Posted in

Florinda Meza: El Asqueroso Secreto que Reventó a la Familia de Chespirito

Durante 7 años, Florinda Mesa hizo dentro de la casa de Chespirito algo tan asqueroso que sus seis hijos jamás se lo perdonaron. Pero lo que ocurrió dentro de esa casa no se quedó allí. Terminó arruinando hasta el último día de su vida al actor que el mundo conoció como Don Ramón y obligó a la primera esposa de Roberto Gómez Bolaños a vivir 36 años cargando un secreto que jamás se atrevió a contarle a un periodista.
Quédate hasta el final. Hoy vas a saber qué hizo y vas a entender por qué Chespirito, antes de morir dejó preparada la venganza que Florinda Mesa no esperaba. Florinda Mesa no entró en la vida de Roberto Gómez Bolaños por sorpresa. Llevaba años orbitando a su familia. Era su compañera en Televisa, compartía giras con él.
Coincidía con su esposa en eventos sociales del medio y conocía por nombre a los seis hijos del matrimonio. Y durante [música] 7 años, mientras Graciela Fernández cocinaba la cena para esos seis niños en su casa de la Ciudad de México, Roberto Gómez Bolaños y Florinda Mesa sostenían una doble vida que ninguno de los dos había tenido el valor de confesar.
Hasta una noche de noviembre de 1977. El elenco del Chavo del Ocho estaba en Acapulco grabando especiales. Hacía calor. Había micrófonos por todas partes y alguien, en algún punto de los controles,  cometió un error que iba a destruir a la familia más querida de Latinoamérica. Un micrófono se quedó abierto.
La conversación que mantuvieron Roberto Gómez Bolaños y Florinda Mesa esa madrugada quedó capturada en cinta. Y lo que dice Florinda en esa grabación. Según las únicas personas del equipo técnico que la escucharon entera antes de morir, va mucho más allá de una infidelidad. Hay fechas concretas, hay cómplices identificados dentro del propio elenco y hay una estrategia fría para sacar a Graciela Fernández de la vida de su marido, sin que ella ni los seis hijos se enteraran de lo que estaba ocurriendo.


Esa cinta lleva casi medio siglo oculta. Antes de que termine este video, vas a saber que dice palabra por palabra, pero para entender cómo una mujer de 27 años fue capaz de planear algo así, hay una sola cosa que necesitas saber sobre la vida de Florinda Mesa antes del Chavo del Ocho.
A los 19 años, en 1968, entró por primera vez a una cabina de radio de televisión independiente de México. iba a sustituir a una mujer que había renunciado al puesto para perseguir un sueño como actriz. Esa mujer se llamaba María Antonieta de las Nieves. 57 años después, esa misma María Antonieta, la voz de la Chilindrina, la cara más reconocible del programa después de [música] Ches Pirito, acusaría a Florinda Mesa en cadena nacional de haberle robado otra vez su lugar.
Esta vez el personaje más famoso de su carrera. Entender ese dato es entender a Florinda Mesa. Su carrera entera está construida sobre un patrón que se repite tres veces a lo largo de 40 años, cada vez con una víctima distinta, cada vez con consecuencias más graves. Y la tercera vez, la que vas a ver desplegarse a partir de aquí, termina con una familia de seis hijos sin padre, un elenco entero fragmentado para siempre y un hombre llamado Ramón Valdés.
muriendo en una cama prestada porque ya no le quedaba dinero para pagarse el alquiler. Esa familia es la familia Gómez Bolaños. Y todo empezó una tarde de 1970 en una sala de ensayos del centro de la Ciudad de México cuando Roberto Gómez Bolaños, [música] 39 años, casado con seis hijos durmiendo cada noche en su casa, se quedó mirando a Florinda Mesa más tiempo del que correspondía.
Esa tarde no pasó nada. Roberto bajó la mirada, fingió revisar el guion, hizo dos chistes a su director y se marchó del estudio antes que ella. Era 1970. Llevaba 14 años casado con Graciela Fernández. Tenía seis hijos pendientes de cumpleaños [música] y una imagen pública construida sobre la idea de que él era el hombre decente que la televisión mexicana no había tenido nunca.
Florinda Mesa tenía 21 años. Acababa de entrar al equipo de los supergenios de la Mesa Cuadrada, el programa que Roberto producía en televisión independiente de México y que aún no se llamaba El Chavo del Ocho. Llevaba 2 años sustituyendo voces en cabinas de radio y había aprendido a tratar a los hombres del medio con una mezcla exacta de profesionalismo y coqueteo [música] que ninguno sabía dónde colocar.
Ese coqueteo medido tenía nombre y apellido en el equipo. Antes de Roberto, Florinda había salido públicamente con Carlos [música] Villagrán, el actor que dos años después se haría famoso como Kiko. La relación duró pocos meses. Fue Villagrán quien la terminó. Décadas más tarde, en una entrevista que él insiste en repetir cada vez que un periodista se lo permite, Villagrán describió esa ruptura con una frase que define a Florinda mejor que cualquier biografía oficial.
Esa mujer se me pegó. Tuve que pedirle ayuda a Chespirito [música] para quitármela de encima. Después de Villagrán vino Enrique Segoviano, [música] el productor general de los programas de Chespirito. Esa relación llegó al compromiso. Hubo anillo, hubo fecha de boda planeada y según el propio Segoviano contó años después, hubo también una llamada telefónica en la que Florinda le dijo, sin transición ni explicación, que ya no iba a casarse. La llamada fue breve.
Segoviano se enteró meses más tarde de que Florinda había empezado a salir con Roberto. Eran tres hombres del mismo entorno profesional, Carlos Villagrán, Enrique Segoviano y Roberto Gómez Bolaños. Entre la primera relación y la última no llegaron a pasar 5 años. La última, la que nadie del equipo había previsto, fue con el único hombre casado de los tres, el que ya tenía a seis hijos esperándolo en casa. Recuerda la palabra patrón.
Vas a verla repetirse a partir de aquí. Roberto Gómez Bolaños no encajaba en el perfil de un hombre frívolo. Lo decían todos los que lo conocían dentro y fuera del estudio. Era tímido, disciplinado, católico practicante, hijo de un dibujante de revistas y de una mujer culta que le había leído a Cervantes desde los 6 años.
Cuando conoció a Graciela Fernández en 1956, ella era hija de un magistrado del Tribunal Superior de Justicia. Se casaron al año siguiente. Tuvieron a su primera hija, Graciela, [música] en 1957. Después llegaron Cecilia, Marcela, Paulina, Teresa y por último Roberto, el único varón nacido en 1968. Cuando Florinda entró a su vida en 1970, esos seis niños tenían entre 13 y 2 años.
Roberto los desayunaba todas las mañanas en una mesa de comedor que él mismo había diseñado. Iba a misa los domingos con ellos. tenía la costumbre de escribir sus guiones por la noche [música] en una pequeña oficina del piso superior de la casa, mientras Graciela los acostaba uno por uno. Esa era la vida que Florinda Mesa con 21 años se propuso desplazar.
No lo hizo de golpe, lo hizo con la paciencia de alguien que ya había sobrevivido a una infancia rota durante 7 años seguidos. Pero hay un dato anterior incluso a la entrada de Florinda en el equipo que va a definir todo lo que ocurra después. Después del nacimiento de su sexto hijo en 1968, Roberto Gómez Bolaños tomó una decisión médica que él mismo confirmaría años más tarde en su autobiografía.
Se sometió a una basectomía. La operación cerraba para siempre la posibilidad biológica de tener más hijos. Florinda Mesa lo supo desde el principio de la relación. En una entrevista posterior a 2014, ella confirmó que Roberto le había informado de la basectomía durante uno de los primeros viajes profesionales que hicieron juntos cuando ella tenía poco más de 22 años.
Lo aceptó y durante 40 años, cada vez que un periodista le preguntó por qué no había tenido hijos con el comediante más famoso de Latinoamérica, [música] dio la misma respuesta. Por elección personal, Roberto había tomado esa elección por su cuenta antes de que Florinda fuera oficialmente nada en su vida.
Desde ese primer viaje, Florinda Mesa supo que iba a entrar en la historia de un hombre con seis hijos, sin posibilidad de tener uno propio, sin posibilidad de competir con Graciela Fernández en el único terreno en el que las mujeres del medio mexicano se enfrentaban en aquellos años. El terreno biológico es un detalle que cambia la lectura de los siguientes 40 [música] años.
Porque la mujer que durante décadas sería acusada de robarle el padre a los seis hijos de Graciela Fernández, había aceptado desde el primer viaje no poder ser madre nunca. La maternidad le quedaba prestada, como todo lo demás en su vida. Los primeros 2 años, [música] entre 1970 y 1972, hubo solo coincidencias planeadas.
Florinda se quedaba en el estudio después de los ensayos para repasar líneas con Roberto. Le llevaba café cuando él escribía hasta tarde. [música] Le pedía consejos sobre personajes que aún no existían. Roberto, [música] que era riguroso con su tiempo, empezó a cambiar de costumbre.
Volvía a casa cada vez más tarde. Inventaba reuniones que no estaban en su agenda. Se compró una segunda agenda. Graciela Fernández, en su casa de la colonia Florida, [música] no preguntó por la segunda agenda. Sabía que cuando un hombre empieza a guardar agendas separadas no es porque haya descubierto una pasión por la organización. Lo más asqueroso de esos 7 años no ocurría en habitaciones de hotel.
Ocurría dentro de la casa de los Gómez Bolaños cuando Florinda era invitada formalmente como compañera de trabajo de Roberto. Comió en esa mesa, conoció por nombre a los seis hijos del matrimonio, aprendió el nombre del perro y aceptó durante años [música] la cordialidad con la que Graciela Fernández recibía en su comedor a las colegas profesionales de su marido.
Después de 2013, las seis hijas adoptaron un comportamiento unificado que ningún medio mexicano logró romper. Dejaron de pronunciar el nombre de Florinda Mesa en público, rechazaron cualquier sesión fotográfica conjunta co

Read More