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RAFA MÁRQUEZ : LA ASQUEROSA VERDAD QUE ADRIANA LAVAT OCULTO DURANTE 5 AÑOS

Jorge Labat, el padre de Adriana, lloró durante la entrega de su hija al altar. Estuvieron presentes futbolistas  como Pavel Pardo y Duilio Davino, actores cercanos a la familia Labat, periodistas, cámaras de espectáculos y el detalle que el público nunca olvidó. El testigo de honor de la boda sentado en una sillita al lado del altar mirando a  sus padres con 4 meses de nacido, vestido con un trajecito blanco hecho a la medida.

Era Santiago, su propio hijo. Esa imagen del bebé como testigo de los votos de sus padres  apareció en todas las revistas de espectáculos al día siguiente. Era diciembre del 2003, 21 años después. Ese  mismo niño, convertido en un hombre joven de 22 años iba a  estar listo para entrar a una corte española a contar lo que vio durante toda su vida sobre el hombre que firmó aquellos votos delante de él.

Pero antes de llegar a esa corte  pasaron 19 años de mentiras, traiciones documentadas, un romance internacional con la esposa de uno de los cantantes más  famosos del idioma español y una enfermedad que iba a entrar al cuerpo de Adriana exactamente  el día que su esposo decidió que ya no la quería en su casa.

En el verano del 2003, antes de la boda por la Iglesia, el FC Barcelona le había hecho una oferta al Mónaco. 5 millones de euros. Querían a Rafael Márquez como defensa central. El traspaso se cerró en julio. La familia se mudó de Mónaco a la ciudad de Barcelona en septiembre. Compraron una casa con jardín en la zona alta de Pedralves.

Inscribieron  a Santiago en una guardería privada. Adriana se quedó en casa cuidando al bebé mientras Rafael entrenaba todas las mañanas en la ciudad deportiva. La carrera de Rafael en el Barcelona fue meteó.  Cuatro ligas españolas en seis temporadas, dos Champions League ganadas.  Una Champions League ganada en el 2006 en el estadio de San Denise contra el Arsenal de Henry.

Otra Champions ganada en el 2009 en Roma contra el Manchester United de Cristiano Ronaldo. Jugó al lado de Ronaldinho, Xavi, Iniesta, Eto, Messi. Era considerado uno de los 10 mejores defensas centrales del mundo. Era millonario, era padre de un niño que crecía sano. Y en julio del 2005,  en una clínica privada de la Ciudad de México, Adriana dio a luz a la segunda hija de la pareja, una niña a la que llamaron Rafaela.

Rafaela Márquez Labat, tres kilos justos, cabello castaño, los mismos ojos grandes de su madre. Todo parecía perfecto. Era el matrimonio modelo del fútbol  mexicano, la familia ideal en cada portada de revista. El sueño cumplido de la dinastía  Labat, unida con el ascenso meteórico del muchacho de Zamora.

Lo que el público nunca supo es que en ese año 2005, mientras Adriana estaba embarazada de Rafaela y  le pedía a su esposo que pasara más tiempo en casa, Rafael Márquez ya había empezado una relación paralela  con otra mujer. Esa mujer tenía nombre, esa mujer tenía esposo y ese esposo era uno de los cantantes más famosos del idioma español.

Vamos a llegar al nombre de esa mujer y al nombre del cantante humillado en unos minutos. Pero antes hay que entender una cosa, porque la traición que Rafael empezó a cometer en el 2005 no fue una traición común, fue una traición planeada con la frialdad de un defensor central que llevaba años entrenando para no equivocarse delante de Messi.

Y la víctima principal de esa frialdad ya cargaba dentro de ella. Sin saberlo, la primera señal del dolor físico que iba a marcarla para siempre. Era jueves 18 de mayo del 2006. Adrián Alabat estaba en su casa de Barcelona. Eran las 11:30 de la mañana. Santiago tenía 2 años y 10 meses.

Rafaela tenía 10 meses recién cumplidos. Adriana acababa de acostar a la niña en su cuna y bajaba las escaleras de la casa con una taza de café en la mano.  Su madre, Chuti Rodríguez, la había llamado por teléfono esa misma mañana desde la Ciudad de México. Le había dicho una sola frase: “Compra la revista Semana de Hoy, la deportada rosa.

” Adriana le pidió a la empleada doméstica que fuera al kosco de la esquina por la revista.  15 minutos después, la empleada regresó con la revista en la mano. Adriana se sentó en el sillón de la sala, abrió la revista, ojeó las primeras páginas sin entender qué buscaba. Llegó a la página 22 y vio una fotografía a doble plana de su esposo, Rafael Márquez Álvarez, saliendo de la mano de una mujer rubia desde la puerta trasera de un hotel de cinco estrellas en la zona de Siches a 30 km de Barcelona.

La fecha de la fotografía era el 7 de mayo. 11 días antes, Adriana se quedó mirando la fotografía durante 6 minutos sin parpadear. La mujer rubia que aparecía con su esposo era Jid Mitchell, modelo española, 31 años. Casada con el cantante Alejandro Sans desde el año 2000. Madre de una niña de 5 años llamada Manuela.

Adriana cerró la revista con cuidado, la dejó sobre la mesa de la sala, subió las escaleras hasta el cuarto donde dormía Rafaela. Se quedó parada junto a la cuna, mirando a su hija durante 20 minutos. Y a las 12:10 de la mañana, en el silencio de la casa de Pedralves, sintió un primer pinchazo agudo en el empeine del pie derecho. No le hizo caso.

Pensó que era el cansancio. Pensó que eran los nervios. pensó que era el café frío. Lo que Adrián Labat no podía saber esa mañana del 18 de mayo del 2006, mirando a su hija dormida y sintiendo el primer pinchazo en el pie. Es que ese dolor ya no se le iba a quitar nunca.  Ese dolor era la primera señal de la enfermedad que iba a marcarla para toda la vida.

una enfermedad que los médicos especialistas en dolor crónico solo iban a poder explicar 10 años después con una frase que Adriana iba a repetir muchas veces en cámara. La enfermedad que entró al cuerpo de Adriana Labat aquella mañana de mayo del 2006 se llama fibromialgia.  Es una enfermedad que no se cura, sin tratamiento definitivo y se queda dentro del cuerpo para toda la vida.

Y los médicos especialistas en medicina del dolor solo pueden explicarla con una palabra que parece sacada de un libro de poesía, pero que para los que la padecen es la palabra más exacta que existe. La fibromialgia es trauma emocional convertido en dolor físico. Lo dicen los reumatólogos, lo dicen los neurólogos especialistas en dolor crónico, lo dicen los psiquiatras que la han estudiado durante 40 años.

La fibromialgia entra al cuerpo cuando el alma de una persona se rompe en un punto exacto que el cuerpo ya no puede contener y se queda dentro para siempre. En el caso de Adriana, los doctores la diagnosticaron 6 años  después, pero los síntomas empezaron aquel jueves 18 de mayo del 2006 a las 12:10 de la mañana, mirando a su hija dormida después de descubrir en una revista de la zona de espectáculos que su esposo estaba en una habitación de hotel con la mujer del cantante Alejandro Sans.

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