Posted in

Miguel Díaz Canel DESAFÍA a Bukele y Este lo DESTRUYE en 5 Minutos

Lo que sucedió después de este enfrentamiento cambiaría para siempre la manera en que el mundo percibe al socialismo latinoamericano y en especial al régimen cubano. Nadie en la sala ni en la región sabía en ese momento que este choque verbal había comenzado horas antes, cuando Díaz Canel cometió un error fatal, subestimar al joven presidente salvadoreño.

 La cumbre de la CELAC en Buenos Aires comenzó como cualquier otra reunión de alto nivel con la acostumbrada pompa y formalidad que caracteriza a estos eventos regionales. Líderes, cancilleres y delegaciones de 33 países se habían reunido para discutir temas cruciales sobre el futuro de una región que había estado por décadas buscando una identidad política y económica definida.

 Pero para Miguel Díaz Canel, el propósito de su presencia en Argentina era claro. Debía posicionarse como el líder moral de la izquierda latinoamericana, aprovechando el vacío dejado por Fidel Castro y Raúl Castro. Tras la muerte de Fidel y el retiro de Raúl, el líder cubano tenía como misión consolidar su figura como la cabeza de la resistencia antiimperialista.

 Con una mezcla de estrategia y cálculo, Díaz Canel tenía claro su enfoque. Debía atacar a los gobiernos neoliberales de la región y presentar a Cuba como el último bastión de la dignidad y el socialismo auténtico. En privado, su equipo de asesores le había dado una lista de blancos y uno de los más destacados era Nayib Bukele, a quien veían como un símbolo de lo que ellos consideraban los fallos del capitalismo moderno.

 es joven, inexperto y representa todo lo que está mal con el capitalismo.” Había dicho el ministro de Relaciones Exteriores, cubano, durante el vuelo a Buenos Aires. Si conseguimos exponerlo públicamente, consolidaremos nuestro liderazgo moral en la región. Pero lo que Díaz Canel no sabía era que estaba a punto de enfrentarse al político más astuto y calculador de su generación, un hombre que había logrado algo casi imposible.

 Mientras Díaz Canel se preparaba para su intervención en otro extremo del hotel Ody Deir Palace, Nayib Bukele estaba revisando los informes de inteligencia sobre los otros mandatarios presentes. En sus 43 años, Bukele ya había alcanzado lo que muchos líderes de la región solo sueñan. con una aprobación del 85% había logrado reducir drásticamente la violencia en El Salvador, transformando al país de ser uno de los más violentos de América Latina en uno de los más seguros.

 Esta hazaña fue para muchos un testamento de su liderazgo. A diferencia de muchos de sus contemporáneos, Bukele no solo se apoyaba en la diplomacia tradicional, sino que había logrado conectar directamente con el pueblo utilizando las redes sociales y las nuevas formas de comunicación, lo que lo hacía aún más popular.

 Su equipo de comunicación, compuesto por expertos en redes sociales y guerra psicológica, ya había identificado la jugada de Díaz Canel. Díaz Canel va a intentar atacarte, le dijeron. Quiere usarte como un ejemplo del fracaso del capitalismo, pero si logras darle vuelta a la narrativa, todo cambiará. Bukele le sonrió al escuchar esto.

 Había construido su carrera política precisamente enfrentándose a los poderes establecidos que se pensaban intocables. Para él, un dictador comunista no era diferente a los demás. Lo que ninguno de los dos sabía, sin embargo, era que esta confrontación sería transmitida en vivo a toda América Latina y que las redes sociales estaban a punto de explotar.

 La primera jornada de la cumbre transcurrió sin mayores incidentes, con discursos protocolares sobre la integración regional, declaraciones sobre la soberanía energética y llamados a la unidad latinoamericana. Sin embargo, la tensión creció cuando Díaz Canel finalmente subió al escenario.

 Tras esperar pacientemente su turno, él aprovechó el micrófono para desplegar toda su artillería retórica. habló de la revolución permanente, de la resistencia al imperialismo y de la necesidad de gobiernos comprometidos con los pueblos y no con los mercados. Con la mirada fija en el lugar donde se encontraba Bukele, Díaz Canel afirmó, “Vemos con preocupación como algunos gobiernos de nuestra región adoptan políticas que favorecen a las élites económicas por encima del bienestar popular.

 Vemos cómo se implementan modelos de seguridad represivos que criminalizan la pobreza y militarizan la sociedad. El ataque de Díaz Canel fue claro y directo al referirse a las políticas de seguridad de Bukele en El Salvador, especialmente sus medidas contra las pandillas y maras. La sala estaba expectante con todos los presentes comprendiendo que el líder cubano había centrado su crítica en el gobierno salvadoreño.

 Sin embargo, lo que vino después dejó a todos sorprendidos. Era una crítica cuidadosamente calculada. Presentar las medidas anticrimen del presidente salvadoreño como violaciones flagrantes a los derechos humanos. Era la estrategia que Díaz Canel pensaba usar para debilitar la imagen de Bukele ante los ojos de América Latina.

 Sin embargo, Bukele no reaccionó inmediatamente. Permaneció en su asiento con su característica sonrisa, una sonrisa que había desconcertado y frustrado a sus oponentes políticos durante años. Los asesores de Bukele observando con atención esperaban una respuesta inmediata, pero él simplemente movió la cabeza en señal de desaprobación.

“Aún no”, murmuró. Díaz Canel, interpretando el silencio como una victoria clara, decidió no detenerse ahí. El presidente cubano, con su mirada fija en Bukele se sintió seguro de que su ataque había tenido el impacto deseado. Decidió profundizar su crítica. No podemos aceptar que se utilice el pretexto de la seguridad para implementar estados de excepción permanentes, para llenar las cárceles con jóvenes pobres, para militarizar países enteros”, dijo mientras su tono se volvía más firme, casi autoritario.

“Eso no es democracia, eso no es justicia social”, agregó con énfasis, con la esperanza de que sus palabras calaran hondo. Lo que Díaz Canel no sabía y lo que nadie en la sala podía prever que el silencio de Bukele era parte de una trampa meticulosamente calculada. El aplauso que siguió al discurso de Díaz Canel fue tibio, como suele ocurrir cuando los discursos no logran cautivar realmente a los oyentes.

Fue un aplauso protocolar forzado, que se escuchó en la sala, pero que no logró transmitir la aprobación genuina. Algunos representantes de gobiernos de izquierda mostraron una aprobación evidente, mientras que otros, especialmente aquellos de países que enfrentaban problemas de criminalidad similares a los de El Salvador, se veían incómodos ante la crítica implícita que Díaz Canel había lanzado contra las políticas de Bukeley.

 Cuando el moderador anunció el turno para las réplicas, todas las cámaras de televisión se dirigieron automáticamente hacia Bukeley. Los periodistas, que ya percibían que algo extraordinario iba a ocurrir se prepararon para captar cada palabra del presidente salvadoreño. Las redes sociales, como es habitual en estos tiempos, comenzaron a llenarse de comentarios anticipando cuál sería la respuesta de Bukele.

Read More