Asi FUE la LUJOSA VIDA de Eleazar García “Chelelo” – El estilo de vida relajado del un actor comico tl
La combinación de los dos circuitos le garantizaba un flujo de ingresos que se mantenía relativamente estable, aunque los dos sectores tuvieran sus propios ciclos de demanda y temporalidad. La radio fue el tercer pilar de sus ingresos durante los años más activos de su carrera. Las participaciones en programas de radio de la XEW y la XEQ, que en ese periodo tenían audiencias de millones de oyentes en toda la República, generaban honorarios adicionales que complementaban los del cine y el teatro.
Un cómico reconocido en la radio de primera línea de los años 50 podía ganar entre 2000 y 5,000 pesos mensuales en contratos de participación regular, equivalente en valores actuales a entre 24,000 y 60,000 pesos mensuales solo en ese rubro. La televisión llegó más tarde, pero también llegó. Cuando Televisa comenzó a consolidarse como la televisora dominante de México en los años 60 y 70, los cómicos populares de la Generación de Chelelo fueron naturalmente incorporados a una programación que necesitaba caras
reconocidas para construir audiencias. Las participaciones en programas de variedades y en producciones especiales generaban ingresos adicionales que en los años de mayor demanda televisiva podían ir de 5,000 a 20,000 pesos por aparición en los valores de los años. 70 equivalente en valores actuales a entre 36,000 y 144,000 pesos por participación.
Las composiciones musicales fueron el activo económico más inteligente que Chelelo construyó. Como compositor de piezas humorísticas que se convirtieron en parte del repertorio popular mexicano, acumuló un catálogo de regalías que seguía generando ingresos mucho después de que su presencia activa en los escenarios se fuera reduciendo con la edad.
En México, la Sociedad de Autores y Compositores, la SCM, administra y distribuye los derechos de ejecución pública de las obras musicales a sus miembros. Un compositor con un catálogo de canciones que se ejecutan regularmente en radio y televisión puede recibir regalías anuales de entre 100,000 y 500,000es dependiendo de la frecuencia de uso de sus obras.

Para Chelelo, cuyas piezas humorísticas estaban integradas en el repertorio de cómicos y de programas de televisión durante décadas, ese flujo pasivo de regalías fue un complemento económico significativo. En conjunto, durante los años de mayor actividad entre los años 50 y los años 70, los ingresos combinados de Eleazar García Chelelo en cine, teatro, radio, televisión y regalías de composición podían representar entre 2 y 5 millones de pesos anuales en valores actuales.
No es la fortuna de una estrella de Hollywood, ni siquiera la de los primeros actores del Star System mexicano como Pedro Infante o Jorge Negrete. Pero es el patrimonio de un profesional que trabajó constantemente, que diversificó sus fuentes de ingreso y que tuvo la disciplina de no dilapidar todo en el estilo de vida visible que la industria siempre ofrece, a quien no sabe decirle que no.
La inversión en propiedades inmobiliarias fue parte de la estrategia económica de Chelo, que raramente se documenta en los perfiles biográficos sobre él. En el México del milagro económico entre los años 40 y los años 70, la clase media urbana y los profesionales con ingresos superiores al promedio que tenían acceso a capital invertían frecuentemente en bienes raíces porque el mercado inmobiliario de la Ciudad de México en ese periodo apreciaba de manera constante.
Una propiedad adquirida en una colonia popular de la capital en los años 50 podía valer en los años 80 entre tres y ocho veces su costo original en términos reales. Los actores con ingresos regulares que comprendían ese mecanismo básico de la economía inmobiliaria terminaban sus carreras con activos que los que solo ahorraron en efectivo nunca pudieron igualar.
La vida personal de Chelelo tuvo las complejidades que suelen tener los hombres, que son figuras públicas desde los años 40, en una industria que en esa época no ponía límites claros entre la vida profesional y la vida privada. Las relaciones afectivas de los artistas del cine de la época de oro mexicana se desenvolvían en un ambiente donde la visibilidad pública era constante, pero la privacidad era prácticamente inexistente para quienes querían mantenerla.
Los conflictos económicos en torno a una herencia que no está perfectamente documentada son frecuentes en las familias de artistas de esa generación. Los contratos de derechos de la época no tenían la precisión jurídica que tienen hoy y la transmisión de esos derechos después de la muerte del artista dependía de acuerdos que no siempre se habían formalizado con la claridad.
Suficiente la pregunta de quién recibe las regalías futuras del catálogo de un compositor fallecido de quién tiene derechos sobre el uso comercial del nombre artístico. ¿De quién puede autorizar reediciones de películas o programas de radio y televisión donde el artista participó? Son preguntas que en muchas familias de artistas de esa generación generaron disputas que nunca llegaron a tribunales, pero que sí afectaron la manera en que se distribuyó el legado económico.
El chelelo que el público conoció era el del humor sin aristas, el del chiste que no ofende a nadie, el del personaje que hace reír porque refleja las pequeñas verdades de la vida cotidiana mexicana sin señalar directamente a nadie. Pero el Eleazar García, que vivía detrás de ese personaje, era un hombre que había construido algo durante 40 años de trabajo constante y que tenía sus propias opiniones sobre cómo ese algo debía administrarse y eventualmente distribuirse.
La industria cómica mexicana de la época de oro fue también un territorio de competencia feroz que rara vez se documenta con la misma intensidad que la competencia entre los galanes o entre las estrellas dramáticas. Los Tintan, los Resortes, los Mantequilla, los Clavillazo y los Chelelo compartían el mismo mercado de audiencias populares y la misma competencia por los contratos con los productores que determinaban cuántas películas se hacían por año y con quiénes.
competencia que en el escenario tomaba la forma del chiste compartido y de la camaradería cómica. Detrás de escena tenía la textura de cualquier mercado laboral donde la demanda es finita y los que quieren trabajar son más que los contratos disponibles. La muerte de Eleazar García el 15 de agosto de 1996 en la Ciudad de México a los 75 años cerró un capítulo que el entretenimiento mexicano nunca supo completamente cómo describir.
era parte de una generación que había construido la comedia popular mexicana desde sus cimientos, que había estado en los foros de los estudios cuando el cine sonoro mexicano todavía definía sus propias reglas, que había recorrido el país en carpas itinerantes, cuando eso era el único entretenimiento disponible para millones de personas y que había visto como la televisión transformaba todo lo que conocían sin por eso volverlos irrelevantes, porque el humor genuino tras 100 los formatos.
Lo que Chelo dejó fue el resultado de 40 años de trabajo constante en una industria que no siempre trató bien a sus artistas, pero que tampoco impidió que los más disciplinados y los más inteligentes construyeran algo duradero. Su catálogo de películas sigue siendo parte del archivo cultural mexicano. Sus composiciones humorísticas siguen siendo conocidas.
