Posted in

PADRE PÍO: 3 ERRORES QUE OFENDEN A DIOS EN EL MIÉRCOLES DE CENIZA

El miércoles de cenizas las iglesias estarán llenas. Millones van a recibir las cenizas en la frente como señal de arrepentimiento. Pero en 1960, el padre Pío le negó la comunión a una mujer que acababa de recibir las cenizas. ¿Por qué? Porque ella cometió uno de los tres errores fatales que transforman ese día santo en un día de condenación.

 Si vas a misa el miércoles de cenizas, necesitas saber si estás cometiendo ese error ahora mismo. Si quieres que esta cuaresma no sea una mentira más, si quieres que esa ceniza en tu frente sea bendición y no condena, escribe ahora en los comentarios, Señor, que estas cenizas no sean en vano. Al comentar, declaras tu compromiso real con estos 40 días.

Escucha bien lo que voy a decirte. En la cuaresma, millones de católicos entran a las iglesias el miércoles de cenizas, inclinan la cabeza, escuchan, “Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás.” Sienten la ceniza fría en la piel, salen con esa cruz gris marcada en la frente y el 90% de ellos desperdicia la gracia más poderosa del año litúrgico.

 Porque recibir las cenizas no es como firmar un contrato con Dios, no es un trámite, no es una tradición bonita para las fotos, es una declaración de guerra espiritual. Cuando el sacerdote te marca con esa cruz, estás diciendo públicamente, “Yo pertenezco a Cristo. Yo reconozco mi mortalidad. Yo me arrepiento de mis pecados.

” Pero el demonio también está viendo esa marca. Y él sabe algo que muchos católicos olvidaron, que esa ceniza en tu frente es una provocación directa contra el infierno. Es la señal visible de que tú elegiste el bando de Dios. Es como ponerte un uniforme de soldado en medio del campo de batalla.

 Por eso el enemigo odia el miércoles de cenizas con un odio especial. Porque sabe que si tú recibes esas cenizas con el corazón verdaderamente arrepentido, con el compromiso real de cambiar, con la humildad genuina, él pierde poder sobre ti durante toda la cuaresma. Pero si tú recibes esas cenizas con el corazón lleno de basura, con rencores guardados, con pecados ocultos que no quieres soltar, entonces esa marca se convierte en hipocresía pura.

 Y la hipocresía es el pecado que más enojaba a Jesús. Ahora viene lo que necesitas saber antes de mañana. El padre Pío identificó tres errores gravísimos que los católicos cometen en el miércoles de cenizas. Errores que transforman un sacramento de gracia en un acto vacío. Errores que ofenden directamente a Dios.

 Dos de esos errores son graves. El tercero es mortal. Y antes de revelarte cuál es ese tercer error, el que hacía llorar al padre Pío cuando lo veía en las almas, necesito que entiendas algo. El demonio no le tiene miedo a los católicos que van a misa por costumbre. No le preocupan los que rezan el rosario con la boca mientras piensan en la lista del supermercado.

No tiembla ante los que ayunan el viernes santo, pero pasan el resto del año devorando chismes y venganzas. Pero hay un tipo de católico que lo hace retroceder. El católico que entiende que la ceniza en su frente no es decoración, es una declaración, es ponerse la armadura. Es decirle al infierno, “Sé que soy débil, sé que soy polvo, pero mi Dios es fuerte y voy a pelear.

 Por eso el enemigo trabaja horas extras el miércoles de cenizas. Él sabe que tiene 40 días para sabotear tu cuaresma y su estrategia favorita es simple. Convencerte de que el ritual es suficiente, que con ponerte la ceniza ya cumpliste, que con aparecer en la iglesia ya ganaste puntos con Dios. Es la misma mentira que le funcionó con los fariseos hace 2000 años.

 Ellos tenían la marca externa de la religión perfecta. Rezaban en público, ayunaban con cara seria, daban limosna donde todos podían verlos, pero Jesús los llamó sepulcros blanqueados, bonitos por fuera, podridos por dentro. Y eso es exactamente lo que pasa cuando recibes las cenizas con el corazón cerrado, o peor aún, cuando ya las recibiste y en las próximas horas vas a cometer el error que las anula.

 Te conviertes en un anuncio ambulante de la hipocresía. Caminas por la calle con la cruz en la frente mientras llevas el pecado escondido en el alma. Le dices al mundo, “Yo soy católico.” Pero tu vida dice, “Yo soy mentiroso.” El padre Pío veía esto con sus propios ojos. Cada año veía las filas largas de personas esperando las cenizas y con el don de leer las almas que Dios le dio, podía ver quiénes venían con corazón contrito y quiénes venían solo a cumplir con el expediente.

 Y cuando veía a alguien recibir la ceniza con el alma llena de basura, lloraba en silencio, porque sabía que esa persona acababa de desperdiciar una gracia inmensa. Peor aún sabía que esa persona acababa de insultar a Dios en su propia casa, pero lo que más le dolía era ver a los que recibían la ceniza con buena intención y 5 minutos después cometían el error que borraba todo.

 Ahora sí, hermano, vamos directo a los tres errores. Te los voy a dar uno por uno, sin rodeos, sin suavizar la verdad. Y cuando lleguemos al tercero, vas a entender por qué el padre Pío suplicaba en sus misas, Señor, que no profanen tu nombre con cenizas vacías. Primer, la selfie espiritual. Escucha esto con atención porque pasa cada año en el miércoles de cenizas.

 Hay católicos que salen de la iglesia con la cruz en la frente y lo primero que hacen es sacar el celular, no para orar, no para reflexionar, para tomarse una foto. La ceniza perfectamente centrada, el ángulo correcto, el filtro que la haga más visible. Y mientras suben esa foto a Instagram con el hashtag de cuaresma, mientras esperan los likes y los comentarios de qué bendición, hermano, tienen el corazón lleno de soberbia.

Las cenizas son para recordar la muerte, no para ganar likes. El padre Pío conoció a un hombre así en 1952. Era un empresario rico de San Giovanni Rotondo. Cada miércoles de cenizas iba a la primera misa del día. Siempre llegaba temprano, siempre se ponía en las primeras filas. Siempre se aseguraba de que todos lo vieran recibir las cenizas.

Ese mismo día, antes del mediodía, llegó a su oficina. Su secretaria lo saludó. Él no respondió. tenía la ceniza todavía marcada en la frente, pero trataba a esa mujer como si fuera invisible. Dos horas después llamó a uno de sus empleados. Le gritó delante de todos por un error menor, lo humilló, lo amenazó con despedirlo si volvía a equivocarse.

 Y todo esto con la santa ceniza todavía en su piel. Esa noche fue a confesarse con el padre Pío. Entró al confesionario esperando la absolución rápida de siempre. Pero el padre Pío no le dio ni 5 segundos. Le dijo, “Sal de aquí. No te voy a absolver mientras uses la cruz de Cristo como una medalla de orgullo.

Read More