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¡HARFUCH IRRUMPE YATE MILLONARIO de CARLOS SALINAS; COMPRADO con DINERO SUCIO y ROBADO del PUEBLO! 

¡HARFUCH IRRUMPE YATE MILLONARIO de CARLOS SALINAS; COMPRADO con DINERO SUCIO y ROBADO del PUEBLO! 

Un yate de 120 millones de dólares navegando con los radares apagados en el Mar Caribe, sin bandera visible, sin nombre en el casco, sin ninguna señal de identificación que lo vinculara a nadie, moviéndose en silencio como si el océano fuera suficiente escudo para ocultar lo que llevaba dentro y para quién fue comprado.

 El domingo 3 de mayo de 2026, a las 6 hor14 minutos de la mañana cuatro lanchas de interceptación de última generación de la Marina Armada de México alcanzaron ese yate. No lo encontraron por accidente, lo encontraron porque Omar García Harfuch llevaba meses preparando exactamente este momento. Y lo que encontraron adentro no era solo lujo robado al pueblo, era la evidencia física de tres décadas de impunidad, de desvíos millonarios, de nexos entre la presidencia de México y el crimen organizado, guardada en cajas selladas, en dispositivos de almacenamiento en

frío y en documentos con fechas que retroceden hasta los años 90. Era la caja negra flotante de Carlos Salinas de Gortari. Lo que vas a leer en los próximos minutos no es un operativo ordinario, es el último eslabón de una cadena de investigación que conecta las privatizaciones del salinismo, el lavado de dinero a través de empresas fantasma, los nexos con el cártel de los Beltrán Leiva y una pregunta que nadie había podido responder en 30 años con evidencia en la mano.

 ¿Cómo compra un expresidente de México un yate de 120 millones de dó? Te voy a contar cuatro cosas concretas. La primera, ¿de dónde vino el dinero que pagó ese yate? La segunda, ¿qué conexión existe entre ese barco, el general Salvador C fuegos y el narco? La tercera, como Harf ordenó la intercepción y qué encontraron adentro.

Y la cuarta, ¿qué significan esos documentos para el proceso que viene? Quédate hasta el final porque la última revelación es la más demoledora. Para entender por qué este ya te importa, necesitas regresar a septiembre de 1995. México acaba de salir de la crisis económica más severa en décadas. El peso había colapsado en diciembre del 94, pocos días después de que Salinas se entregara a la banda presidencial.

Millones de familias perdieron sus ahorros. Empresas que habían sobrevivido décadas desaparecieron en semanas. El país estaba en llamas económicas. Y Carlos Salinas, el hombre que había gobernado de 1988 a 1994 y que había sido presentado internacionalmente como el arquitecto de la modernización de México, huyó del país con una velocidad que no dejaba dudas sobre lo que sabía que venía.

 Se fue primero a Estados Unidos, luego a Canadá. Luego a Irlanda cada movimiento calculado para poner distancia entre él y lo que el gobierno de Ernesto Cedillo estaba comenzando a desenterrar. En febrero de 1995, su hermano Raúl Salinas de Gortari fue detenido, acusado de homicidio y lavado de dinero.

 En las semanas que siguieron, los investigadores de Cedillo encontraron cuentas bancarias en Suiza bajo nombres falsos. Encontraron propiedades en distintos países bajo nombres de prestanombres. encontraron movimientos de dinero que no podían explicarse con los salarios de ningún cargo público. La cifra que eventualmente circuló fue de más de 80 millones de dólares acumulados por Raúl, un hombre sin cargo público relevante, sin empresa conocida, sin ninguna fuente legítima de ingresos que justificara esas cantidades. Fue en ese contexto, en

los primeros meses de 1995, cuando comenzaron a llegar los primeros reportes. Carlos Salinas había sido visto en un yate en el Caribe, no en una embarcación pequeña, en un superate evaluado en más de 120 millones de dólares, un barco con capacidad para más de 40 personas entre tripulación y huéspedes, con el ipuerto en cubierta, con sistema de comunicaciones satelitales, con estabilizadores de ola que lo hacían piezacan prácticamente invisible en el radar cuando los operadores decidían apagarlo.

La pregunta que todos se hacían en ese momento era la misma. ¿Cómo? ¿Cómo compra un presidente de México con un salario que nunca superó los $80,000 anuales durante su sexenio, un yate de esa escala? La respuesta oficial fue el silencio. Nadie quiso hacer la pregunta demasiado fuerte porque nadie quería las consecuencias de encontrar la respuesta.

Durante tres décadas, ese yate fue una leyenda. aparecía en conversaciones, en reportajes de investigación que siempre se quedaban a medias, en declaraciones de exfuncionarios que sabían más de lo que podían decir públicamente. Había fotos borrosas, había testimonios de marineros que preferían no dar su nombre completo, había referencias en documentos judiciales de otros casos que mencionaban la embarcación de manera lateral, como quien señala algo sin mirarlo directamente.

 Y luego, en los últimos años, algo que antes era solo rumor se volvió más concreto. Las redes sociales comenzaron a circular imágenes de jóvenes que se identificaban como nietos de Carlos Salinas en lo que parecían ser yates de lujo, no yates pequeños. Embarcaciones que para una persona común representan un nivel de riqueza completamente inaccesible.

 Los que conocían la historia del superate de Salinas hicieron la conexión de inmediato. Era el mismo yate, había pasado de generación en generación, oculto bajo nombres de empresas registradas en las islas Caimán, en Panamá, en las islas vírgenes británicas. O era una flota de embarcaciones, cada una comprada con el mismo dinero que el pueblo mexicano nunca supo que le habían robado? Esas preguntas se volvieron urgentes cuando emergió otra conexión, una que no venía de redes sociales ni de rumores, sino de documentos judiciales y testimonios bajo

proceso. El general Salvador Cienfuego Cepeda, secretario de la defensa nacional durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, detenido en octubre de 2020 por las autoridades de Estados Unidos, acusado de nexos con el cártel de los Beltrán Leiva, había estado en ese yate, no de visita casual, en reuniones de coordinación, en conversaciones que los documentos del Departamento de Justicia de Estados Unidos describían como operativas, acuerdos sobre rutas, sobre protección. sobre pagos.

 Y lo que la inteligencia federal comenzó a reconstruir a partir de esos documentos era que esas reuniones no habían comenzado durante el gobierno de Peña Nieto. Habían comenzado antes, mucho antes, durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari. El yate no era solo el símbolo del enriquecimiento ilícito de un expresidente, era el escenario físico donde se tejió parte de la alianza entre el Estado mexicano y el narco en los años 90, el lugar donde se tomaron decisiones que determinaron cómo creció el crimen organizado en México

durante las décadas siguientes. Eso fue lo que le llegó a Harfush en la forma de un expediente de inteligencia en las primeras semanas de abril de 2026. La pregunta que Harf puso sobre la mesa desde el primer día no fue, ¿existe el yate? La inteligencia ya tenía suficiente para confirmar la existencia. La pregunta fue, ¿dónde está ahora? Porque si ese yate seguían navegando, si seguía operativo, si seguía siendo utilizado como activo de una red que tenía sus raíces en el salinismo, entonces no era solo historia, era un

activo del crimen organizado en funcionamiento. El rastreo tomó semanas. Las embarcaciones de ese tamaño no son invisibles cuando quieren ser vistas. Tienen registros de puertos, de suministro de combustible, de mantenimiento, pero cuando quieren desaparecer tienen todas las herramientas para hacerlo.

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