Lo Que Montgomery Dijo Cuando Geroge S. Patton le Ganó la Carrera a Messina
17 de agosto de 1943, Mesina, Sicilia. George Paton entra triunfalmente en la ciudad con sus tropas americanas. Había ganado, pero no había vencido a los alemanes. Había humillado a Bernard Montgomery, el héroe británico de El Alamain, el comandante más condecorado del imperio. Montgomery tenía la ruta directa, el papel principal, las órdenes oficiales de tomar mesina.
Paton solo debía proteger su flanco, pero Paton hizo algo que nadie esperaba. Desobedeció órdenes, lanzó asaltos anfibios, audaces y corrió como un loco hacia Mesina. Cuando Montgomery llegó horas después, encontró a Patton esperándolo en la plaza principal con una sonrisa que decía todo. Las palabras que Montgomery pronunció en privado ese día revelarían no solo su humillación personal, sino el miedo británico a ser eclipsados por el poder americano.
Esta es la historia de la carrera más amarga de la Segunda Guerra Mundial. La operación Hosky, la invasión aliada de Sicilia, lanzada el 10 de julio de 1943, fue diseñada fundamentalmente por los británicos, reflejando la realidad de que en 1943, Gran Bretaña todavía se consideraba el socio dominante en la Alianza Occidental.
El plan operacional fue elaborado principalmente por el general británico Harold Alexander, comandante del químino y cinto grupo de ejércitos y fuertemente influenciado por Bernard Montgomery, quien comandaba el legendario octavo ejército británico. Montgomery era en ese momento posiblemente el comandante aliado más famoso de la guerra, el hombre que había derrotado a Romel en el Alamein, cuyo rostro aparecía en periódicos de todo el mundo libre como símbolo de la resistencia contra el nazismo.
Su ego, ya considerable antes de él Alamin, se había inflado hasta proporciones monumentales después de esa victoria. El plan original daba a Montgomery exactamente lo que quería, el papel estelar. Su octavo ejército desembarcaría en el sureste de Sicilia y avanzaría directamente hacia el norte por la costa este hasta Mesina, el puerto crucial que controlaba el estrecho entre Sicilia y la Italia continental.
Era la ruta más directa, la más lógica. y capturar mesina significaría el crédito histórico por conquistar Sicilia. Al séptimo ejército americano de George Patton se le asignó lo que solo podía describirse como un papel de reparto, desembarcar en el oeste de Sicilia y proteger el flanco izquierdo de Montgomery, mientras el británico conseguía toda la gloria.
Para Paton, cuyo ego rivalizaba con el de Montgomery, esta asignación era una humillación calculada. En reuniones de planificación, Paton aceptó su papel con cortesía superficial, pero en su diario escribió con furia: “Los británicos nos tratan como sirvientes. Montgomery es un pequeño cobarde sobrevalorado que nunca ha peleado una batalla sin superioridad de 10 a un.
Los primeros días de la invasión parecieron validar el plan británico. Los desembarcos del 10 de julio fueron exitosos en ambos sectores, aunque enfrentaron resistencia variable. Las tropas italianas, desmoralizadas y con poco entusiasmo por continuar la guerra de Mussolini, se rendían en números masivos. Pero las divisiones alemanas en Sicilia, especialmente la división Herman Ging y elementos de tropas paracaidistas de élite peleaban con su característica ferocidad.
Montgomery, avanzando hacia el norte por la costa este, pronto se encontró atascado frente a la llanura de Catania, donde los alemanes habían establecido defensas formidables, aprovechando el terreno montañoso y el volcán Etna. El avance de Montgomery, que debería haber sido un paseo triunfal hacia Mesina, se ralentizó hasta detenerse casi completamente a mediados de julio.
Paton, mientras tanto, observaba con frustración creciente desde su sector occidental. Oficialmente su misión era simplemente proteger el flanco de Montgomery y esperar, pero Paton no era un hombre que esperaba pacientemente mientras otros conseguían gloria. El 17 de julio, apenas una semana después del desembarco inicial, Patton tomó una decisión audaz que cambiaría toda la dinámica de la campaña.
Sin obtener permiso explícito del general Alexander, ordenó a la 45 cadón de infantería que capturara Palermo, la capital de Sicilia, en la costa noroeste. Esto no era parte del plan. Palermo estaba fuera de su zona de operaciones asignada, pero Paton argumentó posteriormente que necesitaba el puerto de Palermo para suministros.
Una justificación técnicamente válida, pero que todos sabían era secundaria a su verdadero objetivo, competir con Montgomery por titulares y empezar su propia carrera hacia Mesina. Palermo cayó ante las fuerzas de Pato en el 22 de julio después de un avance relámpago que recorrió más de 150 km en apenas 4 días. una velocidad extraordinaria que demostraba la capacidad americana para guerra móvil agresiva.
Paton entró en Palermo como un conquistador romano y los periódicos americanos celebraron la victoria con titulares entusiastas que finalmente daban a las tropas estadounidenses reconocimiento igual al de los británicos. Montgomery estaba furioso viendo correctamente la maniobra de Paton como un robo de atención mediática.
Alexander estaba desconcertado, pero políticamente incapaz de reprender públicamente a Patton, porque la captura de Palermo era objetivamente una victoria legítima. Eisenhauer, atrapado entre sus aliados británicos y su subordinado americano rebelde, felicitó a Patton públicamente mientras en privado le advirtió sobreviolar la cadena de comando.
Pero Patton no había terminado. Con Palermo asegurada y su ego satisfecho temporalmente, ahora giró su atención completamente hacia el verdadero premio, Mesina. El problema era geográfico y político. Geográficamente, la única ruta disponible para Paton hacia Mesina era la costa norte de Sicilia, una carretera estrecha y serpente que atravesaba terreno montañoso perfecto para defensas alemanas.
Políticamente, tomar mesina significaría robarle directamente a Montgomery la gloria que Alexander le había prometido. Paton no estaba intimidado por ninguno de estos obstáculos. De hecho, parecían energizarlo. En sus propias palabras a su jefe de Estado Mayor, “Voy a llegar a Mesina antes que ese pequeño hijo de británico, aunque tenga que caminar sobre los cuerpos de mis propios hombres para hacerlo.
” La táctica que Paton empleó para superar el terreno difícil de la costa norte era brillante en su audacia, asaltos anfibios. Los alemanes habían establecido líneas defensivas aprovechando las montañas que llegaban hasta la costa, esperando que los americanos tuvieran que atacar frontalmente cada posición, un proceso que tomaría semanas, pero Patton simplemente saltó estas posiciones usando la marina para aterrizar tropas detrás de las líneas alemanas.
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El 8 de agosto lanzó un desembarco en Santatha, aterrizando el segundo batallón del 300 regimiento de infantería detrás de las defensas alemanas. El 11 de agosto lanzó otro embrolo con el 13er batallón del Cintin quinto regimiento. Cada vez los alemanes tenían que abandonar posiciones preparadas para evitar ser rodeados y cortados.
El avance de Paton aceleraba mientras Montgomery seguía atascado en la costa este. Montgomery, viendo que estaba perdiendo la carrera, comenzó a presionar a sus tropas más duramente, exigiendo avances más rápidos. Pero el octavo ejército, enfrentando las mejores posiciones defensivas alemanas y siguiendo el estilo cautamente metódico de Montgomery, simplemente no podía moverse tan rápido como el séptimo ejército de Paton.
Los corresponsales de guerra comenzaron a escribir explícitamente sobre una carrera hacia Mesina, convirtiendo lo que debería haber sido una operación militar coordinada en una competencia de orgullo nacional entre aliados. Los soldados británicos, conscientes de que estaban siendo superados por los novatos americanos, se resentían, pero no podían hacer nada al respecto.
Los soldados americanos de Paton, exhaustos por las marchas forzadas y los combates constantes, sin embargo, avanzaban con determinación feroz, sabiendo que su comandante no aceptaría nada menos que victoria total sobre los británicos. En la madrugada del 17 de agosto de 1943, elementos de la tercera división de infantería del séptimo ejército de Patton entraron en las afueras de Mesina.
La resistencia alemana en la ciudad había colapsado. Las últimas unidades del eje estaban evacuando a través del estrecho hacia el continente italiano. Mesina era suya para tomar. El teniente coronel Bernard, que comandaba la vanguardia, inmediatamente envió un mensaje por radio. Hemos entrado en Mesina.
La ciudad está prácticamente sin defender. Paton, que había estado despierto toda la noche en su puesto de comando avanzado esperando exactamente estas noticias, ordenó inmediatamente que todas las unidades principales se apresuraran hacia la ciudad. Él mismo subió a su jeep de comando y condujo a velocidad peligrosa por las carreteras costeras hacia Mesina, decidido a estar allí personalmente para el momento del triunfo.

Paton llegó a Mesina alrededor de las 10 am del 17 de agosto. Ordenó que se hizaran banderas americanas en los edificios principales. Convocó a fotógrafos y corresponsales de guerra para que capturaran el momento. se posicionó en la plaza principal de la ciudad con el estrecho de mesina visible detrás de él, esperando esperando específicamente a Montgomery.
Las tropas del octavo ejército británico habían estado avanzando por la costa este y se esperaba que llegaran a Mesina ese mismo día, pero horas después de los americanos. Patton estaba determinado a que Montgomery lo encontrara allí, que la humillación fuera pública y completa. Era una venganza perfecta por meses de ser tratado como subordinado de los británicos.
por tener que aceptar un papel secundario en la planificación por todas las condescendencias sutiles de los oficiales británicos que trataban a los americanos como aficionados inexpertos. Montgomery y el octavo ejército británico entraron en mesina alrededor de las 2 severo pm, varias horas después de Paton. Montgomery, viajando en su característico coche de comando con el mapa de la campaña pintado en el costado, se dirigió directamente hacia la plaza principal donde sabía que encontraría a Paton.
El encuentro entre los dos generales fue uno de los momentos más tensos y cargados de emoción de toda la campaña siciliana. Paton, vestido en uniforme impecable con casco pulido y sus famosas pistolas con mango de marfil, saludó a Montgomery con exagerada cortesía formal. Bienvenido a Mesina general. Me temo que llegamos aquí esta mañana.
Montgomery en su boina negra característica y uniforme de batalla relativamente simple respondió con rigidez británica: “Felicitaciones por tu avance.” Pero su rostro, normalmente controlado y diplomático, no podía ocultar completamente la humillación y la rabia que sentía. Los fotógrafos capturaron el momento.
Paton de pie, relajado y obviamente satisfecho, junto a Montgomery, que estaba visiblemente tenso. Las fotografías aparecerían en periódicos de todo el mundo y aunque la propaganda oficial aliada las presentaría como muestra de cooperación aliada, cualquiera que mirara las imágenes podía ver la tensión real. Montgomery felicitó brevemente a Patton.
Intercambiaron algunas palabras más de cortesía formal y luego Montgomery se retiró a su cuartel general móvil. Lo que dijo allí en privado a sus oficiales más cercanos revelaría la profundidad de su resentimiento y las grietas en la alianza angloamericana que la propaganda intentaba ocultar.
Varios oficiales británicos presentes más tarde reportarían que nunca habían visto a Montgomery tan furioso, tan visiblemente afectado por una derrota que no era militar, sino puramente de prestigio. En su caravana de comando privada, esa tarde del 17 de agosto, Montgomery convocó a sus principales oficiales de Estado Mayor para una reunión.
Lo que se dijo en esa reunión fue reportado posteriormente por varios participantes, incluyendo el brigadier Sir Edgar Bill Williams, jefe de inteligencia de Montgomery, y el mayor general Francis de Gingant, su jefe de Estado Mayor. Montgomery, normalmente controlado y profesional incluso en momentos de estrés, estaba visiblemente alterado.
Caminaba de un lado a otro en el espacio confinado de la caravana, algo que sus oficiales reconocían como señal de agitación extrema. Sus primeras palabras fueron directas y amargas. Ese cowboy americano nos ha robado nuestra victoria. Esto no es liderazgo militar, es exhibicionismo barato diseñado para periódicos.
Pero Montgomery no se detuvo allí. Continuó con una diatriba que revelaba no solo frustración personal, sino ansiedades más profundas sobre el papel cambiante de Gran Bretaña en la alianza. Los americanos están decididos a marginar nuestra contribución a esta guerra”, dijo Montgomery. Según el reporte de De Gingand, Paton violó el espíritu de nuestro plan coordinado simplemente para alimentar su ego masivo y para dar titulares a los periódicos americanos.
Y Alexander no hizo nada para detenerlo, porque todos tienen miedo de ofender a los americanos ahora que están poniendo más tropas que nosotros. Esta última observación era particularmente reveladora. Montgomery había identificado correctamente que el equilibrio de poder en la alianza estaba cambiando a medida que la contribución militar americana crecía exponencialmente, superando gradualmente la británica en términos de hombres, equipos y recursos.
En los días siguientes, Montgomery escribió varias cartas privadas a superiores y colegas que mostraban la profundidad de su resentimiento. En una carta al mariscal de campo Alan Brook, jefe del Estado Mayor Imperial y mentor de Montgomery, escribió: “La carrera hacia Mesina fue un circo innecesario orquestado por Pat contra objeciones implícitas.
Su estilo de comando es todo dramatismo y relaciones públicas sin la sustancia de planificación cuidadosa que gana guerras. sosteniblemente. En otra carta a su amigo y colega general Miles Dempsey, Montgomery fue aún más franco. Paton es un comandante peligrosamente impulsivo que arriesga vidas de sus hombres innecesariamente para satisfacer su ego.
Que haya llegado a Mesina primero no significa que sea mejor general, solo que está dispuesto a correr riesgos que yo considero irresponsables. Estas cartas preservadas en archivos británicos muestran que la animosidad de Montgomery hacia Paton era profunda y duradera. Pero quizás la evaluación más reveladora de Montgomery vino en una conversación privada con Churchill semanas después cuando el primer ministro visitó el cuartel general de Montgomery en Italia.
Según los diarios de Lord Moran, médico personal de Churchill que estaba presente, Montgomery confió al primer ministro. Paton llegando primero a Mesina es simbólico de un cambio mayor. Los americanos están asumiendo que porque tienen más recursos deben tener más control. Pero nosotros hemos estado peleando esta guerra durante años mientras ellos llegaban tarde.
Temo que estamos perdiendo la capacidad de dirigir nuestra propia estrategia. Churchill, quien compartía estas mismas ansiedades profundamente, aparentemente asintió con gravedad, pero recordó a Montgomery la necesidad diplomática de mantener la alianza fuerte públicamente. La conversación capturaba perfectamente la paradoja británica de 1943.
Necesitaban el poder americano para ganar la guerra, pero resentían la pérdida de influencia que ese poder traía consigo. La carrera hacia Mesina tuvo ramificaciones que se extendieron mucho más allá de Sicilia. Para Paton fue el momento de validación que había buscado desesperadamente la prueba de que los americanos no necesitaban deferencia británica, que podían competir y ganar contra los comandantes más célebres del imperio, pero su victoria tenía un precio oculto que pronto se haría evidente. En su obsesión
por llegar primero, Paton había empujado a sus tropas más allá de límites razonables, causando agotamiento extremo, bajas innecesarias por accidentes y estrés, y crucialmente había visitado hospitales de campaña donde el 3 y el 10 de agosto abofeteó a dos soldados diferentes que estaban siendo tratados por lo que ahora llamaríamos TPT, pero que Paton denunció como cobardía.

Cuando estos incidentes se filtraron a la prensa en noviembre de 1943, provocaron un escándalo que casi terminó la carrera de Paton, requiriendo la intervención personal de Eisenhauer para salvarlo. Para Montgomery, la humillación de Mesina dejó cicatrices que nunca sanaron completamente. Su rivalidad con Paton, ya presente antes de Sicilia, se intensificó hasta convertirse en enemistad abierta, apenas contenida por las necesidades diplomáticas.
Esta rivalidad afectaría las operaciones futuras en Italia y luego en el noroeste de Europa. Después del día D. Montgomery pasaría el resto de la guerra compitiendo con comandantes americanos por recursos y reconocimiento, argumentando constantemente que su enfoque cauteloso y metódico era superior al estilo agresivo americano.
En sus memorias publicadas después de la guerra, Montgomery dedicaría páginas a justificar por qué su enfoque en Sicilia era el correcto y por qué la carrera de Paton hacia Mesina era tácticamente innecesaria y estratégicamente contraproducente. Argumentos que la mayoría de los historiadores militares consideran más sobre salvar su reputación que sobre análisis objetivo.
La dinámica expuesta por la carrera hacia Mesina, la tensión entre aliados supuestamente unidos, era más común de lo que la propaganda aliada admitía públicamente. La alianza angloana, aunque real y finalmente exitosa en derrotar a las potencias del eje, estaba llena de fricciones, rivalidades y resentimientos mutuos.
Los británicos veían a los americanos como recién llegados arrogantes, que no apreciaban la experiencia británica ganada duramente durante años de guerra. Los americanos veían a los británicos como imperialistas condescendientes, más interesados en proteger su imperio que en ganar la guerra eficientemente. Estas tensiones, generalmente manejadas con diplomacia cuidadosa por líderes como Eisenhauer y Churchill, ocasionalmente explotaban en episodios como La Carrera hacia Mesina.
Décadas después, cuando historiadores analizan la campaña de Sicilia, la carrera hacia Mesina se estudia no solo por su significado militar, sino por lo que reveló sobre las personalidades de los comandantes involucrados y las dinámicas de poder en la Alianza occidental. Paton emerge como brillante, pero inestable, capaz de hazañas tácticas extraordinarias, pero también de comportamiento que rayaba en la insubordinación.
Montgomery aparece como competente y profesional, pero atado a un orgullo nacional y personal que lo segaba a realidades cambiantes. Y ambos, a pesar de sus defectos considerables, contribuyeron significativamente a derrotar a uno de los regímenes más malignos de la historia. La victoria en Mesina fue americana, pero la victoria en la guerra fue verdaderamente aliada, lograda a pesar de no gracias a las rivalidades entre sus comandantes.
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