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Stalin ORDENÓ ‘QUEMEN Járkov Entera’ — Zhukov INCINERÓ 86,000 SS y Manstein HUYÓ Como Cobarde

Stalin ORDENÓ ‘QUEMEN Járkov Entera’ — Zhukov INCINERÓ 86,000 SS y Manstein HUYÓ Como Cobarde

Año 1943. Las llanuras heladas de Ucrania se habían convertido en el cementerio más grande de la historia. Garkov, la cuarta ciudad más grande de la Unión Soviética, había cambiado de manos cuatro veces en menos de 2 años. Pero lo que estaba por suceder en febrero y marzo de ese año superaría todo lo imaginable.

Stalin, furioso en su despacho del Kremlin, tomó una decisión que haría temblar a Europa entera. La orden era simple, pero devastadora. Kemar Sharkov, arrasar con todo, no dejar piedra sobre piedra. Y el hombre encargado de ejecutar esta venganza sería Georgi Schukov, el general más temido del ejército rojo, el único militar que se atrevía a contradecir a Stalin y seguir vivo.

Retrocedamos 6 meses, verano de 1942. La vermacht alemana avanzaba imparable hacia el sur de Rusia. Jarkov había caído en octubre de 1941 y los alemanes la habían convertido en un bastión estratégico crucial. Desde allí controlaban las rutas hacia el Cáucaso y los campos petroleros que Hitler necesitaba desesperadamente.

La población ucraniana sufría bajo la ocupación nazi. Más de 10,000 civiles fueron ejecutados en los primeros meses. Las SS de Heinrich Himler habían establecido campos de exterminio en las afueras. Jarkov se había transformado en un infierno. Stalin no podía tolerar esta humillación. La ciudad llevaba su nombre antes de la guerra.

Para él, perder Jarkov era como perder su propia alma. Enero de 1943, después del triunfo soviético en Stalingrado, el dictador vio su oportunidad. Convocó a Shukof a Moscú. La reunión fue tensa. Stalin caminaba de un lado a otro fumando su pipa, los ojos inyectados de rabia. Necesito Yarkov de vuelta, pero si no puedes tomarla, la destruyes. Quém mala entera.

Que no quede nada para los nazis, nada. Yukov conocía a Stalin. Sabía que esta no era una orden cualquiera. Era una prueba, una prueba de lealtad. Pero también era una oportunidad, una oportunidad de venganza contra el mariscal de campo Erich von Manstein, el genio táctico alemán que había humillado al ejército rojo en Crimea.

La operación comenzó el 12 de febrero de 1943. Cuatro frentes soviéticos convergieron sobre Harkov, más de medio millón de soldados, 3,000 tanques, 2000 aviones, la mayor concentración de poder de fuego que el mundo había visto hasta ese momento. Chukov no iba a tomar riesgos. había aprendido de Stalingrado. Esta vez aplastaría a los alemanes con puro peso numérico.

Los primeros días fueron brutales. La temperatura alcanzaba los 30 gr bajo cer los tanques T34 patinaban sobre el hielo. Los soldados morían congelados en sus trincheras. Pero Shukov no se detenía. Empujaba, siempre empujaba. Sus órdenes eran claras: avanzar o morir. No había tercera opción. El 15 de febrero, las fuerzas soviéticas rompieron las líneas alemanas al norte de Harkov.

La sorpresa fue total. Los generales alemanes no esperaban un ataque de esa magnitud en pleno invierno. Las divisiones Pancer intentaron contraatacar, pero los soviéticos los superaban 3 a un. Los Tiger y Panther alemanes, los tanques más temidos de la guerra, quedaban atrapados en el barro congelado. Los cañones antitanques soviéticos los destrozaban a distancia.

Manstein estaba en su cuartel general, 150 km al sur. Cuando recibió las primeras noticias del ataque, no lo podía creer. Llamó inmediatamente a Hitler. El furer, en su búnker de Prusia oriental rechazó la petición de Manstein de retirarse. Ni un paso atrás. Y Alcov debe mantenerse a toda costa. Era la misma orden suicida que Stalin daba a sus generales.

Pero Manstein era diferente. Era un estratega brillante, un maestro del contraataque móvil. Sabía que defender Harkov era imposible. Los soviéticos eran demasiados. Así que comenzó a planear algo diferente, una trampa. La trampa más audaz de toda la guerra. Mientras tanto, Shukov avanzaba imparable. El 16 de febrero, sus tropas llegaron a los suburbios de Harkov.

La ciudad estaba defendida por la primera división Pancer SS, la standandarte Adolf Hitler y elementos de la división Dasreich. eran las tropas de élite de la CSS. Fanáticos, asesinos entrenados, no se rendirían fácilmente. La batalla por Sharkov comenzó con un bombardeo de artillería que duró 48 horas ininterrumpidas.

Más de 1000 cañones soviéticos dispararon sin cesar. La ciudad entera temblaba. Los edificios se derrumbaban como castillos de naipes. El fuego consumía barrios enteros. Los civiles que no habían evacuado morían por miles. Stalin había dado la orden. Kemarkov y Jukov estaba obedeciendo al pie de la letra.

Los soldados de las SS resistían casa por casa, calle por calle. Cada edificio era una fortaleza, cada sótano una tumba. Los combates eran tan intensos que los soldados luchaban cuerpo a cuerpo con bayonetas y palas. El aire olía a pólvora, sangre y carne quemada. El infierno había descendido a la tierra.

Paul Hauser, comandante del segundo cuerpo Pancer SS, sabía que estaba perdido. Sus hombres estaban siendo aniquilados. Los tanques soviéticos entraban por todas partes. Las líneas de suministro estaban cortadas. Llamó a Manstein pidiendo permiso para evacuar. Manstein, desafiando las órdenes directas de Hitler, le dio luz verde, “Salgan de Sharkov”.

Salven a los hombres, lo necesitaremos después. Era una decisión valiente. Hitler lo llamó cobarde. Amenazó con fusilarlo, pero Manstein sabía lo que hacía. estaba preparando su contraataque y para que funcionara necesitaba que los soviéticos siguieran avanzando. Necesitaba que se extendieran demasiado. Necesitaba que Shukov cometiera el error que estaba esperando.

El 16 de febrero, las tropas soviéticas entraron en el centro de Sharkov. La ciudad estaba en ruinas. Columnas de humo negro se elevaban hacia el cielo. Los muertos se contaban por decenas de miles. Pero Jukov no se detenía. Sus órdenes de Stalin eran claras: perseguir a los alemanes, no darles respiro, aplastarlos completamente.

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