El 28 de junio de 2023 quedará marcado en los anales de la historia de la comunicación en México como el día en que la elegancia, la cultura y la impecable dicción perdieron a su máxima representante. Talina Fernández, la mujer que con su sola presencia dignificaba cualquier espacio televisivo, falleció a los 78 años de edad, dejando tras de sí un legado que trasciende generaciones y un vacío que se siente como el fin de una de las épocas más gloriosas de la pantalla chica. Conocida cariñosamente como “La Dama del Buen Decir”, Talina no solo fue una presentadora de televisión; fue una periodista de raza, una mujer de una cultura vasta y, sobre todo, una madre que caminó gran parte de su vida con el corazón fragmentado, esperando el momento de volver a ver a su hija, Mariana Levy.
La noticia de su fallecimiento no solo fue impactante por quién era ella, sino por la celeridad con la que se desarrollaron los acontecimientos. Apenas esa misma mañana se había informado sobre su ingreso de emergencia a un hospital. La d
iscreción inicial de la familia pronto dio paso a la cruda realidad cuando su hijo, Jorge “Coco” Levy, salió ante los medios de comunicación con el semblante desencajado para confirmar lo que nadie quería escuchar. Con una voz quebrada por el dolor, Coco relató que la enfermedad de su madre fue un enemigo silencioso que apareció de forma repentina y devastadora. Lo que comenzó como una debilidad persistente hace apenas un mes, rápidamente se convirtió en una mielosis displásica que derivó en una leucemia agresiva. La sangre de Talina, esa que tanto brillo dio a la televisión, dejó de funcionar. Pero lo más doloroso del relato fue saber que, en sus últimos días, la conductora sufrió dolores intensos que ya resultaban imposibles de controlar para los médicos, marcando un final físico lleno de sufrimiento para una mujer que siempre proyectó paz.
La reacción del mundo del espectáculo fue inmediata y visceral, reflejando el inmenso cariño y respeto que Talina sembró a lo largo de cinco décadas de trayectoria. Una de las primeras en alzar la voz fue su amiga entrañable, Lolita Ayala. Con palabras cargadas de nostalgia, la llamó “hermana” y agradeció por tantas memorias compartidas, recordándonos que en el competitivo mundo de la televisión, también existen lazos de acero. José Ramón Fernández, referente del periodismo deportivo, la definió como una dama educada, fina y trabajadora, un pilar de la mejor época de la televisión mexicana. Estas descripciones no fueron exageraciones de un momento de duelo; eran la descripción exacta de una mujer que nunca necesitó de escándalos para mantenerse vigente.
Jordi Rosado y Rodrigo de la Cadena también se sumaron a los homenajes, destacando la magia y la sabiduría que Talina irradiaba. Para muchos comunicadores jóvenes, ella fue la puerta de entrada a la industria, una maestra que enseñaba con el ejemplo cómo la belleza podía ir de la mano con una inteligencia superior. Verónica Castro, otra gigante de la televisión, compartió una imagen que conmovió a todo el país: un recuerdo de Talina junto a su hija Mariana Levy, ambas sonrientes y talentosas. “Reunidas por amor hasta el cielo”, escribió la Vero, tocando la fibra más sensible de la biografía de Talina: la pérdida de su hija en 2005, un evento que cambió su vida para siempre y que ella enfrentó con una entereza casi sobrehumana.
La trayectoria de Talina Fernández estuvo salpicada de momentos históricos. Figuras como Carla Iberia Sánchez recordaron su faceta de reportera de campo, destacando el día en que, con un profesionalismo de hierro, confirmó la muerte del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio. En aquel momento de caos nacional, Talina mantuvo la calma y entregó la información con la precisión que solo los grandes periodistas poseen. Ese mismo rigor y pasión por el trabajo fue destacado por Adela Micha y Joaquín López-Dóriga, quienes lamentaron la pérdida de una compañera de mil batallas informativas.
A lo largo de las horas posteriores al anuncio, las redes sociales se convirtieron en un mural de recuerdos. Paty Chapoy, Galilea Montijo y Lucero expresaron su tristeza, coincidiendo en que México perdió a un “mujerón”. Lucero, en particular, enfatizó lo que muchos sentían: el alivio agridulce de saber que, después de casi dos décadas de anhelo, Talina por fin podría abrazar de nuevo a su hija Mariana, un encuentro que ella misma había descrito en múltiples entrevistas como el momento más esperado de su existencia.
La vida de Talina Fernández fue una lección de resiliencia. A pesar de los tumores cerebrales que enfrentó hace años y de las tragedias familiares, nunca perdió su chispa ni su sentido del humor. En sus últimas apariciones públicas y en su canal de YouTube, seguía compartiendo anécdotas con esa voz aterciopelada y ese vocabulario exquisito que le valió su apodo. Su profesionalismo impecable se mantuvo hasta el último suspiro, ganándose el respeto incluso de las nuevas generaciones de comunicadores como Maca Carriedo y Mauricio Mancera, quienes agradecieron las lecciones de vida recibidas en los sets de grabación.
El adiós a Talina Fernández no es solo el cierre de un capítulo en las noticias de espectáculos; es un momento de reflexión nacional sobre la calidad de los contenidos y la importancia de la cultura en los medios masivos. Ella representaba una televisión que aspiraba a elevar el nivel del espectador, que valoraba la palabra correcta y el trato amable. Hoy, mientras su familia y amigos se preparan para su funeral, el eco de su “buen decir” queda resonando en los pasillos de las televisoras y en la memoria de un público que la adoptó como la tía, la abuela o la maestra de todos los mexicanos. Talina Fernández se ha ido, pero en cada frase bien pronunciada y en cada acto de valentía periodística, su esencia seguirá viva. Vuela alto, dama del buen decir, que en el cielo ya te esperaba tu estrella favorita para no soltarte nunca más.