustamente secuestrado durante años.
Lo describían como un héroe que había resistido las presiones del imperialismo. Hubo discursos, hubo imágenes en los noticieros del Estado. En enero de 2024, Maduro nombró a SAA presidente del Centro Internacional de Inversión Productiva. En octubre de ese mismo año lo nombró ministro de industrias y producción nacional.
La misma persona que había pasado más de dos años en una celda federal en Miami estaba ahora en el gabinete del gobierno venezolano, sentado en reuniones ministeriales firmando resoluciones. Para quienes lo observaban desde afuera, la imagen era absurda. Para Maduro era necesaria. SAAP sabía demasiado para dejarlo afuera del sistema, más conveniente tenerlo adentro, visible, controlado, en deuda.
Pero eso también era una trampa. 3 de enero de 2026, la noche que todo cambió, hay noches que dividen la historia en un antes y un después. Para Venezuela, esa noche fue el 3 de enero de 2026. En las primeras horas de la madrugada, fuerzas especiales estadounidenses ejecutaron lo que el gobierno de Donald Trump llamó una operación de alta complejidad.
Planificada durante meses en Caracas, en el Palacio de Miraflores y en sus alrededores, Nicolás Maduro fue capturado, su esposa Silvia Flores fue capturada junto a él. Según las reconstrucciones publicadas por el país de España y otros medios internacionales en los días siguientes, la operación fue ejecutada con una precisión que sugería información interna.
No fue un operativo a ciegas. Alguien había estado facilitando datos de ubicación, rutinas de seguridad, puntos vulnerables. La operación resolución absoluta, como la bautizaron fuentes venezolanas, no fue un golpe de suerte. La exministra venezolana Iris Varela, una de las figuras más conocidas del chavismo duro, reconoció públicamente en declaraciones posteriores que hubo traición dentro del oficialismo.
“Todo Cristo tiene un Judas”, dijo. Y sin nombrarlo directamente, la comparación implícita era evidente para quienes seguían el caso. Maduro y Silia Flores fueron trasladados a Estados Unidos en un vuelo esa misma noche. El Boeing 7757 que los llevó aterrizó en el aeropuerto internacional Stewart al norte del estado de Nueva York.
Desde ahí fueron conducidos al Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, una prisión federal de máxima seguridad. El 5 de enero de 2026, Maduros y Flores comparecieron por primera vez ante el juez federal Alvin Kellerstein en el Tribunal Federal de Manhattan. Maduro apareció vestido con camiseta anaranjada y pantalón beige de presidiario.
Se declaró no culpable de los cuatro cargos: conspiración para narcotráfico, narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína y delitos vinculados al uso de armas automáticas. Dijo que era inocente, dijo que seguía siendo el presidente de Venezuela. Dijo que lo habían secuestrado. El juez lo interrumpió para pedirle que confirmara su identidad.
Delsy Rodríguez, la vicepresidenta, fue nombrada presidenta encargada de Venezuela y en Caracas, en algún lugar que no era el palacio, Alex Sa miraba como el mundo que él conocía dejaba de existir. El derrumbe interno, la semana en que Sab perdió todo. Cuando Maduro cayó, el mapa de poder en Venezuela se redistribuyó en horas.
Delsy Rodríguez asumió el control, pero su posición era profundamente inestable. Gobernaba bajo la presión directa de Washington. que le exigía cooperación en múltiples frentes a cambio de no convertir Venezuela en un campo de conflicto abierto. Dios dado Cabello, el hombre fuerte del partido, seguía siendo una fuerza paralela dentro del sistema.
Los generales que no habían sido capturados se reorganizaban. En ese contexto, Alexa era una carga. Era colombiano, no venezolano, aunque durante años había operado bajo la protección de credenciales venezolanas. era el ministro designado por Maduro, lo que en el nuevo escenario lo convertía en un símbolo del régimen caído. Era alguien que sabía demasiado sobre los negocios del chavismo, lo que significaba que podía ser útil para los estadounidenses si llegaba a sus manos.
Y era alguien sobre quien Washington tenía un expediente abierto desde hacía años. El 17 de enero de 2026, Delsy Rodríguez destituyó a SAP como ministro. El comunicado fue escueto. No hubo reconocimiento de servicios, no hubo protocolo de despedida. Simplemente anunció la fusión del Ministerio de Industrias con el de Comercio Nacional y el nombre de SAP desapareció del organigrama.
Días después, Sahab desapareció de la vida pública. Los rumores comenzaron a circular que estaba detenido, que había intentado salir del país, que el Cín lo tenía bajo vigilancia. Las fuentes que hablaron con el Miami Harry confirmaron que Delsy Rodríguez había comenzado negociaciones con funcionarios estadounidenses sobre la posible entrega de SAAB.
Según esas mismas fuentes, la cooperación de Rodríguez con Washington en esas negociaciones era parte de un conjunto más amplio de conversaciones sobre la transición política venezolana. La noche del 3 de febrero de 2026, Alac y el empresario venezolano Raúl Gorrin fueron detenidos por una operación conjunta del Cevín y el FBI en la urbanización Cerroverde en en Caracas.
Los cargos anunciados fueron traición a la patria, conspiración y corrupción. El mismo gobierno que había pintado murales con su cara lo estaba restando. Suscríbete al canal si quieres seguir viendo historias como esta. Estamos apenas comenzando. La máscara que se cayó, lo que Dios dado y Dels dijeron de él, lo que ocurrió el 18 de mayo de 2026 en las declaraciones públicas de los propios exaliados de Saab, merece detenerse.
Dios dado Cabello, el ministro del Interior y Justicia del gobierno de Delsy Rodríguez, compareció ante los medios y dijo algo que en términos históricos es simplemente asombroso. afirmó que Sahab había operado durante años con un documento de identidad venezolano fraudulento, que la cédula que presentaba como venezolano era falsa desde 2004, que cuando las autoridades venezolanas buscaron en sus registros oficiales, no encontraron ningún expediente que certificara su nacionalidad venezolana.
Era el mismo Diosdado Cabello que durante los años en que Saab estaba detenido en Cabo Verde y luego en Miami había respaldado públicamente la narrativa de que era un ciudadano venezolano con diplomáticos que el imperiáticos. Elismo había secuestrado injustamente. Delsy Rodríguez, por su parte, fue más fría, escueta, casi clínica.
Ante las preguntas de los periodistas sobre la deportación de SA a Estados Unidos, respondió, Alex SA es un ciudadano colombiano, tuvo cargos en Venezuela. Son asuntos entre Estados Unidos Norteamérica y Alex SA. Eso fue todo. Años de campañas, murales, vallas, series en YouTube, intercambios de prisioneros.
Todo eso fue colapsado en una frase de 20 palabras que básicamente decía, “Ese hombre no es nuestro problema.” y luego agregó como justificación de la deportación, hicimos una medida administrativa de deportación justificada en los intereses nacionales. Los intereses nacionales, el mismo gobierno que lo había defendido durante 4 años usó los intereses nacionales como razón para entregarlo.
El historiador que quiera documentar la lealtad del chavismo a sus propios hombres tendrá que pasar mucho tiempo explicando este momento. El vuelo de regreso. Miami, 16 de mayo de 2026. El 16 de mayo de 2026, un sábado por la noche, un avión aterrizó en el aeropuerto de Opalo Loca en el condado de Miami De.
La agencia F documentó la llegada. Constató con su camarógrafo el descenso de Alex SAP del avión, escoltado por agentes federales. Entre ellos había agentes de la DEA, la misma agencia antidrogas, que había trabajado su caso durante años. Saab caminó sin hacer declaraciones, sin mirar a las cámaras, con el gesto cerrado de quien sabe exactamente en qué situación está.
Esta era su segunda llegada a Miami como detenido. La primera vez en 2021 había generado cobertura mediática masiva, análisis geopolíticos, especulaciones sobre lo que revelaría. Esta vez llegó en silencio, sin la misma carga simbólica, pero con una carga judicial mucho mayor, porque esta vez no venía solo con el cargo de 2021, venía con nuevos cargos.
En enero de 2026, el Departamento de Justicia había presentado en Miami una nueva acusación, conspiración para cometer sobornos y corrupción aculado contra gubernamentales venezolanos. Según los fiscales, la conspiración se extendió desde 2019 hasta el menos enero de 2026. Abarcaba el periodo durante el cual SAP había operado como ministro.
Y según el documento judicial, mientras las sanciones económicas estadounidenses paralizaban las exportaciones venezolanas, especialmente el petróleo, SA habría continuado expandiendo esquemas para mover dinero fuera del alcance de las autoridades. Ese sábado lo trasladaron directamente a una instalación de detención.
El domingo no salió. El lunes compareció ante la corte del distrito sur de Florida. La audiencia del 18 de mayo. Uniforme marrón. Sin fianza. 18 de mayo de 2026. Corte federal del distrito sur de Florida, Miami. Alex Sab compareció ante la jueza Marty Fulgueira Elfenvine. Vestía un uniforme marrón de recluso, la indumentaria estándar de los detenidos en espera de juicio en el sistema federal estadounidense.
Había pasado de un ministerio en Caracas a esa sala en menos de 4 meses. Los fiscales presentaron la acusación formal, no cargos por lavado de dinero. Conspiración para realizar transacciones financieras ilícitas. Ocultamiento del origen de fondos. Según el Departamento de Justicia, el esquema se articula alrededor de la explotación del programa Clap, el mismo programa de cajas de alimentos que el gobierno venezolano vendía como política de protección social para los más vulnerables.
El documento judicial describía la participación de SAP como central, no periférica. No era un subcontratista que miraba desde afuera, era uno de los arquitectos del sistema. La jueza escuchó los argumentos del Ministerio Fiscal sobre por qué Sahab no debía recibir fianza. Los argumentos eran directos.
Riesgo de fuga, historial de maniobras para evadir la justicia, red de contactos internacionales que facilitarían su desaparición activos fuera del alcance de las autoridades estadounidenses. En experiencia documentada en el movimiento de fondos a través de jurisdicciones opacas. La jueza ordenó que permanezca bajo custodia sin posibilidad de fianza hasta al menos el 24 de junio, cuando está programada la próxima audiencia.
Si el juicio avanza y hay condena, el sistema federal estadounidense contempla penas de hasta 20 años de prisión para los cargos que enfrenta. 20 años. Ese hombre que en diciembre de 2023 fue abrazado en Miraflores como un héroe liberado, podría pasar los próximos 20 años en un sistema carcelario federal donde nadie en Caracas va a montar una campaña por su liberación.
Nadie va a pintar su cara en las paredes, nadie va a grabar series de YouTube. Lo que Sao que nadie quiere que abra. Aquí es donde la historia se vuelve más densa y más peligrosa para ciertos nombres. En su primera estadía en custodia federal entre 2021 y 2023, según reportes de dos exfuncionarios de inteligencia que hablaron con la associated Press, SAP comenzó a proporcionar información a la DEA mientras los investigadores armaban el caso contra Maduro.
No fue un proceso visible, no hubo conferencias de prensa, fue el tipo de cooperación silenciosa que define los casos grandes en el sistema judicial estadounidense. Si eso es cierto, si Sahab efectivamente cooperó en aquella primera etapa, entonces los fiscales ya tienen mucho de lo que él puede ofrecer. Pero es posible que no sea todo.
Los esquemas financieros del chavismo son complejos, tienen capas y capas de intermediarios, empresas pantalla, cuentas en jurisdicciones que no comparten información automáticamente con Washington. Cada capa que Sahab conozca desde adentro es información que los investigadores tardarían años en reconstruir por sus propios medio.
De acuerdo con un análisis publicado por Mundiario en mayo de 2026, la posibilidad de que SA coopere con las autoridades estadounidenses podría abrir lo que los analistas llaman una vía inédita para reconstruir las finanzas internacionales del chavismo. Eso no es una frase menor. Las finanzas del chavismo se extendieron por décadas, involucraron a funcionarios en varios países y generaron fortunas que todavía están depositadas en algún lugar esperando que alguien trase el mapa.
SAB tiene partes de ese mapa. El juicio de Maduro en Nueva York va por su propio camino. La tercera audiencia fue aplazada al 30 de junio de 2026. Según informó Infobae en mayo de ese año, Maduro sigue detenido en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn. Su abogado, Barry Polac, ha presentado solicitudes para desestimar el caso.
Nada de eso ha prosperado hasta ahora. Y en Miami, a pocas horas en avión, está el hombre que conoce mejor que nadie cómo funcionó el aparato que los puso a los dos donde están ahora. Si Sahap decide hablar en detalle, las consecuencias no se limitarían a Maduro. Alcanzarían a personas que hoy siguen operando en Venezuela, en Colombia, en México, en Turquía, en varios países más.
donde los negocios del chavismo dejaron rastros que todavía no han sido completamente rastreados. Eso es lo que hace que esta historia no sea solo la historia de un hombre caído, es la historia de un sistema que todavía no ha terminado de colapsar. Comenta abajo. ¿Crees que Alex SA va a cooperar con la justicia de Estados Unidos o crees que va a guardar silencio? Quiero leer tu opinión.
Las dos celdas, Maduro en Brooklyn, SAB en Miami. Hay algo en esta imagen que resulta difícil de procesar si uno la compara con lo que fue antes. Nicolás Maduro, el presidente de Venezuela durante más de una década, el hombre que fue el sucesor designado de Hugo Chávez, el que habló ante la Asamblea General de la ONU, el que recibió delegaciones diplomáticas en Miraflores, el que apareció en miles de actos públicos rodeado de uniformes militares y banderas.
Hoy está en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn. Ese lugar tiene una reputación bien documentada dentro del sistema penitenciario federal estadounidense. Sus condiciones han sido objeto de informes de derechos humanos durante años: calor extremo en verano, frío extremo en invierno, instalaciones con problemas de mantenimiento crónicos.
En enero de 2019, durante un apagón, los reclusos estuvieron días sin calefacción en pleno invierno de Nueva York. La prensa venezolana que cubre el caso ha citado fuentes que indican que Maduro está en una celda de máxima seguridad, con acceso restringido a sus abogados y sin posibilidad de comunicación directa con el exterior, salvo a través de sus representantes legales.
El hombre que durante más de una década firmaba decretos, nombraba ministros, controlaba el petróleo de una nación y comandaba un aparato militar, tiene ahora que solicitar autorización para cada movimiento dentro de la y sino de institución donde está recluido. Y en Miami, Alex SA lleva su propio proceso paralelo.
No es la primera vez que está en esa situación, pero hay diferencias cruciales respecto a la primera vez. La primera vez en 2021 Maduro estaba en el poder y tenía razones concretas para rescatarlo. Tenía palancas diplomáticas, tenía el petróleo como moneda de negociación, tenía la presión de los presos políticos venezolanos como elemento de intercambio.
Esta vez Maduro está en Brooklyn, Silvia Flores está en Brooklyn. El gobierno de Delsy Rodríguez opera bajo condiciones que le impiden lanzar campañas de rescate para aliados del régimen anterior. Dios dado Cabello, que podría haber sido una voz de presión, está administrando su propia supervivencia política en un sistema que ya no reconoce las reglas del chavismo.
No hay Free Alex SA esta vez. No hay murales, no hay vallas, no hay series, no hay nadie que vuele a su defensa. Venezuela sin Maduro. El escenario que Sahab nunca calculó. Para entender completamente lo que le ocurre a Alex Sahab ahora, hay que entender en qué Venezuela operaba y qué quedó después del 3 de enero.
Durante los años del chavismo, en su forma más intensa, Venezuela fue un estado donde la legalidad formal existía como pantalla detrás de la cual funcionaba un sistema completamente diferente. Los contratos se asignaban por lealtad y por comisión, no por licitación transparente. Las empresas estatales servían como instrumentos de financiamiento político.
El petróleo se usaba como moneda diplomática para comprar aliados en América Latina y el Caribe. El sistema club convertía la alimentación de los más pobres en un mecanismo de control electoral. Todo ese sistema requería operadores, personas que se movieran entre el mundo formal y el informal, que conocieran las reglas escritas y las no escritas, que pudieran firmar documentos con membrete oficial mientras coordinaban transferencias hacia cuentas que no aparecían en ningún organigrama.
SAP era uno de esos operadores, probablemente el más sofisticado de todos, pero el sistepa que lo necesitaba ya no existe en la forma que lo conoció. Delsy Rodríguez gobierna una Venezuela en transición bajo una presión externa sin precedentes y con una legitimidad interna que se construye de eno CBI, forma provisional.
Su agenda no incluye defender a los operadores del régimen anterior. Su agenda incluye sobrevivir en el poder, mantener relaciones funcionales con Washington y administrar un país que lleva años en crisis económica y social profunda. Dios dado Cabello, que mantiene control sobre el aparato del PSUF y sobre sectores del Ministerio del Interior, es un actor con agenda propia.
Según el análisis de revista Fortuna en febrero de 2026, Cabello dijo públicamente en ese periodo, “Si nos ven a uno por aquí, a otros por allá, nos van a ir comiendo de a uno y no quedará nadie en Venezuela.” Era un llamado a la unidad, pero también una advertencia de que la cohesión del chavismo residual estaba en peligro real.
En ese escenario, Alex SA no es un activo, es un problema, un problema que se resolvió enviándolo de vuelta donde lo querían. El expediente de Miami. ¿Qué dice el Departamento de Justicia? El nuevo expediente presentado en la Corte del Distrito Sur de Florida el 18 de mayo de 2026 es un documento que va más allá del caso original de 2021.
El primero se centró principalmente en el esquema de viviendas y en el sistema de control cambiario venezolano, mecanismos que funcionaron entre 2011 y 2015 aproximadamente. El cargo negociado en aquel proceso fue uno solo. Conspiración para lavar dinero. El expediente de 2026 va más lejos en el tiempo y más adentro del aparato.

Según el Departamento de Justicia, la conspiración documentada en los nuevos cargos se extendió desde 2019 hasta al menos enero de 2026. Abarca exactamente el periodo en que las sanciones estadounidenses contra Venezuela se endurecieron, en que el gobierno venezolano necesitaba con más urgencia mecanismos alternativos para moverse en los mercados internacionales y en Quesab precisamente porque tenía esa capacidad fue más necesario que nunca.
Los fiscales argumentan que SAB participó en la explotación del programa Club, el mismo programa que el chavismo presentaba al mundo como su política de protección a los más vulnerables, que mientras los venezolanos de menores recursos recibían cajas de alimentos de calidad dudosa, los contratos detrás de esas cajas generaban ganancias millonarias que se movían fuera del país.
Una investigación del portal Mexicanos contra la corrupción y la impunidad, publicada en 2026 y citada por la sisilla rota, documentó adicionalmente como parte del esquema incluía intercambios de petróleo venezolano por maíz blanco y otros bienes agrícolas. un mecanismo disenchado para mover petróleo hacia mercados internacionales y cobrar fuera del sistema financiero estadounidense, eludiendo así las sanciones.
No era solo un negocio de corrupción doméstica, era un sistema para mantener vivo el flujo de recursos de una dictadura sitiada por sanciones. Sahab no era un engranaje, era el diseñador de varios de esos engranajes. La teoría de la traición, lo que dice el chavismo, que aún habla del chavismo o de lo que queda de él.
La pregunta que no se hace en voz alta, pero que circula en silencio es simple. ¿Fue Sab el que entregó a Maduro? La exministra Iris Varela fue la que lo puso más cerca de decirlo en público. En declaraciones recogidas por la revista Semana de Colombia, Varela reconoció que existió traición interna durante la operación del 3 de enero, que alguien dentro del oficialismo colaboró.
Todo Cristo tiene un Judas, dijo. Y comparó a Maduro con Jesucristo al reflexionar sobre la posibilidad de haber sido entregado por personas de su propio entorno. Las declaraciones de Varela representan, según el análisis de semana, uno de los reconocimientos más directos hechos por una figura chavista sobre la posibilidad de colaboraciones internas durante la denominada operación resolución absoluta.
Hasta ese momento el discurso oficial había sido el de agresión extranjera, sin admitir fracturas internas. Que Varela lo dijera en voz alta cambió algo en el relato. Fue SAAB. No hay prueba documental pública que lo confirme. No hay acusación formal que lo establezca. Sabab no ha hecho declaraciones públicas sobre ese tema. Sus abogados no han comentado al respecto, pero la lógica de la situación produce una pregunta que es difícil ignorar.
SA, durante su primera detención en Miami tuvo acceso a interlocutores del Departamento de Justicia y de la DEA. Si proporcionó información durante ese periodo, esa información habría incluido detalles logísticos sobre la operación del chavismo, dónde vivía Maduro? ¿Cuáles eran sus rutinas de seguridad? ¿Quiénes eran las personas de confianza en su círculo inmediato? ¿Qué grietas existían en su aparato de protección? No es una acusación, es una observación sobre lo que sabía y sobre cuándo empezó a estar en posición de decirlo. Lo que sí es
verificable es que de acuerdo a lo reportado por el Miami Herald y Yahoo News en mayo de 2026, SAP pasó de ser el operador financiero más cercano a Maduro a ser catalogado por el propio gobierno venezolano posterior a Maduro, como un ciudadano colombiano con documentación irregular que nunca fue realmente venezolano.
Esa reescritura de la identidad no es accidental, es una operación de distancia deliberada. El nuevo gobierno venezolanos necesita que SA no sea suyo, necesita que sea extranjero, que sea ajeno, que sea el problema de alguien más. La historia está siendo reescrita en tiempo real. El cuerpo que paga, lo que no sale.
En los comunicados hay una dimensión de esta historia que los documentos judiciales no describen, la dimensión física. Alex Sahab tiene 54 años en 2026. En los últimos 6 años su cuerpo ha pasado por un ciclo de estrés que pocas personas experimentan. Detención en Cabo Verde en condiciones duras durante más de un año con los reportes de su defensa indicando celda pequeña, calor, falta de atención médica.
Extradición a Miami en 2021, más de 2 años en custodia federal. Un indulto en diciembre de 2023. Un retorno a Venezuela. 4 meses como ministro en un régimen ya en crisis. La caída de Maduro, destitución, desaparición pública, detención por el CIN, deportación y de regreso en Miami, otra vez en uniforme de recluso, esperando audiencias en una corte federal.
Su primera comparecencia en 2021, según reportes de CBSS Miami que documentaron la audiencia, mostraba a un hombre visiblemente nervioso con las piernas temblando mientras esperaba. No hay imágenes disponibles de su segunda comparecencia en 2026 que hayan circulado ampliamente, pero la descripción que emerge de los reportes de prensa es la de un hombre que apareció en sala sin hacer declaraciones, vestido con el uniforme marrón estándar, sin el lenguaje corporal de alguien que cree tener cartas ganadoras. El deterioro no es
solo político, es la acumulación de 6 años en los que el cuerpo registra cada celda, cada audiencia, cada derrumbe del sistema que lo sostenía. Los sistemas de detención federal en Estados Unidos son distintos de los que existen en Venezuela o en Caboverde. Hay estándares formales, hay acceso a abogados, hay procedimientos, pero también hay el peso psicológico de enfrentar cargos que de resultar en condena significan dos décadas de prisión a una edad.
en que los años pesan diferente. Cuando uno cumple 20 años de condena federal a los 54 años de edad, sale a los 74. Si sale, eso es lo que está sobre la mesa. Si llevas bien este video hasta aquí es porque este tipo de historia te importa. Compártelo con alguien que necesite ver esto. Que la historia se conozca.
La frontera, el conocimiento. ¿Qué se sabe y qué aún está por saberse? Hay cosas que este relato puede establecer con base en fuentes verificadas y hay cosas que todavía están en el terreno de lo que los investigadores llaman por confirmar. Lo verificado, SAP nació en Barranquilla el 21 de diciembre de 1971. Comenzó su vinculación con Venezuela alrededor de 2011 con contratos de vivienda.
Fue sancionado por el tesoro de Estados Unidos en julio de 2019. Fue detenido en Cabo Verde el 12 de junio de 2020. fue extraditado a Miami en octubre de 2021. Se declaró no culpable en noviembre de 2021. Fue indultado en diciembre de 2023 como parte del intercambio de prisioneros del gobierno Biden. Regresó a Venezuela. Fue nombrado ministro de Industrias en octubre de 2024.
Fue destituido el 17 de enero de 2026. Fue detenido por el Cevín en Cerro Verde, Caracas el 3 de febrero de 2026. Fue deportado a Estados Unidos el 16 de mayo de 2026. Compareció ante una corte federal en Miami el 18 de mayo de 2026. Enfrenta cargos por lavado de dinero y conspiración financiera. Permanece detenido sin fianza, lo que está en proceso de confirmarse.
Si cooperará con los fiscales en el caso contra Maduro y otros exfuncionarios. ¿Cuáles serán los términos de su defensa legal? ¿Qué información específica posee sobre las redes financieras del chavismo que todavía no ha sido presentada en corte? ¿Y qué acuerdo si alguno están siendo negociados entre sus abogados y la fiscalía? lo que pertenece al terreno de la teoría razonable, pero sin confirmación documental, su posible papel como fuente de información durante la primera custodia, la teoría de su implicación en la operación del 3 de
enero y el alcance real de su fortuna personal acumulada fuera de Venezuela. En el periodismo serio y en el documental honesto, esa distinción importa. Lo que es verificable por sí solo ya es suficientemente devastador. El paralelo que destruye. Cuando los dos caen al mismo tiempo, hay en esta historia una simetría que pocas novelas se permitirían porque parecería demasiado construida.
Alex Sa y Nicolás Maduro están detenidos en Estados Unidos al mismo tiempo. El operador y el jefe, el que manejaba el dinero y el que firmaba los decretos, el que construyó las redes financieras y el que las necesitaba para gobernar. ambos en celdas federales, ambos enfrentando procesos judiciales que pueden terminar en condenas de décadas, ambos en ciudades distintas del mismo país que pasaron años tratando de resistir.
Maduro fue capturado por una operación militar. Sab deportado por el gobierno que sucedió a Maduro. Maduro se declaró presidente legítimo ante el juez. Sab apareció en uniforme marrón sin hacer declaraciones. Maduro tiene representación legal de alto nivel. SAP también, ninguno de los dos tiene lo que más necesitaría en este momento.
Un gobierno amigo con capacidad real para presionar desde afuera. El gobierno de Delsy Rodríguez no es un gobierno amigo de ninguno de los dos. Es un transición que necesita demostrar a Washington que está dispuesto a cooperar y la forma más concreta de demostrar esa cooperación ha sido entregar personas. SAP fue una de esas personas.
Cuando un sistema político entrega a sus propios operadores para negociar su propia supervivencia, ese sistema ha alcanzado un punto de desintegración que ya no es reversible. Lo que quedó del chavismo en Venezuela no es el chavismo, es la administración de su colapso. Lo que espera AAB, el sistema que no perdona, el sistema judicial federal estadounidense es conocido por varias cosas.
Una de ellas es su tasa de condenas. En casos federales, la tasa de condenas es históricamente muy alta. Los fiscales del distrito sur de Florida tienen un historial extendido en casos de crimen financiero transnacional, lavado de activos y corrupción vinculada a Venezuela. tienen años de experiencia en este tipo de caso.
Han procesado decenas de funcionarios venezolanos y contratistas vinculados al chavismo. Conocen el sistema que están persiguiendo mejor que cualquier otro fiscal en el país. Sahab enfrentará a ese equipo. Sus abogados, cuando sean conocidos, intentarán lo que los equipos defensivos intentan siempre en estos casos.
Cuestionar la cadena de custodia de la evidencia. Argumentar que la deportación no cumplió con los estándares legales adecuados. Explorar si hay elementos que invaliden el proceso desde su origen. En su primera experiencia en el sistema, sus abogados lograron que el caso se prologara durante más de 2 años sin llegar a juicio hasta que el intercambio diplomático lo sacó de esa posición.
Esta vez no hay intercambio diplomático disponible. El hombre que podría haber sido canjeado ya no tiene quien lo canjee. Y el expediente que enfrenta es más amplio, cubre más tiempo y está respaldado por investigaciones que llevan años acumulando evidencia. Los plazos del proceso dependerán de las negociaciones que ocurran detrás de Sena.
Si Sahab decide cooperar, el proceso podría transformarse en un acuerdo de culpabilidad que reduzca la sentencia a cambio de información. Si decide no cooperar, el proceso irá a juicio con todo lo que eso implica. En cualquiera de los dos escenarios, la imagen de aquel hombre recibiendo el abrazo de Maduro en diciembre de 2023, recibido como héroe en Miraflores, pertenece a un mundo que ya no existe.
La máquina del poder y sus desechos. Hay un patrón en la historia de los grandes esquemas de corrupción que Sadm observa una y otra vez en distintos países, distintos sistemas políticos y distintas épocas. El patrón es este. Cuando el sistema colapsa, las personas más cercanas al centro son las más expuestas, no las más protegidas, como podría aparecer desde afuera.
las más expuestas, porque son las que más saben, porque son las que más pueden decir, porque son las que los investigadores tienen más interés en alcanzar. Alex Ab era exactamente ese tipo de persona. No era un funcionario de nivel medio que ejecutaba órdenes sin entender el cuadro completo.
Era uno de los arquitectos del cuadro completo. Sabía de dónde venía el dinero, a dónde iba, quién lo recibía, bajo qué no, a través de qué institución financiera, con qué documentación. Ese conocimiento fue lo que lo hizo tan valioso para Maduro durante años. Y ese mismo conocimiento es lo que lo hace tan valioso para los fiscales.
Ahora, el poder que acumuló no desapareció cuando lo encerraron, se transformó. Se convirtió en munición potencial dentro de un sistema judicial que tiene todo el tiempo y todos los recursos del mundo para esperar a que alguien decida hablar. Eso es lo que lo tiene en esa celda, no su corrupción sola, no sus negocios solos, sino la intersección de lo que hizo y de lo que sabe sobre lo que otros hicieron.
Esa es la trampa más antigua del poder que se construye sobre complicidad mutua. Cuando uno cae, todos los demás están en riesgo. Los que miraban desde afuera. El pueblo venezolano. Esta historia no puede cerrarse sin nombrar algo que no está en los documentos judiciales, que no está en los comunicados diplomáticos y que no está en las declaraciones de los abogados.
Está en las colas de los supermercados de Caracas, Maracaibo y Ciudad Guayana. Está en los hospitales donde en 2018 y 2019 no había jeringas. Está en las familias que perdieron kilos de peso porque los club a veces llegaban y a veces no llegaban. Y cuando llegaban traían productos de calidad dudosa o con sobreprecios que el estado absorbía mientras el dinero desaparecía.
Está en los venezolanos que hicieron colas de horas para comprar una bolsa de harina de maíz, el ingrediente básico de una arepa, mientras los contratos para importar esa misma harina generaban millones de dólares de ganancia para personas que vivían a miles de kilómetros y que no habían esperado en ninguna cola en su vida.
está en las personas que dejaron Venezuela porque no había otra opción. Más de 7 millones de venezolanos salieron del país entre 2015 y 2023, según datos de la ONU, la mayor crisis migratoria de América Latina en su historia. Una crisis que tiene causas múltiples y complejas, pero cuya profundidad fue alimentada en parte por el desvío sistemático de recursos que debían llegar a la población más vulnerable y que en cambio terminaron en cuentas en el exterior.
Eso no es contexto político, es consecuencia humana y es la razón por la que esta historia importa más allá del espectáculo judicial. Si llegas a los comentarios de este video, cuéntame en qué ciudad venezolana vivías o viviste. Quiero saber desde dónde nos ven. El silencio de Barranquilla. Cuando uno piensa en el punto de origen de todo esto, vuelve a Barranquilla, una ciudad que hoy tiene más de 2 millones de habitantes, que fue la sede del primer vuelo de Latinoamérica, que es conocida por el carnaval y por el río Magdalena, y por una cultura comercial
que viene de generaciones de inmigrantes que llegaron a construir algo. Alex Sab nació ahí, creció ahí, vendió llaveros ahí aprendió a leer el dinero y el poder ahí. Barranquilla no es responsable de lo que hizo. Las ciudades no son responsables de sus hijos más notorios. Pero hay algo revelador en que el recorrido completo de esta historia, desde el principio hasta la celda en Miami, empiece con un niño de la costa caribeña colombiana que aprendió muy pronto que él es acceso importa más que el esfuerzo. Hoy en Barranquilla su
historia es una nota al margen en la agenda noticiosa. No hay murales, no hay vallas, nadie está montando campañas. Las autoridades colombianas habían estado buscándolo durante años por presuntos delitos de concierto para delinquir, enriquecimiento ilícito y fraude agravado. Su historia con Colombia nunca fue una historia de héroe.
Solo en Venezuela se construyó ese relato y ese relato dependía de una estructura política que ya no existe. Cuando la estructura cayó, el relato cayó con ella. Lo que queda es un hombre de 54 en un uniforme marrón en una sala de tribunal en Miami, esperando que el sistema decida qué hacer con lo que sabe. La pregunta que queda flotando.
Hay una última pregunta que este relato produce y que probablemente ningún documento judicial va a responder con la claridad que merece. ¿Valió la pena? No en términos morales. Esa respuesta es obvia. En términos de la lógica interna de quien toma la decisión de construir ese tipo de poder, valió la pena el dinero acumulado que todavía puede estar en algún lugar del mundo, aunque inaccesible bajo sanciones, si el costo es esta.
Valió la pena la proximidad al palacio, las llamadas de vueltas al instante, los aviones privados, los contratos millonarios. Si el desenlace es una celda federal y un proceso que puede terminar en 20 años de prisión, ¿valió la pena ser el hombre más valioso del chavismo si ese valor se tradujo en el momento en que dejó de ser conveniente? En una deportación administrativa firmada por los mismos que lo habían defendido.
No hay respuestas que provenga de los documentos. Esa pregunta vive en el silencio de una celda donde nadie está grabando, pero la historia que lo condujo hasta ahí es pública, está documentada, está en los expedientes del Departamento de Justicia, en las investigaciones del periodismo venezolano y colombiano, en los registros del tesoro de Estados Unidos, en los Panama Papers y Pandora Papers, donde su nombre aparece repetido, en las páginas de organizaciones como Inside Crime, que han rastreado sus conexiones
con el crimen organizado transnacional. Todo eso existe y todo eso está disponible para quien quiera entender cómo se construye un aparato de corrupción, cómo se sostiene durante años sobre lealtades mutuas y complicidad compartida y cómo se desintegra cuando el equilibrio de poder que lo sostenía deja de existir.
El poder no protege para siempre, nunca lo hizo. Y hasta aquí llega este capítulo de la historia. Alex Saab está en Miami, en una celda federal sin fianza, enfrentando cargos que pueden llevar a una condena de hasta 20 años. Nicolás Maduro está en Brooklyn, en el Centro de Detención Metropolitano, esperando la continuación de su juicio por narcotráfico y narcoterrorismo.
El sistema que construyeron juntos, que les dio poder, acceso e impunidad durante más de una década, no existe ya en la forma que lo conocieron. Esa no es una conclusión política, es una fotografía de lo que queda cuando el peso de las consecuencias termina por alcanzar a quienes creyeron que nunca los alcanzaría.
Este canal existe para contar esas historias. Las de los que tuvieron todo y lo perdieron, las de los que creyeron que el poder era una protección permanente, las de la las de los que tomaron decisiones que afectaron a millones de personas y que cargan con el peso de esas decisiones en condiciones muy distintas a las que imaginaron.
Si llegaste hasta el final de este video, significa que esta historia te importó. Eso tiene valor. Déjame saber en los comentarios lo que piensas. ¿Crees que SAP va a cooperar con los fiscales? ¿Crees que su testimonio puede complicar aún más la situación de Maduro o o crees que guardará silencio hasta el final? En los próximos videos continuaremos siguiendo estos casos a medida que avanzan, porque hay capítulos que todavía no se han escrito, audiencias que todavía no han ocurrido, testimonios que todavía no han sido escuchados y
cuando ocurran estaremos ahí para contarlo. Suscríbete si este video te pareció valioso. Hay mucho más por venir. Gracias por acompañar esta narración. Yeah.
Disclaimer: This story is a work of fiction created for entertainment purposes. Any resemblance to real persons, events, or places is coincidental.