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HARFUCH DESTAPA el Avión de Jenni Rivera… y lo que la DEA OCULTÓ 13 Años

murió en un avión que vigilaba la DE. Jenny Rivera. Su licencia de conducir apareció intacta. La caja negrano. 9 de diciembre de 2012. 4 horas con10 minutos de la madrugada. Un Learjet 25 de 43 años de antigüedad. piloto Miguel Pérez Soto, 78 años, con licencia restringida que no le permitía volar por instrumentos esa noche y volaba por instrumentos.

La compañía dueña del avión Starwood Management con sede en Las Vegas tres de sus aviones decomisados por la Druk Enforcement Administration de Estados Unidos 6 meses después. Cristian Esquino, el hombre detrás de la empresa, con conexiones documentadas a un exalcalde de Tijuana investigado por crimen organizado.

Cinco hijos esperando a su madre esa madrugada en Long Beach. Chiquis, 27 años. Haki, 23. Mike 22. Jenica 15. Johnny 11. El más chico tenía 11 años cuando le dijeron que mamá no iba a regresar. Hoy tiene 25 años y está demandando a su propio abuelo por el legado de su madre. La caja negra del avión nunca se encontró entre los restos.

La licencia de conducir de Jenny sí intacta entre los escombros. Y 13 años después, México todavía no sabe quién firmó la orden de embarque esa madrugada. Inquebrantable. Así se tituló el libro que Jenny escribió tres meses antes de subirse a ese avión. Pero hay una versión del libro que nunca se publicó y eso se descubrió esta madrugada en una caja fuerte oculta en la pared de un closet en Encino, Encino, California.

4 de la madrugada del 14 de octubre, 13ºC. El viento baja del cañón con olor a eucalipto seco y polvo de carretera. Una calle privada en las colinas, casas separadas por 400 m entre sí, setos de 3 met que tapan las propiedades hasta el techo. Esto es zona de famosos. Aquí vive gente que no quiere que la vean. Una subarbuna negra sin placas frena en seco frente a una verja de hierro forjado. El motor se apaga.

Omar García Harfuch baja primero. Botas negras. Chaleco táctico bajo una chamarra civil oscura, una carpeta manila gruesa bajo el brazo. Detrás de él ocho agentes con equipo forense, dos peritos documentales, una fiscal de enlace internacional y un cerrajero. Nadie habla, solo se escuchan las botas contra el pavimento húmedo.

Las hojas de los eucaliptos chocan suave contra el viento. La propiedad es la antigua mansión de Jenny Rivera, 1600 m² de construcción. Estilo mediterráneo, Tejas Rojas, estuco color crema descolorido. Jenny la compró en 2009 por casi 3 millones de dólares. Después de su muerte, la familia la puso a la venta. Cambió de manos dos veces.

La propiedad lleva 2 años vacía. Una orden federal con cooperación internacional permitió el cateo discreto esta madrugada. El cerrajero tarda 11 minutos en abrir la puerta principal. Cuando la puerta cede, lo primero que sale es el olor. Olor a casa cerrada, a papel viejo, a perfume de mujer mezclado con polvo, como si alguien hubiera dejado abierto un frasco de Chanel hace una década.

Harf entra primero. La linterna recorre el vestíbulo. Pisos de mármol travertino. Una escalera curva al fondo. Un piano de cola en la sala principal. Una funda de tela gris cubriéndolo. Cuadros descolgados de las paredes recargados contra los rodapiés. Letrezos pequeños de inmobiliaria en algunas habitaciones descoloridos.

Arfuch sube las escaleras al segundo piso. La fiscal anota cada movimiento en una libreta. Habitación principal a la derecha. Puerta cerrada. Harf la abre con guante de látex. La habitación está casi vacía, una cama sin colchón. Las cortinas blancas se mueven solas con la corriente de aire.

Un closet caminable de 10 m de largo, espejos del piso al techo, repisas vacías, ganchos de madera en filas sin ropa colgada. Pero hay algo, una pared del fondo del closet no encaja con el resto. La textura del papel tapizeramente distinta, más nueva, como si la pared hubiera sido reconstruida después de que el resto fuera pintado.

Harf se acerca, toca el papel con dos dedos, suena hueco. Un perito documental se acerca con una cámara térmica portátil. Pasa la cámara por la pared. La pantalla muestra una zona oscura del tamaño de un horno de microondas empotrada a media altura. Es una caja fuerte, oculta, pequeña, empotrada, no registrada en ningún plano de la propiedad, no mencionada en el inventario de venta a Nick Lache, no declarada en ningún documento posterior antes de que te diga qué había dentro de esa caja fuerte. Piensa un número.

¿Cuántos años tenía el piloto del Learget que se cayó esa madrugada? Piensa un número del 50 al 80. Te lo digo en un momento. El cerrajero del equipo trabaja la caja fuerte durante 22 minutos. Es un modelo Centry Safe de los años 2000, combinación de seis dígitos. La abre con un escáner electromagnético. Cuando la puerta cede, Harfush se acerca. Adentro hay tres cosas.

A la primera, un sobre amarillo manila sellado con cinta adhesiva vieja, letra de mujer escrita en el frente, solo para mis cinco hijos. Si yo no estoy, mamá. El sobre lleva una fecha escrita en la esquina inferior. 11 de noviembre de 2012, 28 días antes del avión. Un a la segunda, una memoria USB del tamaño de una llave de auto, negra, sin etiqueta, pegada con cinta a un papel doblado que dice reproducir solo si pasa algo.

Y a la tercera, un manuscrito grueso, 240 páginas, encuaderno, de forma casera con tornillos metálicos. La portada lleva una sola palabra escrita en letra grande a mano con marcador negro. Inquebrantable. 14 de las 240 páginas tienen marcas en rojo, tachones, notas al margen, capítulos enteros borrados con marcador rojo encima.

Por cierto, el piloto tenía 78 años, casi el doble de la edad permitida para volar comercialmente y el avión era 3 años más viejo que la propia Jenny. Esta versión del manuscrito no es la versión publicada en 2013. Esta es el manuscrito original y contiene los 14 capítulos que la editorial cortó antes de imprimir.

14 capítulos donde Jenny escribió a mano lo que ya sospechaba meses antes de subirse el avión. Pero antes de que escuches lo que dicen esos 14 capítulos, hoy vas a saber cuatro cosas que nunca te contaron sobre la noche que murió Jenny Rivera. Eune y te voy a avisar cuando llegue cada una. Primero, la cifra exacta que aparece en una transferencia bancaria firmada con el nombre de Jenny Rivera, 21 días antes del avión.

Una transferencia que ella nunca autorizó. Una transferencia que el equipo legal de Jenny Rivera Enterprises no encontró hasta 2018. ¿Cuánto tiempo lo supieron antes de actuar y por qué tardaron 6 años en contarlo? Te voy a avisar cuando llegue. Segundo, el documento que Rossy Rivera firmó a los 31 años en estado de shock 12 días después de que enterraran a su hermana sin abogado independiente, un documento que la convirtió en albacea única de todo el patrimonio de Jenny.

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