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Sasha Montenegro Guardó El SECRETO Más grande Del PRESIDENTE Durante Años

Pero antes de llegar ahí hay que entender el [música] mundo en el que Sasa Montenegro existía en ese momento. El cine mexicano de los años 70 estaba en un periodo de transición que a veces se describe con cierta nostalgia y que en realidad era mucho más complicado de lo que la nostalgia permite [música] ver. La época de oro había terminado.

Los grandes estudios seguían funcionando, pero con una energía diferente, con una industria que buscaba su lugar en un mercado que estaba cambiando y que ya no podía depender de las fórmulas que habían funcionado 20 años antes. Las actrices [música] de ese periodo vivían esa transición de maneras muy concretas.

Los proyectos disponibles [música] no siempre eran los que habrían elegido. Los contratos tenían condiciones que no siempre era posible negociar de [música] igual a igual. Y la línea entre ser una figura establecida y ser alguien que el sistema podía ignorar en cualquier momento era mucho más fina de lo que el glamur de las fotos de alfombra roja hacía parecer.

Sasha Montenegro navegó ese mundo con una inteligencia práctica que las personas que trabajaron con ella describen como uno de sus rasgos más característicos. Sabía qué proyectos le convenían y cuáles solo le convenían en apariencia. Sabía con quién valía la pena tener una relación profesional duradera y con quién bastaba con hacer el trabajo y seguir adelante.

Y sabía, [música] sobre todo, que su posición dentro de la industria dependía de su capacidad de seguir siendo relevante en un medio que tenía la memoria muy corta. Esa conciencia es la que hace que lo que ocurrió después sea tan interesante de analizar, porque Sasha Montenegro, cuando entró en la órbita de José López Portillo, entró con los ojos abiertos de alguien que lleva años leyendo las reglas del poder en una industria donde el poder también tiene sus propias formas de ejercerse.

[música] López Portillo había tomado posesión como presidente de México el primero de diciembre de 1976 después de una campaña en la que fue el único candidato, cosa que en ese México de partido único era lo habitual. Venía de ser secretario de Hacienda en el gobierno de Luis Echeverría. Tenía 55 años.

Estaba casado con Carmen Romano, tenía hijos y tenía esa seguridad en sí mismo que en la política mexicana de la época era parte del perfil esperado de quien llegaba a la silla más importante del país. era también alguien que sabía que el poder cambia las posibilidades [música] de una vida de maneras que resultan difíciles de resistir y que pocas cosas ilustran [música] mejor el alcance de ese poder que el hecho de que un hombre casado, presidente [música] en funciones, hiciera lo que hizo sin que nadie dentro de su entorno se atreviera a decirle que quizás [música] era una

mala idea. El encuentro con Sasha Montenegro ocurrió en algún momento de ese primer periodo de la presidencia. Los detalles exactos varían dependiendo de quién los cuente. Hay versiones que hablan de una fiesta, hay versiones que hablan de una cena oficial, hay versiones que dicen que la presentación fue a través de un intermediario que sabía perfectamente lo que estaba haciendo cuando los puso en la misma habitación.

Lo que sí está documentado es que la relación empezó a construirse con rapidez y que muy pronto dejó de ser algo que las personas del entorno más cercano al presidente pudieran ignorar. México de finales de los 70 era un país donde el presidente tenía una esfera de privacidad que los medios respetaban de maneras que hoy resultarían incomprensibles.

Los grandes periódicos y las televisoras operaban bajo una relación con el gobierno que incluía, entre otras cosas, el acuerdo tácito de no publicar ciertos tipos de información sobre las figuras del poder. La vida personal del presidente era uno de esos espacios protegidos. Lo que López Portillo hacía fuera del ámbito oficial era, en teoría, invisible para la opinión pública.

En teoría, porque dentro del círculo más cercano al poder, dentro de los ministerios y [música] las oficinas y los corredores donde se toman las decisiones reales, todo el mundo sabía. Los funcionarios sabían, los asistentes personales [música] sabían, las esposas de los funcionarios sabían que es quizás [música] la parte que más pesó con el tiempo.

Y Sasa Montenegro, que había entrado en ese círculo desde afuera, aprendió muy rápido las reglas de ese mundo, lo que se puede [música] decir, lo que no se puede decir y la diferencia entre los dos. La relación entre Sasha y el presidente duró prácticamente todo el sexenio. 6 años. 6 años es mucho tiempo para estar en la sombra de la figura más poderosa de un país.

6 años es tiempo suficiente para que alguien que está dentro de esa clase de relación vea cosas, escuche cosas y acumule un conocimiento sobre la persona con quien comparte la vida privada, que va mucho más allá de lo que cualquier biógrafo o periodista [música] puede acceder por vía pública. Y Sasa Montenegro estuvo ahí. durante todo ese tiempo.

¿Qué vio durante esos 6 [música] años? Esa es la pregunta que las personas que han intentado entender mejor ese periodo de la historia política [música] mexicana se hacen con cierta frecuencia, porque el gobierno de López Portillo fue un gobierno que dejó una huella muy específica. el boom petrolero, la promesa de que México iba a administrar la abundancia y no la escasez y después [música] el colapso, la nacionalización de la banca en 1982, la devaluación del peso que destruyó los ahorros de millones de familias

mexicanas y el discurso, ese discurso donde López Portillo lloró frente a [música] cámaras al pedir perdón a los pobres de México, el mismo discurso que años Después se convirtió en uno de los momentos más recordados y más discutidos de la historia política reciente del país.

Sasa Montenegro estuvo dentro de ese mundo durante todos esos años. estuvo cerca de las decisiones. Estuvo [música] cerca del hombre que tomaba esas decisiones en sus momentos más privados, cuando la actuación presidencial se apagaba y quedaba la persona. Lo que ella sabe [música] sobre todo eso, lo que eligió guardar y lo que eligió compartir con el tiempo, es una de las historias más interesantes y menos exploradas de ese periodo.

El boom petrolero de finales de los 70 fue el contexto económico [música] que dio forma a todo el sexenio de López Portillo. México había descubierto reservas de petróleo en el Golfo de México que cambiaron completamente la percepción del país sobre su propio futuro. El gobierno empezó a gastar bajo la premisa de que los ingresos petroleros seguirían creciendo, de que los precios del petróleo en el mercado internacional se mantendrían [música] altos.

y de que el endeudamiento externo que se contrató para financiar [música] el desarrollo era manejable bajo esos supuestos. Todos esos supuestos resultaron ser falsos, o al menos falsos con una rapidez que no todo el mundo dentro del gobierno quería ver cuando todavía había tiempo de actuar de otra manera. Y aquí es donde la posición de Sasa Montenegro se vuelve históricamente [música] relevante, de una manera que va mucho más allá del escándalo personal.

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