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¡Doña Sofía DESTAPA los OSCUROS SECRETOS del REY JUAN CARLOS I le ocultaba!

 Además, agregaba con la tranquilidad de alguien que lleva muchísimo tiempo habituado a una paradoja irrepetible que para él resultaba una situación de extrema comodidad. puesto que como reina su labor intachable, sumado al hecho de que lo soportaba todo sin buscar consuelo en otra persona. Felipe llegó al mundo en 1968.

En la época en la que se registraron esas cintas, la pareja real sumaba más de cinco lustros pernoctando en alcobas distintas, más de 25 años de un enlace matrimonial que funcionaba como una representación escénica de cara a la galería. sostenido por un pacto de convivencia muda en la más estricta intimidad.

 Doña Sofía, aquella princesa que atravesó el continente europeo para erigirse en la soberana de una nación que ni siquiera tenía la condición de reino en el momento de su llegada, había tomado la determinación de permanecer allí. había optado por mantener su papel de monarca consorte, asumiendo el altísimo coste de renunciar a su faceta de esposa, y ese inmenso peaje que la Prensa del Corazón en España llevaba varias décadas sugiriendo de forma velada, sin jamás atreverse a afirmarlo con rotundidad, quedó desnudado en esos registros

sonoros con una crudeza que jamás había logrado plasmar ninguna obra de la crónica monárquica. El presente relato aborda esa difícil disyuntiva, las razones que llevaron a Sofía a dar ese paso, el enorme sacrificio que supuso y los cimientos que lograron mantenerse en pie cuando todo su entorno colapsó. Sofía Margarita Victoria Federica vino al mundo un 2 de noviembre del año 1938 en el interior del palacio de Siquo, situado en los alrededores de la ciudad de Atenas.

 Era la primogénita del príncipe Pablo de Grecia y de la princesa Federica de Hanover. Por la rama materna era bisnieta del emperador alemán Guillermo II. Además formaba parte de la casa de Schlesbig Holstein Sonderburg Glugsburg, el linaje de origen danés que había nutrido de monarcas al territorio heleno desde que el parlamento de dicho país escogiera a un soberano allá por el año 1863.

Se trataba, bajo cualquier parámetro que la genealogía pudiera evaluar, de una princesa de pura sangre real en la definición más rigurosa del término. Al mismo tiempo, era apenas una infante de 3 años cuando el conflicto bélico arrasó con su mundo. En la primavera de 1941, las tropas de Alemania invadieron el territorio griego, forzando a la familia real a emprender una huida que los llevó inicialmente a Creta.

 posteriormente a Egipto y más tarde a Sudáfrica, lugar donde vería la luz su hermana menor, Irene, en 1942. Finalmente se trasladaron a la ciudad de Londres, donde permanecieron hasta la conclusión de la guerra. Su hermano Constantino había nacido en 1940, de igual manera bajo las condiciones del exilio.

 Los primeros años de vida de Sofía estuvieron marcados por una interminable sucesión de fronteras, lenguas distintas y residencias prestadas que jamás sintió como su verdadero hogar. Su progenitora, Federica de raíces alemanas, se comunicaba con sus descendientes en su idioma natal, el griego, que venía a ser la lengua oficial de su propia nación, no lo dominó hasta haber cumplido los 8 años de edad.

 El clan familiar regresó a Tierras Selenas en 1946, una vez que una consulta popular logró restaurar el sistema monárquico. Su tío, el rey Jorge II, falleció en 1947, permitiendo que su padre ascendiera al trono bajo el nombre de Pablo I. Fue entonces cuando Sofía comenzó a crecer en Tatoy, la finca palaciega a las afueras de la capital.

 inmersa en la clase de instrucción académica y protocolaria que solían recibir las princesas del continente tras la Segunda Guerra Mundial, su educación incluyó su paso por el estricto internado germano de Schlos Salem, enfocado en el perfeccionamiento de los idiomas y el rigor disciplinario. Cursó estudios especializados en puericultura, artes musicales y arqueología en la ciudad de Atenas.

ejerció labores como enfermera dedicada al cuidado infantil en el centro Mitera de la capital Elena. Además, redactó en colaboración con su hermana Irene un par de tratados académicos centrados en las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en los terrenos de la residencia real. Por si fuera poco, formó parte como suplente del combinado griego de vela durante la celebración de las olimpiadas de Roma en el año 1960.

se consolidó como una dama dotada de una formación regia, poseedora de una gran inteligencia, con dominio de múltiples lenguas y con un criterio muy definido acerca de las disciplinas que le apasionaban, tales como la historia antigua, la música, el cuidado de los niños y las prácticas deportivas. Manejaba el inglés y el alemán de manera impecable.

 Se expresaba en francés y griego con absoluta soltura. y terminaría dominando el castellano tras establecer su residencia en la península ibérica. Reunía, en definitiva, absolutamente todos los atributos que se requerían en la década de los 60 para que una princesa fuera considerada como la opción más deslumbrante de cara a un matrimonio de conveniencia dinástica.

El inconveniente radicaba en que las uniones de índole real no se rigen por esos parámetros. El enamoramiento y la afinidad personal jamás figuran entre los requisitos de elección. Los verdaderos factores a tener en cuenta son la pureza del linaje, las creencias religiosas, la procedencia nacional y el alcance político que pueda tener el enlace.

 Y en la situación particular de Sofía, todas las variables señalaban un mismo camino. Era imperativo contraer nupsias con un individuo capaz de apuntalar la situación de la monarquía Elena, la cual atravesaba un momento de gran fragilidad desde la conclusión del conflicto mundial y que a su vez asegurara para la princesa un porvenir que la corona griega, continuamente asediada por su propia población, era incapaz de garantizarle por sí sola.

Durante el periodo estival del año 1954, la reina Federica planificó una travesía marítima a bordo de la embarcación a Gamenón, surcando las islas de Grecia con un propósito que todas las esferas de la realeza continental conocían al dedillo. La finalidad era facilitar que los más de un centenar de jóvenes pertenecientes a las diversas cortes europeas que acudieron como invitados tuvieran la ocasión de interactuar entre ellos.

Consistía, hablando en plata, en un inmenso mercado nupsial diseñado exclusivamente para linajes coronados. En aquel momento, Sofía contaba con 15 años. Fue durante ese viaje donde coincidió por primera vez con Juan Carlos de Borbón, de 16 años de edad, y también con Harald, quien ostentaba el título de príncipe heredero del trono noruego. Sofía quedó prendada de Harald.

Él representaba el prospecto idóneo desde cualquier perspectiva romántica. Poseía un gran atractivo físico, compartían la misma franja de edad y podían comunicarse perfectamente utilizando el idioma inglés. Además, era integrante de una casa real nórdica, cuya posición resultaba mucho más sólida que la de la realeza griega.

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