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La hoja de coca de Luis Arce CAYÓ en 2 3 segundos tras la pregunta de Milei

 Porque a veces la historia se escribe con las pequeñas cosas que se caen de las manos. Ese momento histórico cuando un líder liberal libertario se enfrentó al heredero socialista de los Andes. Mientras Luis Arce defendía la legitimidad de la economía coca, el pueblo boliviano luchaba por sobrevivir entre la pobreza y la migración.

 La escena estaba montada en La Paz a 3,500 m de altura. El gran salón del palacio quemado, reunido con 38 personas para la reunión de crisis económica, Luis Arce, como líder del partido más subiría al estrado esa noche por lo que sería la última vez. Pensaba que defendería el legado de Evo Morales, que demostraría que el socialismo seguía vivo en Bolivia.

 Pero esa noche, Javier Miley también estaba allí. El presidente de Argentina había venido a La Paz para las negociaciones de cooperación económica y tenía en sus manos documentos que Arce nunca esperó. En esos documentos estaban escritos los secretos más oscuros de 20 años de poder del más. Arce a los 60 años aún trataba de caminar bajo la sombra de Evo.

 Su ropa tradicional boliviana, la hoja de coca en su mano y esa famosa actitud tranquila. Pero esa noche no sabía que frente a él estaba sentado el crítico más duro de América Latina. Y ese crítico sabía muy bien cómo destruir símbolos. La reunión comenzó con la ceremonia tradicional. Arce comenzó a hablar de la manera acostumbrada, mostrando a todos la hoja de coca en su mano.

 En su discurso, que comenzó con hermanos, enfatizaba la herencia ancestral, los derechos de los pueblos indígenas y la lucha antiimperialista. Las mismas palabras que repetía desde hacía 20 años, la misma retórica, la misma justicia prometida. Esta hoja sagrada es nuestra identidad, decía levantando al aire la hoja de coca en su mano.

 Durante miles de años los pueblos andinos vivieron con esta planta, tomaron fuerza de ella. Nosotros también mantendremos esta fuerza en la base de nuestra economía. Pero esta vez los oyentes eran diferentes. En el salón no solo estaban las autoridades bolivianas, también estaba la delegación argentina. Y al frente de esa delegación estaba sentado un huéspedy tomaba nota de cada palabra de Arce.

 En realidad no solo tomaba notas, estaba estudiando a su presa. Mientras Arce hablaba, los ojos de Miley nunca se apartaron de él. Cada gesto, cada referencia a la hoja de coca, cada énfasis en el socialismo, todo lo registraba porque conocía muy bien los puntos débiles de este sistema que había gobernado Bolivia durante 20 años.

 y esa noche tocaría uno de esos puntos débiles. El discurso de Arce duró 35 minutos. Presentó la crisis económica de Bolivia como culpa del imperialismo estadounidense. Definió las demandas de prohibición de la producción de coca como genocidio cultural. Cada problema en el país lo atribuyó, como venía haciendo durante 20 años, a las conspiraciones de fuerzas externas.

Pero cuando su discurso terminaba, pasó algo que nunca esperó. El presidente Miley se puso de pie y pidió la palabra. Según el protocolo diplomático, el presidente del país invitado tenía derecho a hablar, pero nadie lo esperaba porque en este tipo de reuniones generalmente se hacían discursos de cortesía.

 Cuando mi ley subió al estrado, el salón cambió de atmósfera. De repente, Arce tomó su lugar, pero no estaba cómodo. Este hombre era impredecible. No se sabía qué diría, qué tabúes rompería. Presidente Arce, comenzó mi ley. Había respeto en su voz, pero también distancia. acaba de hacer un discurso muy impresionante.

 Identidad cultural, derechos indígenas, antiimperialismo, temas muy familiares. Escuchamos las mismas palabras desde Evo Morales. El salón se tensó. El tono de mi ley aún no era agresivo, pero todos se preguntaban qué vendría. Pero quiero hacerle esta pregunta, continuó mi ley. Durante estos 20 años, bajo el gobierno del más, ¿el pueblo boliviano realmente alcanzó la prosperidad? Arce se sintió incómodo.

 Esta pregunta parecía inocente, pero olía a trampa. Por supuesto, respondió, nosotros redujimos la pobreza a la mitad, reconocimos los derechos de los pueblos indígenas. Nacionalizamos nuestros recursos naturales. Mi ley sonrió. Pero esta sonrisa no era cálida. En serio, dijo. ¿Puedo mostrarle algunas cifras? Y en ese momento el asistente de mi ley abrió una gran pantalla.

 Aparecieron números en la pantalla, pero estos no eran los números que Arce esperaba, estos eran mucho más inquietantes. “¿Reconoce estas cifras, presidente Arce?”, preguntó mi ley. Arce miró la pantalla y su rostro palideció, porque lo que vio en la pantalla eran las cifras de los recursos extraídos de Bolivia durante los 20 años de gobierno del más.

Los ingresos ilegales obtenidos de la producción de coca, el dinero trasladado al extranjero, el tamaño de la economía informal, desde 2003 hasta 2023. Leyó mi ley. La cantidad de dinero extraída ilegalmente de Bolivia superó los 12,000 millones de dólares. En el mismo periodo, ustedes dicen que la tasa de pobreza de su país bajó del 65% al 40%.

Pero estas cifras muestran que con el dinero que se fugó, la pobreza podría haber sido completamente eliminada. El salón explotó como una bomba. Los funcionarios del más se pusieron de pie. La delegación argentina dirigió sus ojos hacia Arce. Pero mi ley continuó tranquilamente. ¿Son correctas estas cifras? Preguntó.

 Y ahí llegó el momento. El momento en que la hoja de coca se cayó de la mano de Arce. Luis Arce nunca se había enfrentado a una pregunta así en sus 20 años de carrera política. Las cifras estaban ahí ante los ojos de todos. No podía negarlas porque estaban documentadas por organizaciones internacionales, pero si las aceptaba, sería el fin del partido más.

 Y en ese momento se vivió una escena que pasaría a la historia de Bolivia. La mano de Arce comenzó a temblar. no pudo sostener la hoja de coca en su mano y esa hoja sagrada lentamente se deslizó de su mano y cayó al suelo. La caída duró 2,3 segundos, pero esos 2.3 segundos cambiaron el destino de Bolivia. Primer segundo. La hoja comenzó a deslizarse de su mano.

Arce trató de impedirlo, pero su mano había perdido el control. Segundo, segundo. La hoja flotaba en el aire. Las cámaras del salón estaban grabando este momento. El rostro sorprendido de Arce, la hoja que caía, todos mirando esa hoja. 2.3 segundos. La hoja tocó el suelo. Y en ese momento no solo cayó la hoja, el símbolo de 20 años de gobierno del más, el legado de Evo, el último bastión del socialismo en Bolivia.

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