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A los 93 años, Chavela Vargas admite lo que todos sospechábamos de su infierno

 La psicología conductual nos advierte sobre el peligro mortal de fusionarte con tu propia máscara. [música] Chabela quedó atrapada, acorralada, sin salida en el personaje del chico malo y empedernido que ella misma había diseñado para [música] sobrevivir. Para mantener su corona de acero en un ecosistema dominado por hombres violentos y machistas, [música] sentía la obligación psiquiátrica de ser infinitamente peor que todos ellos juntos.

 Tenía que beber [música] el doble de litros de tequila que cualquier charro experimentado en la cantina. Tenía que gritar más fuerte. Tenía que maldecir con más rabiosa intensidad. [música] tenía que coleccionar amantes fugaces y romper corazones sin piedad en un ataque preventivo para asegurar que absolutamente [música] nadie tuviera el poder de romper el suyo.

 El éxito comercial y el estatus de icono bohemio se transformaron en un veneno de consumo obligatorio. Se obligó a sí misma a interpretar 24 horas al [música] día, a la bebedora invencible, a la fiera indomable que no necesita a nadie. Cada copa levantada entre ovaciones, cada noche de excesos era un ladrillo de plomo [música] en el muro que la asfixiaba.

 Chabela Vargas estaba tragando ácido sulfúrico disfrazado de tequila frente [música] a un público enloquecido. El mundo entero aplaudía frenéticamente su dolorosa autodestrucción, [música] creyendo ciegamente que estaban presenciando la máxima expresión del arte puro. Los oscuros expedientes de la vida bohemia en México están repletos de pasajes borrosos [música] manchados con sangre, pólvora y alcohol.

 Las lenguas biperinas de la alta sociedad siempre susurraron sobre lo que realmente sucedía [música] a Puerta Cerrada cuando la música cesaba de sonar. Visualicen la mítica azul en Coyoacán. Fiestas febriles e interminables. [música] Chabela conviviendo bajo el mismo techo que el titán Diego Rivera y la inescrutable [música] Frida Calo.

Existen fuertes sospechas y murmullos incesantes sobre un romance volcánico prohibido [música] y altamente destructivo entre las dos mujeres. Pones desbordadas que, lejos del falso romanticismo de las biografías modernas rozaban peligrosamente [música] los límites del desequilibrio clínico. Pero los investigadores del alma humana no se dejan engañar por el humo poético.

 En este punto exacto, el expediente íntimo de Vargas muestra un patrón [música] sumamente perturbador. Ataques de celos irracionales y desproporcionados. Gritos desgarradores resonando en las paredes en mitad [música] de la madrugada. Vasos de cristal reventados contra los muros pesadas.

 Mesas de madera volcadas [música] y el sonido ensordecedor de un revólver siendo disparado al aire simplemente para zanjar una discusión de borrachos. La violencia física y verbal se estaba [música] convirtiendo rápidamente en su único idioma. La prensa amarillista escarvaba desesperadamente buscando [música] escándalos de Alcoba, pero ignoraba por completo al verdadero y letal monstruo con el que la cantante dormía cada noche.

 El agermentado, [música] el tequila. Ese líquido ardiente dejó de ser un simple y [música] exótico lubricante artístico. Mutó violentamente en un parásito psiquiátrico. Un demonio insaciable que devoraba su sistema nervioso y masacraba su cordura. [música] Comenzó a dejar tras de sí un rastro de destrucción y caos innegable. Cancelaciones repentinas de conciertos importantes, presentaciones bochornosas donde apenas podía mantenerse en pie frente a su público.

 Amistades históricas y relaciones amorosas profundas fueron dinamitadas [música] a propósito detonadas cruelmente por su propia mano. La psicología del comportamiento nos exige hacer la pregunta forense correcta. ¿Por qué un ser humano se empeña en aniquilar [música] absolutamente todo lo que ama? El brutal autosabotaje tiene una explicación escalofriante.

 Debajo de toda esa coraza arrogante, debajo de la leyenda de la macha indomable, latía un pánico [música] absoluto ciego y paralizante al apego emocional. Su inconsciente seguía severamente infectado por el abandono de su niñez. Estaba controlada por un miedo [música] aterrador. Si me entrego por completo, muestro mi vulnerabilidad, tarde o temprano descubrirán [música] que no valgo nada y me arrojarán a la basura.

Exactamente como lo hicieron mis propios padres. [música] Bebía hasta el colapso, desenfundaba sus armas, insultaba y humillaba [música] cruelmente a sus seres queridos. Cada botella vaciada, cada desplante de furia injustificada [música] era en realidad un examen sádico y desesperado.

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 Quería comprobar quién se atrevía a abandonarla [música] primero y de manera trágica su estrategia de defensa funcionó a la perfección. aisló a todo su mundo, asegurándose de quedarse en la más absoluta [música] y negra soledad antes de que alguien más tuviera el poder de rechazarla. Finales de [música] la despiadada década de los 70.

 El pesado telón de terciopelo cae de manera fulminante, [música] pero no hay ovaciones de pie, solo hay un silencio asfixiante, un repudio [música] denso y generalizado que hiela la sangre. El colosal monstruo de Agabe, esa fiera química [música] que Chabela Vargas alimentó fielmente durante tantas décadas, rompe por fin sus cadenas y asume el control tiránico de todo su sistema nervioso.

 La leyenda se desmorona en cámara lenta. La intocable y temida macha sufre una mutación clínica aterradora. La arrogancia se pudre de la noche a la mañana, dejando a la vista una decadencia patética. Visualicen el escenario en estado de putrefacción. Las manos le tiemblan violentamente presas de espasmos neurológicos. Son físicamente incapaces de sostener el mástil de su amada guitarra.

 El aliento a vómito y tequila barato reemplaza el aroma embriagador de los puros finos. Los influyentes promotores musicales que antes [música] le suplicaban de rodillas ahora apartan la mirada con profundo desdén. Los dueños de los teatros la echan a [música] la calle como si fuera un bulto infeccioso.

 La élite artística, los mismos intelectuales hipócritas que celebraban sus borracheras y bautizaban su dolor destructivo como arte puro, se esfuman en el aire frío [música] de la noche. Huyeron espantados al presenciar la verdadera sucia y monstruosa [música] cara de la adicción. La crueldad del espectáculo queda brutalmente expuesta bajo la lupa forense.

 Te adoran ciegamente mientras tu autodestrucción sea poética. y cante afinado, pero te desechan a la basura cuando tu sangre mancha la alfombra. Acorralada, arruinada financieramente y carcomida por una rabia sorda, Chabela lanza un último grito [música] de odio contra los reflectores. Escupe sobre los micrófonos que la vieron reinar, pero la medicina del comportamiento [música] no se engaña.

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