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Asi FUE la LUJOSA VIDA de PEDRO ARMENDARIZ – Un estilo de vida extremadamente reservado

Hoy vas a descubrir cómo vivió Pedro Armendaris, cuánto dinero generó en una carrera que lo llevó desde los teatros amateor de la Ciudad de México hasta los sets de Hollywood junto a John Wayne, Henry Fonda y Sean Connery. ¿Cuántas películas protagonizó en dos idiomas y dos industrias simultáneamente? ¿Qué hizo con esa fortuna que le permitió vivir con la escala de quien había conquistado dos mercados cinematográficos al mismo tiempo? ¿Y por qué el hombre, que fue el actor mexicano más reconocido internacionalmente de la

época de oro, eligió terminar su propia vida el 18 de junio de 1963 en el hospital de la Universidad de California en Los Ángeles cuando su esposa Carmelita salió 45 minutos a almorzar? ¿Cómo construyó Pedro Armendaris, que nació el 9 de mayo de 1912 en la Ciudad de México, en una familia acomodada cuyo padre era distribuidor de piezas de ferrocarril, el patrimonio que le permitió vivir con la comodidad de una estrella de dos industrias mientras financiaba una familia y mantenía la imagen de quien nunca permitió que la

cámara lo encontrara en sus peores momentos. ¿Cuánto valía en términos concretos la carrera de un actor que filmó más de 100 películas mexicanas e internacionales, que fue el colaborador favorito de Emilio el Indio Fernández en los años de mayor esplendor del cine mexicano y que apareció en producciones de John Ford, John Houston y la serie de James Bond? ¿Cuánto dejó cuando murió a los 51 años? ¿A quién le fue ese patrimonio? ¿Y por qué su hijo Pedro Armendaris Junior recorrió el trayecto de Los Ángeles a la Ciudad de México en

tren durante un día y 6 horas con el cuerpo de su padre antes de construir su propia carrera de 140 películas que terminó, también con un diagnóstico de cáncer en 2011? Hoy vamos a recorrer la vida y la economía de Pedro Armendaris con la precisión que esa historia merece. No el homenaje del icono cinematográfico, la historia del dinero que construyó, de los conflictos que vivió detrás del bigote característico y los ojos verde oliva que llenaban cualquier pantalla.

Y de lo que queda cuando uno de los actores más grandes de su época decide que el año que le quedaba de vida no era suficiente razón para seguir aguantando. Quédate hasta el final porque esta historia tiene más capas de las que cualquier cartelera de cine pudo mostrar. Para entender a Pedro Armendaris, hay que entender primero la paradoja de su origen.

Nació en una familia acomodada, cuyo padre era un próspero distribuidor de piezas de ferrocarril, lo que en el México de 1912 representaba el tipo de ingreso que ponía a una familia en la categoría que podría haberse llamado clase media alta en la clasificación de la época. Pero la buena fortuna del origen fue interrumpida casi de inmediato por la tragedia.

Siendo todavía un niño pequeño, Pedro perdió a ambos padres. Ese tipo de pérdida temprana, que en cualquier época es devastadora, en el México de principios del siglo XX, podía significar el final de cualquier perspectiva de movilidad social para un niño sin padres que lo sostuvieran. Lo que lo salvó fue la red familiar. Familiares en Estados Unidos lo acogieron cuando todavía tenía 9 años.

Con esa edad se mudó a Texas. A los 14 ya estaba en California. estudió periodismo, aprendió inglés de manera que con los años le permitiría actuar en ese idioma sin el acento que otros actores mexicanos no pudieron superar completamente. Y cuando completó sus estudios, regresó a México, donde comenzó su carrera profesional escribiendo artículos para una revista turística.

Ese regreso a México con educación americana, inglés, fluido y la perspectiva de quien había vivido en dos culturas simultáneamente fue el activo diferencial que distinguió a Pedro Armendaris de la mayoría de los actores mexicanos de su generación. Cuando Hollywood eventualmente buscara actores latinoamericanos que pudieran trabajar en producciones en inglés sin necesitar doblaje ni adaptación, Pedro Armendaris sería el candidato más calificado del mercado mexicano.

El teatro fue la puerta de entrada. En 1935, después de estudiar en un taller de teatro, consiguió un papel secundario en la película María Elena. No fue el papel que lo hizo famoso, sino el que lo conectó con las personas que eventualmente harían posible que se hiciera famoso. En el set conoció a Gabriel Figueroa, el camarógrafo que se convertiría en uno de los técnicos de iluminación más renombrados del cine.

También cruzó Caminos con Emilio Fernández, que en ese momento era bailarín, pero que más tarde sería el director más importante de la época de oro del cine mexicano. Esas dos conexiones valen más que cualquier caché que habría podido cobrar por ese papel secundario. El ascenso definitivo llegó gracias a un encuentro que suena a leyenda, pero que era el tipo de cosa que ocurría con más frecuencia de lo que la posteridad registra.

El director Miguel Zacarías lo encontró recitando un monólogo de Hamlet en inglés para dos turistas estadounidenses. Reconoció inmediatamente el potencial de quien podía hacer eso con esa naturalidad y le ofreció el papel principal en la película Rosario. De ese papel principal al estrellato de la época de oro del cine mexicano, el camino fue relativamente directo porque el talento estaba ahí y porque las personas correctas habían comenzado a notarlo.

Ahora hablemos del dinero con la precisión que esta historia merece. La economía de la estrella de la época de oro del cine mexicano tenía características específicas que la distinguían tanto del sistema de estudios de Hollywood como de los modelos de producción independiente que predominarían décadas después. Armendaris operó en ese sistema en su periodo de mayor producción entre los años 40 y principios de los 60 y lo hizo simultáneamente en dos mercados, el mexicano y el de Hollywood.

El cine mexicano en la época de oro producía entre 80 y 120 películas anuales con el financiamiento combinado del Estado mexicano y los productores privados. Un actor protagonista de primera línea en ese sistema del nivel que Armendaris alcanzó después de películas como Flor Silvestre y María Candelaria, negociaba Cachés que en los valores de los años 40 podían ir de entre 15,000 y 50,000 pesos por película, equivalente en valores actuales a entre 180,000 y 600,000 pesos por producción.

Con cuatro a seis películas anuales en sus periodos más activos, los ingresos cinematográficos anuales de Armendaris en el mercado mexicano en sus mejores años representaban entre 720,000 y 3,600,000 pesos actuales. Pero Hollywood cambió completamente la escala. Los contratos de Hollywood para actores latinoamericanos de la posición que Armendaris alcanzó trabajando con directores de la talla de John Ford.

y en producciones con presupuestos de varios millones de dólares generaban cachets que en los valores de finales de los años 40 podían ir de entre 20,000 y $80,000 por película, equivalente en valores actuales a entre 240,000 y $960,000 por producción. Un solo contrato de Hollywood en ese rango representaba más de lo que podría ganar en un año completo de trabajo en el mercado mexicano.

La colaboración con John Ford fue el capítulo más significativo de su carrera en Hollywood. En 1947 filmó El fugitivo junto a Henry Fonda y Dolores del Río bajo la dirección de Ford. Ese trabajo le abrió las puertas a dos películas adicionales con el mismo director en 1948, Forche y Three Godfathers, ambas con John Wayne.

La amistad que desarrolló con Wayne durante esas filmaciones no era solo un vínculo personal, sino también un activo económico. En la industria de Hollywood de esa época, ser amigo de John Wayne significaba que el nombre más grande del western americano hablaba bien de ti en los círculos donde se decidían los contratos. La película La Perla, basada en la novela de John Steinbeck fue otro de los picos económicos de su carrera.

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