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Bukele Quiso Darle una Medalla a un Policía Héroe – Descubrió Que Murió en la Calle 🇸🇻

 Encontraron su expediente, 28 años de servicio, retirado en 2017 por incapacidad parcial debido a heridas de bala. Dirección registrada. Colonia Las Margaritas, [música] Soya Pango. Enviaron una invitación a esa dirección. La carta fue devuelta. Destinatario no encontrado. Llamaron al teléfono registrado, número fuera de servicio. Contactaron a la comisaría de Soyapango, donde Montalvo había servido.

 Nadie sabía dónde estaba. Se retiró hace años. No hemos sabido de él, dijeron. El equipo de protocolo buscó más registros de seguro social, nada. Registros hospitalarios, nada. Registros de vivienda, nada. Ernesto Montalvo había desaparecido del sistema como si nunca hubiera existido. Hasta que un asistente tuvo la idea de buscar en los registros de medicina forense lo que encontró le el heló la sangre.

 Ernesto Montalbo, masculino, 59 años, encontrado sin vida en una banca del parque central de Soya Pango el 14 de agosto. Causa de muerte, hipotermia combinada con desnutrición severa. Estado al momento de la muerte, indigencia, sin familiares identificados, enterrado en fosa común del cementerio municipal. Caso cerrado. [música] El asistente leyó el informe tres veces.

 Luego caminó hasta la oficina de Bukele y le entregó el documento sin decir una palabra. Bukele lo leyó. Leyó indigencia. Leyó fosa [música] común. Leyó caso cerrado. Me están diciendo que el policía al que quiero darle una medalla al valor está enterrado en una fosa común. Sí, señor presidente. Murió hace 4 meses en una banca de parque a tres cuadras de la comisaría, donde sirvió 28 años.

 Bukele cerró el informe, lo puso sobre la caja de terciopelo que contenía la medalla, la medalla destinada a un hombre que ya no podía recibirla. Quiero saber todo sobre Ernesto Montalvo, cómo vivió, cómo sirvió y sobre todo cómo un hombre que salvó 14 vidas terminó muerto de hambre y frío en un parque. Todo sin filtros.

Para entender la vida y la muerte de Ernesto Montalvo, hay que empezar por la noche que lo convirtió en héroe. 12 de septiembre de 2015, [música] Soypango. 11 de la noche. El sargento Montalvo estaba terminando su turno en la comisaría central cuando la radio estalló. Tiroteo activo en la colonia Quiñones.

 Múltiples heridos, civiles atrapados. Solicitamos todas las unidades disponibles. Montalvo tenía 51 años, llevaba 24 años en la policía. Había sobrevivido a la época más violenta de la historia de El Salvador, cuando las pandillas mataban a más de 100 personas por semana. Había visto cosas que nadie debería ver. Había hecho cosas que nadie debería hacer, pero seguía poniéndose el uniforme cada mañana porque creía genuinamente que el uniforme significaba algo.

 Esa noche, Montalvo era el oficial de mayor rango disponible. Tomó el mando de un equipo de seis policías y se dirigió a la colonia Quiñones. Lo que encontraron al llegar era un infierno. Un enfrentamiento entre la MS13 y el barrio 18 había estallado en medio de una zona residencial. [carraspeo] Los pandilleros disparaban desde azoteas y esquinas.

 Las balas rebotaban en las paredes de las casas, donde familias enteras se escondían debajo de las camas, en los baños, en cualquier rincón que les diera una ilusión de protección. El tiroteo llevaba 20 minutos cuando la policía llegó, pero para entonces 14 civiles estaban atrapados en una casa que había quedado en medio del fuego cruzado, una familia de seis, un matrimonio anciano y seis vecinos que habían corrido a la casa buscando refugio.

 “Hay gente adentro”, gritó un vecino desde una esquina. “¡Hay niños! No pueden salir.” Montalvo evaluó la situación. La casa estaba a 50 m de su posición, 50 m de calle abierta, sin cobertura, bajo fuego cruzado de dos pandillas. Cruzar esos 50 m era prácticamente un suicidio. “Necesitamos refuerzos”, dijo uno de sus agentes.

 “Los refuerzos tardan 20 minutos. Esas personas no tienen 20 minutos”. Montalvo tomó una decisión que iba a definir el resto de su vida. Los pocos meses que le quedaban de una vida que valía la pena y los años de una vida que no valdría nada. Voy a ir por ellos. Dijo López. Cubrme desde la esquina. Ramírez, disparen al aire cuando yo esté a mitad de camino para distraerlos.

Sargento, es una locura. Es mi trabajo. Montalvo corrió 50 m bajo fuego cruzado. Las balas pasaban tan cerca que podía sentir el desplazamiento de aire en su cara. El asfalto saltaba en pedazos a sus pies, donde los impactos pegaban. Un balazo le pegó en el hombro izquierdo a los 20 m. Montalvo no se detuvo.

 El dolor era una señal de que estaba vivo y mientras estuviera vivo, podía llegar a esa puerta. Otro balazo le pegó en el muslo derecho a los 35 m. Montalvo tropezó, pero no cayó. Siguió corriendo con una pierna que bombeaba sangre con cada paso. A los 50 m llegó a la puerta, la pateó con la pierna buena. Entró.

 14 personas lo miraron desde el suelo con ojos que habían aceptado la muerte y de pronto veían la posibilidad de vida. Policía, vamos todos al fondo de la casa. Hay una salida trasera. Montalvo los sacó uno por uno. Primero los niños, que eran cuatro, después los ancianos, después los adultos. Los guió por la puerta trasera hacia un callejón que conectaba con una calle segura.

 Cuando el último civil salió, un tercer balazo le pegó a Montalvo en la espalda baja. Cayó. Sus compañeros lo sacaron arrastrándolo por el callejón. La ambulancia llegó 15 minutos después. En el hospital, los médicos le salvaron la vida, pero no pudieron salvar todo. El balazo en la espalda había dañado nervios de la columna lumbar.

 No era parálisis total, pero Montalvo nunca volvería a caminar normalmente. Cogearía de por vida. El dolor crónico sería su compañero permanente y el hombro izquierdo nunca recuperaría su movilidad completa. “Sargento, su carrera en el servicio activo terminó”, le dijo el cirujano. “Y las 14 personas, todas están vivas gracias a usted.

” Montalvo cerró los ojos. 14 personas vivas, tres balazos, una carrera destruida. El cálculo no cuadraba, pero Montalvo sabía que las matemáticas del heroísmo nunca cuadran, no se supone que cuadren. Lo que siguió después de esa noche fue la parte de la historia que nadie cuenta, porque las historias de héroes siempre terminan en el momento del rescate.

Nadie filma lo que pasa después. Después del rescate vino la recuperación. 6 meses de hospital, tres cirugías, terapia física que el seguro de la policía cubría parcialmente. Los medicamentos para el dolor crónico [música] no estaban cubiertos. Montalvo los pagaba de su bolsillo. Después de la recuperación vino el retiro.

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