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12 MINUTOS EN VIVO — ABELARDO DE LA ESPRIELLA EXPONE a IVÁN CEPEDA en PLENA CAMPAÑA

 Una pregunta sencilla pero poderosa que vale más que todos los análisis de los expertos que salen en televisión con sus trajes y sus gráficas. ¿A quién le conviene esto? Cuando uno ve que semana tras semana, domingo tras domingo, los mismos medios sacan nuevas acusaciones contra el mismo candidato. Cuando uno nota que esas acusaciones tienen siempre la misma dirección, que siempre van hacia el mismo hombre, que nunca van con la misma fuerza hacia el candidato que el gobierno apoya, uno tiene el derecho de hacerse esa pregunta. ¿A quién le

conviene que ese hombre no llegue a la presidencia de Colombia? Y cuando uno empieza a buscar la respuesta con honestidad, con los ojos abiertos y sin miedo a lo que pueda encontrar, lo que aparece no es una coincidencia. No es el resultado natural de un periodismo independiente que simplemente encontró problemas donde lo sabía.

 Lo que aparece es un patrón, un sistema, una operación que tiene financiadores, que tiene coordinadores, que tiene instrumentos bien escogidos y que tiene un objetivo muy claro. Asegurarse de que Colombia en el año 2026 no tenga la oportunidad de elegir a alguien que no le deba nada a los poderes que han mandado en este país durante demasiado tiempo.

 Ese candidato que no les debe nada se llama Abelardo de la Espriella. Y el hombre que en diciembre de 2025 salió a hablar públicamente de todo esto, que reveló en cámara los mecanismos que están detrás de los ataques, que conectó los puntos con la claridad que los grandes medios colombianos se niegan a conectar, es el Dr.

 Omar Bula, académico internacionalista, es funcionario de las Naciones Unidas y asesor especial en política exterior de la campaña de de la Espriya. Un hombre que ha vivido muchos años fuera de Colombia, que ha seguido de cerca las campañas. de Trump en Estados Unidos, de Bukele en El Salvador y de Miley en Argentina y que cuando llegó a conocer a Abelardo de la Espriella reconoció en ese candidato colombiano algo que había visto en esos otros líderes, la misma energía de quien no pertenece al sistema, la misma convicción de quien no tiene deudas con

los de siempre y el mismo tipo de enemigos que se activan con una violencia inusual cuando sienten que alguien de verdad puede quitarles el poder. Bula no es un hombre que habla por hablar, no es un comentarista que da opiniones sin sustento, es alguien que ha visto este mismo fenómeno en varios países y que puede comparar, que puede decirle a Colombia con la perspectiva que da la distancia y la experiencia.

Esto que están viviendo ustedes ya lo vivieron otros y el resultado depende de si el pueblo se da cuenta a tiempo de lo que está ocurriendo o si el ruido de los ataques termina tapando la verdad. Y la verdad que Bula reveló es la misma que los colombianos de bien necesitan escuchar antes de entrar a votar.

 Para entender lo que está pasando con Abelardo de la Espriella, hay que entender primero quién es este hombre, de dónde viene, qué hizo durante las décadas en que los políticos colombianos de siempre estaban construyendo sus redes de favores y de clientelismo, porque la historia de de la Espriella no es la historia de un hombre que esperó toda su vida el momento de buscar el poder.

 Es la historia de alguien que por décadas prefirió la sala de los tribunales a los pasillos del Congreso, que eligió defender casos difíciles frente a los jueces en lugar de hacer discursos frente a las cámaras, que construyó su nombre con trabajo y con resultados y no con contratos del Estado ni con palancas de partido. Abelardo de la Espriella es uno de los abogados penalistas más conocidos y más respetados de Colombia.

 un hombre que durante décadas representó a clientes en casos que llegaban a sus manos porque eran complicados, porque los demás no querían tocarlos, porque requerían el tipo de valentía legal que muy pocos tienen en un país donde las presiones sobre el sistema judicial son constantes y donde defender a alguien que el poder quiere ver condenado puede tener consecuencias profesionales muy graves.

Como abogado de la Espriya defendió a personas que eran señaladas por el establecimiento y atacadas por la opinión pública antes de que ningún tribunal hubiera dicho una sola palabra. Defendió el derecho de sus clientes a tener un juicio justo, a que las pruebas en su contra fueran legítimas y completas y no editadas ni manipuladas.

Y lo hizo con la convicción de quien entiende que la justicia no vale nada si solo protege a los que caen bien y persigue a los que incomodan. Pero hay algo en su historia como abogado que los medios que lo atacan usan ahora como arma. Algo que sacan del cajón cada vez que quieren mancharlo. Cada vez que necesitan un titular que genere desconfianza, cada vez que la maquinaria del establecimiento necesita recordarle a los colombianos indecisos que este candidato es peligroso, que tiene un pasado oscuro, que no es de fiar. Y ese

algo es su relación como abogado defensor con el caso de David Murcia Guzman, el hombre conocido como DMG, el creador del esquema piramidal que a finales de los años 2000 captó el dinero de miles de colombianos en todo el país. Escúchese bien lo que sigue, porque esto es exactamente el tipo de detalle que los grandes medios presentan de manera incompleta para que suene peor de lo que es.

 David Murcia Guzmán contrató a Abelardo de la Espriella como su abogado defensor. Eso es un hecho. De la Espriella lo defendió como abogado. Eso también es un hecho. Y después, cuando de la Espriella se enteró de que la empresa que defendía manejaba una doble contabilidad que él no conocía, renunció a la defensa. Eso también es un hecho documentado, verificado, registrado en los archivos de este país.

 La Fiscalía colombiana investigó a de la Espriella en relación con ese caso. investigó y encontró lo mismo que siempre encuentra cuando mira con cuidado y sin presiones externas, que no había pruebas de nada ilícito de su parte. El 8 de octubre de 2010, la fiscalía archivó el proceso penal contra Abelardo de la Espriella por los delitos de cohecho, lavado de activos y captación masiva de dineros, archivado, cerrado, sin cargos, sin condena, sin ninguna irregularidad comprobada.

 Archivado en 2010, eso fue hace más de 15 años. Pero en febrero de 2026, cuando los ataques contra de la Espriaban combustible nuevo, cuando las encuestas mostraban que el tigre estaba creciendo y que la brecha con Iván Cepeda se estaba reduciendo, aparecieron nuevas publicaciones sobre el caso de MG, nuevas grabaciones que supuestamente mostraban irregularidades, nuevos titulares que mezclaban el nombre de Abelardo con el de David Murcia Guzmán, como si los 15 años que habían pasado desde que la fiscalía cerró ese expediente no existieran como si el

principio de cosa juzgada, ese principio básico del derecho que dice que lo que ya fue investigado y archivado no puede volver a perseguirse indefinidamente fuera apenas un detalle sin importancia para un colombiano mayor, para una abuela o un abuelo que ha vivido suficiente para saber cuando le están contando la historia completa y cuando le están contando solo la parte que conviene, eso es una señal que se reconoce de inmediato, porque en Colombia ese mecanismo, el de sacar acusaciones viejas y archivadas, justo

cuando Un candidato empieza a ser una amenaza real. No es nuevo. Ya se ha visto antes, ya se ha usado antes. Y el resultado de cuando funciona siempre es el mismo. El candidato pierde imagen. Los votantes indecisos se alejan por precaución y el que manejó los tiempos de los titulares gana sin haber presentado una sola prueba nueva.

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