Posted in

FRIDA SOFÍA REVELA quién es la HIJA OCULTA entre SILVIA PINAL y EMILIO AZCÁRRAGA

Era una enfermera del hospital donde Silvia Pinal había sido internada días antes. El mensaje era breve pero urgente. Tu abuela pregunta por ti constantemente. Dice que necesita hablar contigo antes de que sea demasiado tarde, que tiene algo importante que decirte, por favor. Llámala.

Frida, que había mantenido contacto secreto con Silvia a través de mensajes de texto durante meses, sintió un escalofrío. Su abuela tenía 93 años. Había estado entrando y saliendo del hospital repetidamente ese año y Frida sabía que cada internación podía ser la última. Esa noche, a las 11:47 de la noche, hora de Miami, Frida llamó al número privado que la enfermera le había dado.

Era la línea directa de la habitación de Silvia. El teléfono sonó cuatro veces antes de que una voz débil pero inconfundible contestara. “Frida”, preguntó Silvia con voz rasposa. “Sí, abuela, soy yo,”, respondió Frida, las lágrimas ya formándose en sus ojos. “Gracias a Dios que llamaste”, susurró Silvia. Pensé que no llegaría a tiempo.

Pensé que me moriría sin poder decirte algo que necesito sacar de mi pecho antes de partir. Algo que solo tú puedes saber porque eres la única en esta familia que ha tenido el valor de decir la verdad sin importar las consecuencias. Lo que Silvia le confesó a Frida durante los siguientes 47 minutos cambiaría todo lo que México creía saber sobre la leyenda del cine de oro.

Silvia comenzó su confesión retrocediendo a 1955, cuando tenía apenas 24 años y ya era una estrella establecida del cine mexicano. Había protagonizado múltiples películas exitosas. Estaba casada con su primer esposo, Rafael Vanquels, de quien se había divorciado en 1952 y era madre soltera de una niña pequeña, Silvia Pasquel.

En esa época, explicó Silvia con voz débil, ser actriz divorciada y madre soltera era escandaloso. La sociedad te miraba como si fueras una mujer perdida, pero yo no me dejaba intimidar. Seguía trabajando, seguía criando a mi hija, seguía construyendo mi carrera. Fue en una fiesta de Televisa en diciembre de 1955, donde Silvia conoció a Emilio Azcárraga Milmo.

Él tenía apenas 27 años, era soltero, increíblemente apuesto, y acababa de comenzar a trabajar en el negocio familiar de su padre, el todopoderoso Emilio Azcárraga Vida Urreta. Cuando Emilio entró a esa fiesta, recordaba Silvia en la llamada. Todas las mujeres voltearon a verlo. Era magnético. Tenía esa combinación de poder, juventud y carisma que pocas personas tienen.

Y cuando nuestros ojos se encontraron al otro lado del salón, supe que estaba en problemas. Emilio se acercó a Silvia esa noche. Le pedí bailar y según Silvia fue como si el resto del mundo desapareciera. Solo existíamos él y yo en esa pista de baile. El romance comenzó casi inmediatamente, pero tenía que ser completamente secreto.

Los padres de Emilio, especialmente su madre Laura Milmo Hickman, eran de la alta sociedad mexicana. Tenían expectativas muy específicas sobre quién debía casarse su hijo único varón y heredero del Imperio Azcárraga. “Una actriz divorciada con una hija no entraba en sus aviones”, explicó Silvia con ironía amarga. Para ellos yo era entretenimiento apropiado para las cámaras, pero no para la familia.

Así que Emilio y Silvia se vieron en secreto. Hoteles discretos, apartamentos prestados por amigos de confianza, encuentros tarde en la noche después de que las cámaras dejaban de rodar. Fue el amor más intenso de mi vida”, confesó Silvia Afrida. Más que Rafael, más que Gustavo a la triste, más que Enrique Guzmán. Emilio era mi alma gemela de maneras que nunca he sentido con nadie más.

Y él me amaba localmente. Me escribía cartas todos los días, me enviaba flores con mensajes ocultos. Me prometía que eventualmente convencería a sus padres, que nos casaríamos, que estaríamos juntos públicamente. Durante casi un año, de diciembre de 1955 a noviembre de 1956, Silvia y Emilio vivieron este romance clandestino.

Y en marzo de 1956, Silvia descubrió que estaba embarazada. La noticia la devastó por múltiples razones. Primero, porque sabía que un embarazo fuera del matrimonio arruinaría su carrera en esa época conservadora. Segundo, porque sabía que Emilio enfrentaría una presión familiar insoportable. Y tercero, porque en el fondo de su corazón sabía que este embarazo forzaría una decisión.

O Emilio la elegía a ella sobre su familia y su herencia, o ella tendría que desaparecer de su vida para protegerlo. Cuando le dije que estaba embarazada, relató Silvia con voz quebrada. Vi alegría en sus ojos. Primero me abrazó. Me dijo que era la mejor noticia de su vida, que ahora sus padres tendrían que aceptarme porque iba a ser la madre de su hijo, que íbamos a ser una familia.

Pero la realidad fue muy diferente. Cuando Emilio les confesó a sus padres que Silvia estaba embarazada y que planeaba casarse con ella, la reacción fue apocalíptica. Emilio Azcárraga Vida Urreta, el patriarca, amenazó con desheredar completamente a su hijo. Le dijo que si se casaba con esa actriz, perdería todo acceso al negocio familiar, todo apoyo financiero, todo futuro en Televisa.

Y su madre Laura era aún más cruel. Emilio me contó llorando, recordó Silvia, que su madre le dijo, “Esa mujer te embarazó a propósito para atraparte. Es una casa fortunas y ese bebé probablemente ni siquiera es tuyo. Las actrices se acuestan con medio México. ¿Cómo puedes estar seguro?” Las palabras destruyeron algo en Emilio, no porque las creyera, sino porque se dio cuenta de que nunca convencería a sus padres.

En mayo de 1956, con Silvia ya de tres meses de embarazo, Emilio tomó la decisión más dolorosa de su vida. Fue al apartamento secreto donde se veían y le dijo a Silvia que no podía casarse con ella, que su familia lo estaba obligando a elegir y que si elegía a Silvia lo perdería todo. Me rogó que lo entendiera”, contó Silvia entre soyosos décadas después.

me dijo que me amaba más que a nada en el mundo, pero que no podía renunciar a todo por lo que su padre había trabajado, que el imperio Azcárraga no era solo dinero, era un legado, era poder para influir en México, era responsabilidad. Y yo lo entendí porque a pesar de mi dolor entendía que le estaban pidiendo algo imposible.

Pero entonces vino la parte más devastadora de la confesión. Los padres de Emilio le ofrecieron a Silvia un arreglo. Le ian pagar todos los gastos médicos del embarazo en una clínica privada fuera de Ciudad de México, donde nadie la conociera. le darían una suma sustancial de dinero y cuando naciera el bebé lo darían en adopción inmediatamente a una familia de buena posición que lo criaría bien.

Read More