Nacido en 1957 en Monterrey, Nuevo León, Choche creció inmerso en la atmósfera de la música popular desde temprana edad, observando a su padre trabajar en la central
de autobuses, donde las melodías regionales eran parte del paisaje cotidiano. Su vocación fue temprana y decidida: tras un paso inicial por la banda de guerra escolar y la guitarra en una estudiantina, fue su versatilidad la que eventualmente lo llevó a adoptar la batería, el instrumento que se convertiría en su sello distintivo. A pesar de los obstáculos académicos y su autoproclamada falta de afinidad con el sistema educativo tradicional, su visión siempre estuvo clara: los escenarios eran su verdadero hogar.
Fue en 1978 cuando se unió al proyecto iniciado por su hermano Javier y José Guadalupe Esparza, lo que daría origen a la agrupación que terminaría consolidándose como Bronco. La transición hacia este nombre icónico fue casi fortuita, inspirada por la visión de un antiguo coche naranja que pasaba por una plaza, pero la identidad que Choche inyectó al grupo no fue accidental. Su personalidad carismática, su sentido del humor inagotable y su capacidad para conectar con el público infantil transformaron a Bronco en un fenómeno familiar. A través de canciones como el “Cero de chocolate” o “Chocheman”, el grupo trascendió el ámbito grupero, logrando algo inusual para la época: música regional hecha para los más pequeños de la casa, consolidando a Choche como un ícono entrañable.
No obstante, el camino hacia la fama no estuvo exento de espinas. La agrupación enfrentó el rechazo de la industria, las dificultades del trabajo independiente y, años más tarde, una dolorosa batalla legal por el nombre de la banda que duró casi dos décadas. A pesar de estas tormentas, Choche permaneció como el pilar emocional del grupo, el compañero que llevaba la diversión a las giras y el optimismo frente a la adversidad. Incluso su paso por la televisión, tanto en telenovelas como en su propio programa infantil, solo reforzó la imagen de un artista que vivía para dar alegría.
La tragedia comenzó a gestarse silenciosamente en la primera década de los 2000, cuando su salud empezó a deteriorarse. Durante años, el hermetismo rodeó su condición médica, generando rumores y especulaciones entre sus seguidores y la prensa. La realidad, sin embargo, era mucho más dolorosa de lo que el público podía imaginar. Tras una cirugía mayor, una complicación imprevista durante una transfusión de sangre le provocó una cirrosis hepática debido a una bacteria, una causa de muerte que desmentía categóricamente las versiones malintencionadas que circulaban en los medios sobre su estilo de vida.
Para Choche, el retiro forzado de los escenarios no fue solo una consecuencia médica, sino una ruptura vital con la esencia de su existencia. Lejos de la batería y del contacto directo con su público, la melancolía se convirtió en su compañera constante. Su última aparición pública, antes de su fallecimiento el 30 de septiembre de 2012, ocurrió durante la primera temporada de “Pequeños Gigantes”, un momento que hoy recordamos como su adiós a los reflectores.

La noticia de su partida fue un golpe devastador para la agrupación en medio de una gira en Chicago. Se dice que, al enterarse, la banda compartió la noticia con su audiencia en un momento de profundo duelo colectivo, seguido de un minuto de aplausos y la interpretación de “Chocheman”, una despedida que honraba la misión del personaje que, en la ficción y en la realidad, siempre defendió a su gente.
Hoy, más de una década después de su muerte, el legado de José Luis Villarreal sigue intacto. Cada vez que suena un éxito de Bronco, su figura se hace presente. La industria musical, sus compañeros y, sobre todo, aquellos niños que hoy son adultos y crecieron con sus canciones, lo recuerdan no como una figura estática de la historia musical, sino como un hombre cuyo carisma era tan real como su compromiso con el público. Chocheman no solo fue un baterista; fue el corazón latente de un grupo que supo cantar a la vida, a los niños y al pueblo, dejando una huella que, tal como rezaban sus canciones, nunca se borrará.