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La RATA de DOS PATAS era REAL | 3 TRAICIONES BÍBLICAS Que Convirtió en HIMNO Para Millones Mujeres 

La RATA de DOS PATAS era REAL | 3 TRAICIONES BÍBLICAS Que Convirtió en HIMNO Para Millones Mujeres 

Quiero que escuches esta secuencia de fechas con muchísima atención, porque lo que ocurrió en la tercera semana de febrero de 2025, según se ha relatado en infinidad de medios mexicanos, fue supuestamente una de las coincidencias más escalofriantes de la historia reciente del entretenimiento mexicano. Domingo 16 de febrero, en la ciudad de México, según se reportó después, murió Yolanda Ivón Montes Farrington, conocida en todo el continente como Tongolele, una de las bailarinas más famosas del cine de oro mexicano. Tenía 93 años.

murió, según se ha contado, de un infarto fulminante. 24 horas después, lunes 17 de febrero, en una casa de la ciudad de Jalapa, Veracruz, según se ha relatado infinidad de veces, murió otra mujer. Una mujer que había nacido humildemente cortando café, y jastra del olvido, esposa traicionada, madre de los muertos antes de tiempo.

 Su nombre real, ese nombre que casi nadie usaba ya, era Francisca Viveros Barradas. El mundo la conocía como Paquita la del barrio, 77 años. Misma causa, según se reportó, infarto fulminante mientras dormía. Y tr días después, jueves 20 de febrero, según se ha relatado durante años, murió un tercero. Daniel Bisoño, el conductor más irreverente de la televisión mexicana en un hospital tras un trasplante de hígado fallido.

 Tres figuras del entretenimiento mexicano se fueron en 5 días y entre ellas, en el centro exacto de esa coincidencia, según se ha relatado, estaba la mujer del cabello negro, la voz rasgada, las canciones contra los hombres infieles. la mujer que durante 50 años había convertido su dolor personal en himnos para millones de mujeres engañadas.

Bienvenidos a Fama Destruida. Esta es la historia de Paquita la del Barrio. La historia de la niña veracruzana que a los 16 años se enamoró de un hombre 28 años mayor que ella. La historia de la mujer que descubrió demasiado tarde que ese hombre ya tenía otra esposa y otros hijos esperándolo en casa. La historia de la cantante que volvió a casarse y volvió a descubrir otros 30 años después que su segundo esposo supuestamente también le ocultaba una segunda vida.

 Pero antes de que sigamos, te pido una cosa muy concreta. Si esta historia te engancha, suscríbete al canal para no perderte el próximo episodio. Cada semana subimos una historia así. Documentales completos contados sin filtros sobre las figuras latinas más amadas que tuvieron las vidas más complicadas detrás del telón. y déjame un comentario abajo.

 Cuéntame si tú o alguna mujer de tu familia conoció una voz de Paquita, la del barrio. Yo los leo todos. Vamos a los hechos. Y atención, todo lo que vas a escuchar aquí proviene de entrevistas dadas en vida por la propia Paquita, declaraciones de sus hijos y de su hermana, biografías oficiales, reportes de prensa mexicanos y archivos públicos.

Aquí no afirmamos nada como verdad absoluta. Donde hay rumor, lo decimos como rumor. Donde hay versión oficial, lo aclaramos. Esta es una historia con dolores muy profundos, con tragedias documentadas, con una mujer que cargó la herida más antigua de la cultura latina, la herida del padre ausente y del marido infiel.

 y la convirtió en arte, la convirtió en denuncia, la convirtió en himno. Hoy vamos a contarte cómo y también vamos a contarte la coincidencia más oscura del libro de su vida. Porque, según se ha relatado durante años, Paquita la del Barrio, la mujer que escribió las canciones más duras contra los hombres infieles de la historia de México, supuestamente cargó toda su vida sin saberlo con el mismo patrón que se repitió tres veces.

La traición del padre, la traición del primer marido y la supuesta traición del segundo marido. Tres hombres, tres décadas, tres heridas. Si te quedas hasta el final, vas a entender por qué su última frase pública, según se ha citado en infinidad de medios, fue una premonición silenciosa de su propia muerte dormida en Jalapa.

 Para entender cómo casi 80 años después, una mujer termina muriendo dormida en Jalapa en la misma semana que otra leyenda del cine mexicano. Hay que volver al 2 de abril de 1947. Alto Lucero, Veracruz, un pueblo cafetalero, montañoso, polvoroso, escondido entre los cerros de la huasteca veracruzana. En una casa humilde de adobe, según se ha relatado en infinidad de biografías oficiales, nació una niña llamada Francisca Viveros Barradas, la octava de varios hermanos, hija de una mujer trabajadora, Pascual Barradas, y de un hombre, Gildardo

Viveros, que atención al primer dato clave de toda esta historia, supuestamente ya tenía otra mujer y otros siete hijos en otra casa. Sí, el padre de Paquita, según se ha relatado durante años en infinidad de medios mexicanos, era un hombre casado con otra mujer y Pascuala, la madre de Paquita, supuestamente fue su segunda familia.

Una familia paralela, una familia secreta, una familia que vivía con menos. Aquella herida fundacional, atención a esto, iba a marcar para siempre la vida emocional de la niña Francisca. iba a aparecer en cada relación de pareja que ella tuviera. Iba a aparecer sin que ella supiera en cada hombre del que se enamorase, iba a aparecer en cada canción que cantó.

 La infancia de Francisca, según ella misma contó en entrevistas que se han citado durante años, fue absolutamente dura. La escuela, según se reportó, le duró solo hasta el sexto de primaria. Antes de los 12 años, según se ha contado, ya estaba trabajando. Vendía pan en las calles del pueblo.

 Cortaba mangos cuando había mango, cosechaba café cuando llegaba a la cosecha, caminaba kilómetros con canastas pesadas sobre la cabeza. En las noches, según se ha relatado, la única alegría de aquella casa era la voz, las voces de las hermanas viveros cantando juntas, porque entre todos los hermanos, Francisca tenía una conexión absolutamente especial con una de ellas, su hermana mayor, una mujer que se llamaba Viola.

 Y Viola, según se ha relatado durante décadas, también cantaba y cantaba bonito. Si esta historia te está pegando, suscríbete al canal. Cada semana subimos una historia así de profunda sobre figuras latinas que vivieron tragedias detrás del telón. Y déjame un comentario abajo contándome de qué parte del mundo me escuchas. Yo te leo.

 Las dos hermanas, Francisca y Viola, según se ha contado en infinidad de entrevistas, formaron a finales de los años 50 un pequeño dueto musical. Un dueto que cantaba en fiestas patronales, en bodas de pueblo, en quinceañeras del barrio. Le pusieron un nombre que parecía sacado de una postal de la época. Las golondrinas. Cantaban boleros, rancheras, corridos.

 Cantaban con la fuerza que solo cantan las niñas que llevan años cargando canastas de café. Cantaban con la rabia contenida de quienes ya saben desde muy chicas que la vida no les va a regalar nada. Las golondrinas, según se reportó después, no llegaron muy lejos en términos comerciales, pero entrenaron supuestamente la voz de Francisca, esa voz rasgada, profunda, casi masculina, que años después iba a sacudir los escenarios de México entero.

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