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La supuesta “enfermera justiciera” Yulieth Moreno está en el centro de una historia aterradora que tiene a toda la comunidad en sh0ck VL

La supuesta “enfermera justiciera” Yulieth Moreno está en el centro de una historia aterradora que tiene a toda la comunidad en sh0ck

Las luces de neón del hospital departamental Luisa Blanque de la Plata parpadeaban sobre el asfalto mojado cuando las ambulancias [música] llegaban una tras otra en la madrugada. Buenaventura nunca dormía y el puerto [música] cobraba sus víctimas cada noche. Heridos de bala, apuñalados, intoxicados. Juliet Andrea Moreno los recibía a todos con la misma frialdad profesional.

Las manos firmes, la mirada vacía. Era una enfermera de turno nocturno que, según la Fiscalía General de la Nación envenenó a más de 18 miembros de la local en menos de 2 años. Sabía salvar vidas. Conocía cada medicamento, cada dosis, cada segundo entre la vida y la muerte, hasta que decidió cruzar esa línea. Justicia o venganza.

Eso lo vas a decidir vos al final de [música] esta historia. Juliet Andrea Moreno. Palacios tenía 34 años cuando la Policía Nacional la detuvo bajo la lluvia nocturna del puerto. Para ese momento, los noticieros [música] locales de Buenaventura ya hablaban de ella como la enfermera justiciera, aunque nadie sabía con certeza qué tan lejos había llegado.

La prensa [música] amarillista inventaba cifras. Los rumores en los barrios populares la convertían en leyenda, pero la verdad era más simple [música] y más oscura. Era una mujer que conocía exactamente cómo matar sin dejar rastro. Nació y creció en el barrio San José, uno de esos sectores [música] del puerto donde la violencia es parte del paisaje, tanto como el calor sofocante y la humedad [música] que nunca da tregua.

Estudió enfermería en la Universidad del Valle, sede Pacífico, becada por sus notas sobresalientes. Se graduó con honores en 2011 y comenzó a trabajar en el Hospital Departamental [música] Luisa Blanque de la Plata, el centro médico más grande de Buenaventura, donde atendían todo lo que el puerto escupía [música] cada noche.

Baleados, apuñalados, accidentados, intoxicados. Durante 13 años construyó una reputación impecable. Sus colegas la llamaban la más entregada. Siempre hacía turnos dobles [música] cuando faltaba personal. Se quedaba horas extras sin cobrarlas. Estudiaba farmacología [música] avanzada en sus días libres.

ayudaba a familias sin recursos comprando medicamentos [música] de su propio bolsillo. Era la enfermera jefe de urgencias, la que todos querían en su equipo, la que nunca perdía la calma ni siquiera cuando llegaban cinco heridos de bala [música] al mismo tiempo en noches de balacera entre bandas. Vivía en un apartamento arrendado de dos habitaciones [música] cerca del muelle, en un edificio viejo donde el salitre del mar oxidaba las rejas y las paredes siempre estaban húmedas.

Clase trabajadora, sin lujos, con el sueño sencillo de algún día comprar una casita en el barrio Alfonso López, lejos del ruido de las sirenas y los disparos [música] nocturnos. Tomaba la buseta a las 4:30 de la madrugada para llegar al [música] turno de las 6 cruzando el puente El Piñán, mientras el puerto amanecía [música] entre neblina y grúas portuarias que nunca paraban de moverse.

Lo que hacía a Julieter [música] peligrosa no era su valentía ni su frialdad, era su conocimiento. Dominaba la farmacología como [música] pocas enfermeras en el hospital. sabía qué medicamentos causaban qué síntomas, cuánto tardaban en actuar, qué dejaba rastros detectables en una autopsia y qué desaparecía del cuerpo en horas.

Conocía la diferencia entre una dosis [música] terapéutica y una dosis letal. Sabía calcular miligramos por kilogramo de peso corporal. Entendía [música] cómo interactuaban las sustancias entre sí. Había tratado cientos de [música] casos de intoxicación en urgencias, sobredosis de drogas, envenenamientos accidentales, intentos de suicidio con medicamentos.

Sabía exactamente qué hacía cada veneno en el cuerpo humano. Como enfermera jefe, tenía acceso controlado, pero posible, a los medicamentos más peligrosos del hospital. Sucinilcolina, el relajante muscular [música] que usaban en anestesia y que en dosis altas paralizaba hasta los músculos respiratorios. cloruro [música] de potasio que provocaba paro cardíaco fulminante si se inyectaba directo en vena.

Insulina concentrada capaz de causar [música] coma hipoglucémico mortal, fentanilo y otros opioides que deprimían el sistema respiratorio hasta el colapso. Sustancias que en manos equivocadas o con intención criminal [música] eran armas perfectas. Los turnos nocturnos le daban otra ventaja. Conocía los horarios del hospital como la palma de su mano.

Sabía cuando había [música] menos personal de vigilancia, cuando las cámaras de seguridad no cubrían ciertos pasillos, cuando los médicos estaban ocupados en [música] cirugía y nadie supervisaba la sala de preparación. Sabía qué pacientes llegaban solos, cuáles venían con familiares, cuáles eran criminales [música] que nadie reclamaría si morían en una camilla de urgencias.

Durante años, Juliet fue solo eso, una enfermera excepcional en un hospital que [música] nunca descansaba. Pero algo se rompió dentro de ella en marzo de 2022 y la mujer que salvaba vidas se convirtió en la mujer que las quitaba con precisión quirúrgica. Antes de que todo se derrumbara, Juliet tenía [música] una vida sencilla pero llena.

Se despertaba cada mañana a las 4:30. preparaba tinto [música] cargado en una greca vieja que le había regalado su mamá y salía corriendo hacia la parada de busetas que cruzaban el puente El Piñal, rumbo al hospital. Las buscetas siempre iban repletas de trabajadores portuarios, vendedores [música] ambulantes, empleadas domésticas que viajaban hacia los barrios de estratos altos.

Juliet llevaba su uniforme azul de enfermera debajo de una chaqueta ligera, los zapatos blancos [música] que lavaba cada dos días porque el polvo del puerto los ensuciaba en horas. Los turnos en urgencias eran de 12 horas, pero casi siempre se extendían a 16 cuando faltaba personal [música] o llegaba alguna emergencia masiva.

Accidentes en la vía [música] al mar, balaceras entre estructuras criminales, naufragios de lanchas rápidas que transportaban droga hacia el Pacífico. Juliet atendía todo sin quejarse. estructuraba heridas [música] de bala, estabilizaba politraumatizados, consolaba familias que llegaban llorando detrás de las ambulancias.

Era buena en su trabajo, quizás demasiado buena, porque se involucraba emocionalmente con los pacientes de una forma que sus colegas consideraban poco saludable. Llegaba a casa agotada, con las piernas hinchadas [música] y el uniforme manchado de líquidos rojizos que prefería no identificar, pero siempre cocinaba para Héctor Fabio, su esposo.

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