La industria del cine siempre ha sido un terreno fértil para el debate acalorado, la confrontación de ideas y la colisión de egos. Sin embargo, en raras ocasiones una simple lista de valoración logra generar un terremoto cultural de las proporciones que hemos presenciado recientemente. El prestigioso y reverenciado ranking de la revista Sight & Sound, considerado por muchos como la “biblia” de la crítica cinematográfica mundial, ha detonado una bomba mediática al encumbrar una obra radicalmente inesperada al puesto número uno: ‘Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles’ (1975), dirigida por la cineasta belga Chantal Akerman. Esta decisión ha desplazado a colosos intocables como ‘Vértigo’ de Alfred Hitchcock y ‘Ciudadano Kane’ de Orson Welles, desatando una tormenta de opiniones encontradas que ha llegado hasta los foros más populares de internet y podcasts de máxima audiencia, como el aclamado The Wild Project.
En un reciente e intenso episodio de The Wild Project, el presentador Jordi Wild y su invitado, el experto JMaquiavello, protagonizaron un choque frontal de perspectivas que refleja a la perfección la polarización que esta película ha inyectado en la sociedad. La pregunta que flota en el ambiente es tan contundente como incómoda: ¿Estamos ante una justa reivindicación del cine feminista y experimental, o se trata de una imposición ideológica que sacrifica el valor puramente cinematográfico en el altar de lo políticamente correcto? Para entender la magnitud de este debate, es necesario desgranar los argumentos, las confusiones y la esencia misma de una cinta que no deja a nadie indiferente.

La Caída de los Gigantes y la Subversión del Canon
Durante décadas, el concepto de “la mejor película de la historia” parecía estar tallado en piedra. ‘Ciudadano Kane’ ostentó el trono durante medio siglo gracias a sus innovaciones técnicas, su narrativa fragmentada y la arrolladora personalidad de Orson Welles. Posteriormente, ‘Vértigo’ tomó el relevo, consolidando la idea de que el mejor cine debía ser una obra maestra de la intriga psicológica, la estética subyugante y la narrativa impecable. Estas películas representaban el pináculo de la industria: eran productos diseñados para maravillar, asombrar y atrapar al espectador en su red argumental.
Sin embargo, la irrupción de ‘Jeanne Dielman’ en la cima rompe absolutamente todos los esquemas tradicionales. Como bien se señala en el encendido debate del podcast, la cinta de Chantal Akerman es, en muchos sentidos, la antítesis del cine comercial e incluso del cine de autor convencional. No busca el entretenimiento, no persigue el dinamismo y huye despavorida de la catarsis emocional fácil. La indignación de figuras como Paul Schrader (guionista de ‘Taxi Driver’), quien llegó a escribir un ensayo titulado “The End?” mostrando su cabreo por el triunfo de esta película, evidencia el doloroso choque generacional y conceptual que azota a Hollywood. Para muchos críticos clásicos, coronar a ‘Jeanne Dielman’ es equivalente a afirmar que el cine, tal y como lo conocíamos, ha muerto, sustituido por un manifiesto político convertido en imágenes.
La Anatomía de la Polémica: ¿Qué es exactamente Jeanne Dielman?
Para comprender el rechazo y la fascinación que provoca esta obra, debemos sumergirnos en su propuesta. ‘Jeanne Dielman’ es una experiencia cinematográfica de más de tres horas que retrata, con una minuciosidad clínica y casi asfixiante, la rutina diaria de una madre viuda que se prostituye ocasionalmente en su propia casa para llegar a fin de mes y mantener a su hijo problemático. A diferencia de cualquier drama de Hollywood, la película de Akerman no escatima en metraje para mostrar las tareas más mundanas: Jeanne hace la cama, limpia los zapatos, prepara café y, en el plano más famoso y divisivo de la cinta, pela patatas en tiempo real frente a una cámara estática.
En The Wild Project, este aspecto generó una fuerte fricción. Se menciona que es una película “dura”, “un ladrillo” y “casi no narrativa”. Y es cierto. La directora belga congela el espacio y dilata el tiempo hasta límites insospechados. El espectador es obligado a convertirse en un voyeur de la alienación doméstica. No hay banda sonora emocional, no hay cortes rápidos de montaje, no hay diálogos chispeantes. Todo está concebido para transmitir el tedio, la presión psicológica y la deshumanización de la mujer en el entorno del hogar.
La defensa de esta radicalidad argumenta que la forma es el fondo. Obligar al espectador a experimentar el aburrimiento y la repetición de las tareas del hogar es un gesto empático de proporciones gigantescas. Durante años, el cine liderado por hombres ha romantizado, ignorado o utilizado a la mujer como un mero objeto decorativo. Akerman, por el contrario, pone el foco absoluto en aquello que la sociedad patriarcal invisibiliza: el trabajo de cuidados y la violencia silenciosa de la domesticidad. Como se expone en la tertulia de Jordi Wild, “es una película política, es un gesto artístico radical y se tiene que experimentar como tal”.
El Debate en The Wild Project: Reivindicación vs. Objetividad
El nudo gordiano de la discusión entre Jordi Wild y JMaquiavello radica en la motivación detrás de los votos que coronaron a la cinta. Jordi Wild argumenta, con la vehemencia que le caracteriza, que mezclar reivindicación con clasificaciones objetivas destruye la seriedad de la lista. “La reivindicación va por un lado, y si tú quieres ser serio tienes que serlo”, señala, argumentando que si bien es vital visibilizar obras olvidadas, colocarlas artificialmente por encima de pilares técnicos e históricos del cine solo genera rechazo, polémica gratuita y enfrentamiento.
Por su parte, la contraparte en el debate defiende que todas las listas son intrínsecamente subjetivas y políticas. Históricamente, el ecosistema crítico ha estado dominado por hombres occidentales que encumbraron las obras que resonaban con su propia visión del mundo. Preguntarse por qué ‘Ciudadano Kane’ era la mejor no es apelar a una matemática divina, sino a un consenso de un grupo demográfico específico. En este sentido, la victoria de ‘Jeanne Dielman’ en la era contemporánea no es un accidente, sino el resultado de la democratización parcial del panel de votantes de Sight & Sound, que en su última edición amplió masivamente su base para incluir a directores, críticos y programadores de un espectro mucho más diverso en género, raza y origen geográfico.
El argumento clave aquí es que el acto de votar por Akerman implica dos gestos inseparables: la defensa de un cine abiertamente feminista que da voz a las amas de casa de los setenta, y la defensa de un cine experimental formalmente rompedor. La película no solo narra una historia de mujeres, sino que lo hace desde una “mirada femenina” que destruye el lenguaje audiovisual impuesto por Hollywood.

La Confusión Anecdótica: Agnès Varda y la Nubel Vague
Un momento altamente revelador y genuino del debate fue la confusión inicial con otra obra maestra dirigida por una mujer: ‘Cléo de 5 a 7’ (1962), de la icónica cineasta francesa Agnès Varda. Este simpático lapsus ilustra perfectamente cómo el cine dirigido por mujeres ha sido históricamente encapsulado o marginado en bloque dentro de la conciencia colectiva. Varda, apodada la “abuela de la Nouvelle Vague”, creó con ‘Cléo’ una obra profundamente vitalista y existencial sobre una mujer esperando los resultados de una biopsia de cáncer. Aunque comparte con ‘Jeanne Dielman’ el enfoque en el tiempo real (narra hora y media en la vida de su protagonista), su estilo dinámico, callejero y rebosante de espejos y reflexiones estéticas choca frontalmente con la quietud cadavérica de la obra de Akerman.
El hecho de que el debate en el podcast derivara rápidamente hacia el elogio de Agnès Varda, mencionando maravillas como ‘Los espigadores y la espigadora’, demuestra que el público y la crítica están sedientos de redescubrir a las creadoras que el canon oficial intentó borrar o minimizar ante figuras masculinas de su misma generación, como Jean-Luc Godard o François Truffaut. La inclusión de mujeres cineastas en estas listas no es una moda, sino un ejercicio de justicia poética y corrección histórica. Sin embargo, la dureza impenetrable de ‘Jeanne Dielman’ hace que esta píldora de justicia sea mucho más difícil de tragar para el gran público que las obras más accesibles de Varda.
El Cine Experimental: ¿Una Tortura Necesaria o un Esnobismo?
La controversia sobre ‘Jeanne Dielman’ reabre un debate eterno en el mundo del arte: ¿Tiene la obra que complacer al público para ser considerada grande? En la literatura, novelas como el ‘Ulises’ de James Joyce desafían la paciencia y comprensión del lector, exigiendo un esfuerzo activo, a menudo agotador, para extraer su jugo. Como se menciona en el episodio, no puedes ir a Chantal Akerman o a cineastas de extrema lentitud como el húngaro Béla Tarr (“vete a decirle a Béla Tarr que la haga más corta”) y pedirles que faciliten la digestión de sus obras. El cine experimental no es un medio de evasión; es un campo de pruebas para la psicología humana.