77 sicarios abatidos, 8 horas de combate ininterrumpido, el enfrentamiento más letal del año en territorio del CJNG. Este viernes 14 de febrero de 2026, la costa sur de Jalisco fue el escenario de un operativo militar de magnitud histórica cuando elementos de la Secretaría de Marina ejecutaron un asalto coordinado contra la infraestructura más protegida.
que el cártel Jalisco Nueva Generación mantiene en su territorio de origen. Mientras la madrugada apenas comenzaba a iluminar las aguas del Pacífico frente a la comunidad costera de Teguamixle, Cabo Corrientes, Patrullas oceánicas y helicópteros artillados de la Armada de México convergieron sobre un complejo criminal que Inteligencia Naval había identificado como el Centro de Operaciones Marítimas del CJNG, un refugio fortificado donde el cártel coordinaba el tráfico de cocaína desde Sudamérica. procesaba toneladas de
drogas sintéticas en laboratorios clandestinos y desde donde dirigía operaciones de narcotráfico a lo largo de 200 km del litoral jaliciense. El operativo no fue una intervención sorpresa. Durante 3 meses, equipos de reconocimiento naval habían documentado movimientos, identificado líderes, contabilizados sicarios.
¿Sabían que el complejo estaba defendido por al menos 80 hombres armados con fusiles de asalto, ametralladoras pesadas y lanzagranadas? Sabían que los accesos terrestres estaban minados con explosivos improvisados y sabían que el CJNG había convertido esta zona costera en un bastión militar diseñado específicamente para resistir asaltos federales prolongados.
Y lo que comenzó a las 4:32 horas como un cerco naval simultáneo por mar y aire se transformó en el enfrentamiento más prolongado y violento que la Marina ha sostenido contra el crimen organizado en territorio jalicense. ráfagas de ametralladoras calibre 50 desde embarcaciones navales, fuego de precisión desde helicópteros Black Hawk y durante 8 horas consecutivas la costa sur de Jalisco resonó con el estruendo de una batalla que dejó 77 sicarios del CJ abatidos, tres narcolaboratorios destruidos y el mensaje más contundente que las fuerzas
federales han enviado al cártel del Mencho en su propio territorio. Ninguna zona es intocable. Esto no fue un cateo rutinario a una casa de seguridad. fue una operación militar de asalto anfibio contra el corazón de la infraestructura logística que el CJ utiliza para mantener su posición como el cártel más poderoso y expansionista de México.
una estructura desde donde coordinaban el ingreso de cocaína colombiana a través de lanchas rápidas, donde procesaban metanfetamina y fentanilo para mercados nacionales e internacionales y desde donde enviaban cargamentos de drogas hacia Estados Unidos utilizando las discretas flotas pesqueras de la costa jalicense como fachada.
Lo que ocurrió en Teghuamixle no es solo una cifra récord de bajas criminales, es la confirmación de que el CJ ha construido fortalezas militares en zonas remotas de su territorio de origen, donde creían tener inmunidad operativa. Es la evidencia de que la costa de Jalisco eh presentada al mundo como paraíso turístico de Puerto Vallarta esconde en su litoral sur una infraestructura criminal masiva que procesa toneladas de veneno mensualmente.
Y es un recordatorio brutal de que cuando la Marina decide actuar con fuerza total, ningún cártel puede resistir, ni siquiera el CJNG en su propia casa. Hoy vamos a reconstruir minuto a minuto cómo se ejecutó este operativo anfibio de alto riesgo. Vamos a analizar qué encontró la Marina en los laboratorios desmantelados y qué revela sobre las capacidades de producción del CJNGe.
Vamos a entender por qué la costa sur de Jalisco es tan estratégica para el narcotráfico y cómo el cártel la ha convertido en zona militarizada. Y vamos a hablar de lo que significa que el Estado mexicano finalmente esté atacando la infraestructura del CJNG en el territorio donde nació y desde donde controla operaciones en más de 20 estados.
Porque detrás de cada laboratorio destruido hay toneladas de metanfetamina que no llegarán a envenenar comunidades. Detrás de cada sicario abatido. Hay rutas marítimas que el cártel ya no podrá usar con impunidad. Y detrás de este operativo hay marinos que demostraron que México tiene capacidad militar para golpear al CJNG, donde más le duele, en su propio bastión.
La historia de este operativo comenzó en noviembre de 2025, cuando el Centro de Inteligencia Naval de la Secretaría de Marina detectó un patrón inusual de tráfico marítimo en la costa sur de Jalisco. Lanchas pesqueras que salían del pequeño puerto de Tehuamistle en horarios nocturnos navegaban hacia aguas internacionales sin encender luces de navegación y regresaban antes del amanecer con cargas que claramente no eran producto de pesca.
Los analistas de inteligencia cruzaron esta información con datos de la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos, DEA. Las agencias estadounidenses habían documentado que el CJNG estaba usando la costa de Jalisco como punto de recepció
n de cargamentos de cocaína enviados desde Colombia y Ecuador.
Semisumergibles y lanchas rápidas transportaban la droga desde puertos sudamericanos hasta puntos de encuentro en el Pacífico Mexicano, donde embarcaciones pesqueras mexicanas controladas por el cártel recogían los cargamentos y los transportaban a tierra. Pero el tráfico marítimo era solo una pieza del rompecabezas. En diciembre de 2025, drones de reconocimiento de la Fuerza Aérea Mexicana sobrevolaron la zona costera de Cabo Corrientes.
Las imágenes térmicas capturaron algo alarmante. Múltiples estructuras en zonas de selva costera que generaban firmas de calor consistentes con actividad industrial. Los expertos las identificaron inmediatamente. Narcolaboratorios operando las 24 horas para enero de 2026. Equipos de reconocimiento terrestre de fuerzas especiales de infantería de Marina se infiltraron en la zona disfrazados como turistas y pescadores.
Durante cuatro semanas documentaron la infraestructura criminal completa, tres laboratorios clandestinos conectados por caminos de terracería, un muelle artesanal donde desembarcaban lanchas con cargamentos, dormitorios parasicarios, bodegas de almacenamiento y un perímetro defensivo con torres de vigilancia, trincheras y puntos fortificados donde hombres armados hacían guardia permanente.
El reconocimiento confirmó que el complejo albergaba entre 80 y 90 sicarios del CJ que rotaban en turnos de dos semanas. Estos hombres no solo protegían los laboratorios, también coordinaban el ingreso de precursores químicos desde Asia, supervisaban la producción de metanfetamina y fentanilo y gestionaban el envío de cargamentos hacia el norte usando la flota pesquera local como fachada.
El alto mando de la Secretaría de Marina tomó la decisión estratégica de desmantelar toda la operación de una sola vez. No harían cateos electivos. Ejecutarían un asalto militar total que destruyera los laboratorios, neutralizara a los sicarios y enviara el mensaje de que ninguna zona de Jalisco está fuera del alcance de las fuerzas federales.
La orden de asalto se emitió el 12 de febrero con ejecución programada para la madrugada del 14. El operativo movilizó 247 elementos de la Secretaría de Marina en una operación anfibio coordinada por mar, aire y tierra. La estrategia era acercar completamente el complejo criminal antes de que los vigías pudieran alertar y organizar una defensa coordinada.
El componente marítimo consistió en cuatro patrullas oceánicas clase Tenochtitlan que se posicionaron frente a las costas de Tehuamistle a las 3 horas bloqueando cualquier posible ruta de escape por mar. Cada patrulla estaba equipada con ametralladoras Browning M, dos calibres 50 y sistemas de comunicación satelital para coordinación en tiempo real con los otros componentes del operativo.
El componente aéreo incluyó tres helicópteros UH60 Black Hawk desplegados desde la base aérea naval de Puerto Vallarta. Dos helicópteros transportaban equipos de asalto de fuerzas especiales de infantería de Marina. El tercero era un helicóptero artillado equipado con ametralladoras M134 Minigon, capaces de disparar 6,000 proyectiles por minuto.
Los helicópteros orbitaron a 8 km de distancia hasta el momento del ataque. El componente terrestre consistió en 140 infantes de marina que ingresaron a la zona en convoy desde la base naval de Manzanillo, circulando por carreteras secundarias durante la noche para llegar a posiciones de despliegue a 3 km del Complejo Criminal y se dividieron en cinco grupos de asalto que avanzarían simultáneamente desde diferentes direcciones para evitar que los sicarios concentraran su defensa en un solo frente. A las 4:30 horas, todos los
componentes reportaron estar en posición, el almirante comandante de la Octava Zona dio la orden de inicio a las 4:32 horas. Los helicópteros descendieron a baja altura sobre el complejo. Los reflectores iluminaron el área con intensidad cegadora y las bocinas de los helicópteros transmitieron la orden en español.
Secretaría de Marina, tienen 60 segundos para rendirse. Tiren sus armas y salgan con las manos en alto. La respuesta criminal fue inmediata y letal. Los vigías en las torres de vigilancia abrieron fuego con ametralladoras pm contra los helicópteros. Trazadoras cortaban la oscuridad de la madrugada. El sonido de las detonaciones resonaba por toda la costa y en ese momento el operativo se convirtió en combate abierto.
El helicóptero artillado respondió con fuego de supresión de sus minigon. Las torres de vigilancia fueron destrozadas en segundos por el volumen de fuego. Los sicarios que las ocupaban cayeron abatidos o se lanzaron desde las estructuras intentando buscar cobertura. A las 4:37 horas, los dos helicópteros de transporte descendieron en zonas de aterrizaje improvisadas a 200 m del perímetro del complejo.
Los equipos de fuerzas especiales desembarcaron bajo fuego enemigo y establecieron posiciones defensivas. Simultáneamente, los cinco grupos terrestres de infantería de marina iniciaron el avance desde sus posiciones. Los sicarios del CJNG no huyeron. Se organizaron en posiciones defensivas usando los edificios de los laboratorios como fortalezas.
Respondieron con fuego coordinado desde múltiples ángulos. Lanzaron granadas de fragmentación contra las posiciones de los marinos y durante las primeras dos horas del combate ejecutaron una defensa disciplinada que delataba entrenamiento militar. A las 6:14 horas, el grupo de asalto Alfa alcanzó el primer laboratorio.
Los infantes de Marina utilizaron cargas explosivas para volar los accesos fortificados. El interior del laboratorio estaba defendido por 17 sicarios que se negaban a rendirse. El combate en espacios cerrados duró 43 minutos. Ráfagas de fusiles acá, 47 contra M, P5 y HKG, 36 de la Marina. granadas aturdidoras, gas lacrimógeno. A las 6:57 horas, los 17 sicarios habían sido neutralizados o en el laboratorio estaba asegurado, pero la resistencia criminal en los otros dos laboratorios se intensificó.
Los sicarios comprendían que si perdían esta posición, el CJNG perdería su centro de producción más importante en la costa. Lucharon con desesperación. Utilizaron explosivos improvisados para derrumbar secciones de caminos y retrasar el avance de la Marina. Detonaron trampas explosivas que hirieron a cuatro infantes de Marina y mantuvieron fuego constante contra las posiciones federales.
A las 8:23 horas, el helicóptero artillado recibió autorización para usar cohetes no guiados contra las estructuras donde se concentraba la mayor resistencia. Los proyectiles impactaron los techos de lámina de los laboratorios, generando explosiones que destrozaron las estructuras. Los sicarios sobrevivientes intentaron huir hacia la selva e pero fueron interceptados por los grupos terrestres que habían cerrado el perímetro.
El combate más intenso ocurrió en el tercer laboratorio, el más grande y mejor defendido. 32 sicarios se atrincheraron en el interior y resistieron hasta las 12:47 horas, 4 horas de asedio donde los infantes de Marina tuvieron que ejecutar tácticas de combate urbano en estructura industrial, limpieza de habitaciones, neutralización de francotiradores, desactivación de explosivos improvisados.
Uno por uno, los sicarios fueron abatidos o capturados cuando se quedaron sin municiones y sin rutas de escape. A las 12:51 horas del viernes 14 de febrero, el comandante del operativo reportó al alto mando naval. Objetivo asegurado, tres laboratorios bajo control, resistencia criminal neutralizada. Cuando los equipos de investigación de la Marina comenzaron la inspección completa de los tres laboratorios, lo que encontraron confirmó las peores estimaciones de inteligencia.
Esto no eran laboratorios artesanales, eran instalaciones industriales capaces de producir toneladas de drogas sintéticas mensualmente. El laboratorio uno, el más pequeño, estaba especializado en producción de metanfetamina, una estructura de 400 m²ad con sistemas de ventilación industrial para evacuar gases tóxicos, 17 reactores químicos de acero inoxidable de 200 L cada uno, sistemas de calefacción por gas LP para mantener temperaturas controladas durante el proceso de síntesis y áreas de secado y empaquetado con básculas de
precisión y selladoras. al vacío. Los técnicos de la marina localizaron 2,340 kg de cristal de metanfetamina ya procesado y empaquetado en bolsas de 1 kg con sellos del CJNG. También aseguraron 47 tambores de 200 L con precursores químicos efedrina, ácido clorídrico, acetona y tolueno. Estos químicos importados ilegalmente desde China y la India son los ingredientes básicos para producir metanfetamina a escala industrial.
La cantidad asegurada era suficiente para producir otras 10 toneladas de droga. El laboratorio 2 estaba dedicado a producción de fentanilo, la droga sintética más letal y lucrativa del mercado. Una instalación de 300 m² con medidas de seguridad extremas porque la manipulación de fentanilo requiere equipos de protección especializada.
Los técnicos criminales que operaban este laboratorio usaban trajes jazmat completos porque inhalar accidentalmente microgramos de fentanilo puede causar la muerte. Los elementos de la marina localizaron 478 kg de fentanilo puro en forma de polvo blanco. Para poner esta cantidad en perspectiva, 2 mg de fentanilo pueden matar a un adulto.
Esos 478 kg equivalen a 239 millones de dosis letales. El cártel está produciendo suficiente veneno para exterminar poblaciones enteras. El laboratorio 3, el más grande con 600 m², operaba como centro de procesamiento múltiple. Una sección producía heroína goma a partir de morfina base importada de campos de amapola de Guerrero y Sinaloa.
Otra sección procesaba cocaína en polvo recibida de Colombia, refinándola y convirtiéndola en crack. Y una tercera sección fabricaba pastillas de fentanilo prensado disfrazadas como percoset y sanax. las llamadas píldoras de la muerte que están causando una epidemia de sobredosis en Estados Unidos. En total, los tres laboratorios contenían 4,127 kg de drogas procesadas de diversos tipos con un valor estimado de mercado en Estados Unidos superior a 1,200 millones de pesos y tenían capacidad de producción mensual de aproximadamente 8
toneladas de drogas sintéticas. Esta era la fábrica de veneno más importante que el CJ operaba en su territorio de origen. El inventario del armamento asegurado en el complejo tomó 6 horas. Lo que los elementos de la Marina catalogaron es suficiente para equipar a un batallón de infantería ligera.
93 fusiles de asalto AK47 calibre 7.62 por 39 mm. 67 rifles AR 15 calibre 5.56 por 45 mm. Muchos con conversiones ilegales a fuego automático, 19 ametralladoras ligeras tipo RPD, PKM y M60. Cuatro ametralladoras pesadas. Browning M, dos calibre 50 montadas en torretas improvisadas. 12 lanzagranadas de 40 mm tipo M203 y GP25. Y algo particularmente preocupante, tres lanzacohetes RPG, 7,18 proyectiles antitanque, armas diseñadas para destruir vehículos blindados y helicópteros.
Las municiones sumaron 394,000 cartuchos de diversos calibres, 473 cargadores de alta capacidad, 342 granadas de fragmentación y un arsenal de explosivos que incluía 47 dispositivos explosivos improvisados tipo IED, construidos con tanques de gas LP, fertilizante y sistemas de detonación por celular. E19 de estos artefactos estaban enterrados en los accesos al complejo como minas antipersonal.
Pero la infraestructura criminal no era solo laboratorios y armamento. El complejo incluía dormitorios con capacidad para albergar a 100 personas, cocinas industriales con almacenes de alimentos para operación autónoma de 3 meses, generadores eléctricos de 75 kW alimentados por tanques de diésel de 10,000 L. Sistemas de captación de agua de lluvia con tanques de almacenamiento y torres de comunicación con antenas satelitales para mantener contacto encriptado con mandos del CJ en Guadalajara.
En las oficinas administrativas del complejo, los investigadores localizaron computadoras con registros contables de la operación. Los archivos revelaban que los tres laboratorios generaban ingresos mensuales de aproximadamente 180 millones de pesos para el CJNG. Los gastos incluían salarios de sicarios, 15,000 pesos semanales por hombre, compra de precursores químicos, 47 millones de pesos mensuales, transporte marítimo, 12 millones de pesos mensuales y sobornos de autoridades locales, 8 millones de pesos mensuales distribuidos entre
funcionarios municipales, policías estatales y elementos de la Guardia Nacional. Estos registros son evidencia contundente de la corrupción que permite que el CJ opere con impunidad, nombres específicos de funcionarios que reciben nómina del cártel. Cantidades exactas de sobornos, frecuencia de pagos.
La Fiscalía General de la República ahora tiene las herramientas para investigar y procesar a estos servidores públicos traidores. Los 77 sicarios abatidos durante el operativo fueron trasladados al Servicio Médico Forense de Puerto Vallarta para identificación y autopsia. El proceso de identificación mediante huellas dactilares y comparación con bases de datos tomará semanas, pero los análisis preliminares revelan el perfil de la fuerza que el CJE utilizaba para proteger su infraestructura más valiosa.
43 de los cuerpos llevaban uniformes tácticos negros con parches que decían CJNG, Grupo Elite 19. Portaban chalecos antibalas nivel 4 con placas cerámicas. Ocho, llevaban radios de comunicación encriptada, marca Motorola, sintonizadas en la misma frecuencia y al menos 12 tenían tatuajes relacionados con el cártel, las siglas CJNY, el número cuatro, referencia a la letra de de droga y calaveras con sombreros.
Entre los identificados preliminarmente hay cinco desertores del ejército mexicano dados de baja entre 2019 y 2023. Dos de ellos eran operadores de fuerzas especiales con entrenamiento avanzado en combate. Tres eran técnicos químicos que trabajaban en laboratorios militares de análisis forense antes de desertar y aplicar sus conocimientos a la producción de drogas sintéticas.
Para el CJN y, la mayoría de los abatidos tenían entre 22 y 35 años. Varios llevaban identificaciones falsas con domicilios en Jalisco y muchos portaban teléfonos celulares cuyo análisis forense revelará contactos, comunicaciones y posiblemente evidencia de otros centros de operaciones del cártel. 77 hombres muertos, 77 familias en Jalisco que recibirán la noticia de que sus hijos, hermanos, padres nunca regresarán.
77 personas que eligieron defender una fábrica de veneno en lugar de rendirse y enfrentar la justicia. El CJ los utilizó como carne de cañón para proteger sus intereses económicos y ahora reposan en refrigeradores de morgue mientras el cártel ya está reclutando a sus reemplazos. Para entender por qué el CJNG invirtió millones en construir este complejo en la costa sur de Jalisco, necesitamos entender el valor estratégico de esta región.
La costa de Jalisco se extiende por 342 km desde Bahía de banderas al norte hasta la frontera con Colima al sur. La zona norte donde se ubica Puerto Vallarta es el rostro turístico del estado, hoteles de lujo, playas paradisíacas, inversión extranjera multimillonaria, pero la costa sur, que incluye los municipios de Cabo Corrientes, Tomatlán, La Huerta y Sihuatlán.
Es territorio prácticamente salvaje, pueblos pesqueros aislados, selva tropical densa, infraestructura limitada y presencia gubernamental casi inexistente. El CJ N identificó esta región como perfecta para operaciones clandestinas. Las comunidades pesqueras locales fueron infiltradas o sometidas mediante violencia. Los pescadores fueron obligados a trabajar para el cártel.

Sus embarcaciones se usaban para interceptar cargamentos de cocaína en aguas internacionales. Sus muelles servían para desembarcar drogas. Sus casas se convertían en bodegas de almacenamiento y quien se negaba enfrentaba secuestros, torturas o ejecuciones. La selva tropical proporcionaba cobertura perfecta para construir laboratorios clandestinos.
Sin vigilancia aérea constante, el CJNG podía establecer instalaciones industriales completas sin ser detectado. Los caminos de terracería limitaban el acceso de autoridades y la corrupción de policías municipales y estatales garantizaba que nadie investigara lo que ocurría en la sierra costera. Desde esta base, el CJNG coordinaba operaciones de narcotráfico en todo el Pacífico mexicano.
Cocaína desde Sudamérica ingresaba por esta ruta. precursores químicos de Asia desembarcaban en estos puertos clandestinos y drogas sintéticas producidas en los laboratorios se distribuían hacia Guadalajara, hacia Estados Norte y hacia la frontera con Estados Unidos, usando carreteras federales que atraviesan Jalisco, Puerto Vallarta, el rostro turístico también servía al cártel.
Empresas de tiempo compartido, restaurantes, bares y discotecas eran usadas para lavar dinero del narcotráfico. El gobierno de Estados Unidos ha sancionado a tres empresas en Puerto Vallarta vinculadas con el CJ por operar esquemas de fraude y lavado de activos. El paraíso turístico esconde una economía criminal masiva. Este operativo de la Marina en Tehuamixle golpea al CJNG en su santuario.
No fue un operativo en territorio disputado o en zona de expansión. Fue en el corazón de Jalisco, el estado donde nació el cártel, donde tiene control territorial absoluto, donde creían tener inmunidad. Y la Marina demostró que ninguna zona es intocable. 77 sicarios abatidos, tres laboratorios industriales destruidos, más de 4 toneladas de drogas aseguradas y un mensaje enviado al CJOS.
México está atacando tu infraestructura en tu propio territorio. Este operativo en la Costa de Jalisco no es solo una victoria táctica, es una declaración estratégica. Durante años, el CJ operó con la certeza de que Jalisco era su santuario inviolable. Construyeron laboratorios, fortificaron posiciones, sobornaron autoridades locales y procesaron toneladas de veneno sin consecuencias.
La Marina destrozó esa certeza. Pero seamos brutalmente honestos sobre lo que esto significa. El CJNG reconstruirá. tienen los recursos financieros para construir otros laboratorios en otras zonas remotas de Jalisco o estados vecinos. Reclutarán otros 77 sicarios para reemplazar a los abatidos. sobornarán a otros funcionarios para garantizar protección.
Porque mientras exista demanda masiva de drogas en Estados Unidos y corrupción endémica en instituciones mexicanas, los cárteles seguirán operando. Esos 77 abatidos no son mártires. Son criminales que eligieron defender fábricas de veneno que matan a miles de personas diariamente. Cada kilo de fentanilo producido en esos laboratorios causaba sobredosis mortales en jóvenes estadounidenses.
tonelada de metanfetamina, destruía familias completas, convertía comunidades en zonas de guerra química, alimentaba la violencia asociada con el consumo y tráfico de drogas. Estos hombres sabían exactamente lo que protegían. Sabían que los químicos que manipulaban estaban diseñados para crear adicción mortal.
Sabían que las drogas empaquetadas en esos laboratorios arruinarían vidas y eligieron seguir adelante porque 15,000 pesos semanales valían más para ellos que cualquier consideración moral. Ahora sus cuerpos están en morgues y sus familias lloran. Ese es el destino que el CJ ofrece a quienes recluta. Pero este operativo también expone las fallas sistemáticas que permiten que el CJE opere a esta escala.
¿Cómo es posible que tres laboratorios industriales operaran durante meses en territorio mexicano sin ser detectados hasta que la Marina decidió investigar? ¿Dónde estaban las autoridades estatales de Jalisco? ¿Dónde estaba la Guardia Nacional? ¿Dónde estaban los sistemas de vigilancia aérea que supuestamente monitorean zonas de producción de drogas? La respuesta es corrupción.
Los registros contables encontrados en el complejo revelan que el CJE pagaba 8,000000es de pesos mensuales en sobornos a funcionarios públicos, policías municipales que advertían sobre operativos, elementos de la Guardia Nacional que proporcionaban escoltas a convoyes de precursores químicos, funcionarios estatales que bloqueaban investigaciones, todo un ecosistema de traición institucional que permite que el cártel opere con impunidad.
México no puede ganar esta guerra solo con operativos militares espectaculares. Necesitamos erradicar la corrupción que protege al narco. Eso significa investigar exhaustivamente a cada funcionario nombrado en esos registros. Significa poligrafías obligatorias para todos los elementos de seguridad en Jalisco.
Significa auditorías patrimoniales de policías, militares y funcionarios que viven muy por encima de sus salarios y significa penas de traición a la patria para servidores públicos que cobran del CJ. También necesitamos atacar la demanda. El fentanilo y la metanfetamina producidos en estos laboratorios tienen un destino final.
Consumidores en Estados Unidos. Mientras exista ese mercado de decenas de millones de adictos, en los cárteles tendrán incentivos económicos para producir. México debe exigir que Estados Unidos haga su parte. programas masivos de tratamiento de adicciones, campañas educativas sobre los peligros del fentanilo y responsabilidad compartida en esta crisis.
Los marinos que ejecutaron este operativo son héroes. Enfrentaron fuego enemigo durante 8 horas. Arriesgaron sus vidas para destruir fábricas de veneno. Demostraron profesionalismo táctico y valentía ejemplar, pero merecen más que aplausos. merecen un sistema de justicia que garantice que las evidencias recopiladas resulten en condenas.
Merecen fiscales que procesen a los funcionarios corruptos identificados. Merecen que su sacrificio tenga impacto duradero. Las comunidades pesqueras de la costa sur de Jalisco merecen ser liberadas. Durante años han vivido bajo el control del CJNG. Sus embarcaciones fueron expropiadas para narcotráfico. Sus familias fueron amenazadas.
Sus hijos fueron reclutados forzosamente. Merecen que el Estado mexicano recupere esos territorios y les permita volver a pescar en paz. Y las familias de todo México merecen un país donde los cárteles no puedan construir fortalezas militares y laboratorios industriales de drogas en zonas remotas. merecen instituciones de seguridad que funcionen sin necesidad de esperar a que la Marina ejecute operativos heroicos.
merecen autoridades locales que no estén en nómina del narco. Este operativo en Teehuamixle es la prueba de que cuando el Estado mexicano decide actuar con determinación total, puede golpear al CJ incluso en su santuario. Pero la pregunta fundamental permanece, ¿tenemos la voluntad política para sostener esta presión o celebraremos esta victoria mientras el cártel reconstruye en otro lugar? Porque el CJNG no se rendirá.
Seguirán produciendo drogas, seguirán reclutando sicarios, seguirán sobornando funcionarios, seguirán expandiéndose y seguirán matando hasta que el Estado mexicano haga los cambios estructurales necesarios para desmantelar no solo sus laboratorios, sino todo el ecosistema de corrupción, pobreza y demanda que permite su existencia.
Las 77 vidas perdidas en Teehuamixle son el costo de defender veneno. Las toneladas de drogas aseguradas son veneno que no envenenará comunidades. Los laboratorios destruidos son fábricas de muerte que ya no operarán, pero la guerra continúa y México necesita tener el valor de pelearla hasta el final, no solo con balas, má, sino con reformas profundas que hagan imposible que los cárteles regeneren, porque las familias mexicanas y estadounidenses merecen un continente libre de la plaga del fentanilo y la metanfetamina. Y ese futuro solo llegará
cuando dejemos de celebrar batallas ganadas y comencemos a ganar la guerra completa.