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¡HARFUCH DESTAPA la MAFIA del COBRO de PISO en ACAPULCO! Cayó Zamora Cervantes y 11 FUNCIONARIOS MÁS

Si todavía no estás suscrito a este canal, hazlo ahora mismo antes de que sigas viendo este video. Activa la campana porque lo que te voy a contar hoy sobre lo que pasó en Acapulco el 4 de junio es exactamente el tipo de información que no encuentras en los noticieros de televisión. El 4 de junio de 2026, Omar García Harfuch publicó el anuncio que nadie en Acapulco esperaba a esa hora de la mañana.

Nueve cateos simultáneos, 11 detenidos y al frente de la lista un nombre que muchos en el sector turístico de la costera conocían. Muy bien. Jesús Zamora Cervantes, el mismo hombre que meses antes participaba en reuniones oficiales del gobierno de Guerrero. El mismo que recibía reconocimientos públicos por su compromiso con el turismo.Ese hombre acaba de ser identificado como el presunto líder de una organización criminal dedicada a extorsionar, amenazar y despojar a los trabajadores del turismo en una de las playas más importantes de México. Quédate hasta el final de este video porque lo que vas a conocer sobre cómo operaba esta red, quiénes la protegían y qué encontraron dentro de esas nueve casas cateadas simultáneamente es exactamente el tipo de información que ciertos funcionarios en Guerrero no quieren que sepas.

Antes de entrar al operativo, quiero decirte lo que vamos a ver en este video. Primero, te voy a explicar quién es realmente Jesús Amora Cervantes. No el supuesto líder turístico que aparece en fotos oficiales, sino el hombre que según las investigaciones le cobraba cuota a cada lanchero, a cada restaurantero, a cada prestador de servicios en la costera Miguel Alemán.

Segundo, te voy a contar cómo trabajó la inteligencia del Estado mexicano durante meses para desmantelar esta estructura, desde las primeras denuncias anónimas hasta el momento en que nueve jueces firmaron nueve órdenes de cateo al mismo tiempo. Tercero, vamos a revisar qué encontraron dentro de esas propiedades y lo que eso revela sobre el nivel de impunidad con el que operaba esta organización.

Y cuarto, hay una pregunta que quedó en el aire después de las detenciones que involucra directamente al gobierno municipal de Acapulco y te la voy a plantear sin rodeos. Para entender qué pasó el 4 de junio, hay que entender primero qué es Acapulco en este momento. No el Acapulco de los años 70 que aparece en las películas, sino el Acapulco de hoy, un puerto que lleva más de una década intentando levantarse del golpe que le dieron años de violencia, años de abandono federal.

Y encima de todo eso, el huracán Otis en 2023 que destruyó miles de negocios en una sola noche. Los trabajadores del turismo en Acapulco no son empresarios ricos, son familias que rentan una moto acuática, que ponen un puesto de mariscos en la playa, que sacan una lancha cada mañana con lo que tienen y rezan para que el día sea bueno.

Quiero que visualices eso. una familia que despertó hace años soñando con tener su negocio en la playa más famosa de México, que sobrevivió el Otis, que reconstruyó con lo que pudo, con deudas, con ayuda de vecinos, con las manos, que levantó otra vez su puesto, su lancha, su negocio y que entonces de repente apareció alguien que le dijo, “Para trabajar aquí me pagas a mí.

” Eso es el cobro de piso. No es un impuesto, no es una cuota sindical, no es una cooperación voluntaria, es una amenaza. Es me pagas o no trabajas. ¿Es me pagas o te pasa algo malo? ¿Es me pagas o pierdes lo que tardaste años en construir? Imagina que llevas 3 años reconstruyendo tu negocio después del huracán, que ya casi terminas de pagar la deuda que pediste para volver a operar, que tus hijos ya están comiendo más tranquilos y que una tarde llega alguien, te mira a los ojos y te dice cuánto debes pagar cada semana para que

no te pase nada. Eso no es crimen organizado en abstracto, eso es una persona real destruyendo la vida de otra persona real. Y eso es lo que presuntamente hacía la organización de Zamora Cervantes en las zonas de mayor afluencia turística de Acapulco, con énfasis en la franja costera conocida como la costera Miguel Alemán, el corazón comercial y turístico del puerto.

La organización, de acuerdo con la investigación, se dedicaba a la extorsión, las amenazas, la privación ilegal de la libertad y el despojo. Eso no es una pandilla menor, eso es una estructura con capacidad para quitar negocios, para retener personas, para despojar propiedades. Isamora Cervantes no era un personaje desconocido ni clandestino, todo lo contrario.

Registros oficiales del gobierno de Guerrero lo muestran participando en reuniones institucionales como presidente del Consejo Consultivo de Turismo del Estado. El 10 de marzo de 2026, apenas 3 meses antes de su detención, el subsecretario de Desarrollo Político y Social de Guerrero lo reconoció públicamente en un evento oficial por su compromiso y labor al frente del organismo.

Su relación con el aparato gubernamental se remonta incluso a 2018, cuando fue designado encargado de despacho de la Dirección General de la Comisión Técnica de Transporte y vialidad del Estado, mientras se desempeñaba como oficial mayor de la administración fiscal Acapulco número 2 adscrita a la Secretaría de Finanzas Estatal. Piensa en lo que eso significa.

significa que una persona presuntamente vinculada al crimen organizado tenía acceso a las estructuras formales del gobierno del estado. Significa que se movía en reuniones con subsecretarios y firmaba comunicados oficiales al mismo tiempo que, según las investigaciones, coordinaba una red de extorsión en las playas.

Significa que la impunidad no llega sola. Se construye ladrillo por ladrillo con cada reunión, con cada foto, con cada reconocimiento público que le da a alguien como él. una capa de respetabilidad. Y hay algo más que hace este perfil especialmente peligroso. La credencial te abre puertas que de otra manera estarían cerradas.

Te sienta en la misma mesa que los funcionarios que deberían investigarte. Te pone en los comunicados oficiales junto a personas que legitiman tu imagen sin saber o sin querer saber lo que hay detrás.  Y mientras eso pasa, mientras el subsecretario te da la mano y te agradece tu labor en la playa alguien más le está diciéndole a un lanchero cuánto debe pagar esta semana para que no le quemen la lancha.

Eso es exactamente lo que Harf lleva meses desmantelando. No solo a los pistoleros que cobran en la calle, también a los que usan traje, participan en consejos consultivos y aparecen en los comunicados de prensa del gobierno. Porque el crimen organizado en México aprendió hace mucho tiempo que la mejor protección no es una bala, es una credencial.

La investigación que terminó con los 11 detenidos del 4 de junio no nació de un soplo de última hora, nació de las denuncias de las propias víctimas. Personas que, hartas de pagar cuotas para trabajar en su propia playa, decidieron levantar la voz de manera anónima ante las autoridades. Eso requiere valentía, requiere confiar en que el Estado va a responder y no va a dejarlos más expuestos de lo que ya estaban.

Esas denuncias llegaron a la Fiscalía General de la República, a la SSPC y a la Secretaría de Marina, que en coordinación con la Secretaría de Seguridad Pública del Estado de Guerrero comenzaron a construir el caso. Lo que siguió fueron semanas de trabajo de inteligencia, vigilancia fija, vigilancia móvil, vigilancia discreta sobre inmuebles que presuntamente eran utilizados como centros de operación de la célula.

Cada movimiento documentado, cada patrón identificado, cada conexión mapeada. Los agentes aprendieron las rutinas, identificaron los horarios, registraron las entradas y salidas, los vehículos, los rostros que se repetían. La información que fueron acumulando fue suficiente para que un juez de control autorizara no una, no dos, sino nueve órdenes de cateo en distintos puntos del municipio de Acapulco.

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