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A los 75 años, José María Napoleón FINALMENTE admite quién le robó su fortuna

 Es la nobleza infinita de un poeta su virtud más sagrada o es trágicamente la [música] trampa mortal perfecta para que los buitres de la industria comiencen a afilar pacientemente sus garras en la oscuridad. El ascenso fue meteórico, brutal e indetenible. El año es 1977. El majestuoso escenario del festival Oti de la Canción se convierte en el epicentro histórico [música] de un inmenso terremoto emocional.

 Un joven José María Napoleón toma el micrófono frente a [música] millones de televidentes. Canta hombre. El país entero se paraliza por completo. Gana el codiciado primer lugar. La historia musical [música] de México se reescribe esa misma noche. A partir de ese instante exacto, la agresiva máquina de hacer dinero se enciende a su máxima potencia.

 Analicemos fríamente las cifras. Son monumentales y aplastantes. Las ventas de sus álbumes se disparan vertiginosamente hasta alcanzar la estratósfera. 10, 20, 30 millones de copias vendidas. Sus composiciones maestras como pajarillo eres y el legendario himno nacional vive. Monopolizan [música] absolutamente todas las listas de popularidad durante meses enteros.

 Se convierte en un fenómeno de masas incontrolable. Las gigantescas disqueras lo veneran ciegamente. Las grandes productoras lo regentean como a un rey absoluto. Las arenas más grandes del continente [música] americano, desde Los Ángeles hasta Buenos Aires, agotan velozmente todas sus localidades en cuestión de minutos.

 Los caudalosos ríos de dinero por concepto de regalías internacionales [música] inundan sus múltiples cuentas bancarias. Es el apogeo total. Es el éxito puramente materializado. El humilde poeta de Aguascalientes, ahora nada sin preocupaciones, [música] en un océano infinito de aplausos ensordecedores y pesados cheques con múltiples ceros.

Pero la verdadera naturaleza del éxito extremo [música] es inherentemente traicionera, sádica y letal. Pero mientras más brillan los inmensos reflectores del escenario, más densa, profunda y oscura es la sombra que cae violentamente a sus espaldas. Visualizen el crudo y desgarrador contraste. [música] En el centro de la Monumental Arena, bajo un hermoso halo de luz celestial, Napoleón cierra fuertemente los ojos.

Entrega su alma pura al público [música] eufórico en cada nota musical. Confía ciegamente en el universo. Detrás de él, en la fría y calculada penumbra del backstage, la realidad es terrorífica. Las elegantes figuras trajeadas que fuman puros caros aquellos representantes [música] legales a quienes él abraza tiernamente y llama hermanos con voz quebrada, [música] no están aplaudiendo su arte.

 Están calculando silenciosamente. Están afilando con extrema paciencia y precisión quirúrgica unos cuchillos [música] muy largos. Pocos saben que el exceso de liquidez financiera en la industria del entretenimiento tiene un macabro [música] efecto cegador. Mientras el noble artista está completamente embriagado por la genuina ovación del público masivo, su íntimo círculo de confianza [música] comienza a mutar rápidamente en un letal nido de víboras venenosas.

 Le presentan papeles apresurados en los oscuros pasillos de los hoteles. Contratos confusos redactados metódicamente [música] en un lenguaje legal incomprensible. Le piden su firma rápida y confiada escasos minutos antes de salir a cantar. Y él, cegado irremediablemente por el amor fraterno y la adrenalina del inminente espectáculo, firma.

 Firma sin leer absolutamente nada. Estaba firmando gota a gota su propia y silenciosa sentencia de muerte financiera. Él creía ingenuamente estar construyendo un sólido imperio indestructible para proteger el futuro de su amada familia. La verdad sepultada [música] bajo los estridentes gritos de los fanáticos es que cada éxito rotundo que lograba posicionar en la radio solo lograba acelerar el siniestro perverso y oscuro [música] plan de sus verdugos de cuello blanco.

 Cuando estás en la cima absoluta del mundo completamente sordo por el aplauso frenético de 100,000 personas, ¿cómo puedes escuchar el sutil frío y asfixiante sonido de tus propios amigos robándote [música] la vida por la espalda? y Orminó vino celés. El veneno financiero comenzó a actuar en absoluto silencio. La inmensa fortuna calculada en [música] múltiples millones de dólares empezó a evaporarse misteriosamente en el aire.

 Las alarmas rojas comenzaron a destellar intermitentemente [música] dentro de la despiadada industria musical. Diferentes cronistas de la época especulaban [música] en voz baja sobre el extraño acelerado e incomprensible declive económico del cantante romántico [música] más exitoso de todo México. La prensa amarillista, siempre hambrienta de sangre fresca [música] y escándalos destructivos, afiló rápidamente sus garras.

José María Napoleón - Wikipedia Se rumoreaba fuertemente que el aclamado poeta de la canción estaba derrochando compulsivamente su dinero. Los agresivos titulares de [música] los periódicos lo acusaban sin piedad de llevar una vida secreta de excesos irracionales, de realizar pésimas inversiones inmobiliarias y de mantener una gestión financiera [música] completamente caótica y suicida.

 Pero la investigación criminalística forense de este oscuro [música] caso nos exige obligatoriamente mirar mucho más allá de esa gruesa cortina de humo mediática. Visualicen con detalle el cerco psicológico perfecto. Un intrincado y sádico laberinto legal del cual era imposible escapar. Existen fuertes sospechas de que todo el supuesto despilfarro [música] público fue en la cruda realidad una cortina de hierro diseñada meticulosamente por su propio e íntimo círculo de confianza.

 Aquellos mismos hermanos de sangre fría habían tejido una complejísima red de oscuras empresas fantasma, [música] poderes notariales irrevocables y masivos desvíos de fondos bancarios totalmente indetectables para un artista ingenuo. Ellos controlaban [música] absolutamente todo. Sus cuentas de ahorro, sus propiedades de lujo, sus invaluables e históricos derechos de autor.

 Napoleón, profundamente sumergido en su burbuja de creación artística y [música] poesía melancólica, no veía la gruesa telaraña mortal que ya lo tenía completamente inmovilizado. Detrás de las puertas cerradas, sus asesores le presentaban periódicamente informes financieros catastróficos cuidadosamente falsificados. le hacían creer, derramando lágrimas de [música] cocodrilo y dándole falsos abrazos de consuelo fraterno, que la industria discográfica nacional estaba en una profunda crisis, que sus gloriosos discos mágicamente ya no se

vendían, que estaban perdiendo enormes cantidades de [música] dinero a pasos agigantados. Y aquí entra en juego la fase más [música] destructiva de este veneno corporativo, el terror psicológico sostenido. La gigantesca industria musical es un monstruo despiadado e implacable [música] que huele el miedo, la debilidad y el fracaso a cientos de kilómetros de distancia.

[música] Cuando las poderosas disqueras comenzaron a notar los severos problemas legales y la asfixia financiera que ahogaban al cantautor, no le lanzaron un salvavidas de emergencia, [música] le dieron la espalda de inmediato. Se convirtió rápidamente en un activo [música] radiactivo. Las pesadas puertas de los gigantes corporativos, que antes le suplicaban literalmente de rodillas por una sola [música] melodía, ahora se cerraban violentamente en su cara con pesados cerrojos de acero macizo.

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