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HERMANAS MALAMBO: La ASQUEROSA Trampa que sus Novios OCULTARON… Y Todo Terminó en Horror

El carnaval de Barranquilla es patrimonio oral e inmaterial de la humanidad. Según la UNESCO, es después del de Río de Janeiro uno de los carnavales más grandes e importantes del mundo hispanohalante.  Cuatro días oficiales de fiesta que en la práctica se extienden durante semanas con eventos previos y posteriores en las calles, en los barrios, en las casas,  en los salones comunitarios.

Todo el Atlántico se mueve en torno a ese evento. Para los jóvenes, el carnaval tiene una dimensión específica. Es el momento del año en que las reuniones de amigos se multiplican, en que las salidas nocturnas se normalizan, en que el barrio entero está de fiesta y salir de casa de noche no llama  la atención.

Es también en esa normalización de la festividad un momento en que los controles se relajan, no de manera maliciosa, solo porque todo el mundo está en modo de celebración.  El carnaval de Barranquilla termina el martes de carnaval, el último día antes del miércoles de ceniza. Es una de las fiestas más grandes de América Latina.

4 días de música, disfraces, comparsas, desfiles. El 17 de febrero de 2026 era el último día, el cierre, la noche en que los barrios del área metropolitana de Barranquilla seguían con sus propias celebraciones más pequeñas, sus fiestas de vecindad, sus reuniones de grupos de amigos en casas particulares.

Las hermanas Hernández salieron de la sierrita esa noche.  Tenían pensado ir a una reunión en Malambo. El municipio que queda inmediatamente al sur de Barranquilla,  del otro lado del río, a minutos del barrio donde vivían.  Alguien las fue a buscar en carro. Sheridan llamó a su mamá para decirle que ya venían, que no se iban a demorar.

Eso fue lo último. La casa a la que llegaron quedaba en el barrio Maranata de Malambo. Era la casa donde vivía Fabián, el novio de Keila, con su mamá. Ahí había una reunión. varios jóvenes, música, bebidas,  el ambiente del carnaval. Las dos hermanas estaban con sus novios en una fiesta como miles, que esa noche se hacían en todo el Atlántico.

Y entonces alguien tomó el celular de Shiridan. Este es el momento bisagra de toda la historia. El momento donde todo lo que vino después quedó definido en un instante que probablemente duró menos de un minuto. Una joven que también estaba en esa reunión, cuya  identidad no fue publicada en los medios, aunque sí fue identificada por la investigación, tomó el teléfono de Sheridan.

No se sabe si lo pidió prestado con algún pretexto, si lo tomó porque lo vio desbloqueado sobre la mesa, si fue una situación que se presentó de manera casual. Lo que importa es lo que encontró cuando lo revisó y entonces alguien tomó el celular de Sheiridan. La fiscalía reconstruyó lo que ocurrió después con los testimonios de los implicados, con los chats recuperados de los dispositivos, con las declaraciones en audiencia.

Una joven que también estaba en esa reunión tomó el teléfono de la menor de 14 años y leyó algo que la hizo reaccionar. Lo que había en ese celular, según la hipótesis que la fiscalía presentó en las audiencias, eran mensajes donde Shirdan aparentemente hablaba con alguien sobre la posibilidad de entregar información de su propio novio a una banda criminal rival.

En el lenguaje de los grupos delincuenciales que operan en esa zona del Atlántico, eso es ser sapera, ser soplona, entregar al propio bando. La joven  le mostró el teléfono a los presentes y señaló a Sheiridan. Lo que siguió después de esa acusación duró muy poco tiempo. El adolescente de 17 años que estaba en la reunión, señalado por la fiscalía como el autor material  de los disparos, tomó un arma, sacó a Shirdan al patio de la casa y lo que declaró en las audiencias judiciales, en palabras que la fiscal leyó ante el

juez, es de las cosas más difíciles de escuchar que puede producir un proceso penal.  Lo que la fiscal leyó en esa audiencia es uno de los momentos más difíciles de toda la cobertura de este caso. Porque no es el lenguaje distante  de un informe policial, son las palabras del propio agresor describiendo lo que hizo.

dijo que le preguntó a Sheiridan  quiénes eran los pelados que los iban a poner, que los iban a entregar a la banda rival y que ella respondió que eran unos novios  que ellas tenían, pero que no era verdad, que solo decían eso porque estaban enamoradas de ellos.  Y dijo que cuando escuchó esa respuesta le pegó un tiro en la cabeza.

dijo que ella quedó hablando, que le decía que no le pegara más tiros y que entonces le pegó el segundo. Sheridan Sofía Hernández Noriega tenía 14 años, 8 meses antes de su quinceañero. En el patio de una casa en Malambo, en la noche del carnaval murió así. A Keila Nicole, la mayor la degollaron. Tenía 17 años.

El expediente no da más detalles de cómo fue ese momento, pero la Defensoría del Pueblo sí los tuvo en la audiencia. La funcionaria de la defensoría, mientras describía lo que le hicieron a las menores,  lloró. Rompió a llorar frente al juez. Porque hay cosas que se procesan con datos y hay cosas que no. Después de matar a las dos hermanas, los presentes en esa casa fueron a buscar palas.

Abrieron huecos en el patio del mismo inmueble. Las enterraron ahí en el mismo lugar donde todo había pasado y luego siguieron con sus vidas. Siete personas aproximadamente estaban presentes o participaron en lo que ocurrió esa noche en la casa de Maramata. Siete. Y durante los 11 días siguientes, mientras Maric Noriega buscaba desesperadamente a sus hijas, algunos de esos siete le enviaron mensajes al teléfono, mensajes exigiendo dinero.

Le decían que sus hijas estaban vivas, que si pagaba 10 millones de pesos, las devolvían sanas. Uno de los mensajes decía, “Te quedan 10 y da las gracias que si colaboras te las mando vivas, porque tu marido es costeño.” Sus hijas ya estaban muertas cuando esos mensajes llegaron. Estaban enterradas en ese patio desde la madrugada del 18 de febrero.

Y los que las mataron le pedían plata a la mamá, fingiendo que aún podían volver. Ponerse en el lugar de Maric durante esos 11 días requiere un esfuerzo que pocas personas pueden hacer sin que se les quiebre algo por dentro. Tu hija de 14 años te llama en la madrugada para decirte que  ya viene. El teléfono se apaga. Pasan horas.

Pasan el miércoles de ceniza, el primer día después del carnaval. Sigue sin aparecer. Siguen sin aparecer las dos. Llamas a los amigos, llamas al colegio, llamas a todo el mundo que puedes pensar. Vas a la policía y la respuesta no llega tan rápido como necesitas y entonces empiezan los mensajes. Una voz desconocida que te dice que tus hijas están vivas, que si pagas regresan, que te quedan 10 millones y da las gracias.

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