Posted in

Bukele Vio a un Anciano Pidiendo Limosna con 3 Medallas Militares – 40 Años Buscándolo 🇸🇻

Lloró en silencio dentro de trincheras improvisadas mientras el sonido de las balas reemplazaba al canto de los pájaros. Cada vez que tenía un permiso, volvía corriendo a casa. Abrazaba a María Elena con desesperación, levantaba a sus hijos en el aire y les hacía cosquillas hasta que reían. Atesoraba cada minuto porque sabía que cualquier minuto podía ser el último.

Papá, ¿cuándo se va a acabar la guerra?, le preguntó Roberto Junior una noche. Tenía 8 años y ya entendía cosas que un niño de 8 años no debería entender. Pronto, mi hijo, pronto se va a acabar y yo voy a estar aquí todos los días. ¿Lo prometés? Lo prometo. Otra promesa que tardaría 40 años en cumplirse. En 1982, Roberto recibió su segunda medalla, [música] La estrella de valor, por salvar la vida de tres compañeros durante una emboscada en Perquín.

Le hicieron una ceremonia en el cuartel. María Elena no pudo asistir porque las carreteras estaban bloqueadas. Cuando volvió a casa, le mostró la medalla a sus hijos. Pa, cuando yo crezca también quiero ser soldado”, le dijo Roberto Junior con los ojos brillantes. Roberto sintió que algo se le rompía por dentro.

“No, mi hijo, vos vas a ser ingeniero o doctor o lo que vos querás, pero no soldado. La guerra no es como en las películas. ¿Por qué? Porque te quita pedazos del alma que nunca recuperás. La emboscada del 15 de marzo de 1984 fue diferente. La unidad de Roberto había sido enviada a una misión de reconocimiento en una zona montañosa cerca de la frontera con Honduras.

Eran 12 soldados. Roberto era el segundo al mando. Cayeron en una trampa. Los rebeldes los habían estado siguiendo durante días sin que ellos lo supieran. [música] Cuando comenzaron a disparar, fue desde tres direcciones diferentes, un fuego cruzado del que era casi imposible escapar. Los primeros seis soldados murieron en los primeros segundos.

Roberto vio caer a su mejor amigo, el cabo Méndez, con quien había compartido cigarrillos esa misma mañana. Tomó el mando de los sobrevivientes y los guió hacia un barranco donde podían cubrirse. Pero antes de llegar, una granada explotó a metros de él. La onda expansiva lo lanzó por los aires. Cayó rodando por la pendiente del barranco.

Una metralla le entró por el costado, otra le hirió la cabeza. Cuando perdió la conciencia, fue lo último que recordó claramente durante muchos años. El cielo gris de Morazán girando sobre él mientras escuchaba los gritos de sus compañeros muriendo. Cuando los refuerzos llegaron horas después, encontraron 11 cuerpos.

El cuerpo número 12, el del sargento Linares, no estaba. Lo buscaron durante días. Hubo patrullas, perros rastreadores, investigaciones. No encontraron nada, solo manchas de sangre en las rocas del barranco que se perdían entre la maleza. [música] Después de tres semanas, el ejército lo declaró oficialmente caído en combate, cuerpo no recuperado.

Le enviaron un telegrama a María Elena. Ella estaba en la cocina preparando pupusas cuando llegó el cartero. Cuando vio el sobre oficial del ejército, le temblaron las manos. Lo abrió, lo leyó y se desplomó en el piso de tierra de su cocina. Sus hijos vinieron corriendo. Roberto Junior, que ya tenía 10 años, leyó el telegrama por encima del hombro de su madre.

Fue así como se enteró de que su padre estaba muerto. María Elena no pudo levantarse del piso durante horas. Los vecinos vinieron a ayudarla, le prepararon té de manzanilla, le rezaron rosarios, pero nada podía consolar a una mujer que acababa de perder al amor de su vida. El funeral fue una semana después. No había cuerpo. Pusieron un féretro vacío en la iglesia del pueblo y la bandera doblada sobre él.

María Elena lloró tanto que se quedó sin lágrimas. Sus hijos lloraron en silencio porque no entendían bien qué significaba la muerte. Roberto Junior, con sus 10 años abrazó la bandera doblada como si abrazara a su padre. “Te prometo que voy a cuidar a mami y a Carmen”, le susurró al féretro vacío. “Te lo prometo, papá. Lo que nadie sabía era que Roberto seguía vivo.

Cuando la granada lo lanzó al barranco, había rodado hasta caer en un río pequeño que corría por el fondo. [música] La corriente lo arrastró durante varios kilómetros. Una mujer campesina lo encontró atrapado entre unas raíces a la orilla del río, [música] muy lejos de donde había sido la emboscada. Ella se llamaba doña Tencha [música] y era una curandera del pueblo de Joateca.

Tenía 60 años. y había aprendido medicina tradicional de su madre y su abuela. Cuando vio al soldado herido, supo que si lo entregaba a alguien podría meterse en problemas. La guerra era complicada, los bandos cambiaban. Ayudar al enemigo equivocado podía costarte la vida. Doña [música] Tencha tomó una decisión, lo escondió en su casa y lo curó.

le sacó la metralla del costado con sus propias manos usando agua hervida y un cuchillo de cocina. Le cosció la herida de la cabeza con hilo de pescar. Le dio infusiones de hierbas para bajar la fiebre. Roberto pasó dos meses entre la vida y la muerte. Cuando finalmente recuperó la conciencia, no recordaba nada. No sabía su nombre.

No sabía de dónde venía. No sabía que tenía esposa e hijos esperándolo. No sabía que era soldado. Lo único que tenía eran sus medallas que doña Tencha había guardado en una caja de madera junto a su uniforme. Cuando Roberto las vio, las miró durante horas, pero no las reconoció. Eran solo metales brillantes en una caja.

Doña Tencha le puso un nombre, don Memo, en honor a su esposo fallecido. Roberto vivió con ella durante años, ayudándola con el huerto, recogiendo leña, aprendiendo de nuevo a vivir como si fuera la primera vez. [música] Era un hombre amable, callado, trabajador, pero en sus ojos había siempre una niebla, como si supiera que algo importante se le había perdido, pero no pudiera recordar qué.

Doña Tencha murió en 1996. Roberto, que para entonces ya respondía al nombre de don Memo, se quedó solo en la casa. Tenía 49 años. vendió las pocas pertenencias de doña Tencha y bajó a San Salvador buscando trabajo. Encontró empleo como albañil. Vivía en una pieza pequeña que alquilaba en una colonia popular.

[música] Y poco a poco, sin saberlo siquiera, su memoria empezó a regresar. [música] Primero fueron destellos, imágenes que aparecían en sus sueños y desaparecían al despertar. Una mujer joven sonriendo, dos niños pequeños jugando en un patio de tierra, un uniforme militar colgado en una pared, una emboscada en una montaña. Roberto se despertaba sudando, gritando nombres que no sabía de dónde venían.

Read More