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De caviar y mansiones a fugitivo y acorralado: Así sobrevive Diosdado Cabello antes de la cárcel

5 millones dóo es lo que el gobierno de Estados Unidos pone hoy sobre la mesa por información que conduzca la captura de un hombre que todavía, mientras grabamos esto, tiene un cargo oficial en el gobierno de Venezuela. Un hombre que pasó de controlar cocaína, mansiones ilegales y los aparatos de represión más temidos del país a convertirse en un fugitivo acorralado que sobrevive día a día antes de que llegue lo inevitable, la prisión.

Ese hombre es Diosdado Cabello. Y en este video vamos a contar cómo llegó hasta aquí. Vamos a mostrar los expedientes federales que describen los viajes que hacía personalmente a pistas aéreas clandestinas en la selva para garantizar que los cargamentos de cocaína salieran sin problemas. Vamos a hablar de las conversaciones secretas que Washington mantuvo con él mientras lo buscaba públicamente.

Y vamos a mostrar el momento exacto registrado en cámara hace apenas unos días en que una vecina de pueblo le dijo en la cara frente a las cámaras del Canal del Estado lo que nadie antes se hubiera atrevido a decirle, porque eso es lo que nadie cuenta, que el hombre que durante más de dos décadas fue descrito como el verdadero jefe detrás del chavismo, el poder en las sombras, el que nunca necesitaba firmar para que todo se hiciera.

Ese hombre ahora patrulla actos comunales en el estado Falcón, escuchando reclamos de vecinos sobre el agua que falta, que parado frente a una cámara de televisión estatal, el 29 de mayo de 2026 le explicó a una vocera comunitaria por qué no había maquinaria para arreglar las carreteras. Porque desde 2013, dijo él mismo, el gobierno no ha podido comprar maquinaria nueva, 13 años sin maquinaria.

y el responsable de la Seguridad Interior de Venezuela dando explicaciones frente a una cámara en un miting de pueblo con el gobernador del estado a su lado y su hija Daniela en el mismo escenario. Todos buscando qué cara poner mientras una vecina enumera todo lo que no funciona. Eso para alguien que controló durante años los más temidos organismos de inteligencia del país, es es una distancia casi incomprensible.

Pero para entender lo que significa esa imagen, hay que entender primero lo que fue y luego entender todo lo que perdió. Y en qué orden lo perdió, porque las pérdidas de cabello no llegaron todas juntas. Llegaron una por una, casi en silencio durante meses que parecían estables hasta que dejaron de serlo.

Esta es esa historia. El número dos, que nunca fue uno, hay una paradoja que define a Diosdado Cabello y que los analistas venezolanos discutieron durante años sin llegar a un acuerdo definitivo. Era el número dos, el eterno número dos. Chávez lo respetaba, lo necesitaba, lo utilizaba. Pero cuando llegó el momento de designar sucesor en 2012, mientras el cáncer de colon ya consumía al presidente y la decisión se volvía urgente e inevitable, Chafes eligió a Nicolás Maduro Moros, un hombre que había sido chóer de autobús en la línea

Caracas La Guaira en los años 80, que se había convertido en líder sindical del metro de Caracas, que luego pasó a canciller. Un hombre con menos trayectoria militar que cabello, con menos miedo acumulado a su nombre en los círculos del poder, con menos presencia física imponente. La decisión sacudió al chavismo en sus cimientos más privados y nunca quedó del todo explicada públicamente.

Algunos analistas sugirieron que Chávez desconfiaba del temperamento de cabello para manejar la diplomacia internacional. Otros argumentaron que Maduro era más manejable, más predecible, más dispuesto a seguir instrucciones sin improvisar. Otros simplemente que Chávez calculó que los militares que sostenían al régimen preferían a un civil con quien hubieran podido negociar que a un exmilitar que conocía sus movimientos.

Y sea cual fuera la razón, la consecuencia fue la misma. Cabello quedó del otro lado de una puerta que nunca se abrió para él. Lo que siguió fue una relación de décadas entre Maduro y Cabello que los analistas describieron de distintas formas, pero que en el fondo se resume con una frase, una alianza de conveniencia construida sobre una desconfianza recíproca perfectamente administrada.

Maduro tenía el cargo, la legitimidad formal o lo que en Venezuela pasaba por ella. Cabello tenía las estructuras reales. Los militares de la Vieja Guardia que lo recordaban de 1992, las redes de inteligencia que había cultivado durante años como presidente de la Asamblea Nacional, la maquinaria operativa del Partido Socialista Unido de Venezuela, del que fue primer vicepresidente solo por debajo de Maduro. Uno sin el otro era débil.

Los dos juntos eran el sistema. Después de que Maduro asumió en 2013, Cabello tardó años en volver formalmente al gabinete, pero eso no significó que perdiera influencia. construyó poder desde afuera del gabinete, desde estructuras que le pertenecían en los hechos, aunque no en los organigramas.

Desde 2014 lo hizo también con una herramienta que en Venezuela tenía un impacto directo y medible sobre las vidas de personas reales. Su programa televisión con el mazo dando transmitido por el canal estatal VTV, Venezolana de Televisión, el programa arrancó como un espacio político y se convirtió con los años en algo más parecido a un tribunal paralelo.

Cabello llegaba con carpetas, con nombres, con acusaciones, señalaba personas frente a las cámaras, describía sus presuntas traiciones, sus conexiones con la oposición, sus vínculos con el imperialismo yankee y sus actividades desestabilizadoras. El lenguaje era siempre el mismo. Conspiradores, terroristas, escuálidos, lacayos del imperio.

La mecánica era eficiente porque era predecible. El nombre se pronunciaba. Las cámaras lo transmitían a nivel nacional y en el lapso que podía ir de horas a días, el aparato de seguridad se activaba. Citaciones, allanamientos, detenciones, exilios, desapariciones de cuentas bancarias, pérdidas de contratos, cancelaciones de visas.

No todos los nombrados en el programa terminaban presos, pero todos los que eran nombrados cambiaban algo en su vida como resultado de haber sido nombrados. Esa era la función real del espacio, no producir condenas, sino producir miedo. Un miedo difuso, sostenido, que hacía que cualquier persona con alguna relevancia pública en Venezuela calibrara cada declaración, cada entrevista, cada publicación en redes sociales contra la pregunta.

Esto me hace candidato a aparecer en con el mazo dando ese mecanismo de autocensura colectiva era más poderoso que cualquier ley de prensa. El programa venezolano de educación acción en derechos humanos provea documentó con precisión como durante esos años Cabello utilizó ese espacio para la confrontación y persecución sistemática contra defensores de derechos humanos.

Organizaciones enteras modificaron sus formas de operar, redujeron su visibilidad pública, cambiaron sus comunicaciones, tomaron precauciones que antes no necesitaban tomar por el solo hecho de haber sido mencionadas en ese programa. Eso es Poder Desnudo, un nombre pronunciado en televisión que obligaba a personas reales a reorganizar sus vidas y sus miedos.

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