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¡CERCO TOTAL en URUAPAN! 189 SICARIOS QUEDAN RODEADOS tras CAER “EL COMANDANTE ROJO

189 hombres armados, rodeados, sin salida. Eso fue lo que encontraron cuando intentaron reaccionar a la caída de su jefe. Lo que ocurrió en Uruapán no empezó esa madrugada, empezó semanas antes, cuando el ejército mexicano, la Guardia Nacional y la Secretaría de Marina decidieron que Michoacán ya no podía esperar más, que la sangre derramada en esa ciudad había llegado a un punto que México no podía seguir tolerando en silencio.
El comandante rojo no era un hombre desconocido para la inteligencia militar, era un operador de alto valor dentro de la estructura del cártel Jalisco Nueva Generación en la región de Uruapán. Un hombre con territorio propio, con células bajo su mando y con años construyendo una red de control que se extendía desde los cerros de la meseta Purépecha hasta las calles del centro de la segunda ciudad más importante de Michoacán.
Cuando cayó, el cártel activó su protocolo de emergencia, movilizó a todos los hombres disponibles, intentó rodear la ciudad, bloquear las carreteras, crear el caos suficiente para recuperar el control de una situación que se les estaba escapando de las manos. Lo que no esperaban era que el ejército ya los estaba esperando.
189 sicarios quedaron cercados en un operativo que las fuerzas federales ejecutaron con una precisión que Michoacán pocas veces había visto. No fue una reacción, fue una trampa perfectamente tendida por instituciones que llegaron a Uruapán con un objetivo claro y la determinación de cumplirlo. Hoy vamos a recorrer todo.
¿Quién era el comandante rojo y por qué su caída? ¿Fue no el detonador de todo lo que vino después? ¿Cómo se tendió el cerco? ¿Qué pasó con los 189 sicarios atrapados? ¿Y qué nos dice este operativo sobre la guerra que México está librando en Michoacán? Una guerra que costó la vida del alcalde Carlos Manso y que obligó al Estado mexicano a responder con una fuerza que ya no admite medias tintas.


Porque Uruapán lleva demasiados años pagando el precio de una violencia que no eligió y esta vez el Estado mexicano decidió presentarse a cobrar la deuda. Para entender lo que ocurrió en Uruapán cuando cayó el comandante rojo, primero hay que entender qué es Uruapán y qué le ha pasado durante los últimos años.
Uroapán no es una ciudad pequeña ni marginal en el mapa de México. Es la segunda ciudad más importante de Michoacán, solo por detrás de Morelia. Eh, tiene más de 350,000 habitantes. Tiene una economía real, diversificada, construida sobre décadas de trabajo en la industria del aguacate, el limón, el comercio y el turismo.
una ciudad con universidades, con hospitales, con parques y con una vida cultural que en condiciones normales la haría destacar por razones completamente distintas a las que la han puesto en los titulares nacionales durante los últimos años. Pero Uruapa no vive en condiciones normales. Lleva años siendo el escenario de una guerra que no eligió y que nunca le preguntaron si quería pelear.
La historia de violencia en Uruapán tiene una fecha que los michoacanos no olvidan. El 6 de septiembre de 2006, la madrugada en que un comando encapuchado irrumpió en el bar Sol y sombra y arrojó cinco cabezas humanas sobre la pista de baile o dejando un mensaje firmado por la familia michoacana. Ese acto de terror no fue solo un crimen, fue la declaración de inicio de una guerra que desde entonces no ha terminado, que cambió de actores, de nombres, de alianzas y de métodos, pero que nunca paró. Desde esa noche, Uruapan ha visto
pasar por sus calles a la familia michoacana, a los caballeros templarios, al CJ, NG, a los Viagras, a Blancos de Troya, a Cárteles Unidos, a los Rojos. En agosto de 2019, la ciudad volvió a tacapar titulares nacionales cuando 19 cuerpos asesinados fueron exhibidos en distintos puntos urbanos, algunos colgados de un puente, ataques a funerarias, enfrentamientos en plena luz del día, bloqueos con vehículos incendiados que paralizaban municipios enteros y durante todo ese tiempo, un hombre intentó pelear desde adentro del
sistema. Carlos Manso fue alcalde de Uruapán desde 2021. No era un político callado. Era uno de los pocos funcionarios públicos en México que usaba sus redes sociales no para hacer campaña permanente, sino para documentar en tiempo real lo que le estaba pasando a su ciudad. mostraba decomisos, denunciaba campamentos de entrenamiento paramilitar en la meseta Purépecha, donde operadores colombianos y venezolanos entrenaban sicarios.
Pedía ayuda federal con una urgencia que mucho

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