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Habló 47 Minutos en Harvard y Cambió el Orden Educativo Mundial El Poder de Milei

El foro John F. Kennedy Jr. de la Harvard Kennedy School. Un salón de 500 personas completamente lleno. Estudiantes, profesores, medios, diplomáticos, todos haciendo la misma pregunta. ¿Qué va a decir este hombre? Porque mi ley era lo opuesto a todo lo que Harvard representaba. Harvard, establishment, élite, tradicional, mi ley outsider, disruptivo, revolucionario.

Este encuentro no era solo el choque de dos visiones del mundo diferentes, era la guerra entre el pasado y el futuro. Y ese día los 47 minutos que se vivieron en Harvard pasarían a la historia de la educación. Pero primero déjame contarte la parte más increíble de esta historia. Después del discurso de mi ley, algo cambió en Harvard.

Los estudiantes comenzaron a hacer preguntas diferentes, los profesores comenzaron a dar respuestas diferentes y Harvard por primera vez comenzó a cuestionar su propio sistema, porque a veces los cambios más grandes vienen de los lugares más inesperados. Esta es una historia sobre el poder del coraje, sobre el poder de decir lo correcto en el momento correcto y sobre cómo incluso las fortalezas más prestigiosas pueden ser sacudidas por una voz que viene de afuera.

¿Estás listo? Porque esta historia también podría cambiar lo que piensas sobre la educación. El decano de Harvard Kennedy School, profesor Douglas Elmendorf, había pensado durante mucho tiempo en enviar esta invitación. Las reformas económicas radicales de mi ley en Argentina habían creado un gran debate en círculos académicos.

“Deberíamos enviar esta invitación”, le había preguntado El Mendorf a sus asesores. “Mi ley es una figura bastante controversial, pero la subdecana Sara Johnson pensaba diferente. Douglas, nuestro trabajo es presentar diferentes perspectivas. Los enfoques de mi ley podrían ser educativos para nuestros estudiantes.

El comité de facultad de Harvard había votado la decisión de invitación. Resultado 12 a favor, ocho en contra. Había sido aprobada por un margen estrecho. En Buenos Aires, en la Casa Rosada, Mile ley había visto esta invitación como un gran honor, pero al mismo tiempo sabía las dificultades de esta situación.

Señor presidente, había dicho su asesor de educación, Carlos Torrendel, los académicos en Harvard podrían ser hostiles a sus puntos de vista. Necesitamos estar preparados. Mi ley, mientras contemplaba el paisaje de Buenos Aires desde la ventana, había respondido, Carlos, voy a decir la verdad, no a complacerlos.

Cambridge, Massachusetts. El campus de Harvard estaba decorado con colores otoñales, edificios de ladrillo rojo, hojas amarillas y atmósfera histórica. Esta era la institución educativa más prestigiosa del mundo. Cuando el convoy de Miley entró en Harvard Yard, los medios ya estaban listos.

CNN, BBC, New York Times, Washington Post. Las organizaciones de medios más importantes del mundo estaban allí. President M ley preguntó el corresponsal de CNN. ¿Qué planea decir en Harvard? Mi ley dio una respuesta breve pero significativa. La verdad. En la entrada de Kennedy School, el decano Elmendorf recibió. Según el protocolo, se realizó una ceremonia de bienvenida oficial, pero la atmósfera parecía tensa.

President Miley, dijo El Mendorf, bienvenido a Harvard. Nuestros estudiantes están ansiosos por hacerle preguntas. Decano El Mendorf, respondió Mily. Yo también estoy listo para responder sus preguntas. En el foro John F. Kennedy Jr. Las 500 sillas estaban completamente llenas. estudiantes, profesores, investigadores, representantes de medios, todos se preguntaban qué diría mi ley.

En las filas traseras, la profesora Jennifer Martínez del Departamento de Economía susurró a su colega, “Este hombre defiende exactamente lo opuesto a lo que enseñamos.” “Sí”, respondió el profesor David Chen. “Pero los estudiantes deben escuchar diferentes puntos de vista. En las primeras filas, María Rodríguez, estudiante de MBA de Harvard Business School, se dirigió a su amiga.

“¿Las reformas de mi ley en Argentina realmente están funcionando?” Según los datos, sí, respondió James Thompson, estudiante de doctorado en economía, pero el costo social es muy alto. Detrás del escenario, mi ley estaba haciendo sus preparativos finales. Miraba sus notas, ensayaba su discurso en su mente.

Cuando el decano Elmendorf presentó a mi ley, estalló un aplauso mixto en el salón. Algunos aplaudieron con entusiasmo, otros con reservas. Damas y caballeros, dijo Elmendorf, recibimos al presidente de Argentina, Javier Miley. Está llevando a cabo reformas económicas radicales en su país. Cuando mi ley subió al podio, el salón se silenció completamente, pero luego hizo algo que nadie esperaba.

Tomó las notas de su discurso preparado y las tiró a la basura. El salón se conmocionó. Estimados profesores, queridos estudiantes”, dijo Miley dejando el micrófono y caminando hacia el interior del salón. “Probablemente han escuchado muchos discursos preparados en Harvard, pero hoy les voy a hacer algo diferente.

” Se detuvo. Sus ojos recorrieron el salón. “Les voy a decir la verdad.” Estas palabras causaron un efecto eléctrico en el salón. Los profesores se miraron entre sí. Los estudiantes se inclinaron hacia adelante, porque Harvard merece escuchar la verdad y no soy tan pequeño como para mentirles. Entonces, ¿qué dijo mi ley después de esta valiente apertura? Porque lo que dijo después crearía los 47 minutos más controvertidos en los 388 años de historia de Harvard.

Harvard es la universidad más prestigiosa del mundo. Aquí se forman los líderes que gobernarán el mundo en el futuro. Pero les pregunto, ¿cómo van a gobernar el mundo? ¿Con teorías o con hechos? El salón comenzó a tensarse. Esto no era solo un discurso, era un desafío. La primera provocación de mi ley apuntaba directamente al corazón académico de Harvard.

En Harvard les enseñan economía. Economía keinesiana, economía postkeinesiana, economía institucional. Muy impresionante, muy teórico, muy alejado de la realidad. Los profesores del departamento de economía se sacudieron como si hubieran sido golpeados. Les voy a hablar de economía real, de un país con 150% de inflación, con una tasa de pobreza que alcanza el 40%, donde miles de personas se ven obligadas a abandonar su país cada día.

Mi ley se detuvo. La atmósfera del salón había cambiado completamente. De Venezuela, de Cuba, de Nicaragua. En estos países se aplicaron las teorías económicas que se enseñan en Harvard. ¿Cuál fue el resultado? Silencio. Desastre. Esta palabra resonó en las paredes del salón.

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