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NUNCA te contaron ESTO de las TURISTAS HOLANDESAS desaparecidas en PANAMÁ

Es casi imposible ver estas fotos sin sentir un leve escalofrío. Algo en las mismas no está del todo bien. A medida que uno más y más las analiza, la incomodidad aumenta. Los planos no tienen sentido. La cantidad de fotos tampoco. ¿Qué es lo que se ve? ¿Qué es lo que queda fuera de foco? ¿Qué hay por detrás? ¿Qué es lo que se esconde entre las sombras? Porque alguien sacaría 90 fotos así.

 simple error o hubo un propósito. Lisa y llanamente, ¿qué ocultan estas instantáneas? Las preguntas se amplifican más aún cuando uno descubre que estas fotos son la última evidencia que dejarían dos mujeres que meses más tarde serían halladas del peor modo posible. Pero no nos adelantemos. Hace más de una década, dos jóvenes turistas holandesas desaparecieron en el corazón verde de Panamá, lo que comenzó como una caminata por un sendero popular terminó convertido en uno de los misterios más perturbadores de América Latina.

 Con el tiempo, la selva ofreció diversas pistas, una mochila intacta, prendas y hasta huesos, pero las respuestas nunca se hicieron presentes del todo. ¿Qué ocurrió entre el último momento en que fueron vistas y el día en que aparecieron sus pertenencias? ¿Qué se sabe de sus últimas horas teniendo en cuenta lo que llegó a manos de los forenses? ¿Quiénes fueron las personas que hablaron con las chicas antes del trágico final? ¿Qué dice el veredicto oficial? ¿Por qué muchos apuntan a un oscuro entramado orquestado por gente de

poder? ¿Quiénes son los principales sospechosos para quienes no adhieren a la idea de un accidente? ¿Qué otras muertes ocurridas tiempos después en la zona abonan la idea de que hay personas que saben mucho más de lo que dicen? Estamos una vez más frente a un caso que parece seguir latente, reclamando de vez en cuando la atención del mundo.

 Los familiares de las víctimas siguen apareciendo en medios de comunicación para remarcar que están seguros de que la verdad aún está lejos de emerger. Para entender los pormenores de todo el asunto. Dos jóvenes con ansia de viajar. En el tranquilo pueblo de Ammerford, situado en la provincia de Otrech en Holanda, dos amigas compartían sueños y una rutina sencilla que las prepararía para lo que describían como su gran aventura.

 Corría el año 2014 y Chris Cremers, de 21 años, era una chica radiante. Sus conocidos no dudaban en describirla como creativa, extrovertida y profundamente responsable. Acababa de culminar sus estudios en educación sociocultural con especialización en arte y estaba ansiosa por saber cuál sería el próximo paso en su vida profesional.

 Inquietudes similares invadían a su compañera de cuarto, Lissan From, de 22 años. Lissan poseía un título en psicología aplicada en Deventer. Era optimista, inteligente y apasionada por el voleibol, un deporte que había acompañado todos sus años como estudiante universitaria. Las medallas reunidas en aquella disciplina le habían otorgado la fama de chica perseverante y sus colegas pronosticaban un brillante futuro para ella.

 Además de ser muy profesional y autoexigente, la muchacha poseía instinto y sabía seguir sus corazonadas. Por eso le había propuesto a Cris la convivencia y no se había equivocado. Ambas hacían buen equipo y sabían apoyarse en los desafíos que enfrentaban día a día. Tenérse la una a la otra hacía que encarar esa nueva vida independiente que habían comenzado terminando el secundario fuera mucho más ameno y agradable.

 Las chicas se habían conocido dado que ambas habían conseguido un trabajo en un café restaurante llamado Inder Clan Hub. Allí, entre charlas y risas en sus momentos de descanso, comenzaron a forjar una amistad. No solo tenían un humor similar a intereses en común, pocas conversaciones les hicieron darse cuenta que también tenían idénticos anhelos para el futuro.

 Para decirlo de otro modo, encontrarse las había hecho sentir mucho menos solas. Cumplir con todos los parciales en tiempo y forma a la vez que se sostenían económicamente había sido gratificante, pero también agotador. Antes de pasar al próximo nivel, las chicas coincidieron en que se debían una actividad que las ayudara a oxigenar las ideas.

 Así fue como comenzaron a trazar un plan. Viajarían con fines lúdicos, pero también para profundizar sus compromisos con sus respectivas carreras y su vida adulta. Querían aprender idiomas, ayudar a niños que lo precisaran y acercarse a otras culturas para empaparse de nuevos saberes. Sabían que los libros eran vitales, pero también insuficientes.

[música] Querían experiencias de primera mano que les dieran perspectivas más abiertas y una mirada menos academicista de su entorno. Deseaban hacer su propio camino y dejar una huella significativa en el proceso. Con eso en mente, desplegaron un mapa frente a ellas y tomaron una decisión. Irían hacia Panamá. El destino no era casual.

Conocían la ruta hacia allí gracias a que sus familias no eran ajenas al turismo y la aventura. Entonces, ¿qué podía salir mal? Prindaron por aquella decisión felices por las oportunidades que se imaginaba. Sin embargo, las cosas no salieron según lo estipulado. Aquel año que pensaban como su año sabático, les traería consigo un sangriento y abrupto final.

Comienza la aventura. Lo primero que las amigas hicieron fue sacar cuentas. supieron que debían ahorrar por 6 meses para poder costear los gastos de la travesía que tenían en mente. Muchos jóvenes que planean viajes ven como todo se desmorona en esta parte del proceso. A veces es difícil ser constante, sobre todo teniendo un empleo poco regular y siendo un adolescente invadido por incontables estímulos del mundo exterior.

 Sin embargo, Cris y Lisa se mantuvieron enfocadas y en ningún momento dudaron ni trastavillaron. Por medio año se privaron de muchos gastos y pusieron todos sus recursos y energía mental en lo que vendría. Incluso tuvieron tiempo para hacer colectas de juguetes y vestuario. Visitarían escuelas con niños en situación de vulnerabilidad y deseaban no llegar con las manos vacías.

 Su plan, lejos de disiparse con el paso de los meses, se reforzó y se volvió más y más complejo. Chris y Lisa eran ambiciosas y se pasaban eternas madrugadas tomando notas de todo, los lugares que visitarían, dónde se hospedarían y cómo se moverían de un lugar a otro. Investigaron sobre platos típicos y estudiaron postales. Sus familias mostraban una normal preocupación por el hecho de que las chicas se irían tanto tiempo a un lugar tan lejano, pero también sabían que debían asumir que se trataba de dos jóvenes atentas a las normas y

responsables. Ninguna de las dos había tenido nunca graves problemas con la autoridad y nunca habían generado en sus progenitores mayores dolores de cabeza. Todo indicaba que debían relajarse y confiar en que las cosas saldrían bien, solo que no. No saldrían bien, para nada bien. El 15 de marzo del 2014, Cris y Lisa despegaron hacia Centroamérica.

 Dos semanas de recorridos y paisajes. Las llevaron finalmente a Boquete, un pueblo encantado entre cafetes y nubes, donde desde el 29 de marzo se instalaron con una familia local. Sin prisa pero sin pausa. Estaban volviendo tangibles sus sueños. Es verdad que las cosas habían tenido algunos contratiempos. Sus agendas tuvieron que ser reformadas debido a un error logístico con uno de los lugares que se suponía que iban a recibirlas en primera instancia.

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