Esto ocurrió un jueves a finales de año. No voy a dar la fecha exacta porque todavía hay gente expuesta, pero fue después de meses de marchas de primarias, de diálogos rotos. de sanciones, de elecciones robadas, de ese desgaste acumulado que tú ya conoces y que va erosionando hasta la paciencia más firme. Y además esa semana el ambiente ya se sentía raro, distinto, porque desde el lunes empecé a anotar señales extrañas, oficios oficiales que nunca respondían, empezaron a contestarse rápido, mensajes que antes tardaban horas, ahora llegaban en
minutos y un par de amigos en Fuerte Tiuna me escribieron frases cortas, crípticas, como pronto, hermano, pronto, sin detalles. Y al mismo tiempo ciertos chats donde siempre había ruido y chisme se quedaron en un silencio casi antinatural, como si alguien hubiera apagado el sonido de golpe. El jueves en la mañana, alrededor de las 8 recibí la primera señal clara.

Me llamó un coronel con el que llevaba años hablando en clave, siempre cuidadoso, siempre midiendo cada palabra. Pero ese día fue directo y sin rodeos cuando me dijo, “Hoy no te muevas mucho, mantente cerca del centro. la cosa se va a poner seria. Yo le pregunté de frente, “Es hoy.” Hubo una pausa breve, pesada, y respondió, “Es hoy si todo sale como debe.
” Y colgó sin más detalles. Y aunque entendí perfectamente el mensaje, también sabía que no era la primera vez que escuchaba uny habíamos pasado por madrugadas llenas de rumores, por supuestos alzamientos que terminaban en nada o peor aún en unos cuantos presos más. Así que por fuera no alteré la rutina, aunque por dentro algo ya se estaba moviendo.
Fui al comando, que en realidad era un apartamento adaptado en Chacao con monitores, mapas, pizarras y café en cantidades industriales. Entré como a las 9:15 y ahí había cinco personas, todas con cara de no haber dormido bien en días. Y durante esas primeras horas todo fue raro, pero nada concluyente, hasta que ocurrió algo que nos llamó la atención.
Un general que siempre llegaba tarde ese día se conectó puntual a la reunión por Zoom exactamente a las 10 y otro que estaba fuera del país apareció con una señal perfecta, algo inusual, mientras empezaban a llegar mensajes sueltos, movimientos en la carlota, rumores en el 4F, tanquetas desplazándose, ese tipo de información que flota siempre antes de algo grande, pero que nunca termina de confirmarse y por eso cada vez que alguien decía ya empezó Yo bajaba hasta no ver no creer.
Sin embargo, cerca de las 2 de la tarde llegó la primera confirmación seria de que esto no era un jueves cualquiera. Un capitán que casi nunca se arriesgaba a mandar audios me envió uno de apenas 10 segundos. Se escuchaban voces de fondo, ambiente de cuartel y decía, “Nos acaban de cambiar la orden. No hay instrucciones de reprimir, solo alerta máxima.” Y eso para mí fue clave.
Porque en Venezuela, ante cualquier protesta, lo primero que baja es la orden de controlar disturbios. Así que escuchar solo alerta máxima me encendió una alarma distinta, una que no había sentido antes. Durante la tarde Caracas parecía anestesiada esa sensación extraña que a veces se da cuando el tráfico no fluye igual, cuando la gente te mira distinto, cuando nadie sabe nada, pero todos intuyen que algo está por pasar.
Y yo salí dos veces del comando, una alrededor de las 4 para comprar café y otra cerca de las 7 para despejar la cabeza. Y en ambas vi más guardia nacional de lo habitual, pero no con actitud agresiva, sino como esperando, observando. Y ya de noche, entre las 9 y las 9:30 llegó el momento fuerte porque me volvió a llamar el mismo coronel de la mañana, pero esta vez su tono era otro.
hablaba casi sin respirar entre frase y frase y me dijo, “Ya se dio la orden. Hay un grupo en camino. El objetivo es capturarlo vivo.” Y repito, vivo porque esa palabra lo cambia todo. Ahí sentí como se me apretó algo por dentro. Le pregunté, “Mira, Flores,” me respondió, “No cambió de sitio. No duerme donde crees. No preguntes más, pero estate listo.
” Y entonces vino lo más importante. Si esto se concreta, tienes que avisarle a ella directo, sin intermediarios. Y cuando dijo ella, supe que hablaba de María Corina. Colgó sin despedirse y yo me quedé unos segundos mirando el teléfono. Eran alrededor de las 9:40. No miré la hora exacta, pero lo sé porque en la televisión del comando ya estaban arrancando los noticieros de la noche y en ese instante entendí que lo que venía a continuación podía cambiarlo todo.
No le dije nada al resto en ese instante, solo solté algo neutro, casi frío. Hay movimiento, manténganse atentos. Y de inmediato aclaré sin cadenas de WhatsApp, sin ruido, todavía no, porque sabía que en situaciones así el exceso de información puede ser más peligroso que el silencio. Y entre las 10 de la noche y la medianoche, todo se convirtió en una mezcla extraña de espera tensa y microinformaciones sueltas.
Uno escribía que había movimiento cerca de la cazona, otro aseguraba haber visto salir una caravana extraña de fuerte tiuna. Otro más decía que Maduro no estaba en Miraflores desde temprano. Y te soy honesto, en ese momento la mitad podían ser rumores reciclados y la otra mitad verdades cruciales. Así que mi trabajo era filtrar, cruzar datos, sobre todo no dejarme llevar por la ansiedad, porque perder la cabeza en ese punto era el peor error posible.
hasta que alrededor de las 11:30 llegó un mensaje clave por uno de los canales seguros que teníamos con militares, un mensaje corto, casi frío, que solo decía fase dos nada más, pero para nosotros eso lo decía todo porque esas fases las habíamos definido sem antes en una reunión muy reducida de coordinación.
Fase uno era no represión, fase dos significaba neutralización de bandos altos y fase tres aseguramiento del objetivo. Así que leer dos fue entender que esto iba en serio, que ya se había cruzado un umbral y que no había marcha atrás sencilla. A medianoche el comando ya estaba lleno. Éramos unas 15 personas entre técnicos, políticos y gente de comunicación y aún así nadie gritaba ni celebraba porque todos sabíamos que hasta que el tipo no estuviera bajo control real, cualquier cosa podía pasar.
desde un contragolpe inesperado hasta un masacre diseñada para sembrar terror. Y el momento que para mí marcó un antes y un después llegó cerca de las 2:15 de la madrugada. No te puedo jurar si eran las 2:10 o las 2:20, pero recuerdo con claridad haber visto el reloj digital en uno de los monitores marcando esa hora aproximada cuando el teléfono rojo, por llamarlo de alguna alguna forma, empezó a vibrar.
Ese teléfono casi nunca sonaba, era una línea extremad específica que solo tenían tres personas en uniforme. Miré la pantalla, el nombre del coronel, contesté con un aló seco, sin rodeos y del otro lado solo escuché, “Listo, objetivo asegurado vivo.” Trasladándolo, repito, ya no está libre. Yo pregunté casi por reflejo, confirmado, y me respondió, “Confirmado el 100%.
Lo tengo frente a mí, no es rumor. Y enseguida añadió, “Escucha, faltan horas para que esto sea público. Ocúpate lo tuyo, ni una palabra por aquí.” Y colgó. Me quedé mirando el teléfono unos segundos y sentí algo muy extraño, como si todos en el cuarto supieran que algo acababa de pasar, que yo tod había abierto la boca hasta que uno de los compañeros dijeron y yo simplemente respondí, ya está, lo tiene en vivo y ahí la saben también por completo.
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Gritos ni festejos, pero sí un silencio distinto, pesado, denso. Uno se tapó la cama, la otra persona empezó a llorar bajito y yo la verdad reír llorar. sentarme o salir corriendo. Lo único que tuve absolutamente claro en ese instante fue una cosa, tenía que llamar a María Corina de inmediato y no era por protagonismo ni por impulso, era porque desde meses habíamos acordado un protocolo muy específico.
Si pasaba lo grande, no se armaba raras, no había 10 personas llamándola al mismo tiempo. Había una sola llamada de una sola persona con información verificada y esa persona era yo. Así que respiré hondo, tomé el otro teléfono, el personal, busqué su chat y marqué. Sonó varias veces, creo que cuatro timbrazos y por un segundo pensé que estaba dormida, pero atendió.
Su voz sonaba cansada, pero completamente despierta, como alguien que lleva días durmiendo mal. Y lo primero que dijo fue, “¿Qué pasó?” Sin saludo ni rodeos. Y yo no le di vueltas. Ya lo tienen, está capturado, está vivo, lo están trasladando. Del otro lado hubo un silencio que no sé si duró 3 segundos o 10, pero a mí se me hizo eterno.
Y lo primero que me dijo con la voz muy bajita fue, “¿Está seguro?” Yo le respondí, “Me lo está diciendo alguien que lo está viendo. No es cadena de WhatsApp, no es chisme, es real. Ahí escuché que tomó aire y solo dijo, “Okay, nada de gritos, nada de euforia, solo un okay seco contenido.” Yo le pregunté, “¿Está sola?” Y me respondió, “Estoy con dos personas, pero estoy en un cuarto.
” Aparte se escuchaba como si se hubiera cerrado en un estómago o en un baño, no sé. Y enseguida me preguntó qué estaba pasando afuera, así que le hice un resumen rápido. Todavía no hay nada en la calle. Los cuarteles están en alerta, pero no hay orden de reprimir. El país no sabe nada. Esto va a explicar en unas horas cuando se haga público y por eso te llamo ahora.
Y ella se quedó callada un momento y me dijo algo que se me quedó clavado hasta hoy. Esto puede terminar bien o puede ser un desastre. Y tenía razón, yo mismo lo estaba pensando, pero escucharlo de su boca como un baño de agua fría, porque claro, una parte de mí, la más básica, quería ver a la gente celebrando banderas, alegría contenida, liberándose otra parte y sala más lúcida, se imaginó a colectivos desatados, venganzas en los barrios, saqueos y entendí que lo que se hiciera en las próximas horas iba a definir cuál de esos 12 escenarios iba a ganar. los
ajustes de cuentas. Y fue justo en ese punto cuando le dije lo que para mí era lo más importante de toda esa llamada, lo que de verdad podía cambiar el rumbo de todo y se lo dije sin adornos, casi con urgencia. María, lo que digas tú en las próximas dos horas va a definir si esto es una victoria real o si abrimos la puerta a una guerra civil chiquita, pero guerra al fin.
Y por eso lo primero que salgas a decir tiene que ser calma y paz. Nada de humillaciones, nada de cacerías de brujas, justicia sí, venganza, no. Y ella me respondió casi como si me estuviera pellicando desde el otro lado del teléfono. Tú estás consciente de todo lo que nos han hecho, de los que se murieron, de los presos, del hambre, de todo.
Y yo le contesté sin dudar, claro que sí, mi hermano murió en 2017 en una protesta. Tú lo sabes. Y si alguien tiene razones para querer venganza soy yo. Pero precisamente por eso te lo digo yo, porque si convertimos esto en una vendeta, perdimos moralmente, aunque lo tengamos a él preso. Capturamos a un hombre, pero terminamos destruyendo medio país.
Y después de eso hubo otro silencio largo. Se escuchaba un leve eco como si se hubiera sentado en el piso apoyada contra una pared. Y entonces me dijo algo que me marcó. Yo no quiero linchamientos. No quiero que nadie salga herido esta noche. Necesito que me ayudes a construir ese mensaje. Y ahí entendí que no bastaba con decir calma, que había que explicarle a la gente por qué.
Así que empezamos a hablar ya en modo táctico y le dije, “Lo primero en tu primer mensaje antes de cualquier otra cosa. Di claramente que ni un solo chavista de base debe ser tocado, que nadie tiene derecho a agredir a un vecino por haber sido chavista. Eso tiene que hacerlo primero. Segundo, habla de justicia, pero en términos institucionales, tribunales, debido procesos, reparación, nada debamos a pagarles con la misma moneda.
Aunque te nazca, no lo digas. Tercero, orienta a la gente a celebrar en sitios específicos, no en sedes del Pubú, no en cuarteles, sino en plazas, avenidas, iglesias, lugares neutrales. Y cuarto, manda un mensaje directo a la fuerza agradeciéndoles por no disparar y por proteger a la gente, porque eso los amarra públicamente a esa conducta.
Y ella me respondió con una honestidad que no esperaba. Yo tenía un borrador de discurso para este día. Lo he ido cambiando con los años, te soy sincera. Las primeras versiones eran más duras, más de caiga quien caiga, pero en los últimos meses lo he estado suavizando. Aún así, después de escucharte, creo que voy a votar ese borrador y voy a hablar desde cero, desde ahorita.
Y ahí vino un giro que de verdad no me esperaba porque yo pensaba que ella iba a estar en modo victoria total, arriba emocionalmente y en cambio la sentí muy consciente del peligro, muy lúcida cuando me dijo, “Yo me acuerdo del 11 de abril de 20022 de cómo la cosa seora. No quiero eso otra vez no quiero otro caso tampoco. Todo lo que hemos luchado no puede terminar con imágenes de gente linchando a nadie.
No quiero presos políticos chavistas, quiero culpables juzgados, que no es lo mismo. Y mientras hablábamos, yo me pagaba, caminaba por el cuarto, volví a sentarme porque desde donde estaba no veía la los monitores y caras tensas y antes de colgar le hice otra advertencia clave. Mira, te van a presionar en cuanto esto se haga público.
Van a empezar a llamar de todos lados, del exterior, de partidos, de grupos radicales. Unos van a pedir madura total y otros perdón absoluto. Pero tú tú tienes que tener clarísimo tu centro, justicia sin venganza, porque si te mueves desde ahí nos vamos a romper por dentro. Y ella me respondió algo que terminó de convencerme de que estaba entendiendo la dimensión del momento.
Si yo pido venganza, me vuelvo igual a ellos. Y si pido olvido total, traiciono a las víctimas. No voy a hacer ninguna ni las dos. Voy a hablar de memoria, de verdad y de justicia, pero también de reconciliación. Y sobre todo voy a decirle a la gente que no se usar por el odio. Y en medio de esa conversación pasó algo curioso. La llamada se cortó.
No sé si fue la señal o si alguien entró al cuarto donde estaba ella, fueron como 20 segundos y me escribió por mensajes. Secó la llamada, dame un minuto. Y en ese lapso un miedo tonto. Pensé, y si la están grabando y si alguien usa esto en su contra. Enseguida entendí que ya daba un poco igual porque lo que estábamos diciendo era exactamente lo que queríamos que se supiera, que no queríamos sangre.

Y cuando me volvió a llamar, lo primero que me dijo fue, “Ya grabé un audio corto para mi equipo. Nadie sale hasta que tengamos el mensaje listo. No quiero que nadie se me pidió algo muy concreto. Quédate conmigo en línea mientras escribo. Solo voy a tomar nota. No me hables mucho, pero si se me ocurre algo muy hecho muy suave, te lo leo y tú me dices.
” Y ahí supe que esas próximas palabras, las que todavía no se habían escrito, iban a pesar más que cualquier discurso de victoria. Yeah.