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¡Jaque Mate a la Impunidad! Claudia Sheinbaum Acorrala a Alito Moreno y Va por sus Mansiones sin Necesidad de Juicio

La política mexicana acaba de presenciar uno de los movimientos más astutos y contundentes de los últimos tiempos. Lo que está sucediendo esta semana con el caso de Alejandro Moreno Cárdenas y la presidenta Claudia Sheinbaum es algo que sacudirá los cimientos de la vieja política. Ese dirigente del PRI que durante años se llenó la boca hablando de democracia, legalidad y rectitud, acaba de quedarse sin piso por donde pisar. Frente a una presidenta que, con la serenidad de quien tiene los datos crudos y reales en la mano, pronunció cuatro palabras que lo dejaron temblando desde Palacio Nacional.

Hoy, ese personaje que se creyó intocable, que pensó que el fuero constitucional era su escudo personal y eterno, está viendo cómo la temida figura de la extinción de dominio se cierne sobre sus ostentosas propiedades de lujo en Campeche. Es como una tormenta perfecta que él mismo ayudó a construir, ladrillo por ladrillo. Las cifras, los nombres y las fechas verificables que rodean este caso dejan a cualquiera con la boca abierta.

El Origen de una Fortuna Inexplicable

Para entender la magnitud de este golpe, primero debemos poner en contexto quién es este personaje. Alejandro Moreno Cárdenas, conocido popularmente como “Alito”, llegó a la gubernatura del estado de Campeche en el año 2015. Lo hizo con el discurso tradicional de siempre: el del priismo de toda la vida, lleno de promesas de bienestar y transparencia que, mágicamente, se evaporan en cuanto se cierra la puerta del despacho gubernamental.

Cuatro años después, en 2019, al terminar su mandato, las investigaciones comenzaron a revelar un panorama desolador, pero tristemente familiar para muchos mexicanos. Solo que esta vez, el saqueo tenía nombres, direcciones exactas y registros catastrales concretos. La Fiscalía General de la República abrió entonces una carpeta de investigación por presunto enriquecimiento ilícito. Luego vinieron más carpetas, más denuncias, más escándalos. Así fue como este hombre, que se paseaba por los congresos del partido como si fuera el dueño absoluto del país, empezó a acumular expedientes penales a la misma velocidad que acumulaba inmuebles.

Uno tras otro, los bienes a su nombre aparecían sin que nadie pudiera explicar, matemática y lógicamente, de dónde venía el dinero. Y aquí es donde radica el primer dato verdaderamente alarmante: según los registros obtenidos por exhaustivas investigaciones periodísticas y confirmados por la propia fiscalía, los ingresos legales de Alejandro Moreno Cárdenas a lo largo de toda su vida como servidor público (sumando sus años como regidor, diputado federal, senador y gobernador) no representan ni siquiera la décima parte del valor total de los bienes y propiedades que se le atribuyen.

Es una burla al ciudadano de a pie. Hablamos de un hombre que ha vivido del presupuesto público toda su vida adulta, que nunca ha construido una empresa productiva, que jamás generó riqueza para nadie más que para él y su círculo íntimo. Y, sin embargo, terminó siendo dueño de una mansión faraónica valuada en más de 130 millones de pesos. Inmuebles en exclusivas zonas residenciales de la Ciudad de México, enormes terrenos en las paradisíacas playas de Champotón, y una intrincada red de propiedades que involucra a su propia madre, a su hermano Emigdio Gabriel y a un arquitecto de cabecera que funge, sospechosamente, como prestanombres en los registros públicos de Campeche.

El Escándalo del Medio Centavo y la Red de Complicidades

Hablemos de números concretos, de esos que indignan y lastiman a la nación. La Fiscalía Anticorrupción del estado de Campeche documentó, en su solicitud de desafuero de julio de 2025, un presunto desvío de más de 83.5 millones de pesos por uso indebido de atribuciones y peculado. Pero el abismo de irregularidades es mucho más profundo.

Las investigaciones independientes identificaron una red de complicidad que involucra a 17 personas, entre ellas exfuncionarios de alto nivel de su propio gobierno en Campeche. Documentaron la dudosa compra y venta de por lo menos 35 casas y terrenos en territorio campechano. Varios de estos inmuebles fueron adquiridos a precios literalmente de risa, para luego multiplicar mágicamente su valor en un tiempo récord.

El caso más grotesco es un polígono de 30 hectáreas de hermosas playas en Champotón. Este pedazo de paraíso habría sido adquirido por la irrisoria cantidad de 100,000 pesos y transferido convenientemente a nombre de su madre. El registro catastral de esos predios fue tasado en apenas 1,262 pesos en total. Si hacemos los cálculos documentados, significa que cada metro cuadrado costó menos de medio centavo. Medio centavo por un metro cuadrado de playa. Eso es lo que pretenden hacerle creer a los mexicanos que vale el patrimonio de un político que hoy sigue cobrando como senador de la República, gozando de fuero, jugoso sueldo, escoltas pagadas por el erario y la desfachatez de presentarse ante los micrófonos para dar lecciones de democracia.

El Escudo del Fuero: 46 Meses de Burlas

Lo que más indigna a la sociedad no es solo el descarado enriquecimiento, sino la parálisis de la justicia. La solicitud de desafuero contra Alejandro Moreno lleva tramitándose desde 2022. Han pasado 46 meses exactos sin que la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción enviara formalmente el expediente a la Cámara de Diputados para iniciar el juicio de procedencia que finalmente le quitaría el fuero.

Casi cuatro años de letargo institucional. Nadie ha podido explicar por qué ese trámite se estancó. El fuero ha hecho lo que históricamente ha hecho en México: proteger al poderoso, funcionar como un muro impenetrable entre la élite y la justicia, como un seguro de vida para aquel que tomó lo que le pertenecía al pueblo. Es la perpetuación de esa vieja frase de las abuelas mexicanas: “En este país hay dos tipos de leyes, la que se aplica al que no tiene palancas y la que nunca llega para el que sí las tiene”.

La Maestría de Sheinbaum: “Mejor que Regrese lo Robado”

Sin embargo, la historia dio un giro espectacular y definitivo el pasado 25 de mayo de 2026. Durante la tradicional conferencia mañanera, la presidenta Claudia Sheinbaum fue cuestionada directamente por la prensa sobre la falta de avance en el desafuero de Alito Moreno. En lugar de enfrascarse en quejas sobre el Poder Legislativo, la presidenta, con la calma clínica que la caracteriza, soltó una respuesta que ya es un mantra en todo el territorio nacional.

Dijo textualmente: “Les puedo decir lo que pienso en estos casos: mejor que regrese lo robado”.

Cuatro palabras impecables. Sin matices, sin titubeos. A continuación, explicó una vía legal paralela y letal: cuando se demuestra un acto de gran corrupción, el Estado no necesita sentarse a esperar un juicio de desafuero eterno. Se puede aplicar la extinción de dominio. Esta figura constitucional permite que los bienes obtenidos de manera ilícita sean incautados y transferidos directamente al Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado.

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