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Carmen Salinas: Confesó la Asquerosidad que le Hacía a los Niños que “Adoptaba”

La niña que entró al asilo no fue la misma niña que salió. Algo se rompió por dentro, algo que, según periodistas que cubrieron su carrera durante décadas, ella nunca pudo reparar del todo. Imagina por un momento que esa niña sentada en el suelo de piedra, esa niña de 6 años escuchando ratas en la oscuridad, fuera tu hija, tu hermana menor, tu propia mamá cuando era pequeña.

Imagínalo durante 5 segundos antes de seguir viendo, porque esa misma niña, según el sicario que la nombró 60 años después, le haría a otros niños algo que ningún padre podría imaginar sin ponerse a temblar. El día que la madre de Carmen volvió por ella, según contó la propia actriz en una entrevista que dio al programa Mujer, Casos de la vida real, en 1998, no hubo abrazo.

Carmen no corrió hacia ella. La madre la encontró sentada en una banca del patio con la mirada clavada en el suelo. Ya no era la misma. La madre le preguntó si quería irse. Carmen le respondió en voz baja una sola palabra. Depende. La madre le preguntó, “¿Depende de qué?” Carmen le contestó, “Depende de si mi cuarto va a tener ratas.

” La madre se quebró ahí mismo, según el relato que la actriz repitió tres veces en distintos años. De vuelta en Torreón, Carmen no quiso volver a dormir sola hasta los 9 años. Pedía dormir con su hermana mayor, Estela. Si Estela no estaba, dormía en el suelo del cuarto de los padres, mojaba la cama hasta los 11. Y según una de sus hermanas, en una entrevista publicada por El Siglo de Torreón en 2022, Carmen a los 12 años empezó a hablar dormida.

Mencionaba nombres, nombres de gente que la familia no conocía y a veces en sus pesadillas decía una palabra, una palabra de cuatro letras. Alma. Esa palabra alma sería el mismo nombre que el sicario Beto pronunciaría 60 años después en el podcast Penitencia. Y según un primo lejano de Carmen que dio una entrevista anónima a un medio digital en marzo de 2026, Carmen le habría dicho una vez en los años 70 que Alma era el nombre de una niña que había estado en el asilo con ella, una compañera 3 años mayor, una niña que la protegía del frío, una niña

que un día desapareció del asilo sin que nadie volviera a mencionarla y que según Carmen, se le aparecía en sueños cuando estaba muy triste. Lo que sí hizo Carmen, ya siendo una mujer famosa y rica, fue volver a ese asilo cada cierto tiempo. Llevaba cajas de huevo, costales de frijol, sacos de azúcar, leche en polvo.

Dejaba dinero, abrazaba a las niñas, les decía que iba a estar bien, que ella había salido de ahí y se había convertido en alguien. Eso fue lo que el público vio, lo que se publicó en revistas, lo que se contó en homenajes. Pero según el testimonio de Beto, el sicario que apareció en el podcast Penitencia en febrero de 2026, las visitas de Carmen al asilo de huérfanos no se limitaban a llevar comida y los niños a los que ella se acercaba en algunos casos jamás volvieron a aparecer en las fotos del año siguiente.

Pero antes de llegar a eso, hay que entender lo que pasó en los años intermedios. Porque entre la niña encadenada de 1945 y la mujer señalada por un sicario en 2026, hubo ocho décadas. Y en esas ocho décadas Carmen perdió mucho más de lo que ganó, empezando por seis hijos. Carmen se casó el 12 de noviembre de 1956.

Tenía 16 años recién cumplidos. Él tenía 25. Se llamaba Pedro Placencia Ramírez y era un pianista de la Ciudad de México que tocaba en la XW, una de las emisoras más importantes del país. Se conocieron en una fiesta. Él la vio cantar. Le dijo que tenía algo. 4 meses después estaban casados. La luna de miel fue corta.

Carmen quedó embarazada casi de inmediato y a las 16 semanas perdió a su primer bebé. La doctora le dijo que su cuerpo todavía no estaba listo, que era muy joven, que descansara, que esperara 2 años. Carmen volvió a quedar embarazada tr meses después. perdió ese también. Y al siguiente y al siguiente. En total, según ella misma contó en una entrevista al programa de primera mano en 2018, perdió cinco hijos antes de poder tener uno vivo.

Cinco abortos espontáneos, todos en embarazos avanzados. Pero hubo uno, el cuarto, que la marcó de una forma que tardó 40 años en poder contar sin llorar. Era 1961. Carmen tenía 22 años. Llevaba 7 meses de embarazo. El bebé era un niño. Y un día, sin previo aviso, empezaron las contracciones. Carmen estaba sola en casa.

Pedro estaba en la radio grabando. La actriz, ya en pánico, dio a luz en el baño de su departamento. El bebé nació vivo. Lloró. Estaba pequeño, pero respiraba. Carmen, sin saber qué hacer, sin haber recibido nunca una explicación de cómo cuidar a un prematuro, hizo lo único que se le ocurrió. Pidió botellas de agua caliente a una vecina, envolvió al bebé en toallas, lo apretó contra su pecho, le hablaba, le decía que aguantara, que iban a estar bien.

Pero el bebé empezó a perder fuerza. Su respiración se hizo cada vez más débil. tenía complicaciones que Carmen, sin médico cerca, no supo identificar. Carmen no sabía. Carmen no entendía. El bebé dejó de respirar entre sus brazos. Carmen, todavía sosteniéndolo contra su pecho, alcanzó a hacer una sola cosa antes de que se fuera.

Lo bautizó, le mojó la frente con agua del lababo, le dijo que se llamaba Jesús y lo besó. Y luego cerró los ojos del bebé con dos dedos y se quedó sentada en el suelo del baño abrazándolo durante 6 horas en silencio absoluto. La voz no le salió. Sus brazos no se movieron hasta que Pedro llegó del trabajo y la encontró. Lo único que Pedro alcanzó a escuchar, según contó él mismo a un amigo cercano décadas después, fue una sola palabra.

Carmen, abrazada todavía al pequeño, repetía esa palabra en voz baja como un rezo. Cuatro letras. Alma. Pedro pensó esa noche que su esposa estaba llamando al alma del niño que se había ido y nunca le preguntó por qué. Tres décadas más tarde, sentado en el departamento de la colonia Roma frente a un Pedrito moribundo, iba a entender que tenía que haberlo preguntado.

Lo que Carmen le dijo a un periodista de la revista T novelas en 1992 sobre lo que sintió ese día. debería ser suficiente para entender por qué, según versiones que ahora vuelven a circular, ella habría aceptado años después una oferta que en otras circunstancias habría rechazado. Vamos a volver a esa frase.

El sexto hijo de Carmen llegó dos años después. Lo llamó Pedro como su padre. le decían. Pedrito, nació en 1963 en la ciudad de México, sin complicaciones, con 2 kil y 900 g. Carmen lo amamantó 11 meses, lo cargaba a todos lados, no lo soltaba ni para dormir. Cuando tenía 2 años, dormía con ella en la cama y Pedro se iba al cuarto de al lado.

La actriz, según ella misma, confesó en una entrevista, había hecho una promesa interna que a este sí no se lo iba a quitar nadie. Pedrito creció. Heredó el talento musical de su padre. A los 29 años ya componía la música incidental de Cuna de Lobos, ese tema oscuro que abre cada capítulo. Carmen, mientras tanto, se convirtió en una de las mujeres más reconocibles de México.

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