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La Caída de Willman Terán: El Presidente de la Judicatura que Vendió la Justicia de Ecuador al Narco

Un hombre en pijama, esposado, el más poderoso juez del Ecuador, siendo sacado arrastras de su casa en la madrugada mientras los agentes contaban los fajos de billetes sobre su mesa de noche. $25,000 en efectivo que no supo explicar. Un alias en el teléfono de un narcotraficante muerto, el  y un sistema judicial entero vendido al mejor postor.

Esto es la historia de cómo un magistrado de carrera, doctor en jurisprudencia, defensor de derechos humanos, se convirtió en el hombre que entregó la justicia de un país al narco. Y como la caída de Wilman, Terán reveló que el cáncer no estaba afuera del sistema, estaba adentro, en la cima, tomando decisiones todos los días. Era la madrugada del 14 de diciembre de 2023, cuando el Ecuador despertó diferente.

No fue una noticia cualquiera. No fue el arresto de un narco con cicatrices en la cara y un prontuario de décadas. Fue algo peor, mucho peor, porque el hombre al que los agentes de la fiscalía esposaron esa noche no venía de las calles, venía de las universidades, de los despachos, de  los estrados. Tenía toga, tenía título.

Tenía 21 años construyendo una reputación de jurista serio, independiente, incorruptible. Su nombre estaba grabado en las resoluciones de la Corte Nacional de Justicia. Su firma había validado sentencias contra expresidentes. El país lo conocía como el hombre que había mandado a prisión a Rafael Correa y ahora estaba esposado en Piama, en el umbral de su casa.

Wilman Terán Carrillo, 45 años, doctor en jurisprudencia, expresidente del Consejo de la Judicatura y, según la Fiscalía General del Estado, el operador judicial más valioso que el crimen organizado había logrado comprar en la historia moderna del país. En el teléfono de un narcotraficante asesinado meses atrás, el nombre en clave de Terán era el  o el jefe.

Y los registros mostraban conversaciones, coordinaciones, pagos, cientos de miles de dólares fluyendo desde la estructura criminal hacia los bolsillos de quienes tenían poder para torcer el rumbo de la justicia. El operativo se llamó  Metástasis. El nombre no fue elegido al azar. La fiscal general Diana Salazar fue muy deliberada al elegirlo, metástasis,  porque esto no era un tumor localizado, un caso aislado de corrupción en un juzgado de provincia.

Esto era la diseminación de la enfermedad por todo el organismo. El cáncer había llegado a los ganglios más altos del sistema judicial ecuatoriano y llevaba años creciendo en silencio, protegido por la formalidad de los procesos,  por la jerga legal, por la imagen impoluta de hombres con títulos académicos y discursos de principios.

Esa madrugada cayeron simultáneamente  27 personas en diferentes puntos del país. Jueces, policías, funcionarios del sistema penitenciario, abogados, todos conectados por un hilo invisible que llevaba hasta un solo nodo. La red criminal del narcotraficante Leandro Norero, alias el patrón, quien había muerto asesinado en la cárcel de la Tacunga 14 meses antes.

Pero sus teléfonos sobrevivieron y en esos teléfonos estaba todo. 14,700 páginas de conversaciones por WhatsApp. 14,700 páginas que narraban con una precisión aterradora como un hombre preso en una cárcel ecuatoriana coordinaba desde su celda la compra de funcionarios del más alto nivel, cómo fijaba precios por fallos judiciales, cómo enviaba mensajes cifrados con el nombre de abdominales para referirse a los pagos en efectivo.

¿Cómo monitoreaba en tiempo real? ¿Qué jueces  estaban cumpliendo el trato y cuáles no? Y en el centro de todo, coordinando, recibiendo, facilitando,  apareció el hombre al que todos conocían como el presidente de la judicatura. El  llevaba años entre nosotros  firmando sentencias, presidiendo audiencias, dando discursos sobre la independencia judicial y entregando al mismo tiempo  las llaves del Palacio de Justicia al narcotráfico.

Eso fue el 14 de diciembre de 2023. Pero para entender cómo llegamos hasta ahí,  hay que volver mucho más atrás. Hay que entender quién era Wilman Terán  antes de que el mundo supiera lo que era capaz de hacer. Hay ciudades en Ecuador que no aparecen en las guías de turismo, pero que explican mejor que cualquier libro cómo funciona el poder real en este país.

Santo Domingo de los Táchilas es una de ellas, una provincia relativamente joven, enclavada entre la sierra y la costa, con una economía que mezcla el comercio agrícola, con las tensiones propias de una zona que sirve como corredor para todo tipo de flujos. mercancías legales, migrantes y también desde hace décadas mercancías que no aparecen en ningún manifiesto de carga.

Fue en ese territorio donde Wimman Terán comenzó a construir su poder judicial. Fue allí donde aprendió  cómo funciona la ecuación entre la ley escrita y la ley que realmente rige. Terán no era un improvisado. Eso hay que dejarlo claro desde el principio, porque la magnitud de lo que construyó solo se entiende si se comprende la paciencia y la metodología con la que lo hizo.

Se graduó de doctor en jurisprudencia en la Universidad Central del Ecuador en el año 2002. una de las instituciones más respetadas del país, académicamente sólido, con posgrados en derechos humanos, derecho penal, criminología, una especialización en justicia indígena que le daba una dimensión humanista, progresista, que cuadraba perfectamente con el perfil que Ecuador necesitaba en esa época.

Estaba bien formado, sabía exactamente qué imagen proyectar. Sus primeros pasos en el servicio público fueron durante el gobierno de Rafael Correa, en el contexto de una época de alta agitación política y refundación institucional. El Ecuador de 2008 era un país que se reescribía a sí mismo. Nueva Constitución, nuevas instituciones, nuevos discursos sobre la soberanía, la dignidad del pueblo, la refundación  del Estado.

Era el momento ideal para un jurista joven con contactos correctos y la habilidad de decir exactamente lo que el poder quería escuchar. En 2008 fue nombrado coordinador de investigaciones  en la Comisión de la Verdad, el organismo creado para investigar las violaciones de derechos humanos  ocurridas durante los gobiernos militares de los años 80.

un cargo de alto perfil simbólico, un cargo que combinaba de manera perfecta la retórica de los derechos humanos con el acceso a archivos sensibles, a redes de información, a expedientes que contenían nombres de personas poderosas y, sobre todo, a los círculos del poder ejecutivo donde se tomaban las decisiones que realmente importaban.

Al mismo tiempo  trabajó como director ejecutivo de la comisión del caso Angostura bajo la asesoría directa de Gustavo Hulk, quien era ministro del  Interior. El caso Angostura fue el incidente diplomático en el que Colombia bombardeó un campamento de las FARC en territorio ecuatoriano. Fue un momento de crisis geopolítica que generó tensiones profundas entre dos países vecinos  y que el gobierno de Correa manejó con una narrativa de soberanía ultrajada.

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