Posted in

MIL MASCARAS : CONFESÓ EL OSCURO SECRETO QUE LLEVABA GUARDANDO MÁS DE 40 AÑOS

 La escuela le aburría. Los maestros hablaban demasiado despacio. Él ya había leído los libros completos. El niño se llamaba Aarón Rodríguez Arellano. Nació el 15 de julio de 1942 en San Luis Potosí. Y aunque su madre le hablaba del seminario todas las noches, él quería otra cosa. Quería ser torero. Pero lo que decidió su destino no fue el seminario ni los toros.

 Fue una noche de 1955 cuando un niño de 13 años se metió a escondidas a ver una función de lucha libre. Esa noche estaban en el ring Felipe Hamlee y Dorel Dixon. Dos hombres enmascarados, uno asiático, el otro negro, golpeándose con una violencia que no parecía de este mundo. Aarón estaba sentado en las gradas de arriba, entre el humo del cigarro y los gritos de los apostadores.

 Vio a esos dos hombres y entendió algo que no supo explicar hasta muchos años después. Los hombres que llevan máscara no necesitan que el mundo los conozca. El mundo los obedece igual. regresó a su casa esa noche y no durmió. Al día siguiente empezó a entrenar en secreto, físico culturismo, béisbol, lucha amater. Se levantaba a las 5 de la mañana y corría a las calles todavía oscuras de su colonia.

 A los 16 años su cuerpo ya no parecía el de un muchacho, parecía el de un hombre tallado en piedra. Sus dos hermanos mayores, José Luis y Pablo, también entrenaban. Los tres Rodríguez levantaban pesas en un gimnasio improvisado en el patio trasero de la casa. Los vecinos se asomaban a verlos entrenar cada tarde. Decían que esa casa iba a dar al deporte mexicano algo grande.

 Lo que nadie imaginó es hasta dónde iba a llegar esa sangre, ni lo que esa sangre iba a costarles a los tres. Porque los tres hermanos Rodríguez, los que corrían juntos por las calles de San Luis, iban a terminar sin hablarse. Y la razón del silencio no tiene nada que ver con el dinero. Guarda esto en tu mente. Aarón entrenaba con una disciplina que asustaba, no por amor al deporte, por miedo a quedarse atrás.

En 1964, con 22 años, fue seleccionado para representar a México en los Juegos Olímpicos de Tokio en lucha greco-romana. Compró maleta, sacó pasaporte, se probó el uniforme de la delegación, estaba listo, nunca viajó. La delegación mexicana tuvo recortes de presupuesto. Le hicieron una llamada telefónica de 3 minutos.

 Le dijeron que no había dinero para su boleto de avión, que se quedaba en tierra, que los Juegos Olímpicos iban a pasar sin él. Esa tarde Aarón se metió al gimnasio de su barrio y golpeó el saco de arena durante 4 horas seguidas. Cuando salió tenía los nudillos abiertos sangrando. No habló con nadie. cerró la puerta de su cuarto y no salió en dos días.

Imagina por un momento que tú eres ese muchacho, 22 años, toda una vida de preparación y una llamada telefónica que te lo quita todo. Ahí aprendes algo que no se olvida. Depender de otros es quedarse sin nada. Al año siguiente, en 1965, debutó como luchador profesional en Arenas Chicas de Guadalajara bajo el nombre de Ricardo Durán.

 Usaba máscara desde la primera función. Nadie lo reconocía, nadie sabía quién era. Era exactamente lo que él buscaba. Entonces apareció un hombre que le cambió la vida, un empresario llamado Valente Pérez Hernández, dueño de la revista Lucha Libre. Pérez andaba buscando un personaje nuevo para protagonizar películas.

 El santo tenía problemas de contrato. Blue Demon estaba lesionado. Necesitaba alguien grande, con físico de escultura, con movimiento de bailarín y tuvo una idea loca. Un luchador que cambiara de máscara en cada combate, que nunca mostrara la misma cara dos veces, que los lectores de la revista pudieran enviar diseños para sus máscaras.

 Un hombre detrás de 1000 caras. Lo llamó 1000 máscaras. El 16 de julio de 1965, un día después de cumplir 23 años, Aarón Rodríguez debutó con el nombre de 1000 Máscaras en la Arena México. Ganó su primera lucha junto a Black Shadow contra René Guajardo y Carlof Lagard. El público gritó un nombre nuevo esa noche. El hombre que lo llevaba salió del ring sin quitarse la máscara.

 se fue a su casa con el rostro cubierto. Esa noche decidió que nadie iba a verlo sin ella nunca más y cumplió. Durante los siguientes 60 años, Aarón Rodríguez se puso y se quitó más de 3,000 máscaras distintas. Ninguna persona viva fuera de su círculo más cerrado ha visto jamás su rostro en público.

 En 1971 viajó por primera vez a Japón. Luchó en la empresa All Japan Pro Wrestling. Derrotó a Cantaro Josino el 19 de febrero en Tokio. Los japoneses enloquecieron. Un mexicano enmascarado con movimientos acrobáticos que hablaba poco y se iba sin firmar autógrafos. En Japón lo empezaron a llamar Mr. Personalidad. El nombre le quedó.

 Un año después, en 1972, fue el primer luchador enmascarado en subir al ring del Madison Square Garden de Nueva York. Las autoridades deportivas de Estados Unidos prohibían las máscaras. Él fue el primero a quien le hicieron una excepción. derrotó al local spoiler esa noche. El público estadounidense que no entendía el mundo de la lucha mexicana se puso de pie para ovacionarlo.

 Aarón salió del ring con la misma cara cubierta con la que había entrado. Nadie vio lo que había debajo. Pero mientras la leyenda crecía fuera de México, algo se iba rompiendo en silencio dentro de la casa de San Luis Potosí. Algo que Aarón no vio venir, algo que iba a costarle la única cosa que la máscara no podía proteger. Aarón no era solo un luchador, era también un hombre de libros y de arte.

 En su casa tenía una biblioteca con más de 50 enciclopedias. Leía en las noches después de los entrenamientos y pintaba, pintaba al óleo. Aprendió solo mirando a un pintor de su pueblo cuando era niño. Con los años llegó a acumular 160 pinturas hechas por su propia mano. Entre todas esas pinturas hay una que él mismo considera su favorita, una última cena, pero no la de Leonardo da Vinci, una versión propia donde al fondo del cuadro aparecen Adán y Eva desnudos, cubiertos con flores sin ombligo.

 Un detalle que pocos notan. Una obsesión personal. La pintura sigue colgada en una de las paredes principales de su casa y es una pista de algo más grande que todavía no te puedo contar. Vamos a volver a ese cuadro porque ese cuadro guarda un mensaje y cuando sepas lo que significa vas a entender por qué el hombre de las 1 máscaras, el que tuvo fama mundial, terminó pintando en silencio durante décadas.

 ¿Y por qué siempre se pintó a sí mismo como un hombre solo? En 1975, cuando Aarón tenía 33 años y estaba en el momento más alto de su carrera, ocurrió lo que él nunca pudo nombrar en público. Su primera esposa murió. Lo dejó con cuatro hijos, dos varones y dos mujeres. El mayor de apenas 8 años. Aarón no dio entrevistas sobre ella, no habló de su nombre, no dio detalles de cómo murió, pidió silencio absoluto a su familia.

Read More