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RONALDINHO: LA VERDAD SALIÓ A LA LUZ

RONALDINHO: LA VERDAD SALIÓ A LA LUZ

La verdad salió a la luz dos copas del mundo. Balón de oro, el mejor jugador del planeta y un hombre entrando esposado a la cárcel de Paraguay con su pasaporte falso en la mano. 120 días encerrado, su carrera destruida, su nombre manchado para siempre. Lo que nadie te contó es por qué el hombre más feliz del fútbol terminó así.

Su nombre era Ronaldo de Asís Moreira, Ronaldo, gaucho para el mundo entero.  Y lo que le pasaron hacer esa noche en Asunción cambió todo. En los próximos 55 minutos vas a conocer cuatro cosas que nunca te contaron. Primera, la conexión que Ronaldinho tenía con empresarios ligados al lavado de dinero en Brasil.

nombres, fotos,  documentos que prueban que no fue la primera vez. Segunda, la confesión donde admite  que firmó papeles sin leer. El momento exacto donde perdió el control de su propia vida. Tercera,  lo que pasó adentro de esa cárcel paraguaya. Las 24 horas que casi lo rompen, lo que sus compañeros de Zelda contaron  después.

 Y la cuarta, ¿por qué sigue sonriendo? ¿Qué hay detrás de esa risa que nunca se borra? El secreto  que explica toda su vida. Te voy a avisar cuando llegue cada una.  Si te vas antes del final, te pierdes lo más importante. La respuesta a por qué un hombre que lo  tuvo todo aceptó algo que sabía que estaba mal.

1980, Porto Alegre, Brasil, una favela donde las casas eran de madera y el agua llegaba cuando llegaba. Allí nació Ronaldo, el menor de tres hermanos. Su padre Joaun trabajaba en los astilleros. Ronaldinho tenía 7 años cuando su  hermano Roberto llegó a gremio, el equipo grande de Porto Alegre.

Roberto era delantero, rápido, inteligente. Todos decían que llegaría  lejos. Ronaldinho iba a todos los entrenamientos, se colaba por los huecos de la reja, se sentaba en las gradas vacías, miraba, aprendía. Un día uno de los entrenadores lo vio con el balón. ¿Quién es ese [música] niño? El hermano de Roberto.

 Que se quede, que juegue con los otros. Tenía 8 años.  Jugaba contra niños de 12 y les ganaba. Pero hay algo que tienes  que entender, algo que marcó toda su vida. A los 8 años, Ronaldinho  perdió a su padre. Juan estaba en la piscina del club. Un día cualquiera se metió al agua. Tuvo un infarto masivo.

  Murió ahí mismo. Ronaldinho no estaba. Cuando le dijeron no lloró. Se quedó en silencio. Agarró el balón. se fue a jugar solo. “Nunca lo vi llorar”, confesó  años después su madre, miguelina lloraba por dentro, pero afuera siempre estaba sonriendo. “Grábate eso, esa sonrisa  que nunca se borra, va a aparecer toda la vida.

” Con su padre muerto, la familia no tenía  casi nada. Miguelina trabajaba como enfermera. Roberto jugaba en gremio, pero todavía no ganaba lo suficiente. Ronaldinho seguía en las inferiores. Comían arroz, frijoles, lo que hubiera. Pero el niño seguía jugando y sonriendo. A los 13 años, Ronaldinho ya era una leyenda en  Porto Alegre.

 No en el fútbol profesional, en las  canchas de playa, en los torneos de futsal. Futsal. Cinco contra cinco, cancha pequeña, ritmo rápido. Ahí es donde Ronaldinho  aprendió todo. Los regates imposibles, las fintas que dejaban a tres rivales tirados, el control perfecto.

 Todo salió [música] del futsal. Existe un video diño con 14 años, un torneo intitaron a hablar de él. [música] El niño que juega sonriendo, el hermano menor de Roberto, que puede [música] llegado primero, el que iba a salvar a la familia, tuvo una lesión en la rodilla, [música] una lesión grave. Nunca volvió a ser el mismo. Su carrera terminó antes de empezar.

 De verdad, toda la presión [música] cayó sobre Ronaldinho. Ya no era el hermano de Roberto. Roberto ahora era el hermano de Ronaldinho [música] y el niño tenía 15 años. A los 17, Ronaldinho debutó [música] en el primer equipo de gremio. 1998, [música] un partido contra un equipo del interior. Entró en el segundo tiempo.

Primer toque, [música] un caño a un defensor de 30 años. Segundo toque, un pase de espaldas [música] que dejó solo al delantero. Tercer toque, un gol de chilena que voló el estadio. Los hinchas enloquecieron. [música] Los periodistas no sabían qué escribir. Los ojeadores europeos [música] sacaron sus teléfonos.

Pero todavía vivía en la favela, todavía [música] su madre hasta que llegó la primera oferta. No de un club europeo, [música] de un empresario brasileño. Se llamaba Luis Antonio [música] de Jesús. Todo el mundo lo conocía como Gaucho, un tipo con conexiones en el fútbol brasileño. Representaba a varios jugadores.

[música] Le ofreció a Ronaldinho un contrato. Yo te llevo a Europa. Yo te consigo [música] los contratos. Tú solo juega. Ronaldinho tenía 18 años. Su [música] madre le dijo, “Le antes de firmar, mamá. Él sabe. Él me va a ayudar.” Firmó sin leer. “Guarda eso, ese momento. [música] Lo vas a necesitar después. Europa llegó en el 2001.

 Paris [música] Saint-Germain. Francia, el primer grande de verdad. Ronaldinho llegó con 22 [música] años. Una maleta, una sonrisa y un contrato que no entendía. En París, [música] Ronaldinho se convirtió en estrella. No por los goles, por la magia. Hacía cosas [música] que nadie más podía hacer. Regates con el talón, tiros de rabona, pases de espaldas [música] que parecían imposibles.

Los franceses lo amaban. Le magicien le decían, el mago. Pero había un problema. Un problema que nadie veía todavía. [música] Ronaldinho no sabía decir que no. Fiestas hasta las 5 de la mañana, amigos que aparecían de la nada, gente [música] que le pedía favores, firmar esto, avalar aquello, aparecer en esta foto, decir que sí a esto otro.

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