“Y no me vengan con que está ordenando la economía”, continuó real, su voz subiendo de tono. “Lo que está haciendo es transferir riqueza de los que menos tienen a los que más tienen. Eso no es ordenar, es saquear.” Nadie en el estudio sabía que en ese preciso momento, a 10 cuadras de distancia, Javier Miley había tomado una decisión.
Karina acababa de entrar a su oficina en casa rosada. Javier, ¿estás seguro de esto? Completamente, respondió Miley poniéndose el saco. Real lleva 30 años siendo intocable. Es hora de que alguien le pregunte cosas incómodas. Pero ir sin avisar es su programa, su territorio. Miley sonrió. Exactamente. Por eso tiene que ser así.
En el estudio de América, Real continuaba su monólogo. Este presidente decía, “Cree que por haber ganado una elección tiene derecho a destruir todo.” Pero gobernar no es solo ganar votos, es construir consensos. Es entender que hay gente que sufre. El productor ejecutivo del programa, Gustavo, escuchaba a través de su auricular algo que lo hizo palidecer.
Se acercó corriendo al escritorio de Real durante un corte comercial. Jorge, tenemos una situación. ¿Qué situación? Mi ley está en la puerta del canal. Dice que quiere subir al programa. El estudio se quedó en silencio absoluto. Ral miró al productor como si no hubiera entendido. ¿Qué? El presidente está abajo sin aviso previo.
Dice que escuchó tu editorial y quiere responder en persona. Por primera vez en décadas de televisión, Jorge Real no sabía qué decir. Su mente trabajaba rápidamente, evaluando opciones. Si lo dejaba subir, perdía control de su propio programa. Si no lo dejaba subir, parecería que tenía miedo de confrontarlo. ¿Cuánto falta para que volvamos del corte?, preguntó 2 minutos.
Rial tomó una decisión. Que suba, pero que entre después del corte. Quiero ser yo quien lo anuncie. Cuando las cámaras volvieron a encenderse, Real tenía su compostura recuperada. Bueno, amigos, tenemos una situación muy particular. El presidente Miley está en el edificio y quiere subir al programa para responder a mi editorial.
Yo siempre dije que acá las puertas están abiertas para todos, así que que suba. El estudio se llenó de una tensión eléctrica. Los camarógrafos ajustaban sus equipos. Los panelistas se miraban entre sí, nerviosos. Marina calabró, susurró, esto va a ser histórico. La puerta del estudio se abrió y Javier Miley entró caminando con paso firme.
Traía puesto un traje oscuro sin corbata y cargaba una carpeta de cuero marrón bajo el brazo. Su expresión era serena, casi amigable. Jorge, saludó Miley extendiendo la mano. Rial dudó un segundo antes de estrecharla. Presidente, ¿qué sorpresa? No debería hacerlo”, respondió Miley mientras se sentaba en una silla que un asistente había colocado rápidamente frente al escritorio de real.
“Vos me criticás todas las noches. Era hora de que charláramos cara a cara. Yo critico a todos los gobiernos”, dijo Rial recuperando su tono profesional. Es mi trabajo, por supuesto, acordó mi ley y está muy bien. La prensa libre es fundamental, pero hay una diferencia entre criticar y mentir. El tono cambió inmediatamente.
Real se enderezó en su silla. Me estás llamando mentiroso. Te estoy diciendo que tus editoriales sobre mi gobierno están basados en información selectiva y a veces directamente falsa. Dame un ejemplo. Mi ley abrió su carpeta. Esta noche dijiste que mi gobierno está saqueando a los pobres para darle a los ricos.
¿Tenés algún dato que respalde eso? Rial sonríó. El terreno conocido de los debates. La pobreza subió. La indigencia subió. El poder adquisitivo cayó. ¿Necesitas más datos? Esos son datos de coyuntura económica, respondió mi ley. Estamos corrigiendo 15 años de emisión monetaria y responsable, pero mi pregunta es otra.
¿Cuándo fue la última vez que hablaste en tu programa sobre corrupción del gobierno anterior? Hablé muchas veces. ¿Cuándo fue la última vez?, insistió mi ley. Real lo miró fijamente. No llevo un registro de todos mis programas. Yo sí”, dijo mi ley sacando papeles de su carpeta. “Revisé los últimos 100 programas de Argenzuela.
Mencionaste la palabra corrupción en relación al kirchnerismo exactamente cero veces.” Cliffhanger, parte 1. Marina Calabro intervino. Presidente, con todo respeto, Jorge tiene derecho a elegir los temas de su programa. Por supuesto que sí, respondió mi ley sin apartar la vista de Real. Pero me pregunto si esa elección editorial tiene algo que ver con los 25 millones de pesos que la productora de Jorge facturó al estado durante el kirchnerismo.
El estudio se congeló. Real palideció visiblemente, pero se recuperó rápido. Eso es pauta oficial. Publicidad legal. Legal. Sí. acordó mi ley. Pero condicionada, o me vas a decir que no. El silencio en el estudio era total. Todos los ojos estaban en Jorge Real, esperando su respuesta. Las cámaras capturaban cada microexpresión de su rostro.
“La pauta oficial”, dijo Real con voz controlada. “Es un mecanismo legal que todos los gobiernos usan para comunicar sus políticas públicas.” Cierto”, respondió Mily. “Pero hay una diferencia entre comunicar políticas públicas y comprar silencio periodístico.” Rial se puso de pie, su voz subiendo de volumen.
“Yo nunca vendí mi silencio, nunca en 30 años de carrera.” “No.” Mi ley sacó otro documento. Jorge, tu productora Gente TV facturó al Estado Nacional entre 2011 y 2015 un total de 17 millones de pesos. ¿Sabes cuántos programas críticos del gobierno hiciste en esos años? Hice muchos. Ninguno, corrigió mi ley. Durante esos 4 años, cuando tu productora recibía millones en pauta oficial, no hiciste un solo programa cuestionando seriamente la gestión de Cristina Kirchner.
Marina Calabró intervino nuevamente. Presidente, eso no es verdad. Jorge hizo programas sobre inseguridad, sobre corrupción, sobre corrupción del sector privado, interrumpió mi ley. Sobre corrupción de empresarios, de deportistas, de famosos. Nunca sobre corrupción del gobierno que te pagaba. Real caminó hacia mi ley deteniéndose a un metro de distancia.
Vos no entendés cómo funciona el periodismo. No todo es blanco o negro. Tenés razón, admitió mi ley. Por eso vine acá para entender. Explícame cómo funciona un periodismo donde recibís 17 millones del gobierno y seguís siendo independiente. La pauta oficial se asigna según criterios de audiencia de alcance. Jorge, lo interrumpió mi ley.
Mirá este documento. Puso sobre el escritorio una hoja impresa. Real la miró sin tocarla. Es un email interno de la Secretaría de Comunicación Pública del Gobierno de Cristina, año 2013. ¿Querés que lo lea? Real no respondió. Mi ley comenzó a leer. Ref. Distribución pauta. Trimestre 2. Real mantiene línea favorable. Incrementar asignación en 15%.
Navarro se está poniendo crítico. Reducir al 50% y monitorear. El estudio estaba en shock. Diego Estéz, uno de los panelistas, susurró, “Esto no puede ser real. Es real”, dijo mi ley. Está firmado por el subsecretario de comunicación de ese entonces y hay docenas de emails similares. La pauta oficial no se asignaba por audiencia, Jorge, se asignaba por obediencia.
Rial volvió a sentarse. Su rostro era una máscara. Eso es un documento que puede ser falsificado. Puede ser. acordó mi ley. Por eso traje copias certificadas por la justicia. ¿Querés verlas? El productor Gustavo se acercó a Real y le susurró algo. Rial negó con la cabeza. Cuando habló, su voz tenía un tono diferente.
Presidente, todos los periodistas de este país recibieron pauta oficial en algún momento. No solo yo. Absolutamente cierto, respondió mi ley. Por eso estoy acá para hablar de cómo funcionaba el sistema. Un sistema donde los medios que criticaban recibían er pesos y los medios que apoyaban recibían millones.
Eso te parece periodismo independiente. Yo siempre mantuve mi independencia editorial. En serio, miy sacó su teléfono. Déjame mostrarte algo. En la pantalla grande del estudio apareció un gráfico. Mostraba los montos de pauta oficial recibidos por Gente TV, mes a mes entre 2011 y 2015, superpuesto con un análisis de contenido de los programas de Real clasificados como críticos o favorables al gobierno.
La correlación era perfecta. Cuando la pauta subía, las críticas bajaban. Cuando la pauta bajaba, las críticas aumentaban levemente y luego la pauta volvía a subir. Esto dijo mi ley señalando el gráfico. No es periodismo, es vent triloquía. Real miró el gráfico durante largo rato. Cuando habló, su voz era más baja, más cansada.
Ese gráfico es una simplificación. No refleja la complejidad de hacer televisión en Argentina. Entonces, explícame la complejidad”, dijo Miley sentándose de nuevo. “Porque desde acá parece muy simple. Te pagaban para que no criticaras.” Jorge Reial se pasó las manos por la cara, un gesto de cansancio que sus televidentes no le habían visto en décadas.
Cuando bajó las manos, algo había cambiado en su expresión. “¿Queres que te diga la verdad?”, preguntó. Sería un buen comienzo, respondió Miley. La verdad es que así funcionaba el sistema, no solo conmigo, con todos. El estudio quedó en silencio. Marina Calabró miraba a Real con expresión indescifrable. En los 90, continuó Real.
Si criticabas a Menem, te cortaban la pauta. En los 2000, si criticabas a los Kirsner, te cortaban la pauta. Y cuando llegó Macri, si criticabas su gestión, también te cortaban la pauta. Esa era la regla del juego. Pero vos participaste de ese juego, señaló mi ley. Sí, como todos. como la nata cuando recibió pauta de Macri, como Mahul, como cada periodista de este país que quería tener un programa en Prime Time.
Entonces admitís que tu línea editorial estaba condicionada por la plata que recibías. Rial lo miró directamente. No, mi línea editorial siempre fue mía, pero sí había cosas que no tocaba porque sabía las consecuencias. Eso me hace corrupto o me hace alguien que entendía cómo sobrevivir en este país las dos cosas, respondió mi ley sin dudar.
Fácil decirlo desde el poder, replicó Real. Vos ahora sos presidente, podés decir lo que quieras, pero cuando yo era solo un periodista tratando de mantener un programa al aire, las reglas eran otras. Mi ley abrió otra página de su carpeta. Jorge, en 2014 tu productora facturó 4.2 millones de pesos solo en el mes de octubre.
¿Sabes qué pasó en septiembre de ese año? Real no respondió. Hiciste un programa especial sobre la corrupción en el sector farmacéutico privado, muy crítico, muy bien investigado. Pero ese mismo mes, tu colega Jorge Lanata sacó un informe sobre corrupción en el gobierno. Al mese siguiente, a la nata le cortaron la pauta y a vos te la duplicaron.
Yo no controlo lo que el Estado decide hacer con su publicidad. No, pero sí controlás lo que vos decidís investigar. Y es muy llamativo que durante 4 años de recibir millones del kirchnerismo, nunca investigaste nada que pudiera incomodarlos. Diego Esté, intentando defender a su jefe, intervino.
Presidente Jorge hizo programas sobre inseguridad, sobre la falta de dólares, sobre problemas que el gobierno atribuía a factores externos, completó mi ley. Nunca sobre decisiones concretas de gestión. Nunca mencionaste los sobreprecios en obra pública. Nunca investigaste el enriquecimiento inexplicable de funcionarios.
¿Por qué? Ral se puso de pie nuevamente y caminó hacia la ventana del estudio que daba a la avenida. Cuando habló, su espalda seguía hacia las cámaras porque si lo hacía perdía el programa, perdía mi trabajo, perdía todo lo que había construido durante 30 años. se giró hacia mi ley. Eso te hace sentir mejor.
¿Querías escuchar que sí, que me autocensuraba? Bien, sí, lo hacía como lo hacían todos, como lo seguimos haciendo. Con mi gobierno también, preguntó mi ley. Real soltó una risa amarga. Con tu gobierno es distinto. Vos cortaste toda la pauta oficial a los medios que no te apoyan. Al menos los Kirchner te pagaban para que te callaras.
Vos directamente nos dejás morir. No es cierto, replicó mi ley. La pauta oficial de mi gobierno se asigna por licitación pública. Cualquier medio puede aplicar, pero tiene que cumplir requisitos de transparencia. Requisitos que diseñaste vos para que solo te favorezcan los medios amigos. Los requisitos, dijo mi ley con voz firme, son que la pauta se use efectivamente para comunicar políticas públicas, no para comprar silencio.
Si eso te parece injusto, entonces admitís que el sistema anterior era corrupto. Real volvió a sentarse. Por primera vez en la noche. Parecía genuinamente cansado. Sí, era corrupto, feliz. El sistema era corrupto y yo participé de él porque no tenía opción. Siempre hay opción, dijo mi ley. No cuando tenés 100 empleados que dependen de vos.
No cuando tenés un canal que te dice o traes pauta o te sacamos del aire. Vos no sabés lo que es eso porque siempre fuiste economista, profesor. Podías sobrevivir sin el Estado. Pero el periodismo argentino no funciona sin pauta oficial. Nunca funcionó. Cliffhanger, parte 3. Marina Calabro, que había estado en silencio, finalmente habló.
Jorge tiene razón en algo, presidente. La estructura de medios en Argentina hace imposible ser rentable solo con publicidad privada. La pauta oficial es necesaria. Entonces, reformémosla”, respondió mi ley. “Hagámosla transparente, pública, sin condicionamientos editoriales. ¿O preferís volver al sistema anterior donde los periodistas eran empleados encubiertos del gobierno?” El programa había extendido su horario, lo que debía terminar a las 2300.
Ahora iba por las 23:45, pero nadie en América TV se atrevía a cortar. Las redes sociales estaban explotadas. Nina realmiley era trending topic mundial. Real había recuperado algo de su compostura. Presidente, vos hablás de transparencia, pero tu gobierno también usa la pauta. La diferencia es que ahora va a medios que te apoyan ciegamente.
Dame un ejemplo, dijo mi ley. La nación PL recibe pauta de tu gobierno y nunca te critica. Falso, respondió mi ley. La nación plaz me criticó la semana pasada por el tema de las universidades y seguirán recibiendo pauta porque cumplieron los requisitos de la licitación pública, no porque me apoyen. ¿Y por qué C5N no recibe pauta? Porque no aplicaron a la licitación.
¿Y sabes por qué no aplicaron? Porque los requisitos incluyen transparentar quién es dueño del medio, algo que C5N nunca quiso hacer. Diego Estévez interrumpió. Eso es una excusa. Vos diseñaste los requisitos para excluir a los medios críticos. Mi ley sacó su teléfono. Los requisitos de licitación son públicos.
Están en la página del estado. ¿Los leíste? Estéz no respondió. Te voy a decir cuáles son. Continuó mi ley. Uno, transparencia en la estructura de propiedad. Dos, rendición pública de cómo se usa la pauta. Tres, separación clara entre contenido publicitario y editorial. ¿Cuál de esos tres te parece diseñado para excluir medios? El primero, dijo Real, porque sabes que muchos medios tienen estructuras complejas por razones legales legítimas o por razones de ocultamiento, replicó mi ley.
Jorge, vos sabes quién era realmente dueño de C5N durante el kirchnerismo. Cristóbal López. ¿Y sabes cómo financiaba ese canal? con su plata, con plata del estado, corrigió mi ley. Cristóbal López le debía 8,000 millones de pesos a AFIP y en lugar de pagarle al Estado, usaba esa plata para financiar un canal que defendía al gobierno que le permitía no pagar.
Eso no es periodismo, Jorge, es propaganda con pasos extra. Ral se reclinó en su silla. Puede ser. Pero vos estás haciendo exactamente lo mismo con los medios que te apoyan. Probalo. Desafió mi ley. Clarín recibe pauta de tu gobierno. Sí, porque ganaron la licitación pública. ¿Tenés alguna evidencia de que su línea editorial está condicionada por eso? Clarín apoyó todas tus medidas.
Clarin también me criticó por cómo manejé la relación con Brasil. y van a seguir recibiendo pauta porque eso no debería importar. La pauta se asigna por alcance y cumplimiento de requisitos, no por línea editorial. Ese es exactamente el punto. Marina Calabro preguntó, “Presidente, entonces, ¿cuál es la solución?” “Eliminar toda pauta oficial.” No, respondió mi ley.
La pauta oficial es necesaria para que el gobierno comunique sus políticas, pero tiene que ser transparente. Todo el mundo tiene que poder ver quién recibe cuánto y por qué. Y no puede estar condicionada a que el medio sea amigable. Real negó con la cabeza. Eso suena lindo. En teoría. En la práctica siempre hay formas de condicionar.
Vos mismo lo estás haciendo con tus requisitos de transparencia. La transparencia no es un requisito arbitrario”, insistió mi ley. Si un medio no quiere decir quién lo financia, ¿por qué el Estado debería darle plata? Porque el periodismo independiente necesita protección. El periodismo independiente que se financia con plata del Estado es un oxíoron Jorge.
El debate continuó por otros 20 minutos. Real defendiendo el viejo sistema como una necesidad de supervivencia. Mi ley atacándolo como corrupción institucionalizada. Ninguno se dio un centímetro. Finalmente, cuando el programa ya no podía extenderse más, Rial dijo, “Presidente, tenemos que cerrar alguna reflexión final.
Mi ley guardó sus documentos en la carpeta. Sí, durante 30 años vos fuiste uno de los periodistas más poderosos de Argentina. Tuviste acceso a funcionarios, a información, a recursos y en lugar de usar ese poder para exponer corrupción, lo usaste para sobrevivir dentro del sistema. No te juzgo por eso, entiendo la presión.
Pero ahora que criticas a mi gobierno todos los días, los argentinos merecen saber que tu independencia editorial tiene un precio y ese precio eran 25 millones de pesos. Real miró a Miley directamente. Mi reflexión final es esta. Sí, recibí pauta oficial como todos y sí, probablemente me autocensuré en algunas cosas, pero eso no hace que mis críticas a tu gobierno sean menos válidas.
Tu modelo económico está destruyendo a la clase media y podés traer todos los documentos que quieras. Eso no va a cambiar. Estás en todo tu derecho de criticarme”, respondió mi ley. “Pero de ahora en adelante, cuando lo hagas, los argentinos van a saber que durante años viviste del mismo estado que ahora te molesta que yo reforme.
” Se dieron la mano. No era una reconciliación, era un reconocimiento mutuo. Cuando Mile ley se fue del estudio, Ral se quedó sentado en su escritorio, las cámaras aún rodando. Bueno, dijo finalmente, esto fue inesperado. Marina Calabró preguntó suavemente, Jorge, ¿es verdad todo lo que dijo? Ral tardó en responder. Es verdad que recibí pauta.
Es verdad que el sistema funcionaba así, pero no es verdad que eso me convertía en un títere. Yo siempre mantuve mi voz, aunque a veces la bajar cuando convenía. ¿Y ahora?, preguntó Diego Estéz. Ahora. dijo Ral con una sonrisa cansada. Supongo que vamos a tener que hacer periodismo de verdad sin pauta que nos proteja. Los días siguientes fueron caóticos.
El video de la confrontación alcanzó 40 millones de visualizaciones. Los medios opositores a mi ley lo acusaron de amedrentar periodistas. Los medios afines lo celebraron como exposición de la hipocresíaca. Pero la reacción más interesante vino de otros periodistas. Muchos en privado admitían que Real había sido honesto.
El sistema de pauta oficial había funcionado durante décadas como un mecanismo de control. Todos lo sabían, pocos lo decían. Una semana después, Jorge Real hizo un editorial en su programa. La semana pasada, dijo el presidente Miley, vino a este estudio y me confrontó con documentos sobre pauta oficial que mi productora recibió durante años.
Muchos esperaban que yo lo negara, que atacara, que me defendiera, pero la verdad es simple. Sí, recibí esa pauta y sí, probablemente eso influyó en algunos temas que elegí cubrir o no cubrir. Hizo una pausa. Eso no me hace un corrupto, me hace un producto del sistema que existía, un sistema que mi ley está tratando de cambiar.
Y aunque no estoy de acuerdo con muchas de sus políticas, en esto, en esto tal vez tenga un punto. Pero luego agregó, lo cual no significa que voy a dejar de criticarlo, porque independientemente de cómo se financie el periodismo, mi trabajo es cuestionar al poder y eso es exactamente lo que voy a seguir haciendo. Y lo hizo.
Real continuó criticando a mi ley casi todas las noches, pero ahora cuando lo hacía siempre incluía un disclaimer. Y antes de que me lo recuerden, sí, mi productora recibió pauta oficial del gobierno anterior. Esa pequeña admisión cambió algo fundamental. No hizo que sus críticas fueran menos duras, pero las hizo más honestas.
Mi ley, por su parte, nunca volvió a mencionar el tema. había hecho su punto. Los argentinos ahora sabían cómo funcionaba el sistema. Lo que hicieran con esa información dependía de ellos. 6 meses después, en una entrevista para un medio internacional, le preguntaron a Real sobre aquella noche.

¿Se arrepiente de algo? Me arrepiento de no haber sido más transparente antes, respondió. Pero no me arrepiento de haber sobrevivido. El periodismo argentino siempre fue así. sobrevivir mientras intentas hacer tu trabajo. A veces lo logramos, a veces no. Y esa respuesta con toda su ambigüedad, con toda su honestidad imperfecta, era quizás la más argentina de todas, porque en Argentina pocas cosas son blancas o negras.
La mayoría vive en ese espacio gris donde la supervivencia y la integridad se negocian día a día, donde admitir que participaste del sistema corrupto no te absuelve. Pero tampoco te condena completamente. Jorge Real y Javier Miley nunca se hicieron amigos. Pero aquella noche en el estudio de América, en ese intercambio brutal y honesto, dieron una clase magistral sobre cómo funciona el poder en Argentina.