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FIDEL LE JURÓ A SU MADRE QUE VIVIRÍA… Y LO FUSILÓ AL DÍA SIGUIENTE tc

FIDEL LE JURÓ A SU MADRE QUE VIVIRÍA… Y LO FUSILÓ AL DÍA SIGUIENTE tc

20 de abril de 1961. La cabaña, La Habana. Un hombre de 46 años enfrenta el pelotón de fusilamiento. Viste el mismo uniforme verde olivo que usó en Sierra Maestra luchando junto a Fidel Castro. Sus manos no tiemblan, sus ojos miran directo a los fusiles. Humberto Sorim Marín, exministro de agricultura, excomandante revolucionario, exhermano de armas de Fidel, espera la muerte con la misma dignidad con que vivió.

 24 horas antes, su madre había recibido una llamada telefónica. Era Fidel Castro. Señora, sé que está preocupada por Humberto. Quiero que sepa que no le va a pasar nada. Tiene mi palabra. La madre colgó aliviada. Esa noche durmió tranquila por primera vez en semanas. A las 6 de la mañana del 20 de abril tocaron su puerta. Un oficial le entregó un sobre.

Adentro había una nota. Su hijo fue ejecutado esta mañana por traición a la revolución. Nadie sabía que Fidel había ordenado la ejecución la misma noche que llamó a la madre. Lo que reveló esta historia después de décadas cambiaría para siempre la forma en que el mundo entiende la traición más cruel de la revolución cubana.

 Humberto Francisco Sori Marín nació en 1915 en la provincia de Matanzas, Cuba. Era hijo de una familia modesta pero educada. Su padre trabajaba como contador en un ingenio azucarero. Su madre era maestra de escuela primaria. Desde niño mostró una inteligencia excepcional y una memoria fotográfica que asombraba a sus maestros.

 A los 17 años ganó una beca para estudiar derecho en la Universidad de La Habana. Era un estudiante brillante, siempre el primero de su clase. Sus compañeros lo recuerdan como un joven serio, estudioso, pero también apasionado cuando hablaba de justicia social. Se graduó en 1938 con honores y comenzó a ejercer como abogado en La Habana.

 Durante los años 40, Sori Marín se unió al Partido Auténtico, una organización política que defendía los ideales democráticos y reformistas. Trabajó como abogado para campesinos desposeídos y obreros explotados. creía profundamente en la democracia y en el estado de derecho. Para él, las leyes debían proteger a los débiles, no a los poderosos.

 Cuando Fulgencio Batista dio el golpe de estado en 1952, Sori Marín se horrorizó. vio como la Constitución de 1940 que él tanto admiraba era pisoteada por un dictador. Durante 5 años, mientras Batista gobernaba con mano de hierro, Sori Marín buscaba una manera de luchar contra la tiranía. Su oportunidad llegó en 1957. En agosto de 1957, Humberto Sorimarín tomó la decisión que cambiaría su vida para siempre.

 abandonó su cómoda práctica legal en La Habana y viajó secretamente a la Sierra Maestra para unirse a Fidel Castro y sus guerrilleros. Tenía 42 años. Era mayor que la mayoría de los jóvenes revolucionarios, pero lo que le faltaba en juventud lo compensaba en conocimiento legal y compromiso moral. Fidel Castro lo recibió con los brazos abiertos.

 El movimiento 26 de julio necesitaba urgentemente a alguien con experiencia jurídica. Los rebeldes no solo estaban luchando una guerra militar, también estaban construyendo la legitimidad legal de su revolución. Sori Marín era perfecto para esta tarea. Durante los siguientes meses, Sori Marín se convirtió en el jurista oficial de la guerrilla.

 Trabajaba junto a Fidel redactando las leyes que gobernarían los territorios liberados. En febrero de 1958, Sori Marín y Castro firmaron juntos la ley número uno del ejército rebelde. Esta ley establecía tribunales revolucionarios con autoridad para juzgar crímenes de guerra. Sori Marín creía sinceramente que estaba construyendo un sistema de justicia revolucionaria basado en principios democráticos.

 Pasaba las noches en una pequeña cabaña en las montañas escribiendo a la luz de una lámpara de quereroseno. Fidel lo visitaba regularmente para discutir los textos legales. Hablaban durante horas sobre cómo sería la Cuba del futuro. En diciembre de 1958, Fidel le otorgó el título de comandante y el cargo de auditor general del ejército rebelde.

 Era el máximo responsable de asuntos legales en la organización revolucionaria. Sori Marí se sintió honrado. Creía que Fidel compartía su visión de una Cuba democrática y justa. Esos meses en Sierra Maestra fueron probablemente los más felices de la vida de Sori Marín. Estaba rodeado de hombres y mujeres jóvenes llenos de idealismo.

 Todos creían que estaban peleando por la libertad, por la democracia, por un futuro mejor. Sori Marine escribía cartas a su madre hablándole de la nobleza de la causa revolucionaria, pero había señales de advertencia que Sori Marí no vio en ese momento. Cheegevara, el médico argentino que comandaba una columna guerrillera, hablaba abiertamente de socialismo y revolución comunista.

 Sori Marí lo escuchaba con incomodidad, pero no le daba importancia. Pensaba que después del triunfo las voces moderadas como la suya prevalecerían. El primero de enero de 1959, cuando Batista huía de Cuba, Sor y Marín bajó de las montañas junto a Fidel Castro. Entraron juntos a la Habana como héroes conquistadores. Las multitudes los vitoreaban.

 Solimarin, el abogado de mediana edad que había dejado todo por la revolución. Ahora era uno de los comandantes más respetados del nuevo gobierno. Fidel Castro nombró a Sori Marín como ministro de agricultura en el primer gabinete revolucionario. Era un cargo de enorme importancia. Cuba era fundamentalmente una economía agrícola. La reforma agraria sería la prueba definitiva de qué tipo de revolución sería esta.

 Sori Marín asumió su ministerio con entusiasmo. Creía en la reforma agraria, pero quería que fuera justa y legal. Estudió la Constitución de 1940 cuidadosamente. Esa constitución permitía la expropiación de tierras, pero con compensación justa a los propietarios. Sori Marí comenzó a redactar una ley de reforma agraria que respetara estos principios constitucionales.

 Durante los primeros meses de 1959. Sori Marín trabajó incansablemente, visitaba cooperativas campesinas, hablaba con terratenientes, consultaba con economistas, estaba tratando de encontrar un balance entre justicia social y respeto a la propiedad privada. Creía que era posible distribuir la tierra sin destruir la economía.

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