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EL Chino Antrax: El Sicario Mas Letal y Fiel del Chapo

 

[música] Imagina que estás en una fiesta de cumpleaños. Hay música en vivo, cientos de invitados. Un futbolista profesional que alguna vez fue goleador de la selección mexicana, el hijo de uno de los mejores boxeadores de la historia, políticos locales, empresarios y un salón que costó $200,000 alquilar por una sola noche.

 Todo el mundo está bebiendo, cantando, pasándola bien bajo las luces de un jardín con vista al mar en Los Cabos. Y de repente en medio de la pista aparece un payaso. Peluca rosada, nariz roja, traje de colores brillantes. Nadie sospecha nada. El payaso se acerca al festejado, sonríe y cuando está lo suficientemente cerca saca una pistola y le dispara en la cabeza.

 El arma se encasquilla, pero el tipo la arregla en segundos y le mete cinco disparos más. Después se da la vuelta. camina con calma hacia la playa y desaparece en la oscuridad del Pacífico. Eso no es una película, eso pasó de verdad. Y el hombre detrás de ese disfraz de payaso era uno de los criminales más feroces y leales que jamás haya tenido el cártel de Sinaloa.

Esta es la historia completa del chino antrax y te advierto, lo que vas a escuchar supera cualquier serie de ficción que hayas visto, pero quédate hasta el final porque hay un detalle que lo cambia todo. La misma organización por la que él vivió, mató y casi muere decenas de veces fue la que al final ordenó su eliminación.

Y la razón te va a dejar helado. José Rodrigo Arechiga Gamboa nació el 15 de junio de 1980 en Culiacán, Sinaloa, el epicentro operativo de la organización criminal más poderosa de México, pero no nació en una mansión ni en una familia conectada al poder. Todo lo contrario. Nació en un barrio pobre, en una de esas colonias donde los niños crecen con la certeza de que el futuro no les guarda demasiado.

 La salida más común para los jóvenes ahí era la calle y Rodrigo no fue la excepción. Desde muy chico se metió en pandillas. Se hizo conocido como un cholo callejero que robaba carros. Hacía graffitis y se peleaba por el control de barrios como las margaritas. Era un muchacho flaco, moreno, alto y atlético, con una mirada fría que, según quienes lo conocieron, generaba respeto instantáneo [música] o un miedo profundo dependiendo de qué lado estuvieras.

 Según lo que su propio abogado revelaría años más tarde ante un tribunal en Estados Unidos, Rodrigo había soñado con ser piloto de avión, pero padecía psoriasis, una enfermedad en la piel que le impidió acceder a ese camino. Tampoco pudo terminar una carrera universitaria porque la necesidad económica de mantener a su esposa e hija lo empujó a buscar dinero de otra manera.

 Así que montó un puesto de tacos en la calle. Sí, un puesto de tacos. El hombre que años después sería el líder del brazo armado más letal del cártel de Sinaloa, el que eliminaba enemigos disfrazado de payaso, el que se fotografiaba con Paris Hilton en Las Vegas y viajaba en jets privados por el mundo.

 Empezó vendiendo tacos en una esquina de Culiacán a los 19 años de edad. Y aquí es donde la historia da un giro que nadie podía predecir. Resulta que Rodrigo no creció solo en esas calles. Creció junto a Ismael Zambada Imperial, alias el Mayito Gordo, uno de los hijos de Ismael el Mayo Zambada, cofundador y líder histórico del cártel de Sinaloa.

Según el diario personal de Vicente Zambada Niebla, conocido como El Vicentillo, otro de los hijos del mayo, el Chino antrax y el Mayito Gordo, fueron amigos de la infancia. Crecieron juntos, jugaron juntos, se conocían desde que tenían memoria. Pero mientras el mallito gordo crecía rodeado del poder y los recursos de la familia Zambada, Rodrigo crecía en la pobreza.

Esa cercanía con la realeza del narcotráfico fue al final su pasaporte de entrada al imperio. En el año 2004, cuando tenía 24 años, Rodrigo fue reclutado formalmente por el cártel, pero no como sicario ni como pistolero. Entró como un simple chóer del Mallito Gordo. Su trabajo era conducir, llevar y traer a su amigo de infancia y mantener un perfil bajo.

 Y eso hizo durante varios años. Nadie fuera del círculo íntimo de la familia Zambada sabía quién era. Tuvo siempre un bajo perfil. No llamaba la atención, era invisible. Nadie imaginaba en lo que ese chóer callado y obediente estaba a punto de convertirse. Pero aquí viene lo que cambió todo y este momento es crucial, así que presta atención.

 En enero de 2008, Alfredo Beltrán Leiva, alias el Mochomo, fue detenido por agentes de la Agencia Federal de Investigación, una corporación que en ese entonces dirigía Genaro García Luna. Sus hermanos, Arturo, Héctor y Carlos Beltrán Leiva estaban absolutamente convencidos de que el Chapo Guzmán lo había entregado a las autoridades.

 El Chapo lo negó rotundamente, pero los Beltrán Leiva no le creyeron. habían sido aliados durante años parte de lo que se conocía como la federación, la superestructura criminal que unificaba a los principales capos de Sinaloa. Pero esa alianza se rompió de manera irreparable y la ruptura se convirtió en guerra.

 Los Beltrán Leiva se separaron del cártel de Sinaloa y buscaron ayuda y la encontraron en la organización más brutal del momento. Los setas que ya se habían independizado del cártel del Golfo y operaban como una fuerza para militar por todo el noreste de México. La alianza entre los Beltrán Leiva y los Zetas desató una ola de violencia que sacudió a Sinaloa, Sonora, Baja California, Nayarit, Durango y varios estados más.

 4 meses después de la captura del mochomo, los Beltrán Leiva cobraron venganza de la manera más dolorosa posible. Edgar Guzmán López, hijo del Chapo, fue ejecutado a balazos en un estacionamiento de Culiacán. Era la guerra, una guerra sin cuartel, sin reglas, sin piedad. Y el mayo Sambada necesitaba un ejército de confianza absoluta para proteger a su familia y enfrentar a sus nuevos enemigos.

Necesitaba a alguien que no dudara, que no cuestionara, que estuviera dispuesto a todo. Fue entonces cuando el mayo miró al chino. Primero lo convirtió en guardaespaldas del mayito gordo. Le entregó un jeep blindado para que pudiera vigilar los alrededores y lo autorizó a contratar a 20 personas para que trabajaran bajo sus órdenes.

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