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Rubén Oseguera González, Alias “El Menchito”: El Heredero del CJNG que Terminó Preso en EE.UU.

Nació en Estados Unidos con un destino de rey. Se convirtió en el Menchito, el príncipe heredero del cártel Jalisco Nueva Generación, el imperio criminal más violento de México. Desde la sombra de su padre, el Mencho, comandó un ejército de sicarios, ordenó más de 100 asesinatos y planeó inundar el mundo con fentanilo.

Su poder era tan absoluto que se atrevió a derribar un helicóptero militar con un lanzacohetes. Pero la misma ciudadanía que le dio un pasaporte al mundo se convirtió en la llave de su jaula. Hoy Rubeno González no es un príncipe, es un prisionero con una sentencia de cadena perpetua en una cárcel estadounidense. ¿Cómo cayó el heredero que parecía intocable? Esta es la historia del ascenso y la caída del menchito.

Es una sala de justicia federal en Washington DC. El aire es frío, estéril. No hay lugar para el poder ni la gloria del narcotráfico. Sentado en el banquillo de los acusados está Rubén o Ceguera González. Ya no es el Menchito, el príncipe heredero del cártel más temido de México. Ahora es solo un reo más, vestido con un overol azul de prisionero, un fantasma lejos de su reino de violencia y lujo.

El juez pronuncia la sentencia. Las palabras resuenan con una fuerza implacable, definitiva, cadena perpetua. Y para asegurar que no exista ni la más remota esperanza de libertad, se le suman otros 30 años, una vida entera y un poco más tras las rejas. Todos los ojos están puestos en él esperando una reacción, un gesto de desafío, de ira, de desesperación, pero no hay nada.

Testigos en la sala describen su rostro como una máscara de piedra. No muestra ninguna emoción. permanece inmóvil, en silencio absoluto, siguiendo el consejo de sus abogados. Es la imagen de la derrota total. El hombre que ordenó la muerte de cientos de personas, que movió toneladas de droga y que desafió a un gobierno, ahora no tiene ni voz ni poder.

La escena plantea una pregunta inevitable. ¿Cómo llegó hasta aquí el heredero del cártel Jalisco Nueva Generación? Cómo el hombre nacido con la ciudadanía estadounidense, destinado a gobernar un imperio criminal, terminó despojado de todo en una corte extranjera. Esta no es solo la historia de un arresto, es la crónica de la caída de una dinastía.

Para entender su final, hay que volver al principio. Rubén González nació el 14 de febrero de 1990 en San Francisco, California. Este simple hecho, su ciudadanía estadounidense sería la ironía final de su vida, la llave que Estados Unidos usaría para cerrar su jaula para siempre. Su destino estaba escrito en su sangre.

Su padre era Nemesio o Ceguera Cervantes, el Mencho, una figura casi mítica que pasó de ser un pobre agricultor de aguacates a convertirse en el hombre más buscado de México y uno de los más buscados por Estados Unidos. El Mencho era el líder supremo del cártel de Jalisco Nueva Generación, una organización criminal conocida por su brutalidad y su rápida expansión.

Los gobiernos de México y Estados Unidos ofrecían recompensas millonarias por su cabeza, un testamento de su poder y peligrosidad. Pero el poder del padre no era la única parte de su herencia. Su madre, Rosalinda González Valencia provenía de otra estirpe criminal. Su familia, en particular sus hermanos, lideraba un grupo conocido como Los Quinies.

No eran simples aliados del cártel Jalisco, eran su motor financiero. Se especializaban en el lavado de dinero a escala global y una fuente de la DEA llegó a describirlos como la organización de narcotráfico más rica del mundo. El matrimonio de El Mencho y Rosalinda fue la fusión de dos imperios, la fuerza bruta y el poder militar de uno, con la inmensa fortuna y la inteligencia financiera del otro.

Rubenoeguera González, el menchito, era el producto de esa unión, el heredero designado no solo de un cártel, sino de un conglomerado criminal. Llevaba muchos alias como el Junior o el Rubencito, pero el mundo lo conocería por el diminutivo del apodo de su padre, un hombre que lo ataba para siempre a un legado de terror.

El Menchito no fue un heredero pasivo que esperaba su turno. Se ganó su lugar a pulso, demostrando una crueldad y una ambición que igualaban y a veces superaban a las de su padre. ascendió rápidamente hasta convertirse en el segundo al mando indiscutible del cártel Jalisco, el gestor de las operaciones más críticas y violentas de la organización.

Su principal responsabilidad era la logística internacional. Entre 2007 y 2017 fue el cerebro detrás del envío de toneladas de cocaína y metanfetamina desde México hacia las calles de Estados Unidos. Pero su poder no solo se basaba en la logística, sino en el terror. Comandaba su propio ejército de sicarios, un grupo de élite al que llamaban escalofriantemente las fuerzas especiales del alto mando.

Durante su juicio en Estados Unidos, las acusaciones pintaron un retrato aterrador. Se le señaló de ordenar el asesinato de más de 100 personas. Se dijo que ejecutó personalmente a rivales y a miembros de su propia organización. El secuestro y la tortura no eran excepciones, eran sus herramientas de trabajo.

Pero el Menchito también fue un innovador del crimen. Expandió las operaciones del cártel a nuevos negocios como el robo de combustible a gran escala, conocido como huachicoleo. Y lo más siniestro de todo, fue un pionero de la crisis de opioides que hoy envenena a Estados Unidos. Testimonios revelaron que ya en 2013, mucho antes de que la epidemia alcanzara sus picos más mortales, él hablaba de sus planes.

Quería hacerlo en grande. Quería construir un imperio con fentanilo, inundando el mercado con pastillas de oxicodona falsificadas. Su estatus de príncipe se reflejaba hasta en sus armas. Poseía rifles de asalto AR15 personalizados. No eran simples herramientas, eran sus cetros, los símbolos de su identidad y su poder absoluto dentro del cártel.

Durante años, el Menchito pareció intocable, un fantasma que se movía con impunidad, pero a principios de 2014 su suerte pareció cambiar. Lo que siguió fue un juego del gato y el ratón con las autoridades mexicanas, una serie de eventos tan extraños que parecían sacados de una película. En enero de 2014 fue arrestado por primera vez en Zapopan, Jalisco.

La captura fue celebrada como una gran victoria contra el crimen organizado. Pero la victoria duró poco. En octubre de ese año, un juez ordenó su liberación argumentando falta de pruebas. La escena fue dramática. Justo en el momento en que el Menchito ponía un pie fuera de la prisión, agentes federales lo detuvieron de nuevo.

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